martes, 30 de mayo de 2006

Adelante, sin sentido, en la oscuridad

... aunque nunca me lleven hasta tí. Aunque siempre me alejen. Por fin empiezo a entender las cosas que no entendía. Una corriente de aire frío me distrajo acariciándome el cabello, y apartó el sutil velo de mis propias mentiras. No puedo mirar a la verdad y sostenerle la mirada igual que quería sostener la tuya. En mi garganta atenazada se agolpan las palabras, que acabarán por asfixiarme lentamente. Me siento incapaz de seguir y de quedarme aquí, de mirarte y de bajar la mirada... El dolor agudo y constante dentro de mi, la angustia que surge cuando cierro los ojos ¿dónde me has arrojado?
Desorientada, casi ciega en esta penumbra sin fin, extiendo las manos, con miedo y avanzo hasta que el vacío me traga y me pierdo a mí misma, con la esperanza cada vez más débil de encontrarte. Pienso en la llama que arde en alguna parte y sé que cuando se extinga, la oscuridad lo invadirá absolutamente todo, pero no puedo evitar cerrar los ojos, y seguir andando hacia donde me guíen los pies cansados, que han recorrido un millar de kilómetros por tí, que han cruzado todos los puentes del mundo para acercarse a tí, sin darse cuenta de que, cada paso que daban, nos alejaba más de tí, que eres a estas alturas, más un sueño que una realidad, más una idea que un recuerdo... Pero lo supe siempre, y desde hace mucho tiempo elegí no verlo... huyo continuamente. Adelante, sin sentido, en la oscuridad.

lunes, 29 de mayo de 2006

Pantanos, balón prisionero y secuestros express o como pasar un fin de semana perfecto en Madrí.


Resumen ultrarrápido: T4, oreja, quedada, picnic, cerveza, sol, balón prisionero, cuestas, mojitos, bailoteo, comida vipera, T4.
Mézclense bien los ingredientes, y obtendremos un fin de semana perfecto en el que, como bien dice el Uapero J, se me han quitado todos los males (bueno, igual todos todos no, porque soy melancólica por naturaleza), pero en el que desde luego, he hecho una buena reserva de energías para los próximos meses. Echaba de menos Madrí y a mis amigos nominalmente (este msn, y estos correos...), pero me dí cuenta de lo mucho de menos que lo echaba todo cuando lo ví de verdad.
Después de una tarde de indecisión haciendo la maleta, decidí salir pronto de casa, porque aunque no había huelga (curioso, teniendo que salir de viaje), no me fiaba. Llegué pronto al aeropuerto. Preludio de un fin de semana perfecto.
Nota aparte: la indecisión es muy mala, estoy segura de que haber llenado demasiado la maleta en conjunción con hacerla y deshacerla mientras andaba de viaje, ha sido lo que me ha hecho perder las gafas... a mí, que no veo tres en un burro (¿por qué tres y no dos, o cuatro?).

Avión misteriosamente en retraso, pero que llega a tiempo, a pesar de lo cual, el azofaifo nos anuncia, para sorpresa general (que es la que se produce cuando uno oye más ¿ein? aparte del propio)... Y allí estaba en el aeropuerto el Uapero J (que conocereis de posts anteriores como el Niño de los Huevos, por su triste alergia ¡so malpensados todos!) con los brazos abiertos, dispuesto a meterse con mi superglamouroso gorrito blanco (que tb he perdido, aunque será por menos tiempo que las gafas, sospecho). Después de una serie de cánticos regionales que incluyeron Shakira y Amaral a voces por la carretera, llegamos a la cervecería cuyo nombre estoy destinada a no conocer nunca (porque hasta me lo han dicho, pero no lo he oído bien), donde logramos por los pelos pedir una ración de oreja (qué buena, qué buena!!!) y beber unas cervecitas con mi Muy Mejor Amigo, Lau (nos vamos a Torino!!!), mi Excompi de Piso y el Famoso Primo&co. Después de unas cuantas cervezas, nos fuimos a ver a la Vendedora de Drogas legales, que nos ofreció unos chupitos de suero en la farmacia, porque la pobre estaba de guardia... De hecho, fue la única falta de un finde perfecto. Después, fuimos a comprobar en persona, la decadencia del Avalon. Si vuelvo a Madrid, habrá que cambiar de sitio, porque está muy perjudicado. Bueno, seamos sinceros, igual nuestra presencia todos los fines de semana elevaba su caché, y claro, desde que no estamos....En fin.
El caso es que acabamos a las cinco y nos fuimos a casa. Afortunadamente a nadie le dió por cantar Devuelvemé la vida que me la has quitao que me la has quitao por la escalera ni nada de eso, lo cual siempre es una ventaja para poder seguir hablando con los vecinos.
Emplazamos a todos a las once en mi excasa (ah, como en los viejos tiempos) para desayunar con churros que traía mi Muy Mejor Amigo. Algunos se retrasaron porque no encontraban la parte de abajo de los bikinis... por pudor, y para que no deje de hablarme, no diré quien! Pero al final, después de haber desayunado churros y porras (hmm, eso y la oreja han sido mi recorrido gastronómico del finde, he hecho reservas para aguantar mientras no vuelva... claro, que hoy he ido al gimnasio sintiéndome culpable...), con un café infame que hice (de verdad, infame, no pretendía, pero me salió infame, pido perdón a los damnificados) y una leche muy rara (pero al final parece que estaba buena, nadie se puso malo...) nos dirigimos hacia la otra quedada y nos juntamos todos, menos uno, que tenía que ducharse, y quedó en venir más tarde (so pena de no entrar en mi casa cuando venga a Roma). Como llegó a las ocho de la tarde, dedujimos que no se había duchado, sino que había estado en un spa, pero mereció la pena, porque vino como un pincel. Pero eso es otra historia...
El caso es que llegamos a Guadarrama buscándonos por la carretera (menos mal que el camino era fácil), divididos en cuatro coches; los Alcorconeros, los Mostoleños, mi Muy Mejor Amiga (no confundir con su homólogo masculino) y la sección Uapera. Allí nos reunimos con una compi del máster tapadera (traficante de armas ella también, claro, aunque con especialidad distinta a la mía) y entonces el grupo estuvo completo. Después de correr un poco como pollos sin cabeza por todo el pueblo, logramos comprar una cantidad razonable de comida y una exagerada de cerveza (que luego resulto no ser tan exagerada, porque anda que no hacía calor!) llegar hasta el pantano, donde procedimos a tomarnos la primera cerveza del día, muertos de sed. Encontramos un lugar donde asentarnos y lo hicimos, en círculo. Y nos pusimos a comer, a arreglar el mundo, a contarnos nuestras vidas, a recordar anécdotas y a contarlas nuevas, a investigar por qué los pimientos rellenos no daban para todos, a deducir las grandes verdades de la vida, algunos a dormir, y en general, a pasar un sábado agradabilísimo debajo de los árboles. En algún determinado momento, alguien sugirió que jugáramos al pelotón (versión balón prisionero...), nos pusimos de acuerdo con las reglas (porque es como el parchís, en cada casa se juega de una forma y luego hay broncas por "tú estás eliminado, tú no") hicimos dos equipos (me dejaron la última esta gentuza, pero yo no me recomo por estas cosas) y marcamos el terreno en el suelo. Con los marcadores que habíamos usado (cacas de la vaca, literalmente), no tardó demasiado en ocurrir lo que tenía que ocurrir y alguien plantó el pie donde no debía... Tampoco ahora avergonzaré a nadie, pero ya sabe él por qué nadie se acercó a él el resto de la tarde... No sabemos si quedamos en empate, si ganamos o perdimos, porque sospecho que nos hicimos la picha un lío contando... pero lo importante es participar (Grande, Elenata, de verdad, deberías considerar ser profesional de esto). Mi Muy Mejor Amigo se pegó incluso unas cuantas carreras extras cuesta abajo detrás de una pelota, a veces incluso con espontáneos que se unieron al reto de parar la esfera que bota y rebota cada vez más deprisa mientras se acerca al pantano. Dos potenciales deportes olímpicos en la misma tarde...
Al final, volvimos a tirarnos en las toallas, a hacernos unos sandwiches (ni la mitad de problemático que en la fiesta de despedida...) y seguir arreglando el mundo un ratito. Tal vez no lo arreglaremos, pero lo intentamos fehacientemente... decidimos (bueno, a lo mejor fue unilateralmente, pero para el caso...) que las dos parejitas presentes deberían casarse de una vez para que podamos ir a su boda a emborracharnos con el beneplácito social. Y a llevar pamela, que yo quiero llevar pamela en una boda de una vez, leñe.
Y llegó el momento de las despedidas, unas por período más largo que otras, pero despedida al fin y al cabo (mis invitaciones a la ciudad eterna son en serio!!). Una panda restringida nos metimos en casa del Uapero J a ducharnos (a la polaca, a la checa o a la de verdad) y acicalarnos (es decir, ponernos un copazo) para salir a comprobar la marcha de Guadarrama, que la tiene, y muuuucha!Y salimos en las tinieblas de la noche, habiendo dejado hinchado el colchón extra porque se saber cuando se empieza pero no cuando se acaba. Afortunadamente, nadie sufrió ningún secuestro express... aunque arrebatos sí hubo unos cuantos.
Nos encontramos con cabinas, con mojitos, con rock del bueno (pero sin Shakira) y del malo, lo dimos todo y nos lo pasamos bomba!! Por supuesto hubo incidentes con la cámara (es decir fotos que nunca debieron ser hechas!!), charlas normales y extrañas, casi todas a gritos, bailes (muuucho, mucho baile) en la tarina escenario de un bar, y encuentros con la fauna nocturna de la sierra, es decir, medio madrid, porque aquello estaba lleno.
Y al final, a las cuatro o las cinco (o cualquiera sabe cuándo porque la hora es lo que menos importa en esas situaciones!) nos fuimos a dormir, después de un largo día de diversión. Bueno, primero, a hacer sandwiches otra vez (ya sé, es que la otra vez me confundí de fiesta!).

Y al día siguiente, la despedida final. Desayunamos mientras observábamos las fotos de la noche anterior, asombrados de los prodigios de la naturaleza humana, esta vez con un café mucho más potable que el dle sábado, probablemente porque no lo había hecho yo. Y después, tras medio recoger mis pertenencias (porque insisto en la desaparición de las gafas!), abandoné la sierra con morritos de tristeza, para bajar a la gran ciudad a comer con mi hermano y mi cuñada (grande, la narración de cómo se negocian los extras del coche en la pareja normal, algún día escribiré un post sobre estas cosas), y luego dirigirme al aeropuerto. De nuevo reencuentros agradables y planes de viajes, ya sin poder hacer ninguna foto (malditas pilas!)... y de vuelta a la T4, a estresarme pensando que no iba a encontrar la puerta de embarque (cosa que afotunadamente no sucedió) y a encontrarme con algunos de los pasajeros que vinieron conmigo el viernes.
Nos saludamos con timidez, casi preguntando ¿cómo te ha ido el finde en Madrid? ¿A mí? Perfecto.

miércoles, 24 de mayo de 2006

En otra vida, en otro lugar, en otro tiempo

Resulta que hemos repartido un poco los temas de los que queríamos hablar en El puntito del G, y como me ha tocado escribir sobre el máster tapadera, he pensado que era una buena idea releer los posts de aquellos momentos en El Blog de la UAP (ahí lo teneis a la derecha, por si acaso, aunque, sin acritud, está sin actualizar desde diciembre). No he logrado meterme en situación (igual sería mejor abrir el libro de chino), pero he pasado por todo un arco iris de sentimientos. Desde la risa hasta las lágrimas (de verdad, todavía se me han saltado al leer la despedida de mi latin lover favorito)... las risas que nos pasábamos, las expresiones en clave, las horas delante y detrás de un mostrador.

Ya tengo la descripción perfecta para el tiempo hasta septiembre del 2005; fue como leer un libro que te encanta; sabes que si el final fuese distinto, no te gustaría, y aunque querrías que la historia siguiera, es mejor que acabe así. Aunque sea irrepetible. La sensación que se tiene después de cerrar las tapas del libro perfecto es la que tengo ahora, después de releer esa colección de posts.
Gracias a todos los que lo hicisteis posible.

Tres días y contando.

martes, 23 de mayo de 2006

La vida es un escenario, nosotros somos los focos

A cuatro días del picnic, me siento en mi cama (sí, ya he logrado tener internet en mi cuarto!! yuuuhhuuu!!) a pensar en el año pasado para contribuir al otro blog (es un vicio, te hacen participar en uno y eres carne de blog para siempre... la culpa es de D, que tuvo la idea. Creo que siempre recordaré el usuario y el password de aquel blog como siempre recordaré el PIN de mi primer teléfono móvil... reid, reid, pero nuestros nietos se emocionarán con estas cosas) y me encuentro mirando las fotos de la pared.
El otro día me decía un compi (paolista, que ya sales en internet) que todas las personas que tienen un blog tienen una parte exhibicionista. Supongo que es cierto, porque aunque uno haga el blog para mantenerse en contacto con amigos y familiares, en realidad no es así, existen otros medios, mucho más directos. El blog además no implica respuesta (especialmente si me dejais pocos comentarios, perros, para luego hacérmelos en el msn), sólo expone los proprios pensamientos... es casi casi casi tan revelador como escribirle a mi querídisima S. Y, tiene razón el menino paolista, satisface esa parte exihibicionista (ojo, pero no de los que llevan gabardina) que llevamos algunas personas dentro. Curioso, porque de teatro, lo que más pánico me daba era plantarme en medio del escenario y abrir la boca. Bueno, y hablar. Recordad aquellos que lo sabeis, que pese a lo alto que hablo fuera de escena, cuando me subo allí arriba, murmuro.
El blog es mejor, porque la reacción del público es desconocida, así que en realidad, es un poco como lanzar la piedra y esconder la mano (lapidación, lapidación, deme tres lisas y dos con pico, no mejor tres con pico y dos lisas), a pesar de que las entradas vayan todas firmaditas y sepais de quién es este blog y lo que de mi hay en él.

Así que aquí me encuentro, martes por la noche en la ciudad eterna, de espaldas a la ventana por la que no sé si entran más mosquitos o más calor, pensando en que lo que más recuerdo del año pasado es la doble personalidad continua que sufría, por las mañanas en la UAP y por las tardes en el máster. Y me digo que todas y cada una de las cosas que hice, me han traído aquí. Niente male (después de las noticias inquietantes que me han llegado hoy respecto a la segunda fase, me reprocho, como hago siempre, no haberme esforzado más. Como siempre, llegaran las voces que me dirán: no podías más. Pero yo sé que no es verdad. Que no es cierto. Y que las cosas que no cuestan esfuerzo, no se valoran...).
Aquellas mañanas dormitando en el metro, en los únicos ratos en los que de verdad estaba sola con mis pensamientos... para llegar invariablemente tarde a un mostrador por el que empezaba a desfilar gente con dramas rurales, buscando información sobre cosas que jamás me importaron de verdad, para hacer presentaciones y coordinar telefónicamente al grupo. Después a media mañana, a veces cambiando de horas, cortesía de la planificación con una semana del CECO, nos poníamos a arreglar el mundo, aunque a veces era más estresante que el resto de mi vida, rara vez no merecía la pena. Después, corriendo a chino o a comer una ensalada infame. Si, sé decir hola en chino, qué lejos he llegado... y en el trayecto, la segunda transformación del día, casi como cuando en aquella obra (Pantaleón, que bien lo pasamos, aunque la del Sexo fue mejor) me tocaba acordarme todo el tiempo de si me tenía que vestir de periodista malintencionada o de mujer de moral distraída. En aquella obra también me tocó decir la primera frase, por cierto. Y a lo largo de la tarde, en aquella incubadora inteligente, darle vueltas a cosas que no me parecían muy productivas en ningún caso...
Y como expresar todo esto de forma que llegue a ser comprendido, y no sólo leído con interés (o meno) por algún bloglector distraído?
Y después el larguísimo retorno a casa a esas horas de la noche, pensando que mi alma estaba cuarenta centímetros por encima de mi cabeza, e intentando recordar si había algo en la nevera para poder cenar. De vuelta con mis pensamientos circulares...
Realmente no sé si siempre han sido circulares o han sufrido algún tipo de transformación durante el año pasado, como taaaaantas otras cosas. Es posible que ya lo fueran antes, pero me quedasen grandes.
Así que ahora me concentro en contar algo en el blog del año pasado, algo divertido, algo emocionante, apasionante o por lo menos, relevante, y sólo soy capaz de mirar las fotos de la UAP, donde somos todos felices. Bueno, o lo parecemos.

En las malas películas, a veces dicen cosas buenas, y una de ellas, es una frase de Robin Williams (otro que ha hecho más mal que bien al mundo, aunque seguro que piensa lo contrario) en One Hour Photo, cuando dice que, si tuviéramos que hacernos una idea de la vida de una familia por sus fotos, pensaríamos que están siempre felices y sonriendo... En las fotos que tengo aquí a mi lado, quienes miran a la cámara sonríen, aunque hay un par de disidentes. Adivinad quienes son.

Espero reunión en la sierra para recordar viejos tiempos cerveza en mano, y posiblemente, contar anécdotas vergonzosas.
Estoy bastante nostálgica estos últimos tiempos.
La culpa es, probablemente, de la 7, que es el único canal con programación decente de la tele italiana, y que el otro día me puso Vacaciones en Roma, y ayer Charada...

sábado, 20 de mayo de 2006

Señales en el camino

Anoche, cuando volvía a casa pensaba que es curioso, pero nunca he tenido la sensación clara de influir activamente en mi vida. Es difícil de explicar, porque nos (me) pasamos (paso) la vida haciendo elecciones, una después de otra, pero tengo la sensación de dejarme llevar quién sabe a donde... de ir como en una barca hacia alguna parte, y no tener muy claro en qué dirección fluye el agua. Parece que de alguna forma hasta cierto punto siniestra, las cosas siempre dependen de otros.

Es fácil dejarse llevar, adoptando siempre la misma postura, como si de una vela se tratase, eligiendo, en todo caso, siempre a favor de la propia dirección, dejando todo en manos de los demás, o del infame y desconocido destino... es incluso más complicado que seguir un camino ya marcado en un bosque tan frondoso que no ves a dónde llevan los demás caminos que podrías haber elegido. Se trata de la imposibilidad material de armarse con un machete (escalofríos) y abrirse un camino lateral, sino seguir por caminos sin mirar muy bien el destino final, un poco al tuntún, y esquivando las señales que hay marcadas...

Hablando de señales, esta semana ha estado llena de señales... aparte del extraño incidente de la cocina (en casa tenemos un fantasma que se prepara la cena y se ducha), pusieron Vacaciones en Roma, y la pillé justo en la misma escena en la que me quedé dormida, agotada, aquel día de la última semana, cuando por fin me pude poner a verla; y en los Cuarenta Principales (si, lo reconozco, los oigo, aunque combino con M80; Radio Subasio se me corta todo el rato y Radio Hamburg no va) el viernes pasaron una detrás de otra, todas las canciones de los últimos tiempos de la UAP, y esta noche es la final de Eurovisión (que en Italia, por despecho, no retransmiten, Finlandia, tuve un pálpito con Finlandia, lo juro, incluso sin haber oído ninguna canción...). Vergonzoso que hayan ido las tipas estas. Como cada año...

Hay algo especial en esta primavera romana, que es lo que yo pensaba encontrar cuando leí Roma en la pantalla del ordenador; y no la Roma de lluvias torrenciales que me encontré. Y lo que me vino a la cabeza cuando mucho antes de haberlo leído ya seguro, lo ví iluminado por un rayo de sol que entraba por la ventana. Hay algo de indeterminado y de hermoso en el aire, que, a parte del polen, hace apreciar cada rayo de sol, porque la vida es esencialmente bella.
Será que algún momento indeterminado del año pasado, las cosas cambiaron, y que desde entonces, todas las primaveras y los veranos serán como pálidos reflejos de aquellos tan brillantes del año pasado... Será que el año pasado fue en realidad a la vez el último y el primero de mi vida, y por eso desde entonces las cosas tienen un significado misterioso y distinto del que tenían antes, como si fueran recuerdos especiales que llevar dentro y no olvidar nunca de dónde he venido. Como una piedra que ha caído en el camino e impide mirar atrás y ver como el otoño vuelve doradas las hojas de árboles pasados... siempre los recordaré llenos de brotes de un verdor fresco y vivo... siempre serán como en mi memoria, que es la única cosa real con la que cuento.

O será algo distinto, será que el aire de esta ciudad es especial y se me ha metido en el alma. Será que me pone triste ver el barquito de Vacaciones en Roma, que está ahi amarrado él solito en el Tíber, frente al Castel Sant'Angelo, como si nunca hubiera roto un plato en su vida. Pero sí que los ha roto.

Crónica del fin de semana antes de partir a la capital del reino: el viernes hice de anfitriona romana al menos durante un rato de una de las becarias polacas, a las que también (qué lista, dios mío) espero poder ir a ver este verano. Campo de' Fiori es el lugar perfecto para tomar las cervecitas nocturnas, en las terrazas, luciendo sandalias y viendo pasar americanos desenfrenados. Después, el sábado, decidimos hacer una serata a casa y ver películas y comer pizza. Como la totalidad de los integrantes de la party casera somos unos cobardicas, decidimos que fifty fifty, y vemos una de miedo (qué miedo!!!!) y una de no miedo. Me ahorro la crítica de Llamada perdida, porque las películas de terror japonesas son todas iguales, dan mucho mal rollo y siempre hay alguna niña maligna, la leche que les han dado. Aunque igual sirve para quitarle la obsesión del móvil a la gente... en fin, un rato divertido, porque tuvimos que hacer traducción simultánea y suposiciones sobre las cosas que no entendíamos del argumento... qué lástima.
Después, vimos una peli francesa (ya estoy reconciliada con ellos otra vez, hasta que vuelva a hacerme ilusiones con algún bodrio), À la folie... pas du tout, que me ha parecido fantástica. No desvelo nada de la peli porque es de las que hay que ver sin saber nada (bueno, como todas, aunque algunas más), pero me ha gustado muchísimo. Digamos que es una muestra de lo que ofrece el cine como ventaja respecto a otros medios para relatar historias. A pesar de que me gusta muchísimo leer (diría que incluso más que ver películas, aunque no lo tengo tan claro, porque los libros no tienen música... hmpf, difícil duda), opino que el envolvimiento que el cine logra del espectador es mucho mayor que en un libro. Digamos que mientras que un libro es un hágalo-usted-mismo, porque uno se imagina los personajes, los sitios y las sensaciones descritas, el cine es el espectáculo de un prestigitador, en el que el lenguaje es mucho más complicado, y siempre dirigido a que el que está viendo, vea lo que el director quiere contar. Hay historias dignas de películas e historias dignas de libros, no sé por qué la gente se empeña en establecer una vía de comunicación, en vez de inventar historias nuevas.
Inciso: malignamente, me alegraré un montón si El código da Vinci se hunde en taquilla, aunque da igual, porque el mal ya está hecho, se ha leído ese libro fatalmente mal escrito un montón de gente. Ay, que idiotas somos.

Y después de la noche de pánico (venga a hablar de la Bruja de Blair (que ha traumatizado a los campistas de medio mundo, con la broma), porque la pobre Paola se va sola a hacer cámping libre en Islandia... y lo peor es que después de ver Llamada perdida, no podemos llamarla cada rato para ver si está bien...!!), nos fuimos a la cama con la promesa de levantarnos pronto para encontrarnos con la rum-anita en Porta Portese, ya que este finde nos obsequiaba con su presencia en la ciudad eterna. Misión cumplida casi sin bajas; a pesar de haber tenido que llegar andando porque el maldito 280 no pasaba nunca (hay quien ha sufrido ya esa experiencia conmigo, verdad?), por supuesto tarde, nos hemos recorrido todo el mercado (es enorrrrrme) y he logrado comprarme sólo un par de sandalias (es que son baratas!!! ¿cómo resistirse!?) y unas pilas recargables, en las que, seamos sinceros, no tengo demasiada fe... En fin, casi sin bajas.

Ay, y domingo por la tarde, me acechan los remordimientos, porque quería haber avanzado este finde en el trabajo de la Corte Penal, pero no he avanzado mucho. Me he organizado, que es lo primero, por lo menos sé qué me falta, pero voy a tener que cerrar las contraventanas esta semana para no ver la luz que entra y quedarme en casa a escribir sobre las atrocidades que hace la gente por el mundo. No puede ser sano quedarse en casa a cabrearse mientras fuera hace sol, pero si el mundo es así...

Y como despedida del post, que además de escribirlo en capítulos, no sé si podré colgarlo, porque la conexión viene y va, hago recapitulación de las novedades internáuticas que me rodean: he colgado la mitad de las fotos de Corfu en el álbum. Con la cosa del jefe y sus múltiples pérdidas de cosas cuando tiene que ir al aeropuerto, pues no las he colgado todas, digamos que he estado un poco distraida en el trabajo... Pero en cambio, a quien pueda interesar, la rumana y yo hemos abierto un blog (El puntito del G) para reunir las cosas del foro de gemeil, que está muriendo lentamente. La página la tengo, lo sé, abandonada hasta nuevo aviso.. estoy reuniendo contenidos!!!
Y ahora, voy a terminar el post, me voy a acabar el batido de fresa (leche de soja, divino tesoro) mientras Amaral me canta que no sabe qué hacer con su vida (vive Dios, que no son los únicos!) y me voy a poner a repasar por enésima vez los particulares de ciertos casos de violaciones de derechos humanos...

lunes, 15 de mayo de 2006

Responsabilidad


Dice el diccionario de la Real Academia (que, seamos sinceros, no es siempre fiable, pero aclara muchas dudas), que responsabilidad es, entre otras cosas, la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente.
No es, desde luego, la mejor definición que he leído, porque según el susodicho, es un término jurídico, lo cual explica la aparición de todo sujeto asociada a libremente (porque si no se hace algo libremente, cómo se va a ser responsable... claro, que exacerbar esta teoría (como se hace siempre, simplificando) nos lleva a "la culpa es de la sociedad". Y la sociedad tiene la culpa de muchas cosas, pero no de todas).
Yo creo que la responsabilidad es algo más que un término legal... uno también es responsable moralmente de las cosas que hace... sigamos con ello.
Si buscamos responsable (siempre siguiendo las indicaciones del amable diccionario, que en la primera definición dice que la responsabilidad es la cualidad del responsable, los diciconarios son maravillosos, puede uno buscar palabras eternamente dentro de ellos), nos dice que es aquel obligado a responder de algo o por alguien. Mucho mejor, pero sigue sin convencerme del todo... Porque a pesar de que responsable viene de responder, no siempre ser responsable significa responder activamente de algo... una responsabilidad es una cosa interior, además de exterior...
Buscando en el todopoderoso google (me pregunto si las patitas de la araña habrán revisado ya mi página web, tengo que comprobarlo), aparece responsable sobre todo en su acepción de consciente y cuidadoso (sexualidad responsable, turismo responsable, cosumo responsable...) .
Curiosamente, en wikipedia, no aparecen ni responsabilidad, ni responsable... evidentemente, no le interesa a nadie, porque si pongo, no sé Chiquito de la Calzada, sí que sale su biografía (Dios mío cuántas veces la habrán consultado, escalofríos recorren mi espalda)...

Y ahora es cuando me pongo sofista, si lo que no está en internet no existe, y no he encontrado responsabilidad en internet... ¿dónde vamos?
Pues a un agujero negro.

Buscando información para mi trabajo sobre la Corte Penal Internacional (que amenaza con ser carga perpetua, a este paso), descubrí muchas páginas interesantes. Fundamentalmente sobre impunidad (me niego a hacer la búsqueda de impunidad, porque esa sí que existe de verdad, para vergüenza del género humano, y si no la encuentro en internet, será una paradoja espacio temporal como las de Regreso al Futuro); pero también sobre otras cosas que en último término, están en relación con la responsabilidad. En una de las lecturas, Hacia la construcción del otro, se clasifica a la gente en general como los Turistas, que no entienden, los Idiotas, que no se interesan, y los Ciudadanos, que son conscientes (resumen resumido mio generis del texto).
Creo que la clasificación es igualmente aplicable a la responsabilidad; los que no la entienden, los que intuyen que existe pero la ignoran (deliberadamente o de forma insconsciente, he ahí la diferencia), y los que la asumen.

Desgraciadamente, hay poquísima gente de este tercer grupo, es decir, que acepte las consecuencias de sus propios actos. Y en este mundo cada vez más extraño, donde se fomenta la no aceptación de las propias responsabilidades, quienes las aceptan son cada vez más un bulto sospechoso con muchas posibilidades de ejercer de chivo expiatorio en cualquier situación, desde la más banal hasta la más grave.
Resulta muy fácil caer en el "olvido" de las consecuencias de los propios actos en un mundo en el que las ideas vienen en cómodos packs de hágalo-usted-mismo. Los tópicos sustituyen cada vez más la espontaneidad; la adolescencia, el período en el que uno tiende a identificarse con grupos más que a ser un individuo, se prolonga indefinidamente... De hecho, se intenta que incluso los propios actos dejen de ser propios para eliminar toda responsabilidad, porque como nos muestra la RAE, si los actos no se hacen libremente (lo cual en derecho implica consciencia de ellos), no implican responsabilidad. Y entonces uno pasa a ser una persona bien vista, o hasta un héroe por lograr escapar a las consecuencias de sus actos... no sólo hablando de justicia y castigos, sino de responsabilidades para con amigos, familia... la gente ya es que ni da las gracias a los desconocidos, por ejemplo, al comprar el pan.

Reconozco que es muchísimo más fácil eso, que mirar alrededor y darse cuenta de lo que hay, que requiere un tremendo esfuerzo de recopilación y síntesis. Quiero pensar que sin duda, es ésa la razón por la cual cada vez nos estamos volviendo más alcornoques y menos personas (con todo el respeto hacia los alcornoques, que son muchísimo más pacíficos y silenciosos que las personas, ahí teneis uno arriba, casi tan entrañable como el consabido lirón careto, capaz incluso hasta de matar), menos interesados en todo lo que no sea el ficticio mundo de la tele o el pequeño círculo de personas que nos rodea. En este mundo hay cada vez más Turistas (que ni Idiotas, hay) y menos Ciudadanos, porque es infinitamente más fácil mirar y sentir compasión cinco minutos, que implicarse en algo. Y los Turistas engendran más turistas, que se van convirtiendo en una masa de tenebrosos espectadores...

Y que tire la primera piedra el que esté libre de pecado (que es la filosofía perfecta del Turista), porque todos cometemos omisiones, igual que pecados. Lo que tenemos es un callo en el alma, porque no me creo que nadie esté profundamente de acuerdo con los horrores que se ven por ahí, simplemente la mayor parte de la gente no se para a examinar nada, o lo hace sólo de forma superficial.

Y da igual de qué estemos hablando, porque al final es lo mismo siempre: desde la política, donde los políticos se dedican a mentir y exagerar sin hacer su trabajo (sea el que sea, sean del bando que sean) hasta lo social, donde vemos mujeres (y hombres y niños) asesinadas en la calle, hasta que nos parece lo normal; pasando por el trabajo, donde se trata de hacer lo menos posible ganando el máximo dinero (ejemplo de aplicación del principio de racionalidad económica claro como pocos), o como nos relacionamos con el mundo más allá de nuestro ambiente (cuánta gente conozco que viaja y no se preocupa ni lo más mínimo por ver qué hacen las personas que están allí).

Sinceramente creo que la base de todo está en la responsabilidad, esa misma que no aparece por ningún sitio. Es posible que sea el concepto que se está simplificando... (Me resisto!! El mundo no es simple!!! Es enormemente complicado, de ahí su hermosura!!! Somos nosotros, pobres mortales, los que no entendemos más que cosas simples, los que estamos fastidiándolo).
La persona, desde que nace tiene derechos, pero también tiene una resposabilidad.
El problema es que todo el mundo quiere derechos, pero nadie quiere deberes... sin embargo, estoy absolutamente convencida de que son igualmente importantes, porque por desgracia, la negación de cualquiera de las dos cosas, lleva a aberraciones como las que pueblan los periódicos del mundo entero.

Y qué hacer? ¿Empezar a mostrar indiscriminadamente las consecuencias de los propios actos a la gente? Pues igual sí, aunque sea difícil... igual hay que empezar a enseñarlo de pequeños y mayores sin orden ni concierto, visto que hay tanta gente que se ha perdido las nociones básicas.
El egoísmo es siempre la opción más fácil (mi madre me decía de pequeña que cuesta el mismo esfuerzo hacer las cosas bien que mal, y no estoy de acuerdo, cuesta muuuucho menos hacerlas mal que bien, de ahí que el mal sea común mientras que el bien es eternamente imposible), aunque todo el mundo dice que no le gusta.

Es mucho más fácil mirarse el ombligo (y tomar aspirina para evitar eventuales dolores de cuello) que mirar al horizonte y oír el tumulto.

viernes, 12 de mayo de 2006

La bienvenida del verano

Una semana desaparecida, que no una semana sin cosas que decir, ya me conoceis, no me callo ni debajo del agua... ha sido una semana plagada de noticias, y desde que estoy aquí la que más pegada he estado a los medios de comunicación, a ver si esta gente escogía ya de una vez Presidente de la República. Cuatro veces han votado, hasta que ya sólo hacía falta mayoría simple... y la constitución, no recoge una quinta votación. A pesar de los augurios de estabilidad de mi jefe (ahora que L'Unione tiene la representación de las dos cámaras y el Presidente de la República), yo personalmente veo otros cinco años de peleas absurdas para los italianos (como, de otra parte, en todos sitios) y poca preocupación por los problemas reales, económicos y sociales. El problema es que la solución es complicada... qué, metemos a toda la clase política en una isla como la de Lost y les dejamos que se les coma un monstruo? Hombre, después de haber visto V de Vendetta me dan ganas de ser radical, pero no tanto. Pero, Napolitano, el nuevo Presi, tiene 81 años!!! Cuando acabe su mandato, tendrá 89!!! Si tiene un pie en la fosa!!! Y qué se puede esperar de un país donde la mitad de la gente ha votado a Berlusconi que tiene tropecientas causas pendientes?
Lo bueno de que las cosas que veo más de cerca sean las italianas, es que me importan relativamente menos (lo que no quiere decir que no me cabreen) que lo pasa en España; uno siempre tira al monte. Y al fin y al cabo, los italianos tienen lo que se merecen (aunque en ese caso, igual tenemos todos lo que nos merecemos...)
Viendo como me cambia el humor leyendo la prensa italiana, la española casi prefiero ni abrirla, porque a parte de oír como apuñalan a gente y de como el forum filatélico resulta ser una estafa piramidal, pues hay poco más. Así que mejor vivir tranquila y sin úlceras. Cuando haya una semana menos indignante en Italia, me lo pensaré.
Volviendo a lo del Forum... con la puñeta que nos hacían cuando trabajaba yo en la Cuenta Naranja (pertinentes risas)... Daban más rentabilidad, nos decían que ING podía quebrar y que no cotizaba al Fondo de Garantía... quién te ha visto y quién te ve. Una estafa piramidal como las de Albania... (los pelos de punta, tengo, que estoy haciendo el informe país), aunque mucho más pequeña, claro. Qué asco de ambición y de avaricia... para qué tener diez millones de euros debajo de una baldosa?? ¡Para tener efectivo en casa, mejor tenerlo cambiado a monedas de dos céntimos y nadar como el Tío Gilito, hombre!
Qué mundo absurdo.

Y en los aspectos lúdicos, lamentablemente no dispongo aún de os documentos gráficos de la Fiesta de la Bienvenida al Verano, que, celebrada el 10 de mayo en casa, fue un éxito de crítica y público. Después de prepararla durante dos semanas (o más), recolocar todos los muebles de casa (y nos quedó tan chulo el asunto que estamos planteándonos dejarlo todo igual), pasarnos tarde y media en la cocina y limpiar a fondo varias habitaciones de la casa (adivinad quién hizo cada cosa), la fiesta fue sencillamente estupenda!!

Música chill out, ventanas abiertas (hasta que el portero subió a decirnos que nos oía demasiado), chancletas con estilo... y a pesar de ser miércoles, hicimos le ore piccole y los últimos invitados se fueron como a las tres de la mañana. las únicas bajas fueron el chisme de la mantequilla (sniff, me gustaba a mí) y una copa azul (ya se podía haber roto el vaso maldito que lo he tirado tres veces y vuelve a aparecer en la estantería), bueno, y algunos invitados que se fueron pronto (proporcional, porque vinieron pronto a preparar la sangría, que reconozco estaba bastante buena, aunque nos haya quedado fruta para hacer otras dos por lo menos!).
Una noche agradable, que al final demostró ser cierta porque desde el jueves hace mejor tiempo (no obstante, lo diré bajito), con muy buen ambiente, y con ganas de repetirla, aunque nos dejase la cocina como si hubiera pasado el Katrina.

Lo malo, fue la mañana siguiente; empieza la recta final de la beca.

domingo, 7 de mayo de 2006

Cínico

Alrededor de tu ausencia se ha construido un espacio... anoche, justo antes de dormirme, lo entendí todo, pero hoy, ya se ha borrado, junto con los otros recuerdos que no tengo. Una sensación cósmica de injusticia que me aparta de tí, y que me tiene adormecida en mis propios pensamientos. Nada tiene demasiado sentido, pero da igual, quizá nunca lo tuvo, y solo me empeñaba en buscarle tres pies al gato.
Como siempre.
Un espacio del que no puedo deshacerme, cada vez que me muevo, estás ahí, como si pudieras abrazarme... pero no estás, en realidad. Imagino,imagino, imagino constantemente. Esfuerzo supremamente inútil.
Ya no me hace falta nada de tí, estoy construyendo mi propio mundo de incertezas. Nunca tuve mucha necesidad de tí, o tal vez sí; no lo sé, eso también es una incerteza.
El cinismo es, a estas alturas, un refugio perfecto para mí. Me permite decirte la verdad... aunque a estas alturas, dé lo mismo.

viernes, 5 de mayo de 2006

A deshora

Siempre tarde. Pensar en tí o no pensar en nada, esas son las alternativas. Tu recuerdo me asalta desde todos los ángulos, no puedo evitarlo, aunque tal vez tampoco quiero... Soñar contigo es un refugio, pero la vida está ahí fuera, donde tú no estás, donde probablemente no estuviste nunca. Siempre hay algo que se interpone entre los sueños y yo. Llegué tarde a tí, nunca sabrás cuanto, llegué a deshora como he llegado a deshora a tantas cosas... pero tal vez tú seas la que más me cueste. Ahora entiendo muchas cosas, con el dolor.
Puede ser que no me creas, pero esta deshora me perseguirá siempre.
Dice una canción: "los besos que perdí, por no saber decir te necesito"
Te necesito, pero es demasiado tarde y todo está en marcha.

miércoles, 3 de mayo de 2006

Érase una vez Kérkira

Resumen para quien no se quiera entretener:

Grecia es el país con la dosis de surrealismo justa. Corfu-Kérkira es un paraíso donde huele bien, la gente es simpática y las vistas son estremecedoras desde cualquier sitio. El viaje ha sido intenso, lleno de aventuras y sobre todo, muy muy divertido... e inspirador.


Pues si que merecía la pena el viaje de veinte horas de ida y el las otras tantas de vuelta... más que merecía la pena, porque me ha encantado. No... encantar es poco, no sé describirlo... más bien, me ha fascinado...
Siempre me gustó Grecia (junto con Alemania, fueron siempre los do países que más me llamaban la atención), pero esto ha sido la confirmación. ¡Es el país con la dosis de surrealismo justa para mí!
Sol, gente amable y alegre, buenísima comida, surrealismo, qué más se puede pedir a la vida?
Cuandos allá por el Eramus Nikos nos explicaba a todos que los griegos son felices sólo por el hecho de ser griegos, nadie le creía (supongo que igual que no creíamos a Alex cuando decía que Hamburgo es la ciudad más bonita de Alemania). Pero es un hecho, son dicharacheros! Cierto es que los he visto en una isla, supongo que Atenas es otro cantar (Emilia me decía todo el fin de semana que ella nunca habla con tantos griegos, cosa que tampoco me creo, porque se defiende más que bien!)... pero me gusta esta gente. Y nosotros les gustamos a ellos, porque mira que está de moda España! (será que ven pocos ejemplares, porque anda que no está lejos). Lo que más gracia me hacía es que así como en otros sitios lo que le sale e a la gente en español es "hasta la vista, baby" y cosas del estilo, esta vez lo que oíamos era "amigos para siempre". Les debieron tocar muy dentro las Olimpiadas...

Y ahí va el relato que llevó mis pasos hasta la isla donde vivieron los Durrel. (Si antes me encantaba el libro, ahora estoy deseando releerlo, para ver los sitios de los que hablan).

El viaje ya empezó de manera tortuosa, porque, como siempre que tengo que hacer algo extraño con las horas para irme (traducción, escaparme taimadamente antes de la hora), había una maravillosa huelga de transportes públicos en Roma. Si ya de por sí los transportes públicos suponen una aventura, cuando no los hay, la aventura se convierte en una auténtica odisea (que tampoco venía tan mal como inicio, si tenemos en cuenta dónde iba). Después de casi un ataque de nervios (porque como yo no me pongo nerviosa cuando tengo que ir de viaje, encima estas cosas), logré llegar a la estación de buses diez minutos antes de que saliera el susodicho, por obra y gracia de la oportunísima llegada del capo a la oficina y de uno de nuestros conductores.
La aventura comenzaba... Roma-Brindisi,Brindisi-Corfú.
El autobús, fue, como cabía esperar, de surrealismo moderado. Por alguna extraña razón, el ambiente de la gente que viaja en bus es siempre distinto de los trenes... tiene, digamos, un halo diferente. A pesar de que íbamos en un dos pisos y yo iba en la parte de abajo y además de espaldas, no me mareé (hala, para que veas, Pater), con lo cual la primera batalla estaba ganada... La segunda, el recorrido del bus... en fin. Digamos que me crucé Italia a lo ancho y a lo largo (casi) y se notó (véase ruta roja).
El caso es que me pasé el viaje recibiendo preguntas del tipo de "¿sabe usted si para en el pueblo X (donde X es un sitio del que no había oído hablar en mi vida)?" Y respondiendo con mi mejor sonrisa: "No tengo ni idea, oiga". También recibí las atenciones maternales de una pareja de ancianitos (ella muy molesta porque iban al pueblo de él, donde no había nada que hacer), que se quedaron petrificados de terror cuando les expliqué que no iba a comer hasta que llegase a Brindisi, a las 18:30... afortunadamente, fui capaz de echarme el embozo y dormirme.

Brindisi... El bus llega a un lugar... bueno, a algún lugar de la ciudad... al lado del cementerio... lloviendo, un poco tétrico, ello. Bueno, bastante tétrico. Además, conmigo se bajaron dos chavales, a los que vinieron a recoger rápidamente, y uno de los cuales me informó de que lo llevaba claro para llegar al puerto, porque había huelga de transportes.
Imaginad, Brindisi, 1946... día triste y lluvioso, a punto de esconderse el sol tras las nubes... yo esperaba que empezasen a salir vampiros de las verjas del cementerio mientras esperaba el taxi... además había una rumana (me apreció rumano, pero no estoy segura de lo que hablaba) a mi lado que no sé que esperaba. Inquietante.
Tras diez minutos angustiosos, llegó el taxi... y me llevó, en una carrera de tres minutos y medio, al puerto... quince eurazos. Precio fijo... Después de acordarme de toda su familia y de decirle que era un robo, me fui a hacer el check in, donde tuve un extraño intercambio verbal con el chaval de la compañía, hasta que nos dimos cuenta de que él era griego y yo española (que no explica del todo el diálogo de besugos que tuvimos: "Pero, dónde se coge? A las ocho y media. Pero dónde? A las ocho y media. ¿En el borde del agua???") y me dirigí al barco (FC Ouranos), dispuesta a encontrar un rinconcito en la cubierta donde acurrucarme y dormirme de nuevo.


Al principio lo encontré, pero es muy difícil dormirse cuando a tu alrededor chilla todo el mundo... así que me cambié de sitio... pero entonces apareció él. Que no el hombre de mi vida, sino un tipo, de unos cincuenta años, con un maletín raro, con una chaqueta raída y el pelo aún más raidillo, y que no levantaba más de uno cincuenta. Que no es que yo me fíe tanto de las primeras impresiones, pero hay cosas obvias. El caso es que el tío gritó algo incomprensible (sólo después de tres días en la isla entendería yo que lo que gritaba era "hola!") y me sobresaltó, despertándome del todo. Me volví a cambiar de sitio, y encontré un sofá cómodo a medias donde acurrucarme. Demasiado confiada, cuando ya me estaba durmiendo, apareció el tipo de nuevo y me volvió a gritar... cabreada, descubrí además que una panda de americanos estaba dándolo todo en la pista de baile de fuera, y que a música tampoco me dejaba dormir... así que me volvía cambiar de sitio... me acomodé como pude en unas sillas lo más lejos posible de la música y volví a dormirme... para ser despertada de nuevo por el tipo recalcitrante!!!!! Esta vez, no gritando, sino moviendo sillas... le dije que no hiciera ruido y murmuró algo incomprensible, y después se fue a hacer ruido a otra parte... volví a dormirme... para ser despertada por una voz que decía en cinco idiomas, ninguno de ellos español, que estábamos en Igoumenitsa, que el barco iba a parar sólo unos minutos... eso, durante una hora. Visto lo visto, decidí levantarme (con el correspondiente dolor de cuello) y tomarme un café... previsiblemente, me quedé dormida encima de la mesa del café, claro. Y creo que no me habría despertado ni el hombre aquel (estoy segura de que los ratos que no me despertaba a mí, estaba despertando a otras tres o cuatro elegidas víctimas... debe ser un cla de la compañía para que la próxima vez cojas camarote)... Después del viajecito de marras, un extraño mensaje de Emi me dió la bienvenida a

Kérkira

Es la última isla donde paró Ulises antes de llegar a Ítaca. Sólo con eso, debería bastar para hacerse una idea del lugar. Pero además, es el lugar donde los Durrel vivieron sus aventuras.

Bajé del ferry entre un maremágnum de coches y maletas, y me arrastré hasta Emi, que me esperaba desde hacía dos horas, porque llegando ella antes que yo, estaba claro que ella iba a llegar puntual y yo no, era matemático. Nos dirigimos corriendo a alquilar un coche, que cogimos para los tres días... un matiz, más mono... Nuestra primera experiencia con los animados habitantes de Corfu (hay quien ha sugerido llamarles corfuncios, pero, sinceramente...), porque alquilamos el coche sin tarjeta ni nada.

Nos fuimos corriendo (con el coche, claro) al centro, a hacer el check in en el hotel y olvidarnos de las maletas, y nos dimos cuenta de que no teníamos el contrato del coche... así que volvimos a la agencia... ooops, craso error, porque el contrato estaba en el coche. Vale, primera pavada, pero le puede pasar a cualquiera... Decidimos subir al punto más alto de la isla, el monte Pantókrator para verla toda y ver el monasterio que hay arriba, lo cual resultó ser el craso error número dos. La pregunta es, cómo se les ocurre a dos personas sabias como nosotras, meterse dentro de una nube, que es lo único que había encima de la montaña? Pues es un misterio, pero lo hicimos. Llegamos hasta donde la niebla sólo dejaba ver metro y medio delante del parabrisas, y nos bajamos sin ver el monasterio... estoy segura de que además, no nos habrían dado dulces... aquello parecía el fin del mundo! Bien mirado, es un buen lugar para retirarse a orar...

Cuando por fin entramos en razón y bajamos, decidimos seguir la guía y acercarnos hasta la Casa Blanca de los Durrel y comer en Agni, que según la guía es el corazón gastronómico de la isla. La casa la encontramos sin mayores problemas, porque además estaba marcada... me puedo imaginar al chaval de doce años que debía ser Gerald, cuando los caminos eran todavía peores para llegar... me pregunto cómo bajaban las pendientes... Es, desde luego, un lugar lleno de paz y de tranquilidad. Supongo que porque el restaurante que es ahora la casa, estaba cerrado.

Agni fue otro cantar... primero bajamos una cuesta en dirección hacia allí, rodeando una hermosa calita... después, llegamos a un carretera sin salida, y dimos la vuelta, volvimos a subir... volvimos a bajar, tiramos por otro camino... que no era, porque se acababa... dimos la vuelta de nuevo, volvimos a bajar... y a subir... y a pasar la calita (que ya no parecía tan bonita)... le preguntamos a una inglesa que nos dijo que estaba muy cerca, que había que bajar y seguir andando... volvimos a bajar... y a subir... y al final, decidimos que teníamos demasiada hambre para seguir buscando el corazón gastronómico de Corfu. Así que nos dimos a la fuga de los caminos de cabras, y seguimos... Enseñanza número 1: los griegos ponen los carteles donde les apetece, que no necesariamente coincide con el lugar donde hacen falta.

No obstante la desesperación, nuestra paciencia se vió recompensada, porque encontramos una taverna estupenda donde comer, y nos pusimos ciegas de tzasiki y boquerones fritos a la orilla del mar... acompañado de retsina, un vino griego. Eso es vida. No hay nada mejor que el turismo gastronómico. Después de hacer la digestón un rato, decidimos coger el coche (que estaba aparcado destrés del del capitán Joe!!), dar otra vuelta para meternos de nuevo en la carretera y seguir por el norte de la isla (desde donde se ve Albania con sus edificios, que debe ser lo mas característico de Albania, a juzgar por como lo dice la guía!) hasta el Canal del Amor. Se supone que tienes que cruzar el canal con tu amor para que dure para siempre... el sospechoso cartel de "verdadero canal del amor" no nos llamó la atención, pero luego descubrimos que hay probablemente, más de uno de estos canales... Pues si que son listos, los griegos!! El caso es que en el canal en cuestión había un cartel enorme que decía prohibido bucear y escalar las rocas, lo cual deja poco espacio a los gestos heróicamente románticos, pero bueno. Todo sea porque los adolescentes inconscientes no cometan estupideces... El caso es que después de un día nublado y cambiante, vimos una maravillosa puesta de sol en el citado canal, tras pisarle las baldosas a un griego que las estaba colocanco, y que nos miró con un cierto hastío, que no con acritud. Aunque a lo mejor no fuera el canal del amor de verdad (dado que no habíamos encontrado previamente a los hombres de nuestras vidas, no pudimos comprobarlo, claro), por lo menos era espectacular.

Decidimos volver a Kérkira y darnos una ducha antes de salir por ahí (cansadas pero fiesteras) y entonces empezaron las aventuras de verdad... En una de las curvas, Emi notó que el coche no respondía igual... y no dijo nada. En la siguiente curva, el coche ya hizo un ruido positivamente raro... yo dije que era la radio (que iba y venía todo el tiempo) y ella me dijo que seguramente era la radio... con lo cual, en cuanto pudimos, nos paramos. Y lo peor es que no vimos nada... Después de un camino más calladas que de costumbre, llegamos a la ciudad, buscamos aparcamiento, aparcamos en un prohibido, y cuando íbamos a salir, fue cuando, por fin, nos dimos cuenta de que la rueda estaba más pinchada que pinchada. De ahí los pitidos que nos habían dado en más de una ocasión!

Desesperadas, pusimos cara de circunstancias y nos pusimos a examinar el gato, como si fuera una cosa de fuera de este mundo. El caso es que tenía instrucciones para montarse, así que no pusimos a ello (tras hacer un par de pertinentes llamadas), y entonces apareció un ángel salvador en forma de amable padre de familia, que se remangó y nos cambió la rueda... no sé si he comentado ya que los griegos son la gente más simpática que he visto! Entre risas y hablando inglés y griego, acabó el señor la faena y nos despidieron afectuosamente... volvimos al hotel muertas de cansancio, y planeando buscar alquien que nos recauchutara la rueda al día siguiente, eso si la llanta no estaba rota también después del palizón que le habíamos dado (menudo par de burras). Muy optimistas, porque era domingo, al día siguiente, pero bueno.

Después de la aventura, salimos un rato, dispuestas a ir al Liston, la zona de cafés y restaurantes, pero cuando estábamos observando los precios del segundo sitio, empezó a diluviar... nos refugiamos en los soportales y les pedimos consejo a dos chicas que nos dijeron que fuéramos más allá del puerto, que es donde estaban los bares y eso, que después de saber que éramos españolas, nos dijeron que querían aprender español, para ir a Venezuela ("eso está cerca de España, no?" ¿Cómo le explicas a alguien así que vienes de Europa?? No comments). Vista la situación del coche, cogimos un taxi y nos fuimos para allá, cenamos y nos metimos en un antro a ver a los griegos darlo todo y a escuchar música de OT en griego (qué total!!! ahora sí que me gusta, y no cuando la oía a regañadientes en la UAP!!)... La marcha de Corfu en verano debe ser la leche, porque ahora había bares cerrados y aún así prometía...

Al día siguiente, por la mañana fuimos a la gasolinera donde nos informaron de que encontrar un recauchutador (o vulcanizador, como lo rebautizamos) iba a ser complicado, así que fuimos a la agencia (con miedo de sufrir la clavada del siglo...), y obtuvimos la segunda muestra de los sumamente aproblemáticos que son en Corfu: no pasa nada, nos cambian el coche y punto pelota; como el arreglo de la rueda serán como diez euritos, y dejábamos el depósito lleno, en paz. Asombradas y complacidas, nos fuimos a por el otro coche, que tenía más gracia... un matiz topless! (uséase, con panel deslizante en el techo!!)

Pero lo mejor del coche no es el coche en sí... sino que por la noche, al abrir el maletero, nos lo encontramos lleno de patatas!!!! Me habría encantado ver nuestra cara al verlas....

Después de volver a cruzarnos Corfu varias veces por el coche y para salir, nos dirigimos al Achilleion, el palacio de Sissi en Corfu (últimamente me persigue, Sissi, porque en Budapest tuve mi primer contacto con sus huellas históricas más allá de las películas de Romy Schneider, donde siempre me pareció una cursi sin remedio). La muy lista se lo había dedicado a Aquiles, y le tiene por todas partes... y eso, sin saber que luego Aquiles sería Brad Pitt! Tremenda la escultura de Aquiles muriendo que hay en el jardín, recuerda mucho al Galata morensis (y supongo que no es una mera casualidad). Los jardines están presididos por otra tremenda estatua de Aquiles, pero esta es posterior... además, están bastante bien cuidaditos, y en escalera, tienen unas vistas impresionantes; se ve el continente perfectamente. Dentro de la casa, aparte de un par de retratos de Sissi y muebles extraños, no nos gustó nada particularmente. Pero es un lugar curioso para visitar. No me imagino los vestidos tremendos esos que se llevaban paseándose por el jardín...

Por la tarde, decidimos ver la ciudad de Kérkira, que ya estaba bien. Comprobamos una vez más la habilidad de los griegos para poner señales cuando vimos la tremenda señal de "peligro aviones" cerca de la pista del aeropuerto... ¿pero qué hace uno si se le viene un avión encima?? En fin.

De camino, nos paramos a ver el Monasterio dedicado a Nuestra Señora, que está en un islote, pero al que se puede llegar andando, y que está frente a la Isla de los Ratones, que se dice que es el barco de Ulises que se convirtió en piedra.

Comimos de nuevo con vistas al mar (es lo que tienen las islas, es relativamente fácil ver el mar), probamos platos autóctonos (el sofrito!! que bueno estaba!!) y nos dimos un paseo por el barrio veneciano de Kérkira. Dicen que es la isla con más sabor italiano, será que es la que está más allá, y se nota en las construcciones, que es cierto podrían ser perfectamente un puerto italiano. Un barrio con encanto, con cafés en las esquinas y tiendas de souvenirs no excesivamente ofensivas, con la iglesia ortodoxa de Agios Spiridon, que sacan de paseo cada vez que se les ocurre... y no os lo perdais, que lo que tienen es la momia! Vimos cómo le leían al santo las peticiones de los fieles, y a juzgar por todas las que había, debe ser un santo muy trabajador.

Siguiendo los maravillosos consejos de nuestro gurú la guía (bueno, las guías), decidimos ir a ver la puesta de sol (parece ser que estar en Grecia te vuelve cazador de puestas de sol espectaculares) a Pelakas, que dicen que es la mejor de la isla... por supuesto, innumerables subidas y bajadas de carreteras de cabras hasta que llegamos, y varias pérdidas incluidas, aunque la puesta de sol fue bastante bonita, con los pájaros suicidas que parecen golondrinas, pero no lo son, volando sobre nuestras cabezas y un camarero intentando ligar con nosotras (de una forma bastante peculiar, con grecoinglés). Después de indignarnos porque en la terraza de las vistas que recomendaban en la guía hay un café (consume! consume!), nos dimos cuenta de que en realidad El trono del Keiser estaba más arriba, jejeje, y desde allí sí que había unas vistas espectaculares... segunda pardillada suprema del viaje... pero puesta de sol maravillosa. De esas que te hacen sentir que de verdad la vida es bella, aunque pasen cosas horribles.

Volvimos a Kérkira tranquilamente, fingiendo que no oíamos el ruido raro que volvía a hacer la rueda delantera derecha, cantando las canciones de la radio y contando las gasolineras cerradas cuando estábamos más que en reserva. Al final encontramos una gasolinera, contamos las ruedas y constatamos que todo iba bien (un poco de paranoia a veces hace bien en la vida, por ejemplo, puede salvar una llanta) y logramos llegar al destino final, sin dejar de dar berridos con las canciones que nos gustaban. Y con el techo desplegado...

Aparcamos el coche casi en el mismo sitio donde lo habíamos aparcado la noche anterior, y cuando fuimos a guardar las guías en el maletero, descubrimos los diez kilos de patatas... Nuestras caras debieron ser un auténtico poema. Y las vueltas turísticas que se dieron las patatas (y las manzanas, qeu había de todo) por la isla... Así tiraba menos, el coche!

Después de hacer pereza y de intentar ir a cenar en el Liston, lo dejamos por imposible y nos fuimos directamente a la zona de marcha, hecho el cual demostró ser mucho más divetido que la noche anterior. Dimos con un bar con música genial, pero medio vacío, y con un bar lleno pero con música mala... escuchamos más OT griega (genial, genial! Si es que cantan al revés!!) y logramos ser invitadas a una fiesta en la playa al día siguiente...

Evidentemente, después de la juerga, nuestras intenciones de levantarnos pronto se vieron truncadas por la realidad, pero aún así, nos levantamos, nos duchamos y metimos las maletas en el coche (sin sacar las patatas), y nos fuimos a Paleokastritsa, a ver más calas, la entrada de las cuevas y a que nos diera un poquito el sol. Subimos al Monasterio por una carretera por la que no pasaban dos coches, al borde del acantilado (y no es que lo diga yo, es que tenía un semáforo de esos de esperar cuatro minutos) y vimos de nuevo vistas espectaculares (en Corfu corre uno todo el tiempo el riesgo de sufrir un ataque del síndrome de Stendhal, qué naturaleza sobrecogedora) y una serie de animales curiosos, como gatos de ojos bicolores, pavos reales (no nos olvidemos que son bonitos, pero pueden coger la gripe de los pollos) y una manada de turistas. Después de subirnos hasta la parte más rupestre de la cima, bajamos de nuevo la montaña y decidimos seguir la ruta de las vistas tierra adentro, pero sucedieron dos cosas: nos llamaron para que fuéramos a la fiesta en la playa, y volvimos a oír el extraño ruido en el coche... Yo no hacía más que acordarme de La jungla de cristal y Bruce Willis diciendo: ¿cómo puede pasarme lo mismo por segunda vez!!? Después de decidir parar en todas las gasolineras para rellenar la rueda, decidimos bajarle el aire a las cuatro (por obra de un gasolinero muy simpático) y relajarnos. Cruzamos la isla hasta el lago Korission y una playa de nombre ciertamente exótico y nos integramos en la fiesta...

Y tuvimos que irnos de ella para marcharnos de Corfu, en contra de nuestra voluntad. De verdad, que de haber sido un poco más joven y un poco más inconsciente, me habría quedado allí. En la playa, con la música y el mar infinito y azul. La llegada del verano...

Pero no, seis meses intensivos de decirnos que somos la élite durante el máster pudieron con nuestros instintos, y nos fuimos, ya con la añoranza asomando... Dejamos el coche en la agencia, donde nos explicaron el asunto de las patatas, y luego fuimos a la estación de buses, para que Emilia cogiera el suyo a Atenas (si, el bus desde una isla, lo llevan en ferry, claro)... yo me quedé dando vueltas por el barrio antiguo hasta que salió my ferry de vuelta, que por supuesto, salió con retraso, como manda la ley de murphy también en estos casos... (además, la conjunción italianos con griegos qué podía dar, sino retrasos?). Por lo menos esta vez logré dormir del tirón,
sin encontrar a ningún hombre de mi vida que se dedicase a despertarme todo el tiempo (bueno, a lo mejor alguien lo intentó, pero yo no me enteré)... claro, el dolor de cuello que tenía por la mañana... aunque quedó compensado cuando salí a cubierta y vi el amanecer.

La vuelta

En Brindisi, yo que iba con buenas intenciones de hacer turismo por la ciudad, decidí que, en realidad, la mejor opción sería coger el primer tren, porque el puerto y el paseo principal ya los había visto llegando a la estación (afortunadamente, esta vez logré que no me engañase ningún taxista y cogí un busillo que lleva gratis hasta el centro), así que me compré un infame bestseller del año de la peste en York (me gustó Los pilares de la tierra, pero Ken Follet ha hecho tanto daño como Meg Ryan a este mundo) y una revista de esas que odio y me acurruqué en el tren. El camino, laaaaaaargo como una día sin pan, lo veis en el mapa. Pero no sé que tienen los viajes en tren, que abren la mente (por lo menos a mí). Después de cambiar de tren varias veces (afortunadamente siempre subiendo de categoría) cortesía de Trenitalia, llegué a Roma a las 17:16 de la tarde, sorprendentemente puntual, y con la sensación de haber pasado los tres días más intensos de mi vida.

Decididamente, tengo que buscarme una excusa para irme a Grecia.

Eso ya supone una dirección de búsqueda de nuevas baldosas amarillas. Espero que esta vez la inspiración me dure.