viernes, 27 de abril de 2007

Serenata de aceptación


Si ya lo decía ABBA, las cosas vienen y van y desaparecen.
Viendo fotos del año pasado, he decidido que se puede estar enamorado de más de una ciudad a la vez, pero hasta que no se echa de menos, no se ama de verdad con ese sentimiento dulce y triste. Qué bonita es Roma, mi querida ciudad eterna. No creo que me espere fiel... no es su estilo. Y Venezia, y Budapest... amores eternos que duran un fin de semana.
¿Y ahora?
Hoy ha sido un día lleno de buenas noticias y novedades... hasta salgo en la tele (creo)... la mala noticia es que no me voy de puente. A menos que mañana cancelen algo del lunes... aunque tampoco, porque la universidad exije lo mejor de mi este fin de semana.
Hace un año, estaba yéndome a Corfu-Kérkira. Uno de los viajes más surrealistas y más divertidos de mi vida. ¡Y mira que he hecho viajes surrealistas!

jueves, 26 de abril de 2007

La vertigine non è paura di cadere ma voglia di volare


Qué cosa extraña son los recuerdos.
Ayer compré unos jarrones rojos en el supermercado, cuando hacía la compra.
Ahora estoy echando de menos mi salón romano.
¿Dónde estará el arbolito que no llegó a secarse?
Pero no nos mintamos, seguro que Roma no me echa de menos.
Cómo decía Karen Blix, yo sé una canción sobre África.
¿Sabe África una canción sobre mi?
El vértigo no es el miedo a caer, sino las ganas de volar.
¿Si tú no sabes todas esas cosas, entonces quién las sabe?

miércoles, 25 de abril de 2007

Golf foxtrot 3 to Golf Foxtrot 4

Hace un montón que no escribo, ya lo habeis notado, claro.
Será un tópico, pero de verdad no tengo tiempo, o cuando tengo tiempo, no tengo internet, o cuando tengo tiempo e internet no tengo inspiración... No sé si hoy se darán las tres cosas, veremos como evoluciona la cosa.
Dado que tengo tantas ideas acumuladas (porque para eso tengo yo mi cuadernito rojo, para apuntar ideas, la lista de la compra y echar cuentas en los viajes), digamos que este va a ser un post ecléctico, aviso a navegantes.

¿A qué responde el título?
A que esta ha sido la semana con más adrenalina desde que puedo recordar (o sea, mucho). Todo empezó con un simulacro el jueves pasado, que salió estupendamente... buen rollo, buen trabajo, la gente haciendo el ganso, pero hablando por la radio de manera profesional... Nadie dice que si hay una emergencia de verdad las cosas vayan a salir así de bien, pero al menos lo habremos intentado. Un día entero poniendo "esto es un simulacro-this is a simulation" en todas las comunicaciones, calculando raciones para familias no damnificadas, y sobre todo, un montón que aprender. Será mi capacidad de entusiasmo la que me hace disfrutar de estas cosas... Ver como un oficial que habla español finje que no sabe ni papa y nos mira con los ojos redondos hasta que nos dirijimos a él en la lengua de Shakespeare (más o menos), no tiene precio.
Así que la frase del día fue GF 3 to GF 4. Here GF4, go ahead. Am I needed there?We have a situation.

¿Más adrenalina?


El domingo por fin, después de dar vueltas por Antigua y subir al Cerro de la Cruz (otra foto del Santuario al saco), me subí a un volcán.
Lejos de ser una experiencia mística, o de siniestra belleza, como me han sugerido, fue una cosa emocionante, y hasta cierto punto, terrorífica. Probablemente las fotos sí sean de esa siniestra belleza (aún no las he visto todas), pero la cruda realidad de que las rocas volcánicas cortan como cristales es una cosa que jamás me explicaron en ciencias naturales (ah, esa frustración mía con geología. ¡He pensado que posiblemente habría acabado viniendo a Guatemala de todas formas!)... El ascenso estuvo realmente bien (a pesar del cansancio) hasta el pie del cráter, y a partir de ahi fue osadía pura. O mejor dicho, inconsciencia, porque hasta que no empezamos a bajar, no tuve miedo.

La palabra que más describe la sensación que tenía mientras subíamos, casi sin hablar, comprobando cada paso antes de apoyar el peso en esas rocas ligeras, negras y huecas sobre el río de lava que corre por debajo, era soledad. El silencio abrumador, el aire peculiar, a tanta altura y con un ligero tufillo de azufre... el calor que sale en vaharadas desde debajo de tus pies mientras te concentras para no tener que apoyar las manos. Y por fin, después de un interminable ascenso, llegar tan cerca de los ríos de lava que sientes la fuerza imparable de la naturaleza. La tierra debía ser así hace mucho tiempo... qué bichos tan molestos debemos resultarle.

Luego, cuando las zapatillas empieza a oler a quemado, la bajada, con la luz menguando y sin linternas. No te escurras, no por los cortes, que se cauterizarán seguramente, sino porque el suelo está caliente. Y no equivoques la vía, porque un volcán no es el mejor lugar para quedarse a dormir... a lo lejos, truenos de tormenta, y en el estómago la misma sensación que en la montaña rusa: ¿pero quién me manda subirme aqui? mierda, no me puedo distraer, estas piedras resbalan... los brazos abiertos todo el tiempo para mantener el equilibrio, sabiendo que mirar hacia atrás seguramente supone la imagen más espectacular de tu vida (tan cerca!), pero quizá equivalga un trompazo de magnitud impensable... mientras peleas contra tu cuerpo, que baja sin coordinación ninguna, tu subsconsciente registra las formas de las rocas enfriadas rápidamente, parecen plastelina.

Desde abajo, la vida vuelve a tener sus dimensiones habituales, ya no eres tan pequeñito... Joder, ha habido un momento en que de verdad pensé que no lo iba a contar. Pero ahora aprecio más mi vida... se puede saber que hacen esos dos holandeses haciéndose un bocadillo?? No están conmovidos con la magna vista (los ríos de lava brillan en la oscuridad)? Estos nórdicos son una gente demasiado práctica...

Hale, vamos a bajar por el bosque de nuevo sin linternas, habrá algún caballero en esta excursión que me ilumine el camino? Ya que hemos llegado hasta aquí, no me importaría llegar a mi casa entera... Si, hay quien se ofrece, mejor bajar charlando de lo mucho que el volcán me ha recordado al Monte del Destino. Mucho antes de que pervirtieran su imagen...

Lo único que me decepcionó (tal vez de mí misma), es que el peligro me hizo volverme tan práctica que cuando llegué arriba no tenía ganas de pensar en Si de R. Kipling, como había reflexionado la noche anterior... quizá la próxima vez, o en el próximo volcán.











Y ahora recopilación de bullet points antiguos:

Desde aquellas 48 horas fatídicas en las que gmail me privó de mi vida cibernética, he estado descargando todos mis mensajes al portátil. Aún no los he leído todos, son más de cincuentamil. Y sólo hace, como bien me recordaba S antes de venir, menos de dos años que soy Lilith. Precisión, Lilith he sido siempre, lo que pasa es que ahora me parezco más a mí misma... En cualquier caso, es raro leer todos esos mensajes de hace dos años... cuánto ha cambiado mi vida. Y qué deprisa. Y qué poco me gustaba entonces y cuánto me gusta ahora. Aunque eche de menos cosas... nada es comparable a esa sensación de tener las riendas en la mano...

Una reflexión mucho más antigua es la del instinto depredador... pero creo que esa sí se merece un post propio, porque debería poner ejemplos prácticos. Aunque para quien me conoce mejor que yo misma, que hay un par de personas increíbles por ahi que están en esa situación, igual no resulta una cosa nueva. La novedad es que desde que llegué a Guatemala, estoy haciendo un estudio sociológico sobre el particular...

Y ahora, antes de que venga alguien con algún problema a quitarme la inspiración, voy a publicar el post, susceptible de ser modificado y ampliado con fotos y comentarios... recuerdo que jamás conté las vacaciones de Semana Santa en Livingstone (en un extraño limbo antes de llegar a Belice), en las que una de las cosas que mejor recordaré para la posteridad es que vi luciérnagas de verdad por primera vez en mi vida, y en las que eché de menos a esa panda de gente que continúa mis fantasías delirantes cuando me lanzo a ellas.

Nota bene:
Acabo de añadir mentalmente una característica más al hombre de mi vida.
Pero creo que eso es culpa de mi familia, que es experta en mantener fantasías delirantes a la hora de la comida...

I've seen things you people won't believe...


Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched C-beams glitter in the dark near the Tannhauser gate. All those moments will be lost in time like tears in the rain... Time to die.

En mi antiguo álbum de fotos me dicen que se me acaba el tiempo y que lo "van a subir al ático" (suena a eufemismo, pero juro que es lo que dicen ellos, en una de esas absurdas frases estadounidenses). Eso no es horrible en sí, pero sí lo es porque significa que las fotos de la Notte Bianca, una de las noches más mágicas de mi vida, se perderán, como lágrimas en la lluvia, dado que se han borrado de los ordenadores donde estaban antes.
Y por muchas Notti Bianche que pueda volver a vivir, ninguna será como la primera, porque nada es igual cuando se repite.
Alguien me dijo una vez que eran mejores las fotos de papel, porque hay que quemarlas para destruirlas, y aún así está el negativo. Mientras que las digitales, es tan fácil como un clic...
Ah... time to die.

NB:
Y como la vida es siempre más prosaica que todo esto, he aqui el nuevo album de fotos.

martes, 3 de abril de 2007

Sin sastre, descosida...


Pues ya he vuelto de Panamá, lo justo para poner los pies en Guate, coger un poco de impulso, limpiar mi bandeja de entrada del correo electrónico y volver a saltar a la indolencia de las vacaciones, esta vez en Belice, para pasar la Semana Santa.
"No hay cuidado de que te vayas a ver procesiones", me ha dicho Filomenita en tono de reproche. Pues no... a mi las aglomeraciones no me van, y Antigua Guatemala es como Sevilla, pero con acento chapín. Lo único que siento es que me voy a perder las alfombras de serrín de colores que hacen en las calles... además, ya he visto un par de imágenes y dan un poco de miedo.
Así que a la playa caribeña, a vivir la vida, y a entender cada vez menos que los noruegos prefieran tener calidad de vida allí, entre sus nieves... eso si, con los apuntes de la uni, que voy retrasada con una entrega. Y con el saco de dormir, porque no sabemos muy bien donde vamos a dormir... ¡vamos a la aventura!

Cómo fue Panamá, me pregunta todo el mundo... ¡fantástico! Aquello es un paraíso, calor, seguridad, belleza natural, gente amable... una semana útil, divertida, intensa y colorida. Me ha servido para asimilar conocimientos nuevos, para asentar los antiguos, para conocer gente de la sede, de la oficina regional y de otras oficinas de país, y para practicar inglés con veinticinco acentos distintos (quite interesting, indeed, además del spanglish que hablan los panameños).
¿Pero cómo no voy a estar entusiasmada?
Y todas estas cosas sanas y buenas sin perder de vista las costumbres crápulas que me caracterizan, y que ya empezaba yo a echar de menos (porque aqui las fiestas acaban pronto)... miércoles fiesta al aire libre bbq incluida, con música en directo; jueves, cena en el Causeway, el rompeolas que une cuatro islas y permite que los barcos entren seguros en el Canal, para después acabar cantando como gatos escaldados en un karaoke hasta las tres de la mañana (nosotras, que no los barcos); viernes, fiesta internacional hasta las siete de la mañana, sábado, todo el día tirada en una hamaca, con mi nuevo bikini amarillo, con una cerveza en la mano, disfrutando de la brisa del Pacífico (mientras en Madrid tenía lugar una boda, por cierto), y el domingo, de turisteo final, viendo el famoso Canal de Panamá (tremendas esclusas, bastante interesante la exposición), del que los panameños están maxiorgullosos.

Ah, qué difícil fue el regreso a la cruda realidad guatemalteca (sobre todo porque el piloto nos mintió, ¡nos dijo que el cielo estaba despejado y hubo turbulencias!)... que poi no es tan cruda, la verdad... Pero el viaje a Panamá me ha hecho notar lo que nos afecta la inseguridad en la vida diaria... ¡¡dar un paseo después de cenar no tiene precio!!
Sobre todo si el paseo lo das por el casco antiguo que podría ser cualquier ciudad del sur de España. Hay que ver estos conquistadores, que manía de hacer lo mismo que ya conocían donde llegaban...
De todas formas, me he comprado una banderita de Panamá para ponerme de buen humor cuando la vea... ya veremos si me traigo una de Belice aswell.

P.S: Ni sastre, ni sombreros; del primero nadie sabía, y de los segundos, 50$ me parece más que excesivo!!