sábado, 24 de octubre de 2009

Se acabaron los tiempos de las mandarinas

La última etapa se cerró con el último clic de la última ficha que encajó en su lugar, dejándome en medio de la vida, como si me hubiera quedado en medio de la autopista, a salvo, en la franjita de hierba deprimida, pero viendo los coches pasar a toda velocidad a los dos lados.
De eso hace mucho.
Cuando el miedo llama a la puerta, el estómago baja diez grados de temperatura, y eso activa un sistema de piloto automático que ignora los sentimientos (o los desentimientos) y sigue el instinto de conservación. Digamos que tengo suerte, porque el mío siempre me lleva en la buena dirección (aunque siempre tengo miedo de que me acabe pasando algo estilo película de los hermanos Cohen).
Después de meses y meses de piloto automático, y de vida en un mundo paralelo, el otro día encontré un punto de coincidencia con mi vida anterior (con una de mis muchas vidas anteriores: no aquella en la que era pescador de perlas, sino una más reciente).

Estamos en la época de las mandarinas.

Mientras las dejaba en la mesa del trabajo, como pequeñas fuentes inofensivas de vitamina C, pensaba en lo que significaban en aquella otra vida lejana... aquellas mandarinas que se me olvidaban todas las mañanas encima de la calefacción y que se convertían en algo siniestramente parecido a la mermelada de naranja amarga.

El tiempo de las mandarinas. Se acabó, el tiempo de las mandarinas.

Se acabó la indecisión, el piloto automático, se acabaron los clics y las dudas inoportunas.

En realidad, hace mucho que se acabaron, pero no me había dado cuenta...

Así que, de las seis mandarinas, me comí cuatro y las otras dos deben estar todavía allí (puesto que después, salí corriendo a una reunión...). Aquí, con este clima, no les hace falta calefacción ninguna para convertirse en sucedáneo de mermelada, eso sí.



jueves, 22 de octubre de 2009

En sueños

Lo he soñado todas las noches de mi vida, aunque la mayoría de ellas no me acuerde.
Es fácil hacer de nostradamus a toro pasado y decir; si estaba claro, significaba esto.
No, no lo sabía, nadie hubiera podido saberlo.
Hay niñas que sueñan con castillos de cuento de hadas llenos de príncipes azules; yo sólo quiero que me traigas la cabeza del dragón.
Hay chicas que sueñan con el rebelde del instituto, que ladea la cabeza mientras charla con sus amigos y se escapa de las hora de clase, yo sólo quiero que sonrías con ese aire de golfo que pones cuando piensas que no estoy mirando.
Hay mujeres que sueñan con el hombre perfecto, que salen en las revistas, que es simpático, empático, nada dogmático, un poco telemático y casi nunca automático... yo sólo quiero que me mires sin saber qué decir cuando piensas que estoy guapa esta mañana.

Mi sueño todavía no ha pasado, pero tengo la sensación de que un día pasará, segundo a segundo como yo lo recuerdo.Tengo la terrible sensación de que he elegido este camino paso a paso sin poderlo evitar, pero sin la sensación de no tener otra salida. Y por fin, sabré cómo acaba el sueño...

Es de noche, todo está en calma, la luna ya se ha ido y sopla una brisa fría, que hace encogerse a las personas. Pero no hay nadie. Sólo él, que duerme echado de espaldas, respirando suavemente. Ella, despierta, muy despierta, veo las estrellas por una abertura en la entrada de la tienda. La brisa mueve la tela suavemente, como si no quisiera hacer ruido y despertar a las personas. Un gato ha pasado sigilosamente y se ha ido, continúa haciendo su ronda.
Ella se levanta despacio, sin despertarlo, y lo mira con amor. Él sigue durmiendo como un niño y su figura se perfila con la luz de las estrellas. Ella se queda un instante en la entrada y su figura se recorta con la luz del exterior, luego sale, y él se remueve un instante. Ella no vuelve.

martes, 20 de octubre de 2009

Ponerse al día

Por más que haga sesiones intensivas, no logro ponerme al día conmigo misma. No hay un buen equivalente en español para el verbo procastinate en inglés, aunque si tenemos la famosa frase: mejor lo dejo para mañana... no es cierto, lo que dejas para mañana (incluso aunque sea porque verdaderamente no tienes tiempo para hacerlo hoy), no lo harás. Da igual si tienes mucha o poca intención, siempre surge algo más urgente, más brillante, más nuevo.

Desde que tengo uso de razón habría querido días de 36 o 48 horas (menos los domingos, esos pueden tener 24, porque no me gustan demasiado). Pero creo que si me los dieran, los pediría de 56, así que no es ninguna solución. Me gustaría tener una brújula en la cabeza que me dijera de dónde van a venir los imprevistos hoy para esquivarlos y poder hacer todas esas cosas que se van quedando en un estrato de mi mente, que a falta de minería, se está solidificando y suelta perlas en mis sueños como nunca las ha soltado.

Ejemplo; sueño que estoy en España, de vacaciones, y mi máxima preocupación es que no recuerdo haber pasado por el aeropuerto de Argel (y mucho menos por el de Tindouf, que cada paso por este aeropuerto marca) ni haber hecho los documentos de viaje.

Eso soñando, así que ni os cuento cuando estoy despierta.
Con todas las vacaciones planeadas hasta quien sabe cuándo y sin pasar por casa por Navidad, faltando a la cita de El Almendro este año.

Ser multifuncional es una cualidad muy apreciada en Naciones Unidas. Eso quiere decir que el que quiere trabajar, se fríe de trabajo; hace lo que le gusta porque le gusta, y lo que no le gusta porque no lo hace nadie más, y hay que hacerlo para no hacer sólo trabajo agradable... porque el que es multifuncional, debe tener varias conciencias, además.

El otro día me escribía mi sucesor en mi antiguo puesto (me pregunto si mi antiguo jefe le da los mismos sustos que a mí, que después de dos años, aún seguía sobresaltándome cuando se abría la puerta de golpe; hasta que el pobre de mi exjefe acabó haciendo ruido aposta antes de abrir) y me dijo que mi archivo está ahí, ordenadito (espero que sirva de algo), y que todo el mundo habla con mucho cariño de mi, y de lo tarde que me quedaba a trabajar. Menos mal que añade que también se acuerdan de las charlas agradables (y yo que siempre me sentí borde rodeada de latinos hipermelosos)... si no, sería como para suicidarse.

Eso sí, seguro que no tienen a nadie que los fustigue con el látigo de la guardia de la lengua de Cervantes, a saber qué me andarán poniendo en los informes, porque nunca me dio tiempo a quitarles las malas manías lingüísticas, muchá.

Y ahora os dejo, voy a ver si saco fotos bonitas para mandárselas a mis ex colegas chapines, que vean por qué clase de arenas y piedras he cambiado las selvas impenetrables del país de la eterna primavera. Así, al menos me pongo al día con ellos.

martes, 13 de octubre de 2009

Esa sensación

Recuerdo que Pilimindrina, que tenía un blog épico, de esos que seguías mordiendote las uñas como un culebrón, lo dejó porque había encontrado el amor verdadero. No por el mero hecho de haber encontrado el amor verdadero, sino más bien, porque una vez que lo había encontrado, ya no le salía de dentro ponerse a contar las historias con el mismo toque cínico y alejado con el que las contaba antes de encontrarlo.
Desde dentro, se ven las cosas de otra manera, digo yo.
Y eso que ella cifraba todos los nombres.
No sé si Pilimindrina, aquella científica empedernida, habrá vuelto a abrir otro blog, quizá hasta con su nombre verdadero. Pero entiendo por qué dejo de escribir.
No, no es porque he encontrado el amor verdadero que he dejado de publicar posts. Tranquilos.
Pero me acuerdo de ella.
Y encuentro una relación turbadora y extraña con el hecho de que me hayan invitado a una boda (a una de tantas este año, casualidades de la vida) de una persona con la que hace mucho que no me relacionaba.
Cuando uno encuentra en la vida lo que andaba buscando, lo sabe. Es la misma sensación que tienes cuando encuentras la falda que has imaginado, pero magnificada mil veces, un millón de veces, la misma sensación que cuando encuentras las llaves en el fondo de un bolsillo que ya habías revisado, la misma sensación de beber agua cuando tienes sed. Da igual lo que andaras buscando, cuando lo encuentras, lo sabes.
Y entonces, todo lo demás vuelve a su justo lugar en el universo, y la importancia de las cosas es nítida. Siento deciros, ahora estoy más convencida que nunca, que el que no sepa citar las cosas más importantes de su vida en cinco segundos, todavía no las ha encontrado. Mejor suerte la próxima vez.
Cuando te conformas con otra cosa, también es cierto, las cosas no tienen por qué ir bien, pero siempre quedan dudas traicioneras por todas partes, y uno intenta convencerse de que todo va bien. Y uno acaba invitando a su boda a personas a las que en realidad ya no conoce, si es que alguna vez llegó a conocerlas.
Prefiero la opción de Pilimindrina; prefiero que quien esté cerca, observe y quien no, se dedique a lo suyo.
El amor se basta, no necesita público para ser reconocido.
Y la vida, afortunadamente, no es una película de Meg Ryan.

sábado, 10 de octubre de 2009

Como un cine de verano

En la pantalla se quedó el "proximamente en sus pantallas".. que nunca llegó, como un cine de verano, que siempre da la sensación de lo efímero, aunque ahora los hagan mucho más tecnificados que antes y las pantallas no sean paredes blancas (o verdes, si es en el frontón).
Y nunca llegué a contaros el por qué de las frases... la única referencia que me viene a la memoria es; no, no hacen sólo 44 grados aunque lo marque el termómetro, hacen muchísimos más a la sombre, porque al sol nadie quiere ponerse.
Así que no me preguntéis por qué no estoy morena. No hay que ponerse al sol (y yo en eso siempre he sido muy buena!). Y dos meses después sigue sin poder pararse al sol, aunque ya se puede respirar por la noche.
Aunque octubre es el mes de las moscas. Moscas tontas, de esas que duran dos días y nunca llegan a aprender a esquivar a los torpes y lentísimos humanos, moscas pequeñitas, zumbonas de las que te caen el el agua o en el refresco y te fastidian sin sacar nada a cambio. Moscas de esas que cuando son presa de niños crueles que les arrancan las alas, descubren que la vida no sólo es corta, además tiende a ser injusta.
Pero a estas horas de la noche no hay moscas; ahora sopla una ligera brisa (de componente norte con rachas de levante, como dicen siempre en las noticias de las tres, sin que eso le sea de utilidad ninguna a los profesionales de la mar, que a esas horas andan mojándose hasta el alma pegándose con los bonitos y demás fauna marítima), que mueve la ropa que he tendido esta tarde noche, mientras se terminaba de poner el sol detrás del cuartel que hay enfrente de mi casa.
Seguro que está seca, pero la verdad, no me apetece recogerla ahora mismo. Prefiero seguir escribiendo, ahora que me han dado ganas y los astros se alinean.
A estas horas, aquí sentada y después de haber visto la película que acabamos de ver (The Happening, no sé como se llama en español), parece que se ha acabado el mundo.
Ah, no, acaba de pasar un coche. Siempre hay un coche dispuesto a pasar rompiendo el encanto, las personas no tenemos consideración ninguna.
Qué decía? Ah, si, octubre... los meses pasan muy rápido cuando uno está hiper ocupado. En la semana no hay más que lunes (antes sábado, ahora domingo) y de repente, jueves, y todas las cosas que no se han hecho solas. Y las semanas van y vienen y no vuelven nunca, y se filtran entre las actividades planeadas hasta que de repente es demasiado tarde para contestar un correo o felicitar un cumpleaños.
Hay altos en el camino, los mojones que marcan la distancia, pero cada vez menos; por qué antes me acordaba de todos los cumpleaños y ahora casi no me acuerdo de ninguno? Tengo ya mi vida casi planificada hasta final de año (navidades tristemente incluidas), a pesar de que aquí no hay nada que hacer en fin de semana. O a lo mejor por eso precisamente.
El viento mece suavemente la ropa, o la ropa es mecida suavemente por el viento, según se mire.
Mejor voy a recogerla no se vaya a caer en el polvo.

martes, 18 de agosto de 2009

Proximamente en sus pantallas....


  • Siete horas en el aeropuerto de El Cairo, como vivir para contarlo.
  • Las cabras y los burros en la vida urbana, cómo espantarlos sin que los atropelle el que viene en dirección contraria.
  • ¿Poner o no poner toque de queda en una ciudad en la que la gente sólo sale de noche por el calor? Cómo tomar decisiones basadas en la lógica.
  • El inestimable poder de la sugestión: si siempre decimos que sólo hacen 44º, la gente dejará de creer que fuera hacen 57º?
  • Cómo lidiar con la frustración propia, con la ajena, y con compañeros que no hacen listas.
  • Ssección especial de noticias de agosto: la verdadera historia del Artic Sea?
La vida es corta pero ancha.


lunes, 17 de agosto de 2009

Ideas que vienen y van

Ya he recibido incluso reproches, así que no voy a ahondar en mi falta de noticias.
Facebook tiene una parte de culpa, pero no toda.
La otra la tiene la realidad que me rodea, y una parte muy concretita, de un metro ochenta y tres de altura.

Escribir es una compulsión, pero para quien no lo tiene como oficio (y aunque yo escribo mucho mucho por trabajo, no escribo ficción... bueno, aquçi tampoco, es cierto, aunque... en fin) es una compulsión que se ejerce en el tiempo libre.
Y resulta que yo no tengo tiempo libre.
Que nunca he tenido mucho... no.
Que es que ahora tengo menos?
Sí, yo tengo la sensación de que aquí los días duran menos de veinticuatro horas.
Y además, llevo desde mayo viviendo en el mes de agosto.
Estoy bien, estoy bien, estoy como siempre. No, estoy mejor que siempre.

Puede ser que me he encontrado con algo que no puedo escribir... o puede ser que simplemente, la inspiración es como mi conexión de internet, que va y viene, y os aseguro que no están sincronizadas.

domingo, 21 de junio de 2009

Pepe y los terroristas trianglistas

Si, yo tampoco me lo creía.

He cuidado a Pepe desde que lo conocí cuando todavía era una bola de pelos blancos y naranjas... de eso hace, dos meses largos, que es cuando llegué. Al principio, todo le mundo lo llamaba gato a secas, pensando que tenía mucha cara para subirse a la mesa a intentar comerse la comida del plato directamente.

No sabían que Pepe había nacido para cosas grandes.
El día que iba a buscarlo a la base, para su traslado definitivo a su nuevo hogar, me dieron las malas noticias. Quisieron tranquilizarme con frases hechas: novaapasarnada, notepreocupes, seguroquenoestangravecomoparece. El médico me hizo entrar en la oficina, y me dijo que hacía unas horas habían echado de menos a la bestiecilla peluda, y acababan de recibir este vídeo por correo electrónico:




Estos son los terroristas trianglistas, que en su vida profesional se dedican a la cooperación al desarrollo, pero de vez en cuando tienen tentaciones radicales. No importa que se note que el terrorista de la izquierda está leyendo un informe final de una ONG (y que salga en camiseta de tirantes y pantalones cortos); no importa que hagan peticiones distintas (para vuestra información, el precio del rescate fueron 100 euros o 100 millones de dólares, depende a quien le preguntárais) y que el terrorista de la derecha responda por su nombre (eso sí, el realismo de la actuación es impresionante!). No importa que Pepe les mire como si todos hubieran perdido la cabeza (de hecho, es altamente posible que la hayan perdido)...

Estas son las cosas que pasan cuando falta la electricidad durante dos días en medio del desierto... No hizo falta ninguna operación relámpago, parece que los terroristas, al no poder ponerse de acuerdo sobre el precio del rescate, dejaron desatendido al mercenario llamado Pepe durante un segundo, y este aprovechó para salir corriendo...

Como veis, me encuentro inmersa en la cultura local... humor negro, pero como la tinta de un calamar!!

PS: Ningún gato fue maltratado en el transcurso de este vídeo. Podeis observar que el mercenario llamado Pepe como mucho lo que está es alucinando. En estos momentos, ya no sufre ni de stress post traumático, que se le ha pasado a base de hincharse a pollo enlatado, y dedica su tiempo libre a revolverme la ropa del armario y a observar a las personas con un cierto aire de indiferencia.

viernes, 5 de junio de 2009

Inspiración

Cuando me miras con esos ojos tuyos ávidos de palabras, no puedo evitar que éstas vengan a mi de manera desordenada. Tengo que retenerlas de alguna manera y ordenarlas para que sean un discurso fluido y con sentido.
Es el riesgo de tener un oyente, de repente el significado de los mensajes es importante, porque tendrá una respuesta... Pero también es un placer, inventar un nevo lenguaje, un nuevo código formado de palabras, ideas y gestos, que nadie más entenderá.
¿Por qué ahora hay cosas que me dan pereza que antes no me la daban, y cosas que antes me daban pereza que ahora no me la dan?

Palabras que vienen a mi unas detrás de otras.

Yo no estaba mirando el cielo azul cuando llegaste tú; estaba casi casi convencida de que me había equivocado otra vez. Y ahora, resulta que no, que sólo era otra de mis impaciencias.

Me gustas cuando me miras fijo y piensas la respuesta a mis preguntas, y la formulas con tu voz oscura y cuidadosa, que se mueve como un animal enorme saliendo de una cueva llena de aristas cortantes. Me gustas cuando sonríes al anticipar la próxima curva de la historia.

Y te quiero contar todo, aquellas noches de verano sin dormir, anhelando las estrellas que no se podían ver desde mi casa, los viajes contando las gotas de lluvia en los cristales del coche, la vez que acabamos cantando en un karaoke a las cuatro de la mañana, la vez que tuve que desaparecer de clase de un profesor porque tengo la boca como un buzón de correos, la vez que uno de mis amigos se quedó con la bolsa atrapada en la puerta del vagón de metro, la vez que mi madre quiso hacer una malignidad y lo que le salió fue una tontería de la que nos reímos todavía, la vez que me quedó en blanco en un escenario y luego buscamos duendecillos de colores toda la noche, la vez que dejé sin abrir una carta que iba destinada a mí...

Por que cada vez que me susurras: quiero saber algo más de tí, las palabras vienen como moscas a la miel.

miércoles, 3 de junio de 2009

Los gatos de la base

Si, si, escribo poco, lo sé. En los últimos dos meses he bajado la media de entradas de dos o tres por semana a dos al mes! Lo sé, lo sé. Y soy la primera que se lo reprocha.
No tengo internet siempre; cuando tengo internet, tengo mucho trabajo, cuando tengo internet y tiempo, no tengo inspiración, y vuelta a empezar, cuando tengo inspiración, no tengo cómo escribir, aunque un alma particularmente caritativa me ha buscado un quaderno (si, así, con q) para que escriba.
Por que no es por falta de material.
Esto es una mezcla entre una película de acción (de esas que sale PMA), las mil y una noches y las historias de la mili que contaba mi padre. Imaginad el ponche.
Una película de acción: porque el trabajo tiene el mismo ritmo de siempre, sólo que trabajo en varios idiomas, no como en tierras mayas. Nada comparable a la adrenalina de llevar los land cruisers, aunque esté mal que yo lo diga. Pero es que cualquier otra cosa, se queda atascada en la arena.
Las mil y una noches de puestas de sol, gatos, arena y músicas hipnotizantes que me llenan las orejas.
Las historias que contaba mi padre; surrealismo sin límites (y un pensamiento colateral: qué me lleva a mí, niña de familia bien, educada de pago, en un mundo ordenado, a buscar el surrealismo por doquier? No sé, pero la vida tiene que ser algo más que sólo el camino escrito...).

Os pongo un ejemplo que mezcla las dos últimas:

Érase una vez que se era una base humanitaria donde vivían tantos gatos como personas. O más, tal vez. Los gatos iban y venían de día y de noche, por la base y alrededores, y algunos hasta estaban empezando a hablar. Había manadas de gatos corriendo libres por la cancha de volley playa (la arena está ahí, el mar hace mucho que se fue a la costa).

El día que el jefe de la base encendió el ordenador y se encontró con que en vez de un ratón, tenía un gato, decidió acabar con la cosa.

Después de sacudir al micho (inciso, micho es palabra de origen árabe para gato, de raíz latina, mucho más inquietante) sin ninguna compasión, salió a la puerta de la tienda oficina y llamó a todo el mundo. Como no encontró al pregonero (papel repartido entre todos los miembros de una comunidad tan pequeña como cotilleadora), hizo un anuncio él mismo:

- Se hace saber que tenemos un problema de gatos (a lo que todo el mundo asintió; algunos, para quitarse los gatos que tenían por sombrero). Para solucionarlo, propongo que los atrapemos a todos, y los echemos de la base.

Todo el mundo asintió otra vez y echó mano del gato que tenía más cerca, con intención de expulsarlo del terreno neutral y humanitario de la base. Pero los gatos, al revés que las personas, no se vuelven tontos cuando estan en grupos grandes, así que salieron corriendo y se escondieron debajo de las tiendas, donde los pobres humanos no podían cazarlos.

El jefe se sentó en los escalones de la tienda-oficina a pensar, mientras un gato gordo y rayado le mordisqueaba los dedos gordos de los pies. Y en eso estaban jefe y gato cuando se acercó uno de los condutores, que había estado callado durante la corta arenga y subsiguiente remolino.

- Jefe, yo puedo acabar con los gatos, si me pagais 100 dinares por cabeza.

El jefe miró a los ojos del conductor y no se encontró con un gaticida, sino con un tipo más bien bajito y pacífico, y se dijo que no tenía nada que perder, así que consintió.

Al día siguiente, el conductor se presentó ante el jefe con un saco lleno de gatos que se retorcían y maullaban. Efectivamente, el jefe miró alrededor, y efectivamente, distinguió la arena del suelo.
- ¿Cómo lo has hecho?
- Lo siento, secreto profesional, pero necesito que me pague.
- De acuerdo - dijo el jefe, mientras hacía honor a su palabra.
El conductor cargó los gatos en el cajón de su pickup y se fue a descargarlos a algún lugar remoto del desierto (en esta historia ningún animal fue maltratado ni muerto violentamente más allá de haberlo metido en un saco y soltado a seis o siete kilómetros de la base).

El jefe salió a disfrutar de la tranquilidad de la base sin maullidos, y se encontró con los demás empleados que hacían lo propio, mientras contaban dinero en sus manos...
- De dónde ha salido ese dinero - les preguntó.
- Ah, el conductor nos ha pagado 50 dinares por cada gato que atrapáramos, y hemos estado toda la noche cazándolos...

El jefe volvió a la tienda-oficina a mesarse los cabellos, pero nunca le dijo nada al conductor. Ni siquiera cuando una plaga de ratones invadió la cocina y hubo que volver a traer un par de gatos que los liquidaran... pero es otra historia, y deberá ser contada en otra ocasión.

lunes, 1 de junio de 2009

Impresiones desérticas nocturnas

Escucho una parte de cada una de las muchas conversaciones que están teniendo lugar simultáneamente... palabras y palabras, distintos idiomas. Hay un ambiente alegre, distendido, esperamos cenar a las mil y pico de la noche, porque es la costumbre. No hay prisa, como alguien dijo mientras veníamos, el tiempo no cuenta, lo que cuenta es la espera. Al segundo vaso de té, empiezo a pensar que no voy a dormir, pero no sé si estoy equivocada.
Pero prefiero beber té, porque me gusta la ceremonia de cambiarlo de vaso mil veces y el aroma de menta que desprende.
Hemos venido a celebrar el nacimiento de un niño que está oculto.
¿Qué vida le esperará?
Eso es lo que es un nacimiento, una promesa enorme.
Alguien me dijo que algunos africanos celebran el nacimiento con lágrimas, porque se viene a sufrir a este mundo, y la muerte con alegría, porque se va al más allá a ser recompensado. Perdonadme el escepticismo, pero prefiero ser feliz ahora, y que me quiten lo bailao. Además estos días, soy excepcionalmente feliz.
Ha sonado el último clic, sin que yo lo oyera, sin grandes algarabías.
La comida pasa eterna delante de nosotros. El cordero, los pinchos, la fruta, la sandía, los dátiles. Estas naranjas vienen de España, me dice alguien con un acento particular... pues no es época, me digo. Deben ser pobres naranjas de invernadero.
Me chupo los dedos, alguien pasa ofreciendo un barreño para lavarme las manos (ahora, cada vez que veo un barreño me acuerdo que mi padre sostiene que los adoran). Lugeo colonia, la conversación continúa a trozos, en distintos idiomas, más té. Más sonrisas. La luz que va y viene. Pero no pasa nada en la oscuridad, porque a penas hay tiempo para parpadear antes de que el suministro se restablezca.
Después, la oscuridad del exterior, donde los faros de los coches son como islas de luz en medio de la arena. Hay vent sable.
Nos reacomodamos en los vehículos, y mientras hablamos de la ceremonia del nacimiento y del bautizo, me voy resbalando suave pero sin pausa hacia un sueño pacífico, apoyada en un hombro amable y acogedor. Oigo las voces que siguen especulando acerca de qué es más importante para cada cultura.
La vida es lo importante, no lo olvidemos.
Abro los ojos de vez en cuando, y lo único que veo es la oscuridad de la carretera, iluminada por las luces del coche. Una isla pequeñita en el inmenso océano de oscuridad. Una mano que me acaricia la frente. Sigo medio durmiendo, pensando que lo importante es el camino. Alguien dice mi nombre despacito, con cuidado como si temiera romperlo. Hemos llegado. Al poco, me meto en un sueño mucho más profundo, lleno de viento y arena.

sábado, 30 de mayo de 2009

Quand-est-ce qu'elle part?

Pero no sabías que había venido a quedarme.
Lo pensé con una media sonrisa mental mientras te miraba.
Tal vez no te acuerdas, pero me lo preguntaste en voz alta y yo no pude ni quise responder.

Porque yo no me voy, he llegado hasta donde estoy, cansada de andar sin rumbo fijo, y esta podría ser la casualidad que colma todas las demás casualidades y decisiones tomadas sin pensarlas demasiado. Sean cuales sean las consecuencias, la consigna es aceptarlas.
Sea cual sea el camino seguido que me ha traído aquí. Habría podido fallar un millón de cosas, esta es una casualidad cósmica, ahora que lo pienso bien.

Quand-est-ce qu'elle part será una pregunta que relataremos a dúo, como he relatado cosas a dúo miles de veces en mi vida, pero nunca con tanto sentido. Porque lo imagino, pero por mucho que cierro los ojos, no me puedo imaginar el resultado final. Pero sí te imagino bajo el sol, y apoyado en el marco de una ventana, y sosteniendo dulcemente la frente de otra persona. Y lo importante es el camino, pero no es preciso que te lo diga yo.

Quand-est-ce qu'elle part, con una mezcla de temor y esperanza; consciente de encontrar el miedo del otro y medirlo con las propias palmas. Con una media sonrisa que empieza en tus ojos. Con una dulzura inmensa y con una practicidad aplastante. Je ne part pas. Je reste...

lunes, 4 de mayo de 2009

Tindouf en un telegrama

Llegué perfecta - stop- me tratan bien - stop- No hace tanto calor como parecía - stop - Vivo en una tienda de campaña en una base humanitaria  - stop - No, no me voy a quedar aquí, aunque la verdad es que es divertido - stop - El trabajo, interesante de momento - stop - seguro que después mejora! - stop - de momento he conocido a un montón de gente - stop - los mosquitos me comen, pero estoy desarrollando nuevas técnicas de defensa - stop - estoy siempre muy cansada por la noche porque trabajo en tres idiomas - stop - he conocido a pepe el de verdad - stop - camellos vistos: 7, uno de ellos de metal - stop - cabras vistas: muchas, he dejado de contarlas porque me entra dolor de cabeza - stop - puestas de sol en el desierto - cuatro claras y tres con vent-sable - stop - palabras aprendidas en árabe: dos, de relativa utilidad - stop- una imagen vale más que mil palabras - stop.



miércoles, 22 de abril de 2009

Strangers in the night

Las frases hechas son frías.
Son frías las mires como las mires, quien las usa busca poner distancia de una manera o de otra; busca poner distancia porque no le gusta lo que ve, porque no sabe qué decir, por mil razones, pero es una carrera psicológica en dirección contraria a la de quien la recibe.

Todo irá bien (esta me la digo mucho a mi misma).
Te quiero como amigo (tengo un amigo especialista en ésta).
No eres tú, soy yo (y otro, especialista en ésta).
Porque lo digo yo (la muy manida explicación que implica: se acabó la discusión).

Pero estas frasecillas, también tienen su lado bueno, no las denigremos tan rápido. También sirven para no escuchar lo que uno, en el fondo, no quiere oír, con la ventaja de que son muy fáciles de malinterpretar (y eso da paso a horas y horas de desencaminados/desencadenados pensamientos).

Tenemos que hablar (sin comentarios).

Estas frases son como el hilo musical de los ascensores, sin compromiso... igual entras en el ascensor a las siete de la mañana y están tocando la banda sonora de la guerra de las galaxias, que love story, sin ningún tipo de consideración hacia los sentimientos de los usuarios. 
Ayer cuando entré en el ascensor por la mañana, estaban tocando Strangers in the night tararariara, nananananáaa hmmmmm... cuántas veces habré oído esa música mientras llegaba tarde al trabajo o no llegaba nunca a mi casa después de una fiesta, y cuántas horas de ella me ha ahorrado el Lilithmóvil... Sin embargo, lo he intentado, y no puedo odiar esa canción...  me conformaré con odiar sólo su versión instrumental...

sábado, 18 de abril de 2009

Sin comentarios

Según la RAE;

optimismo

1. Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable.
2. Doctrina filosófica que atribuye al universo la mayor perfección posible.

No creo que el mundo sea un lugar perfecto, mucho menos el universo entero. Quizá con el matiz de la mayor "posible", tendría un pasar. Pero no, el mundo no es perfecto ni remotamente. 
Así que me quedo con la primera definición. A pesar de que, en realidad, la primera versión también es un poco complicada de asumir. En modo favorable. ¿Favorable a quién? ¿Favorable a la cosa? ¿Favorable al mundo? Porque favorable a uno mismo, la verdad, pocas veces. La mayor parte de las veces lo único que hay es una decepción inmensa. 

Lo bueno, mirando el lado positivo, es que ya me sé la serie entera. Sólo hay que tener paciencia... decepción, tristeza, vacío... y después, un día habrá acabado todo. Mientras tanto, sólo hay que meter la cabeza debajo de la almohada. 
Qué idiota, y yo que me lo había creído de verdad. 
Como siempre.

Señores académicos, desde este humilde blog hago una petición: en la próxima edición del diccionario, por favor asegurénse de la exactitud de la lengua de Cervantes, y mejor cambien la definición a: Propensión, en ocasiones descabellada, a ver y juzgar las cosas en su modo más favorable, y que en la mayor parte de las ocasiones acaba en decepción y tristeza. 


Siempre acabo volviendo al único punto fijo que conozco, como si escribir las palabras fuera a lograr que de verdad el mundo fuera más perfecto; pero no lo es. Como una compulsión de definirlo todo como si fuera excepcional antes de que vuelva a sumergirse en la profundidad de lo cotidiano y lo intrascendente. Esperando alguna vez, no ser la única que lo entiende... pero nunca hay nadie.

jueves, 16 de abril de 2009

Inshallah

En uno de esos ensayos que escribía el Arquero cuando todavía no era el Arquero, o lo era, pero de incógnito, recuerdo que hablaba de desapariciones, y las calificaba como peores incluso que la muerte a efectos de derechos humanos. Me perdonará el ilustre personaje que no me acuerde de la cita textual (espero comentario al respecto cuando tengas un minuto, chato), pero el razonamiento era algo así como que de hecho, la desaparición va un paso más allá que negar el derecho a la vida (uséase, matar), porque niega el derecho a existir. Quien está muerto, es susceptible de ser recordado, pero quien no existe, ¿cómo va a ser recordado? Ni eso, le dejan a la familia. Los desaparecidos no tienen ni el derecho de convertirse en fantasmas de verdad. 

Las desapariciones son escalofriantes. No me refiero sólo a las desapariciones sistemáticas, por motivos políticos, que constituyen un crimen de lesa humanidad. Esas, demuestran lo bajo que pueden caer los seres humanos, y me hacen preguntarme qué demonios tiene este animal estúpido que se empeña en hacerle la vida difícil a los congéneres, y si no sería mejor que nos extinguiéramos de la faz de la tierra (que ya la tenemos bastante hartita también).
Me refiero también a las desapariciones casuales, de una persona. A las que trataba el famoso (notorio, si me entendeis y tolerais la referencia al inglés) Lobatón en aquel programa que abrió las puertas a una televisión aún peor que la que teníamos, con los dichosos realitichows. A las ocasiones en las que un amigo, un vecino, un colega, un compañero, un novio, un marido, un padre, un hijo, un abuelo, o todas esas cosas a la vez (y con /a en todas ellas, por la igualdad de género aparente) simplemente desaparece de la faz de la tierra, se borra sin dejar huellas como si nunca hubiera existido. Sin razón aparente. La línea de las acciones cotidianas sigue su camino hasta que de repente, llega a un final abrupto, en el cual no hay nadie esperando. No hay puntos suspensivos, sólo queda el borde de la cinta, cortado con unas tijeras. Y un gran interrogante. 
No hay consuelo posible para una familia que no sabe dónde está la persona que ha desaparecido. No hay dolor suficiente para llorar a alguien que no se sabe si sigue vivo o no.
No hay nada peor que la incertidumbre, porque la imaginación es una tortura. 

Casi todos los días vamos a comer o a cenar (o lo que sea a las seis de la tarde, me matan los horarios de estos angloparlantes) al mismo restaurante, donde charlamos con los camareros y los cocineros (que dicho sea de paso, son una bandada de muchachos muy simpaticones ellos y con un francés particular). El otro día nos contaron que uno de los chicos (de la misma quinta que ellos) que trabaja en una haima al lado de la de ellos, simplemente ha desaparecido. Salió a buscar a un amigo suyo que llegaba, y nunca llegó al lugar de la cita. Más allá de la (justa) indignación que siempre había sentido por estos temas, y la simple empatía que me provocaba aquel malhadado programita (sed comprensivos, tenía yo doce años, a la sazón), nunca había visto tanto dolor en los ojos de alguien como en los ojos del padre de este chico, que nos explicaba (traducción mediante) que no sabe qué hacer y a quién acudir, porque la policía no le encuentra. Que él que cree que está muerto, pero que no sabe qué le puede haber pasado... Le hemos dicho que si hay algo que nosotros podamos hacer... aunque no lo haya... Han pasado diez días. Todavía es posible que el chaval aparezca. Inshallah.

miércoles, 15 de abril de 2009

Bloqueo de escritor

Vaya. 
Hace muchos días que no escribo, pero esta vez es porque tengo un bloqueo de escritor... en varios sentidos:
- Estoy en Argel hasta que me den mi acreditación y mi permiso para ir a Tindouf, con lo cual vuestra fiel escritora está literalmente bloqueada aquí. No que me queje, porque la ciudad es interesante y estoy segura de que hay muchas más cosas que hacer de las que va a haber en el desierto, jaja. Pero estoy deseando empezar y esto sólo es una parada intermedia; un mes y medio de limbo y contando... 
- Estoy monotemática, lo sé, pero creedme que no es culpa mía. Yo soy una persona multidisciplinar y multitarea, y multi lo que querais, pero a veces, hay algo que tapona todo lo demás. Me imagino un embudo lleno de pensamientos atascados porque hay uno en particular que se ha endurecido en la salida... después saldrán desordenadamente. Hasta que no logre definir eso, no podrá hablaros de Argel y su centro enmarañado, con calles largas y serpenteantes con pendientes de pesadilla (que no de ensueño). Y lo malo, es que eso no depende de mi... así que c'est la vie. 
- Estoy bloqueada con las palabras; noto las sinapsis crecer y las neuronas ponerse más contentas cada día; es cansado pasar del inglés al francés, del francés al español, incluso del español al italiano... debo estar haciendo unas mezclas dignas de registro y estudio posterior. Pero no siempre salen las palabras que busco, todavía me queda por dominar un poco el asunto. 

Así que lo único que os puedo contar es que antes de despertarme a esta mañana de jueves-sábado maravillosa en la ciudad blanca, es que acabo de soñar con una fiesta. Es más, estábamos preparando una fiesta, quitando sillas de en medio, poniendo platos de comida, asegurando el uso de los baños... no era mi casa, era una casa llena de azulejos de colores y de ventanas al exterior. Justo antes de depertarme, uno de mis amigos de la universidad me ha preguntado: "pero, por qué damos esta fiesta?"
No lo sé, a lo mejor para limpiar la casa después. 

martes, 14 de abril de 2009

El síndrome de Rebeca


Parece que no hay mucho acuerdo acerca de si el síndrome de Rebeca lo sufre quien llega como segundas nupcias a una relación y no se siente capaz de ocupar el espacio del ex, o quien busca reemplazar su ex de manera compulsiva... 
Afortunadamente, lo que está claro es que semejante personaje, se merecía un síndrome por lo menos, si no dos o tres... y no sólo el nombre de una prenda de vestir, que por muy estilosa que sea, no la llevaba Rebeca, sino esa extraña y asustadiza protagonista de la cual no sabremos nunca el nombre. 
Yo estoy casi convencida de que se llamaba Mary, que es el nombre standard de las angloparlantes. 
Pero eso es otro asunto.

Una voz profunda. 
Un gesto a medias. 
Un problem solver.
El comentario inteligente que alguien estaba esperando. 

Son siempre las mismas cosas, la verdad. Y pensar que nunca cambia, y que es tremendamente difíficil decidir qué es lo que no funciona. Y del otro lado, cuando el error quede al descubierto, ¿dónde se habrá ido el interés de cada historia?

miércoles, 1 de abril de 2009

Pensamientos circulares de martes por la noche

A veces las cosas no salen como uno las planea. Bueno, mejor dicho, las cosas no salen casi nunca como uno las planea. Bueno, mejor dicho, las cosas salen como les da la gana, y transcurren de manera paralela a como uno las planea. Podría seguir autocorrigiéndome hasta el inifinito, y no mejoraría la certeza de lo que digo, porque lo que intento decir es que sabes como empiezas, pero no como vas a acabar el día. Es un hecho. 
Podrías acabar siendo multimillonario. 
O podrías estar muerto antes de la cena. 
Pero también podrías haber pasado un día anodino más, siendo esta la más aburrida de las tres opciones. 

Dicho lo cual, paso a contradecirme (después pasaré a preocuparme, vereis que hoy tengo toda mi entrada preparadita y estructurada mentalmente), porque hay cosas que las ves venir. Hay cosas que sabes que van a salir mal por mucho que te esfuerces. Da rabia, porque siempre queda el ¿y si? Pero en el fondo, fondo, estás acumulando evidencia contra tí mismo. Y cuando sale mal definitivamente, te dices: te lo dije. Y te odias por ello. 
Suena un poco a doble personalidad, pero no lo negueis, estoy segura de que todos lo hacemos. 

Y ahora es cuando me preocupo, porque personalmente tengo una particular habilidad para meterme en situaciones que sé que no van a funcionar, pero aún así, lo intento. Y como me miento tan bien, acabo creyéndomelo. Lo cual hace, según el texto de los párrafos anteriores, que las cosas no sólo no salgan bien, sino que adeás me parece que se han ido por donde no era... conclusión: negar la realidad no sirve para nada, porque siempre nos alcanza y nos pega un buen bocado en el culo (si he dicho culo, porque trasero no me parece una palabra seria).

Es un poco como darse cabezazos contra la pared. Y como no aprender de los errores; como cuando por la mañana, después de una fiesta monumental, hay una voz moribunda en la  cabeza que te dice: no vuelvas a probar nunca más el alcohol, en tu vida. Y te imaginas hermosas mañanas de sábado y domingo sin dolor de cabeza y sin querer estrangular a cuanto ser vivo sobre la faz de la tierra hace ruido... Pero al sábado siguiente, esa sensación es un mero recuerdo y caes en el mismo error. Cabezazo tras cabezazo. 

Cada uno tiene su error particular. Hay quien sistemáticamente confía en quien no debe, o quien tiene la boca tan grande que siempre hace daño sin querer. Hay quien se deja siempre llevar por las apariencias, o piensa que lo sabe todo. Yo personalmente, doy tantas cosas por sentadas, que acabo invariablemente pidiéndole peras al olmo. Y siempre espero que sea un peral. Es posible que algún día lo sea... y aquí es donde empiezan los pensamientos circulares. 



lunes, 30 de marzo de 2009

Entry on duty date or on the road balad

Parecía que no iba a llegar nunca, pero llegó. 
Si, si, todo llega, y lo sé, lo digo siempre, pero a veces es que no me lo creo ni yo... a veces me puede la impaciencia. Y eso que aprendí a aguantar... (y a hacer la casa por el tejado). 

Estoy otra vez en la ciudad eterna, que me recibe como una vieja amiga. Me sigo conociendo sus rincones, está igual de decadente y de caótica que cuando me fui. De entre todos, eres la única que sabía que nunca cambiaría. La decadencia es lenta y parsimoniosa. 
Las obras de remodelación siguen en los mismos sitios, claro que no las han acabado. Y quién quiere que las acaben? Lo importante de un viaje casi nunca es el destino final. No he visto ratas, me pregunto si seguirán galopando cual gacelas por los prados de la Piazza Cavour.
Como en casa, las calles, las direcciones, las líneas de autobús y hasta me parece ver al misma gente por la calle. Los mismos turistas, eso siempre. 
Te me habías ido olvidando poco a poco, como uno se acostumbra a un dolor sordo de cabeza, pero no te habías ido del todo. Si te metiste dentro y no te puedo sacar, aunque quiera hacerlo; claro que tengo asuntos pendientes contigo. Sólo porque hace mucho que no te lo digo, no significa que no sea verdad. 
Volveré, ya lo sabes.  Estamos hechas la una para la otra. 
Hasta el día que no me pierda por tus calles, hasta el día que no vea algo interesante en la próxima esquina. Hasta el día que no encuentre excusas para pasear durante horas por tus calles estrechas y desordenadas. 

Deja que me fluya tu aire húmedo por la cabeza, porque las ideas vienen con él... deja que me duerma pensando que mañana será otro día. Falta menos para volver, pero mientras tanto, lo importante, es el viaje. 


sábado, 14 de marzo de 2009

Parole, parole, parole...

Me sorprendo de lo fácil que es volver a hacer las cosas que a uno le gustan... y yo que lo había dejado quién sabe por qué. Si a mi me encanta estudiar idiomas... recuerdo cuando hacer dos idiomas por la tarde era lo único que de verdad me gustaba de tood lo que hacía... Pensad que estoy enferma si me encantan los objetos directos, los objetos indirectos, pasiva, el vocabulario... es que simplemente me gusta. Me gusta saber cómo es que piensan las otras personas, porque los idiomas son una ventana a la forma de pensar de las personas. Me gusta estar ahí, escuchando las nuevas estructuras, y sintiendo como las neuronas se me ponen contentas por el ejercicio. 
No lo echaba de menos oficialmente... pero me encuentro a gusto. Que sí, que me alegro de no haber hecho filología, claro. Porque mi amor por las palabras va más allá de la filología, la verdad. El lenguaje cambia constantemente, es sometido a maltrato y a mal uso constante, y a pesar de ello, no nos las hace pagar... las palabras no son malas per se, aunque la gente las use para decir mentiras. 
Recuerdo cuando buscaba una palabra y me encontraba con otro montón por el camino. Y qué interesante es aprender palabras nuevas, y de dónde vienen, y por qué en un idioma ha evolucionado hacia un lugar, y en otro ha evolucionado en otra dirección... 
Las palabras me ayudan a restablecer el orden en mi mente, como si repitiera un mantra... 

gato, cattivo, cat, méchant... 
soy, je suis, i am, sono, ich bin... 
todo irá bien
tout ira bien
everything will be allright
tutto andara bene
alles wird gut...

jueves, 12 de marzo de 2009

La partida

Os debía este post, pero ha sido difícil de escribir, creedme. Más de lo que nunca pensé cuando leí el mail que me anunciaba mi nuevo puesto el mes de noviembre. Mucho más.

Nada fue terriblemente mal. Todo fue conscientemente elegido y llevado a cabo (ejecutado) con esa manera fría y calculadora de cuando el estómago se me para y me dice: bueno, es la hora.
Y me quedo corta cuando quiero explicar el nudo que se me hizo en el estómago cuando llegó el señor de la mudanza y me dijo: 417 libras. Cuando vi el apartamento vacío de nuevo. Porque se quedó vacío como si allí nunca hubiera habido nadie y como si nunca nos hubiéramos reído dentro. Cuando ví los edificios absurdamente altos de la zona 10 alejándose por última vez. Y lo escribo, y ni yo misma me creo estas palabras que veo en la pantalla. Porque ahora estoy en París, haciendo fotos a la torre Eiffel… pero aún no he asumido que no voy a volver de estas vacaciones.

En esencia, porque no son unas vacaciones. Es una pausa antes de la nueva gran aventura, y después de dos años.

Dos años que empezaron como en una broma gigante, dentro de una persona que no era yo, haciendo amigos ajenos y valorando siempre las posibilidades antes de saltar. No conozco a la persona que vivió mi vida en 2007, que fue uno de los mejores y de los peores años de mi vida, todo a la vez. Eso pasa cuando el trabajo del que estás desesperadamente enamorada tiende alejarte del resto de cosas que quieres en la vida. Y cuando tomas una decisión, después de darte cuenta de que algunas de esas cosas, resulta que en realidad no eran tan importantes.

La temporada seca del siguiente trajo algo que llevaba buscando mucho tiempo; a mí. No es que ahora esté más segura que antes, ni que sea mejor persona, ni más alta, más guapa, ni nada (más rubia sí, por cierto, pero eso es otra historia que será contada en otra ocasión). Pero sí soy yo misma, no una versión de mí vista a través de los ojos de nadie, ni por los ojos figurativos de nadie. Lilith, sin el cristal deformante, un manojo de posibilidades a mi alcance.
Después empezaron los fuegos artificiales: el odio, la calma, la desesperación, la perfección, el descubrimiento, el reencuentro, y por fin, lo inesperado, un espía que llegó de no se sabe muy dónde y por qué extraños recovecos de la vida (estoy segura que no pega el destino en esta frase). Y entender la segunda parte, que cuando el único punto fijo de la vida es el trabajo que uno ama desesperadamente, todo lo demás tiene que estar necesariamente en función de ello.
Hay una manera, tiene que haberla. Porque hasta ahora, siempre me las he arreglado para conservar la salud mental. Creo. Espero.

Os transcribo un poco de lo que escribí en el avión, después de ver cómo las nubes tapaban la Ciudad, y, tras quince días de preguntarme constantemente, sentir de verdad qué se sentía yendo dentro de uno de esos aviones que se veían por mi ventana.

Nunca parece que es la última vez. Siempre parece que las cosas cotidianas van a seguir siendo cotidianas, porque ésa es su esencia. Pero no. A veces, es la última vez que hacemos o decimos algo. Mañana empezará otra semana. Casi todo será igual, pero no estaré ahí. A algunas personas les habrá cambiado el devenir diario, y yo empezaré toda una sucesión de semanas diferentes que me llevarán por un camino que ahora mismo desconozco. Mis mañanas ya no empezarán maldiciendo la luz del sol que entra por la ventana hasta que me doy cuenta de que es otro hermoso día de primavera. Ya no me maravillaré de las vistas verdes desde mi habitación, ni comprobaré que los volcanes pasaron la noche en su lugar. Ni oiré una voz cantando mal en el baño, ni oleré el café en el salón, ni esperaré la luz suave de las cuatro de la tarde en el sofá, y cambiarán las canciones de los bares sin mi consentimiento y ya no me las sabré de memoria. Mi vida seguirá, y ya nunca tendré esa misma sensación de un anochecer de verano en otra dimensión, ni veré el tráfico absurdo de la una de la mañana.

No me despedí del chico del sushibar, ni del señor de la tiendita de la esquina del edificio. Pensarán solamente que he cambiado de costumbre, o que los extranjeros siempre van y vienen, como las flores de los jacarandás… Las cosas que quedaron para mañana, se irán al limbo de los mañanas que no existen. Porque todo tiene una última vez, tan cierto como que tiene una primera.


Tengo los recuerdos de muchos meses de alegría. Es posible que sea por eso que dentro de mí se rehúsa a creer que se ha terminado. Nunca queremos que se acaben las cosas buenas, como nunca queremos que se termine una buena fiesta, ni un buen libro, ni una buena conversación. Pero las cosas se terminan, y nos movemos al siguiente libro, a la siguiente conversación, al siguiente paso.

Y será bueno, lo sé, porque algo me lo dice (y la voluntad gritando: ¡resistid, es la orden!); porque tiene que ser bueno, porque si no, no merece la pena. Ya me entusiasmaré por el futuro cuando pueda; ahora, señor agente, déjeme que me termine mi copita de melancolía, que es mi vicio. Porque si no puedo estar triste por lo que dejo atrás, es que tampoco merecía la pena hacerlo.

Y hoy, como siempre, hacen años.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Paris, la ciudad de la luz

Llevo unos días durmiendo mucho, y eso es una señal.

De qué, je ne sais pas. Perdonad mi francés, pero es que por fin he logrado empezar el curso. ¿Que no he esperado tanto? No, pero la verdad, no pensaba tener que estar tres días en blanco en París antes de empezar a refrescar mi francés, enterrado por la noche de los tiempos y por un esfuerzo  de hablar italiano sin acento (tan inútil como bien logrado, dicho sea de paso). ¿La consecuencia? Miles de fotos de esta ciudad que se acumulan en mi ordenador. Ya iré poniendo algunas, porque la creatividad está volviendo. Poco a poco.

Es posible que el hecho de estar intentando pensar en varios idiomas a la vez sea lo que me hace tener taaaaanto sueño.  Es lo que tienen los cursos de idiomas; al menos en mi caso, hacen surgir ideas y conexiones extrañas dentro del cerebro. A la vez que siento cómo cada vez entiendo un porcentaje mayor de lo que oigo por la calle (he vuelto a escuchar conversaciones ajenas en el autobús, bendito vicio), noto cómo palabras en otros idiomas fluyen por mis venas. Por cada palabra en francés que resurge de donde quiera que estuviese enterrada, nuevas ideas salen de la aparente nada…. Sólo que no creo que salgan de la nada, más bien salen como mejillones pegados en los hilos de las sinapsis consecutivas…

Estoy alojada en un hotel raro. No tanto como otros que recuerdan ilustres visitas a esta misma ciudad (es lo que tiene viajar por el viejo continente con presupuesto limitado, que depara sorpresas indescriptibles en materia de hoteles), pero sí ciertamente extraño, y en el que creo que no hay un solo francés, aunque todo el mundo dice bonjour, bonsoir y excusez-moi por los pasillos. Que son estrechos y largos, como en las películas de miedo, aunque el lugar, por no dar, no da ni miedo. Cómo hacen que esto huela a gato todos los días, si gatos no he visto ni uno? Espero saberlo antes de irme, porque es uno de esos secretos que uno querría averiguar para contárselo a sus nietos.

Hace ya muchos días que nadie me pregunta qué tal estoy. Mejor, porque ni yo misma lo sé. Después de una semana larga que salí de Guate, creo que empiezo a ver las cosas en perspectiva. No en demasiada perspectiva, porque es lo que tenemos los miopes, que tenemos problemas para ver las cosas a distancia. Pero por lo menos empiezo a ver el conjunto de las cosas. Los trámites se van ordenando en mi cabeza. Esa sensación de frío en la boca del estómago: se hacen las cosas porque hay que hacerlas y aquí no se discute más. 

Y ahora, después de haber aprendido cosas útiles en francés (tales como: participar en una reunión, cosa que seguramente haré en mi nuevo destino; ya sólo me quedan "enfoque integral" y "sostenibilidad" por aprender), me voy a hacer fotos a la Torre Eiffel, porque subir no pienso subir (lo siento por los que me habeis pedido una foto desde arriba, pero va a ser que no, tampoco esta vez), pero la tengo que fotografiar con mi super cámara nueva... 

jueves, 26 de febrero de 2009

A kiss is just a kiss...


Tengo tantas cosas que decir, que no soy capaz de escribirlas.
Creo que hasta ahora no crei de verdad que me iba a ir. Hoy, que he revisado mecánicamente que no hubiera nada mío en el Lilithmóvil. Hoy, que las paredes de mi casa, ya están vacías. Hoy. que mi casa ya no es una casa, sino el apartamento que ira cuando llegué.
Mañana se llevan las cosas. Mañana empieza el viaje. 
No volveré a pasar por esa calle, no volveré a pasearme hasta casa bajo los jacarandás, no volveré a asustarme por la mañana por las noticias de la prensa.
El reto empieza más tarde, ahora sólo hay miles de cosas que hacer y la sensación de que es la última vez para cada una de ellas y de que esto es tiempo regalado.

You must remember this 
A kiss is still a kiss, a sigh is just a sigh 
The fundamental things apply 
As time goes by 
And when two lovers woo 
They still say, "I love you" 
On that you can rely 
No matter what the future brings 
As time goes by 
Moonlight and love songs 
Never out of date 
Hearts full of passion 
Jealousy and hate 
Woman needs man 
And man must have his mate 
That no one can deny 
it's still the same old story 
A fight for love and glory 
A case of do or die 
The world will always welcome lovers 
As time goes by
Moonlight and love songs 
Never out of date 
Hearts full of passion 
Jealousy and hate 
Woman needs man 
And man must have his mate 
That no one can deny 
it's still the same old story 
A fight for love and glory 
A case of do or die 
The world will always welcome lovers 
As time goes by

sábado, 7 de febrero de 2009

Yo si, pero tú no


Estoy convencida de que este principio es algo inherente a la persona, porque desde pequeñitos, los niños (los que tienen hermanos, claro) saben que ellos mismos le pueden decir idiotas a sus hermanos, pero los demás, no pueden.
He ahí el gen de la intolerancia, en su estado puro. Y a diferencia del egoísmo, que uno siempre trata de reprimirlo en los niños pequeños: no, Juanito, tienes que compartir, tienes que ser bueno... el de la intolerancia casi nadie lo controla. Así, mucha gente crece y se queda así para siempre. Y este tipo de características, que sirven de marco para ver el mundo, ya no se desinstalan después de los seis años. No tiene caso. 
Pero no pasa nada por ser intolerante, porque al final, cada uno es como es. Es igual que quien es egoísta. Lo importante es que los demás se den cuenta y actúen en consecuencia, porque a las personas, pues hay que aceptarlas como son, queridos amigos y vecinos. 

Lo malo, es cuando el intolerante en cuestión, se disfraza de tolerante. 
Entonces es cuando me hierve la sangre. 
Porque al menos, yo, lo reconozco, que soy intolerante, y lo mío me cuesta mantener mis posturas. Y esto tiene mucho que ver con un tipo nuevo de persona que he conocido aquí, en Guatemala, y que esttá casi tan definido como el dependiente psicológico, y que es "el auténtico". Este tipo de persona es un de las muchas variedas de tolerante intolerante que uno se cruza en la vida, y uno de sus hábitats naturales es la cooperación (ahí, he encontrado dos variedades: la "voyasalvarelmundo" y la "ecologistanarquistafeministavegetariana"). 

Antes que nada, aclarar mi más profundo respeto hacia las creencias de cada uno, y la forma en que se relacionan con el mundo... a mí, personalmente, mientras no me intenten evangelizar, y no comentan crímenes (que no delitos!), no me importa demasiado en qué crean o qué apliquen.

Primero, qué es un auténtico. Es una persona que llega, generalmente de un país desarrollado (y cuando más desarrollado, más acusada es la autenticidad, aunque no lohe probado aún) a un país en desarrollo, y pretende, después de haber pasado su vida en las condiciones más burbujerescas que hay, vivir como el habitante medio (en los casos más exagerados, como el que vive más bien por debajo de la media) del país en cuestión. 
Por ejemplo: 
- llega a la Ciudad de Guatemala y se va a vivir a la zona 1, contra todas las recomendaciones de seguridad, y va y viene del trabajo en bus. Esta fase dura, generalmente, hasta que le dan un buen susto. 
- se va a meter a las comunidades zapatistas, o a las comunidades indígenas del altiplano guatemalteco, o a un poblado en el medio de la selva brasileña, adopta las costumbres, se pone sus vestidos y hasta aprende su idioma. Pero de vez en cuanto, se va a oxigenarse a otro sitio, hace fotos durante la estancia, y cuando se va, predica a sus amigos de la paz interior que le ha dado hacer semejante viaje. Que es lo que es, porque nadie se queda allí a pringarse las manos de verdad, eso lleva demasiado tiempo. 
- critica (más o menos veladamente, por supuesto, lo más molesto son las críticas veladas) a lo que le rodean, porque viven bajo otros principios, pero en el fondo, se aprovechan de ellos. Por ejemplo, no pongo internet en casa, vivo del  tuyo, y vivo en la mejor zona, cerca del trabajo, pero me gustaría vivir en otra, con los guatemaltecos de verdad (de lo cual se infiere que los que viven en la mejor, son de goma, y desde luego, son una cruda realidad!). 

Hay una larga lista de etc... pero después de meses de observación, he descubierto cuál es la pregunta que saca a relucir si el auténtico es un auténtico de verdad. Si uno ha llegado hasta aquí, sabe idiomas, ha estudiado, ha viajado, uno tiene un cierto standard de vida. Reconocer que uno para vivir a gusto, necesita ir al cine de vez en cuando, leer buenos libros, poder hablar con sus amigos y su familia por internet, y a lo mejor, hasta comprar cosas: no puedes negar tu pasado, y si lo niegas, estás mintiendo, al decir una cosa y hacer otra. 

Lo que más me ofende de este grupo de personas, es la falta de respeto hacia los demás. No sólo hacia la desgracia ajena, sino hacia los demás en general. Están tan metidos en su autenticidad, que no piensan que ésta no tiene nada que ver con la realidad que les rodea. No se molestan en comprenderlo; no les interesa saber por qué muchos guatemaltecos emigran a Estados Unidos, sólo critican la decisión como una influencia del imperialismo. 
Cuántas energías desaprovechadas. 

Este año, las fiestas navideñas las hemos pasado lejos de las tonterías habituales de las fiestas y el alcohol, en un caracol zapatista... 
Diseccionemos: las fiestas navideñas, que aunque uno sea ateo, las vacaciones, son las vacaciones. Las tonterías habituales, que también deben incluir reunirse con la familia y ver a los amigos una vez al año, claro. Las fiestas y el alcohol... y sin embargo, yo os prometo que al autor de estas líneas lo he visto yo en una macrofiesta bailando con unas cuantas copas encima... debe ser que en nochevieja está mal, pero cualquier otro sábado no... 

El segundo grupo de auténticos es ligeramente diferente. Generalmente, son menos exagerados que el primero en cuanto a mimetizarse con su ambiente, aunque al principio lo intentan. El problema llega cuando intentan aplicar sus principios a la realidad en la que viven (que no digo yo, que en los países hiperdesarrollados no funcione). 
Estos principios, además, suelen ser, salvo raras excepciones, un pack de ideologías que se venden todas juntas (a lo Chomski) y de la manita, sin transición y aturdiendo al receptor, que no tiene ni tiempo ni ganas de cuestionárselas. 
Mi opinión respecto a este grupo es que los dejemos aturdirse entre ellos mientras los demás intentamos hacer algo más o menos productivo. 
Qué ideología? Ecologismo, anarquismo, feminismo, da lo mismo. Empezaré por el vegetarianismo, porque el orden de factores no altera el producto. 
En un país sin standares de higiene ni de saneamiento, comer sólo vegetales, es abiertamente peligroso. De hecho, aún no he conocido un caso de vegetariano sano. Por supuesto, cuando uno dice algo así, los tolerantes-intolerantes en seguida empiezan a decirle a uno que comer filetes sangrientos todos los días no es sano. Pues no, estoy de acuerdo, las cosas en exceso no son buenas. Y seamos sinceros, comer plantitas todo el tiempo, pero tener que tomar pastillas de proteínas para compensar, no me parece nada natural. Las personas son omnívoras, es lo que tenemos los grandes depredadores. 
Está bien, si uno es vegetariano con fundamento, pero me matan los vegetarianos que no comen carne de animales torturados y asesinados. Las pobres plantas, como no chillan, no sufren; plantar un montón de lechugas en fila para comérselas, es aún más cruel! Y lo más gracioso, es que esas personas seguro que no quieren  tener insectos en casa. Sabeis lo que hace el insecticida? No envenena a los bichos, porque eso sería peligroso para las personas; ataca su sostema nervioso hasta que los paraliza y entonces se asfixian. Me parece una muerte muy cruel. Pero como son bichos, y tampoco chillan, no sufren.
Por no hablar de los cultivos orgánicos. Debo confesar que antes, no sabía nada de agricultura, pero con mi trabajo, he aprendido un montón. Y ahora que sé lo que significa un cultivo orgánico en este país, a no ser que conozca el lugar, prefiero abonos químicos... en serio. Y no voy a entrar en detalles para no herir susceptibilidades (este siempre ha sido un blog con clase). 

Esto va de la mano con el ecologismo, claro. El hecho de que reciclar y ser ecológico es de ricos, no se le ocurre generalmente a estas personas. Separar la basura está muy bien como práctica, pero pensemos que es más bien cómodo para las familias que, desgraciadamente trabajan en el basurero, que se vana  encontrar las latas de cocacola todas juntas. Generalmente, además, es una cosa de ricos porque es más cara... eso, no lo piensan. Hay muchas cosas que se pueden hacer por el medio ambiente sin frustrarse, pero no puede uno intentar cambiar el país de un día para otro, porque, al menos Guatemala, tiene problemas más urgentes (verbigracia, la violencia). 

Y caemos en el machismo. Pues claro que es un país machista; pero ese es un cambio de actitud que aún no hemos logrado en Europa, que llevamos cien años con la lucha. Aquí no vas a conseguir nada siendo una exagerada... o peor, vas a lograr que se rían del tema. Las mujeres tienen problemas de verdad, que van más allá de que una feminista loca las llame miembras de su consejo comunal de desarrollo. 

Ejemplo real: No quiero usar la secadora porque gasta mucha electricidad, ni comprar a una multinacional, ni comer demasiada carne, que el ganado genera gas metano... pero me quedo en tu casa, donde hay veinticinco mil bombillas encendidas, siempre teneis pizza de Pizza Hut y cuando hay de cenar, ceno. 
En realidad a eso no se le llama autenticidad, se llama tener la cara dura... pero eso toca otros temas, es harina de otro costal, y materia de otro post.  

Este segundo grupo, es más que nada un torrente de energía desperdiciada... a veces, al hacerse un poco mayores, logran ver un poco más de su autenticidad y dedican sus esfuerzos a actividades más productivas. Algunos, se quedan como hippies para siempre, y acaban yéndose a Ibiza.

Todo esto, para declarar que me molesta profundamente que alguien venga a mi casa y me critique porque me compré un coche (por cierto, acabo de circular el anuncio de venta del Lilithmóvil, sniff), o porque como carne, o porque vivo donde vivo, o porque no reciclo, o porque intento aceptar las cosas que no puedo cambiar, y sólo hago esfuerzos para cambiar las que puedo cambiar. Todo esto, porque yo sí soy intolerante, y por eso me permito criticar lo que me parece la tontería ajena, pero el que es tolerante, no debería criticar las tonterías de los demás. Porque tonterías, tonterías, hacemos todos. 

viernes, 6 de febrero de 2009

Preguntas molestas, respuestas felices


No es que me sienta más apreciada desde el día que entré en el despacho de mi jefe y le dije que me iba... (y se lo dije de verdad, sin acritud, porque me han ofrecido mejor trabajo, no porque esté cansada y me haya liado la manta a la cabeza). Pero es raro que todos los días al menos una persona te diga: no te vayas, no?
Igual en algún momento digo: venga, vale. No me voy. Me quedo aquí.
Es extraño saber que eso no va a pasar. Creo que llevaba mucho tiempo sin vivir dos años en el mismo lugar.
Y mientras, los de la obra de enfrente se empeñan en aclimatarme al desierto levantando polvo sin cesar.

Pero en otro orden de cosas, para variar, no era esto de lo que quería escribir. De lo que quería escribir es de cómo cada uno lidia con la incertidumbre del mundo. Hay una manía que me llama la atención en especial, y es la de quien se dedica a clasificar todo.
Poner todo en cajitas conocidas da mucha seguridad, porque claro, las cosas se comportan como aquellas otras cosas a las que se parecen, y por eso están en la misma clasificación. Hasta que algo sale mal, las cajitas se van al cuerno, y lo único que queda es un montón de cartón roto y sucio. 
No me gusta meter las cosas en cajitas, y tengo una positiva tendencia al nerviosismo cuando alguien se empeña en clasificar mi vida o lo que ella contiene. Por ejemplo: ¿estás enamorada? y a una respuesta confusa: ¿tienes miedo de decirlo en voz alta? a lo cual sigue una respuesta confusa y enojada. 
Creo que tengo cosas que añadir a mi lista de "cosas que no me gustan".
Y curiosamente, esta vez, tengo razones:
- no me gusta clasificar lo inclasificable porque sale mal casi siempre.
- no ahorra tiempo. 
- no responde preguntas, sólo genera más.

Hace mucho que renuncié a tener hitos que cumplir en mi vida: no existe un manual lleno de pasos: 1. comprar un coche, 2. comprar una casa, 3. casarse, y para ello, toda una serie de pasos intermedios. No hay una forma de pasarla bien o mal, no hay un montón de cosas que cumplir como si fuese una gimkana. La vida sólo hay que tratar de vivirla bien, dignamente, consecuentemente... Si después un día se acaba de repente, no te dan un premio de consolación ni la compensación por haber llegado donde has llegado. 

Así, las cosas merece la pena disfrutarlas cuando y como vengan, ¿no? Sin preocuparse más que lo necesario para hacer que funcionen. 

Y así, sin querer, y de una forma un tanto desagradable, respondí a la pregunta del millón. A veces, incluso las preguntas molestas sirven para algo. 

martes, 3 de febrero de 2009

Lilith en el Desierto


Bueno, ya era hora de hacerlo público.
Ya queda menos de un mes, y muchos de vosotros ya lo sabéis, pero sospecho que hay quien todavía no lo tiene claro del todo... sip, Lilith deja el Nuevo Mundo y vuelve al viejo... bueno, lo que dejo en realidad no es nuevo, y donde me voy no es tan antiguo, pero lo que no se puede negar es que es un cambio de aires. De Perelin, la selva nocturna, a Goab el desierto de colores... literalmente.

En realidad el destino. Me cuentan que mi bisabuelo estuvo allí, que mi abuelo estuvo allí, y sé por cierto que mi padre estuvo allí. Obviamente, la culpa de todo la tiene mi hermano.

Argelia.
Y vender el coche, y empacar los libros, y hacer doce más una fiestas de despedida...
El desierto.
Y cerrar la casa, y envolver bien los libros, y comprar telas...
Un trabajo nuevo.
Y despedirme de todos, y asegurarme de tener los mails de todos, y tratar de no contar los días...
Un país diferente.
Un idioma nuevo... bueno, dos.
Buff, sólo quedan cuatro semanas.
Y la pregunta del millón de dólares sigue sin ser respondida. 

Otra vez en movimiento, con planes y sin saber si tiene tanto sentido tenerlos. Sabiendo que el nervio se ha desarrollado, y que el colmillo aún se puede retorcer un giro de tuerca. Con menos miedo cada vez, porque uno se acostumbra a todo... es raro acostumbrarse al cambio, pero hace mucho que elegí. 

Esta semana me han dedicado más o menos abiertamente dos canciones:






Me pregunto, y me respondo, pero ya no se si me digo lo que quiero oír o la verdad. 
Predigo que va a ser un mes de emociones varias, que acabará conmigo escribiendo en un avión, camino a lo desconocido una vez más. Pero tampoco hace falta ser Nostradamus para predecir eso.

viernes, 30 de enero de 2009

Uno dentro, uno fuera... y hoy empieza la cuenta atrás


Bueno, hay muchos factores que hacen que escriba menos. El primero de ellos es la inquietante falta de medios de transporte en mi vida. Sin medios de transporte, no creais que tengo tanto tiempo para observar a mis semejantes y que se me ocurran bonitas ideas (más o menos inteligentes) que decir sobre ellos. Después van otro montón de ellos, como la falta de tiempo directamente derivada del volumen de trabajo, la compañía de mis compañeros de piso, que sustituye una forma de comunicación por otra, y facebook, que todos los días se inventa cosas para que yo me quede enganchada. Es un problema que existan pasatiempos, para aquellas personas que no tenemos un minuto que perder.
Lo único que sigue igual es que se me siguen agolpando las ideas en la cabeza; las ideas, que son como el queso que se queda al fondo de la nevera, si no lo sacas a la mesa, se va quedando verde y acabará oliendo a muerto aunque no sepas qué es. 
Pero no escribo este post para disculparme por no escribir: porque si yo escribo una vez a la semana, muchos leeis una vez a la semana (o menos).
Me acuerdo de las cosas que no  he escrito:
- No he escrito mi carta de peticiones a Obama. 
- No he escrtio sobre lo que dice mi nawal.
- No he escrito sobre los auténticos, aunque tengo un post en el horno sobre eso. 
- No he escrito sobre la tolerancia. 
- No he escrito sobre lo que va a pasar dentro de un mes.
- No he escrito sobre lo que todos me habeis preguntado.
- Y últimamente no he escrito sobre miedo, desamparo y sobre todo, cómo yo debería estar acostumbrada, porque de una manera u otra, siempre acabo sola en los momentos importantes. 

Pero, las cosas en orden, porque las ideas se cruzan unas con otras y, aunque el resultado promete ser interesante, también puede no entenderse nada. 

El lado bueno: oigo música que pertenece sin duda a mi pasado, y me doy cuenta de que, en realidad, hace mucho que dejó de importarme. El sábado, en la mejor fiesta de cumpleaños que he tenido, volvi a bailar salsa. Por accidente, como siempre pasan las cosas buenas. 
Y me remito a la entrada de mi blog, porque el olvido es lo único verdaderamente democrático; como esta foto demuestra, ni la muerte lo es (porque aunque no lo parezca, eso es un panteón). 

 Todo ello significa que ya no tengo que pensar si volver a las andadas o no, porque ya no tiene sentido. Pero es bueno, porque al menos, ya no me importa. Ha sido mucho tiempo, pero ha merecido la pena. O eso creo.
Uno, dentro.

El lado malo: he hecho algo que no quería realmente hacer. He dejado fuera a alguien que sin duda se lo merece, pero tengo la sensación de que por no querer explicar, no he sido ni siquiera suficientemente desagradable (imposible, murmurará más de uno entre dientes). Pues si. 

Sí, te perdono la osadía, porque no era tal, 
sino inconsciencia. 
Alejate de mi, porque prefiero llevar el mal recuerdo 
que saber que no fue por ninguna razón en particular. 
Han pasado mil años, mil sueños, 
pero prefiero cerrar mis ojos 
y pensar que el dolor de entonces era real, 
y no que no valió nada.

Durante un momento, muy cortito, dudé. Pero eso mismo, me hizo odiarme a mí misma. Cerrar puertas tras de mi ha sido demasiado doloroso y complicado como para abrirlas ahora y descubrir que en realidad, lo que había detrás de las puertas, no era más que humo. 
Hace mucho que me esfuerzo por mirar al futuro y no ver más que un camino que elegir, sin oír las voces que se quedaron atrás. Porque lo bello de las decisiones irrevocables es precisamente que lo son. 

No te quería en mi vida, entraste como un caballo de batalla, arrasando la hierba sin compasión. Querría que nunca hubieras estado allí, como nunca había deseado nada. Ahora que puedo sonreírme sin pensar en aquello, descubro que el olvido ha hecho su trabajo. 
Uno, fuera. 


Y bailaré como siempre, 
el compás que marca mi cabeza, 
dando las vueltas sobre mí misma, 
aunque me sujete en tu mano cuando me falta el equilibrio. 
Y cuando la música pare, me sentaré con las piernas encogidas, 
deseando que vuelva a empezar. 

Hoy empieza la cuenta atrás. El período de transición (y esta vez no es solo para mi) acaba de terminar. Empieza la partida. 

martes, 20 de enero de 2009

Una semana en el limbo


El limbo es un lugar... diferente a como yo lo esperaba, la verdad. Yo siempre habia pensado que sería un lugar más o menos vacío, pero de hecho es más bien un lugar lleno de gente donde nadie ve a los demás. Así, la eternidad se hace aún más eterna.
No sabes cuando te vas a ir del limbo, pero sí sabes que querrías salir de allí... aunque a medida que pasa el tiempo, te sientes cada vez más a gusto, y las razones por las que quieres salir son más difusas, más irreales, y más fáciles de rebatir.
Una semana que parece un año, para que algunos procesos que están en el fondo de la mente terminen sin que uno se de cuenta. Para que las cosas se vuelvan menos nítidas y a la vez menos claras, pero sobre todo, más distantes.
Para que la incertidumbre, la incomunicación y la soledad parezcan cosas de otras personas, de otras vidas... o del mundo real. 





El resto, donde siempre... 

martes, 13 de enero de 2009

De tres en tres... ideas que me rondan por la cabeza


... que me rondan muchas desde que vago forzada por las calles frías de esta, la gran ciudad por excelencia. Y que para mí, es el lugar perfecto para pensar, por más que no me gustaría vivir aquí... más que obligada, como ahora.

Idea 1: Accidentes y sucesos accidentales que pueden parecer lo mismo, pero no lo son; mientras que accidente tiene una connotación inequívocamente negativa, suceso accidental implica lo que es, evento que se verifica como resultado de la coincidencia de circunstancias que eran poco probables.
Ejemplos:  
- Entrar en una carrera por la nota de selectividad y que ésta acabe enseñándole a uno la puerta por la que se llega a las respuestas que uno busca en la vida.
- Solicitar plaza en un programa de becas la última noche del plazo, diez minutos antes de la hora límite y dos años después, acabo descubriendo mi vocación verdadera.
Podría poner más, pero como siempre, no quiero gafar nada (perdonadme la superstición, que es casi el único lujo ultraterreno que me doy). Muchas cosas buenas han llegado a mi vida por accidente, pero no sé si todas, así que no haré inferencias fáciles. Es posible que tenga el síndrome de la orejera y sólo vea lo que quiero ver. 

Idea 2: Profecías que se autocumplen

Gracias a esta idea, he encontrado un blog interesante, pero se me ha ocurrido porque tiene mucho que ver con la anterior... si uno busca suficiente la parte buena de las cosas, acaba encontrándola. 
Las profecías que se autocumplen pertenece a la categoría de las cosas que me fascinan porque se refieren al comportamiento de las personas cuando se ve influenciado por extraños incentivos ajenos a la racionalidad: uno hace una predicción y el mero hecho de hacerla, genera las causas que provocan el cumplimiento. Notése bien que es necesario que las profecías se hagan en voz alta. De un lado, porque si no se hacen en voz alta, no son profecías, y del otro, porque cuando sólo uno es testigo, no son espectaculares. 
Ejemplo: 
- Cuando estás cogiendo demasiados platos y tu madre te dice: se te van a caer. Te distraes, y se te caen.
- Especialmente en las parejas, cuando alguien le dice a uno de los dos: No va a funcionar. ¿Cuántas veces sobrevive? Esta es otra versión de una cita famosa de alguien que dijo: ¿Cuánto vive el amor? Hasta que se hace esa pregunta. 

Idea 3: Vísteme despacio que tengo prisa
Que es poco más o menos lo que me pasa ahora... tantas cosas que hacer y no poder hacer ninguna, me ha dado un poco de perspectiva sobre toda la lista de tareas... y sobre todo, sobre qué cosas no hacer. Ahora que el final se acerca inexorablemente, y ya al lobo no se le ven ni las orejas... ahora, cuando vuelven las mismas dudas que antes de ir a Guatemala; aunque tienen una forma distinta, la esencia es la misma.

Y mientras camino bajo el frío inmenso de esta ciudad, en la que el aire parece que no se para nunca, silbando entre las personas que se cierran en sí mismas, voy tejiendo pensamientos uno tras otro y haciendome preguntas que se quedan suspendidas, sin contestación... ¿Será el último accidente algo permanente? ¿Serán estas preguntas la señal de una profecía autocumplida? ¿Habrá en mi lista de tareas algo que hacer que no he hecho? Y me distraigo tanto pensando que mis pasos me llevan lejos de mí misma, y tengo que correr para alcanzarme de nuevo. 
Se acabó la época sin preguntas. 
Se acabaron los tiempos sin complicaciones. 
Se acaba la eterna primavera. 

viernes, 9 de enero de 2009

Varada en NYC en tres movimientos


Este no es para nada el primer post que yo esperaba subir en 2009. Este es un post completamente accidental. De hecho, tengo a medio escribir el primer post de este año, que claro, ya no lo va a ser... Todo es un poco raro de un tiempo a esta parte, es un poco como estar en el limbo... no sé si ello afecta a mis augurios sobre el año que entra...

Movimiento I, allegro

Llegamos con tiempo al aeropuerto. Está claro que me da mala suerte, hacer estas cosas. El vuelo de Air France estaba retrasado, porque con menos ocho graditos que hacían en Paris, pues había un poco de nieve. Y ya se sabe, los aviones, son de clima cálido. Curiosamente, los vuelos internacionales (uséase, fuera de la UE, que ya parece que nos vamos acostumbrando a la idea) no están retrasados, con lo cual mi tránsito pasocómodamentedeunaviónaotro se transforma en un comonocorrasportodoelaeropuertonocogeselavión

Con una tos del infierno, gracias a un tremendo constipado/gripe (mal rollo, que te dejen subir con gripe en los aviones, así se producen las pandemias, hombre) cruzo a galope tendido todo el santísimo Charles de Gaulle (que no es moco de pavo, creedme, hasta el trenecito ése del demonio tuve que coger. Y digo yo, no lo podían haber llamado Napoleon Bonaparte y haber hecho más pequeñito el aeropuerto?) y logro subir la última en el avión. Las de al lado me miran sospechosamente cuando el comandante dice (literalmente): 
- Estimados señores viajeros, les informamos de que el abordaje de pasajeros ha terminado. No obstante, estamo esperando que se carguen las maletas de algunos de los últimos llegados".

Afortunadamente, la sospecha en seguida se desvanece cuando el azafato me da las gracias por haberle cambiado el asiento a una señora, para que viajara en el mío junto con su madre. Durante el vuelo me arrepentí, aunque eso es otro asunto. 

(Tangencialmente, me pregunto por qué la gente se niega a cambiar su asiento en los aviones. Qué, que la fila 29 no llega al mismo destino que la 28? Con lo supersticiosa que yo soy para algunas cosas, para esto no, oiga). 

Nos dan de cenar, y el efecto combinado del antigripal, un gintonic y el rollo de película que me pongo, hacen que me duerma. En ése preciso momento en que la realidad comienza a hacerse difusa y uno sientos los cálidos brazos de Morfeo que lo arrullan, la pasajera de la ventanilla necesita ir al baño. 

Me vuelvo a ennganchar a la película, cuyo poder soporífero empieza a hacer mella en mi interés por el argumento. Cuando me acurruco bien para dormirme, la pasajera de la ventanilla decide que es hora de escuchar música y al revolverse para cambiar la tele, me saca de mis ensoñaciones con un golpe. La miro bien y detecto que ya no es una pasajaera normal, sino que está gorda.

Refunfuño, decido que la película no sirve ni para dormirse y busco algo aún más aburrido. Durante la búsqueda, la pasajera de al lado se queda inmóvil un buen rato (para que me confie, imagino). Después de encontrar otra peli que me parece inspiradora de sueño, saco mi segunda mantita (hace frío, será el constipado/gripe), me la echo por encima y mi búsqueda de postura coincide con que la pasajera de la ventanilla necesita ir al baño de nuevo. Aprovecho y voy yo también, pero parece que hay cola. El azafato, que aún me está agradecido por haberle cambiado el asiento a esa mujer, me indica (aunque estoy la última de la cola) donde hay otro baño libre y voy (el constipado y la gorda de al lado han despertado mis sentimientos egoistas). Según me estoy sentando, aparece la pasajera de la ventanilla. Está gorda y además es fea, la mujer. 

Decido que con el sueño que tengo, ya no necesito ninguna pelicula para dormirme, así que apago la tele. Como observo que la pasajera de la ventanilla anda tocándole el trigémino a su pantallita, me pongo el antifaz y me arrellano en el sillón. Un rato indeterminado después, me despierto porque he perdido la sensibilidad del brazo derecho. Si ponen pantallas táctiles en todos los asientos, no podían hacer los asientos diez centímetros más anchos? Miro a la gorda de la ventanilla como si ella tuviera la culpa de todo, porque al fin y al cabo, una vez más, qué más le da?

Me vuelvo a dormir, y al cabo del rato (otra vez indeterminado), la pasajera de la ventanilla, sin duda en venganza por la última mirada injusta, me despierta para ver si quiero desayuno... como no tengo fuerzas de mandarla al cuerno ni me acuerdo en qué idioma se entendía con los azofaifos, me vuelvo a echar el antifaz y la manta y maldigo a todos los moscardones de avion que debían haberse quedado en su casa. 

Al cabo del rato, aterrizamos en un estado de semiinconsciencia (al menos mi persona) y nos dirigimos a las aduanas, que pasamos sin mayor contratiempo que buscar el papelito verde en un idioma que se entendiera. Después del tejemaneje habitual del aeropuerto, en un taxi, llegué a casa de mi amiga en la gran manzana, que me esperaba medio dormida, dadas las horas que eran. Menudo barrio, esto está muy bien!! La casa es como en las películas (para variar), con dos escalones en el salón y una barandilla de forja preciosa. Si yo viviera aquí, no me podría concentrar en nada, mi imaginación peliculera no me dejaría. Me meto en la cama, a dormir imperturbada, por fin, durante ocho horitas... al rato me despierto. Echo de menos a la gorda de la ventanilla... 

Movimiento II, desastroso

En realidad la mañana empieza bien, nada que ver con cómo va a terminar el día. Desayunamos, recordamos, nos reímos, y llegado el momento, nos despedimos y me subo a otro taxi, cuyo taxista me comenta lo mucho que está lloviendo esta semana. NYC no es una ciudad para la lluvia, la verdad, se vuelve muy triste y le sale el espíritu indiferente hacia las personas.

Llego sin mayor incidente (esos estaban reservados para luego) a los mostradores de Continental (los mismos que hace menos de tres meses estaba aquella panda de mexicanas pijas que no podía facturar todas sus compras) y cuando la señorita me lo indica, me paso a la máquina de check in... y entonces empiezan los sudores fríos. No solo no encuentro mi reserva de vuelo, sino que tampoco el pasaporte. Después de años de experiencia de perder cosas, mi cabeza hace sola el ejercicio, y recuerdo que no he visto la bolsita donde llevo esas cosas en casa de mi amiga. Es más, la última vez que la vi, fue saliendo del otro aeropuerto... maldito sueño, seguro que se quedó en el taxi... Ningún alma me lo ha traido de vuelta, cosa que no esperaba razonablemente, sino en virtud de mi proverbial buena suerte... o sea, que estoy en un aeropuerto de NYC sin pasaporte. Ops. Enorme ops. 

Ya me han pasado las tres cosas que a uno le dan miedo y que piensa que no le van a pasar si tiene suficiente cuidado. Ya me dormí en un examen, ya pedí un avión, y ya he perdido el pasaporte en un país extranjero.

A todo esto, probablemente ya os he contado que además yo tenía la gripe o lo que fuera. 

El caso es que, después de entrar en shock, y cabrearme conmigo misma (porque hay que ser bruta para perder así el pasaporte) me voy al consulado. Mi calamitoso aspecto griposo es de un moderado apoyo, así que después de seguir las instrucciones que me da el señor del consulado, salgo disparada del consulado, para lograr hacer todo. Además, les dejo las maletas ahí, con lo cual ya puedo volver antes de que cierren!

Así, logro conocer una comisaría americana por dentro (bueno, dos, porque en la primera no me atienden porque no es su zona. O sea, que como te intenten matar, no te confundas de lado al dirigirte a la comisaría, o te mueres esperando) y confirmo mi impresión de que este país, es tal y como sale en las películas (de momento no he visto ningún alien, pero no dudo de que lo veré en breve). En total, corro varias veces por el arco de veinte calles, con un frío que pela, con una lluvia helada que me cala hasta los huesos y con una tos de perro de esas que dan miedo... Si no me muero de esta, salgo reforzada.

El caso es que mi pasaporte va a llegar la semana que viene, así que aquí estoy, atrapada en NYC... 

Movimiento III andante contenido

Así que ahora estoy en un apartamento de película, viendo nevar por una ventana, en una situación absolutamente irreal, como si el mundo se hubiera parado allá fuera.
He descubierto que detrás de los decorados de las películas no hay solo cartón piedra, hay todo un mundo de cosas y personas... casi casi dan ganas de explorarlo...
El postergar continuamente las cosas, aumenta la sensación de tranquilidad. En realidad, no hay que hacerlas nunca... al menos, aquí, en el lado irreal del mundo, una mezcla entre el limbo y la casa del cambio... en cualquier caso, un remanso de paz antes del final.