lunes, 24 de marzo de 2008

Crisis y disciplina


Dicen mis amigos octogenarios de la RAE:

crisis

(Del lat. crisis, y este del gr. κρίσις).


2. f. Mutación importante en el desarrollo de otros procesos, ya de orden físico, ya históricos o espirituales.
5. f. Juicio que se hace de algo después de haberlo examinado cuidadosamente.

De lo cual se infiere que la crisis no siempre tiene el sentido negativo que se le atribuye, porque aunque la mayor parte de las personas los rehúyan, los cambios no son malos hasta que se prueba lo contrario. Además es una tontería preocuparse por ellos, porque igual suceden aunque nos neguemos a verlos. Así que lo mejor es tener paciencia, esperar a que pasen, observarlos mientras tienen lugar, formarse un juicio y actuar en consecuencia, para poder cumplir normalmente todo el proceso de la crisis, y seguir adelante por un camino que está lleno de altibajos y que ofrece nuevas crisis a la vuelta de la esquina.

Hace mucho que no cuento cosas en este blog. Es una combinación de demasiado trabajo y por consiguiente poco tiempo libre, demasiadas cosas que suceden de puertas para adentro y la sensación de que no sucede nada fuera. O tal vez, es que he estado tan ocupada pensando en lo que pasaba dentro, que se me ha olvidado lo que pasaba fuera... pasa en las mejores familias, y además es lo que tienen las crisis, que absorben muchos recursos.

Absorben muchos recursos porque la mejor manera de salir de una crisis es la disciplina, agarrarse a unas guías que se queden fijas a lo largo del cambio para que no se lo lleva a uno la marea. Y agarrarse a ellas es muy muy cansado, a veces, incluso dan ganas de soltarse y ver en qué playa paradisíaca acaba uno. Pero al menos en mi caso, la curiosidad no es suficiente, prefiero seguir cumpliendo una norma que de momento sólo me ha fallado porque me la he saltado demasiadas veces.
Se acabó saltarse las propias normas, porque al final, con quien uno se acuesta seguro todos los días, es con uno mismo, y la conciencia no admite excusas. Y sobre todo, se acabó sentirse tonto, que es una sensación que no me ha gustado nunca.

Crisis y disciplina podría ser el título de un best seller, aunque se parece demasiado a Crimen y castigo... ¿o tal vez parece más un libro de autoayuda?

Mañanase acaba la santa semana, recupero mi coche, averiguo si he comprado de verdad el billete a la piel de toro, y empiezo a aplicar mi recién ordenada agenda de trabajo. Porque ha durado tanto, que cuando se acabe la crisis, no sé qué va a pasar... (a pesar de que, como optimista irredenta, espero que sea bueno!).

Estadísticas de la Semana Santa:

- Películas sobre la vida de Jesús vistas: ninguna. Se están perdiendo las buenas costumbres, este año, nada de Jesús de Nazaret, con lo que a mí me gusta, aunque el final sea tan conocido como en el de Titanic.
- Torrijas ingeridas: ¡¡¡ninguna!!! Lo intenté, lo intenté, pero primero no encontré pan de ninguna clase, y cuando ya me conformaba con pan de cualquier tipo, cerraron todas las tiendas. Pero me resarzo en la semana de pascua, porque yo lo valgo.
- Taxistas con los que me he peleado: Dos. Quiero mi coche ya.
- Capítulos de Anatomía de Grey vistos: buff. Qué enganchón de serie, y eso que me he saltado algunos...
- Conversaciones relevantes mantenidas: tres, una para abrir la perspectiva, otra para mantenerla, y otra para transmitirla.
- Libros releídos: Dos, pero echo tanto de menos mis libros... igual que Filomenita me dijo una vez que lo que más echaba de nuestra antigua casa era la bañera (y no a mi; no, la bañera: eso da que pensar cuando te lo dicen), yo lo que más echo de menos son mis libros, ordenados por orden de preferencia. Estarán aburridos, pensando que nadie los lee...
- Potenciales camareros reclutados para mi chiringuito en una isla griega: uno.
- Número actual de vecinos ruidosos: Tres. Además de los de enfrente que hablan alto, y los del otro enfrente que se pelean (vivo inmersa en una salsa), además ahora los de arriba se dedican a las olimpiadas caseras: lanzamiento de mesa, salto de sillas de comedor, cien metros alrededor del sofá y competiciones de canicas de diversa entidad.
- Noches dormidas pacífica y beatíficamente sin reggaeton: todas. Maravilloso.

sábado, 22 de marzo de 2008

Esperando algo


Creo de verdad que las cosas tienen que cambiar, porque llevan ya mucho tiempo paradas, iguales y sin cambiar. Tiene que haber algún punto de inflexión, porque ya está durando demasiado este limbo extraño en el que ando metida, ya basta de notas sostenidas y vibrantes, que no terminan de vibrar, pero no rompen nunca los vidrios. No lo siento, porque la espera me ha embotado los sentidos, pero algo va a pasar.. algo tiene que pasar.. necesito que pase algo. Porque mientras hay algo que esperar, la espera tiene sentido, pero cuando no lo hay... me da miedo pensarlo.

Siete horas conversando... acabar con la garganta seca y con un par de determinaciones en el alma, porque como siempre que hablo contigo, no sé si lo sabes, te digo cosas que no había pensado. No que no había pensado decirte, sino que no había pensado en general. Porque una vez que nos encontramos, surge el extraño deseo de la sinceridad. Al menos contigo, que parece que no te asustas cuando exagero. Al menos una vez, porque estoy cansada de disfrazar la realidad para poder mirarle a los ojos.

Hay muchas cosas que tengo que borrar y quitar de en medio, y me alegro de que tú no seas una de ellas. Me alegro de que estés rodeado de tantos recuerdos suavecitos, en los que pensar antes de dormirse, porque eso me reconforta en este inmenso tablero de ajedrez en el que me encuentro. Es lo que permite paradas técnicas en medio de esta distancia.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Contradicción


No sé muy bien por qué, pero soy incapaz de comprender que alguien haga las cosas que yo no haría. La empatía nunca ha sido mi fuerte, qué le vamos a hacer. A veces, cuando me sale el espíritu de contradicción en forma del abogado del diablo, me parece que entiendo por qué la gente hace cosas, pero desde luego no lo comprendo.

Es un defecto, lo sé, pero tampoco puede una ser todo virtudes, o sería muy aburrido.
Y lo peor de este defecto en particular es que no me preocupa, ni me ha preocupado nunca.
Así como otros sí (no voy a hacer una jugosa lista de defectos, los que me conoceis ya los sabeis y los que no, mejor que no los sepais, a ver si vais a dejar de leer esto) que me preocupan e intento controlarlos (con resultados diversos), éste no me preocupa, y ello radica en la misma base del defecto, que es que siempre tengo razón. Con lo cual, me molesta que la gente haga cosas que yo no haría, porque en mi lógica, están equivocadas.

Obviamente, se trata de una incapacidad de situarse en la posición del otro y comprender sus puntos de vista. Pero tampoco veo que nadie se ponga en mi postura, la verdad... porque, y he aquí donde llega el punto álgido del sofisma, si se pusieran en mis zapatos, no harían lo que están haciendo, y entonces todo volvería a un armonioso punto inicial.

Me gusta ser exagerada y visceral, para qué voy a negarlo. Me gusta ser impulsiva y me gustaría ser impredecible. Me gusta contrariarme cuando las cosas no salen como yo quiero, y me gusta tener recursos para intentar que cambien. Es sólo que a veces... me sigo sintiendo tan diferente y tan desconocida.
Sé que pido demasiado, pero también intento dar todo lo que puedo... pero cuando llegan estos momentos, uno se pregunta si de verdad ha llegado el momento de pedir menos, o de dejar de dar, para no sentirse más tonto.

Pero después, siempre vuelvo a las andadas y acabo creyéndome cualquier mentira dulzona. Yo, que no soporto estar decepcionada.

You saw her standing at the gateway
with her hands in the clouds
But the higher she is moving
the more it gets you down
And she's waiting in the afterglow
With her eyes somewhere else
It's like she says:
"Don't let it worry you"
Was it just a warning
Someday you might awake
Maybe all inside of you
is not enough for what you take
Was it just a warning
Someday you might awake
And maybe all inside of you,
maybe you'll fail
Somewhere out where you are standing still
and shovel dust in the wind
Someone told you'd
better wait until the rain will begin
Maybe it's time for reflections
and the night endless long gives
you chance enough
to make believe it's going on
Was it just a warning
Someday you might awake
Maybe all inside of you
is not enough for what you take
Was it just a warning
Someday you might awake
And maybe all inside of you,
maybe you'll fail

The tocsin,
Fool's Garden

domingo, 16 de marzo de 2008

Por fin


Y mira que he buscado un título mejor, pero la verdad es que eso lo resume todo...
Igual pensabas que no te iba a dedicar ningún post, pero éste es todo tuyo, porque te lo has ganado a pulso, chato.
Muchas horas sin dormir, tuyas y ajenas, pero sobre todo, sin ver el techo con claridad. Decepciones, como suspender por una décima; alegrías, como aquella vez que no atinabas a seguir el renglón de tu nombre para comprobar la nota; y risas perennes como aquellos exámenes de física que nunca sabremos cuántos fueron exactamente. Y ampliación de física, por si quedaban las dudas. Horas en la cafetería, maquetas amontonadas encima del armario, recortes de cartón pluma por todas partes, explicaciones psicodélicas acerca de un nanas pegado en un palo, diez o doce millones de árboles dibujados a mano.
Siempre te he dicho que te cuentan con las sillas en aquella escuela, que sin tí no empiezan el curso (y no sé cómo van a empezar el próximo), pero la verdad es que te recuerdo siempre a vueltas con la escuela. Recuerdo cuando nos contabas las batallas mitológicas que te contaban al principio, y los chascarrillos de la Roma renacentista cuando te preguntaba cosas de Historia del Arte (no en vano en selectividad respondí las dos preguntas de arquitectura); recuerdo el olor a leche caliente en la cocina cuando te ibas antes que yo a clase, y que el mundillo de la ciudad universitaria me parecía una cosa lejana y distante, algo misteriosa (y que, en puridad, nunca llegué a conocer más que como una visita, bendita burbuja de la Charlie). Recuerdo cómo me imaginaba los pasillos de tu Escuela cuando nos hablabas de aquello.
Y ahora, cuando ya casi nos habíamos olvidado, cuando ya ni te preguntábamos cuando, por fin.
Espero que de verdad metas la cara en una tarta de nata.
Yo ya tengo la cámara preparada.
Muchas felicidades, gordo.

PS:
Menos mal que eran buenas noticias, porque si me las llegas a mandar malas a las tres de la mañana, te llamo sólo para decir barbaridades.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Siempre mañana


Este mes, aunque acaba de empezar (o tal vez fue el mes pasado, porque tengo una dislexia temporal extraña, como si siempre tuviera jet lag; serán las ganas perpetuas de viajar) he hecho dos descubrimientos que podrían, eventualmente, salvar a la humanidad. O no, dependen, como todos los descubrimientos, del uso que se les de (y no voy a poner el manido ejemplo de la dinamita y el amigo Nobel).

El primero de los descubrimientos es una prueba en contrario. Después de años y años de creencia en contrario, he probado la hipótesis contraria a la que se maneja corrientemente... la historia, queridos y pacientes lectores, es como sigue (y no sé si es del todo apta para padres, Filomenita me dirá, aunque llega un momento, en el que los padres siguen siendo padres, pero de una forma un poco más relativa, generalmente cuando dejan de tener razón el 100% de las veces para tenerla el 80% nada más):
Como ahora tengo coche, y ya tengo bastantes problemas con wáteres que aparecen súbitamente sin ir en estado de ebriedad (que es a lo que aspira cualquier joven decente un sábado por la noche), una de las últimas fiestas a las que fui fue el primer lugar en la historia de la humanidad donde dije: no, una solo, y lo cumplí (después de todo, la una, existe). Así que me tomé un ron poco cargado a primeras horas de la noche, y después seguí con la consabida cocacola (que es lo que uno toma para que parezca que sigue bebiendo y no quedarse sin amigos) toda la noche. Después de hacer ruta para dejar a mis amigas, llegando en perfecto estado (tanto el coche como yo) a casa, me metí en la cama, con los normales síntomas de desvelo, pero, repito, no de ebriedad, alrededor de las tres de la mañana. Dormí como angelito, y a la mañana siguiente me desperté yo sola (que es lo que me gusta de los fines de semana). Algo no cuadraba, algo no estaba bien... por qué me molesta la luz, qué es esta sequedad en la garganta... ¡no! ¡no puede ser! Es resaca!!!!
Conclusión: os digan lo que os digan, la resaca no es culpa del alcohol, sino de la cocacola. Lo peor, es que lo he descubierto demasiado tarde, igual que Escarlata descubrió demasiado tarde que amaba a Rett.
Eso sí, cocacola tampoco voy a beber más. Y encima, engorda.

Y el segundo de los descubrimientos, es en realidad, una cosa poco innovadora, porque lo habrán dicho un millón de veces antes que yo. Hasta las películas sentimentaloides de las tres y media lo dicen con más gracia. Y es que el mejor síntoma del stress es el mañana.
Mañana haré esto,
mañana haré aquello,
mañana diré esto otro...
El verdadero descubrimiento es que tengo tantas cosas pendientes de hacer en ese hipotético "mañana", que voy a empezar a usar el igualmente hipotético "pasado mañana". De alguna manera, me hace sentir que estoy hipotecando mi futuro, empezando por el inmediato...

... y ahora, os anuncio que mañana me voy al campo, que hacía mucho que no iba, y también allí tengo muchas cosas que hacer. Y cuando vuelva, tengo dos posts serios que colgar. Tal vez, demasiado serios... pero eso, será después de mañana, porque hoy hace cuatro años que el Cronista Disperso me despertó a las siete de la mañana:
- ¿Dónde estás?
- Hm, en la cama... Hoy hay huelga...
- Ha habido un atentado en Atocha...

Y lo demás, más nos gustaría que fuese historia; así, al menos habría una buena versión oficial.

domingo, 9 de marzo de 2008

Jornada de reflexión


Por más que lo intento, la realidad siempre me pilla desprevenida. Además, y lo que es peor, es la realidad de las cosas más absurdas. Y no será porque no intento fijarme en los pequeños detalles. O a lo mejor es precisamente por eso... siempre ha sido más capaz de recordar los pequeños detalles que las grandes historias.
Lo bueno de recordar los detalles y no las historias, es que siempre puedes repetir argumentos pero fijándote en nuevos detalles.
Lo malo, es que cuando la historia no te gustó la primera vez, caes sin darte cuenta otra vez. Y entonces, da igual los nuevos detalles que haya, porque nos los disfrutas.

Me gustaría mucho poder decir que las cosas han cambiado, pero me tengo que contentar con decir que están cambiando. Me gustaría mucho poder mirar en una bola de cristal y ver qué batallas puedo ganar y qué batallas he perdido antes de empezar. Me gustaría salir de este impasse en el que me he metido sin saber cómo.

Pero las cosas no pasan solas. Sólo pasan solas cuando uno no espera que pasen.
No estaba previsto. Nada. De nuevo no fue culpa de nadie, pero la consecuencia es que aquí estoy, escribiendo, como siempre. Esperando a que pase algo que no pasa, y deseando que otras cosas no hubieran pasado nunca.
Haciendo un ejercicio de pensamiento completamente absurdo, pensando en que un camino hacia atrás me podría llevar a no haber cruzado jamás aquella puerta. A no haber cambiado aquella cena por tanto tiempo de desconcierto. Tan lejos.
¿Cómo hago, que me las arreglo para que nadie me diga nunca lo que necesito oír?

viernes, 7 de marzo de 2008

Nocturno de El Salvador: Segundo Movimiento


Y después de la risa... el sentido de la vida. Hoy he recibido varios mails que no esperaba. Claro, cuando dejas de esperar las cosas es cuando pasan, aunque eso es una falacia, igual que cuando dices: las llaves estaban en el último bolsillo en el que miré. Obviamente. Si ya las encontraste, para qué ibas a seguir buscándolas?

Si no hubiera recibido nunca esos mails, al no esperarlos, nunca hubiera pasado nada más. Es como cuando te acuerdas de alguien y te llama... y las otras diez millones de veces en que no te llama?

Reconozcamos que esta está siendo una semana al quanto extraña. Yo que me había puesto al día con un montón de cosas, de repente estoy otra vez con el agua al cuello porque le lunes me llaman y me dicen: ¿porqué no te vienes a El Salvador, a estar en sesión continua dos días? OK. ¿Quién paga? Voyme. Así somos en esta organización.

Así que aquí estoy, otra vez sin poder pasar tranquilamente el fin de semana en las playas del Pacífico del país, pero haciendome la promesa que la tercera será la vencida. Aunque previsiblemente la tercera va a ser justo antes de la temporada de lluvias.


El caso es que no sé si a causa o a pesar de traumas recientemente sufridos, me noto muy distinta. Llevaba mucho tiempo rompiendo lazos (eso es lo que, de alguna retorcida manera quería decir en el post anterior, queridos y pacientes lectores); mejor dicho, llevaba mucho tiempo queriendo romper lazos, y ahora creo que se han roto de puro podridos que estaban. Hoy, después de leer el segundo de los correos inesperados, me he terminado de dar cuenta de una sensación que tenía desde hace tiempo. Al final, estás solo. Da igual la clase de vida que elijas, s tienes familia o no, la cantidad o calidad de los amigos. Todas tus acciones, hasta respirar (y especialmente respirar) son tuyas, irremediablemente tuyas.

Parecerá simple, o tonto, o que ya lo he dicho mil veces, pero esta tarde, esa convicción ha caído sobre mi con todo su peso. Pensadlo detenidamente; es grande, es una responsabilidad que pesa.
Nunca me había sentido tan sola, pero a la vez, no me preocupa. Con el tiempo, superaré la decepción, pero hasta entonces, habré cambiado sin marcha atrás posible.

Nocturno de El Salvador: Primer Movimiento


Porque el primero siempre tiene que ser una sonrisa. Como hace tiempo me dijo La guapísima, de dulce recuerdo (por cierto, a ver si la llamo la próxima vez que pase por la piel de toro), si vas primero con una sonrisa, es más probable que consigas las cosas. Pues si. Sonriamos.

Aventuras en el carro, capítulo I

La verdad es que no conozco a nadie a quien le haya pasado. Conozco casos similares, o que tienen en común algún elemento escatológico, pero desde luego nada como el mío. L está convencida de que soy de las primeras personas del mundo que lo ha hecho. Me imagino el reporte que podría haber hecho si en el momento de los eventos, hubiera tenido seguro (que no era el caso, porque como ya he dicho muchas veces, la vida es de todas formas una apuesta... o tal vez no lo he dicho, pero lo he pensado); habría sido algo como:

Señor agente, yo estaba dando marcha atrás, concentrada en el coche que había detrás, y de repente salió de la nada y me golpeó repetidas veces.

Bueno, vale, teneis razón. Mejor las cosas por el principio, que así se entienden mejor. Me acababan de dar mi cochecito nuevo (rojo, precioso; está claro que nunca lograré tener coches que no sean rojos, será mejor que lo vaya asumiendo), y lo había conducido una sola vez. Eso sí, en plena hora punta de la Ciudad de Guatemala, que no os imaginais lo que significa. El caso es que era sábado por la mañana, y había decidido sacar tanto a mi cochecito nuevo como a mi nueva compañera de piso de paseo.

Me subí al coche, comprobé que los espejos y el volante y el asiento seguían todos en su sitio, y pensé detenidamente cómo sacar el coche de mi plaza de garage.
Este es el momento en el que debo aclarar que tengo una plaza de garage de mierda, verdaderamente. En mis exploraciones del garage, he podido observar que las hay peores, pero eso no me consuela, la verdad (mal de muchos...). Y no sólo tengo una plaza mala, mis vecinos son idiotas y además no tienen coches, tienen monstruos enormes (de esos que parecen trasnformers echándose la siesta).

El caso es que calculé detenidamente el ángulo preciso para sacar el coche del sitio con menos de doscientas cincuenta maniobras. Después de calculado el ángulo con precisión de grados, minutos y segundos, giré la llave y encendí el motor, quité el freno de mano (porque el freno de mano sólo se deja encendido cuando se arranca en el examen), metí la marcha atrás (acordándome, inevitablemente del día en que Filomenito no encontraba la marcha atrás en el coche nuevo), y giré el volante hasta el ángulo perfecto. Entonces empecé a salir, todo iba bien, conmigo mirando por el espejo retrovisor y yendo despacito, hasta que de repente "clunch" y ruido ni seco ni nada, sólo inesperado y raro...
Mierda, el water.
Sí, porque mi plaza de garaje, además de ser mala y retorcida, venía con baño incluido. Es decir, con una taza de water que no sé que hacía allí. Pintar no sé que pintaba, pero despintar, me despintó un trozo de la aleta delantera, porque claro, no es que le diera un golpe al water en cuestión, es que se enganchó y tuve que hacer maniobra... pero seguro que no quereis leer más detalles. Seguramente os habríais reído muchísimo más viéndolos.

Las dos mejores cosas de la historia es que me encuentro entre las pocas personas del mundo que ha estrellado su coche contra una taza de wáter, y que mi nueva compañera de piso quedó probablemente traumatizada de por vida conmigo conduciendo... días después, sostiene que lo más gracioso fue la cara que puse... Claro, no me la vi... estaba demasiado preocupada pensando: pero cómo se me ha olvidado que estaba, si he tenido casi que saltar por encima para entrar en el coche????

...apareció de la nada, me golpeó y desapareció sin dejar rastro...

PS: L se ha subido varias veces más al coche después de esto, pero siempre va agarrada al salpicadero.

lunes, 3 de marzo de 2008

Detached


Mi estrategia está funcionando. El recuerdo selectivo es una buena forma de autoterapia conductista... tal vez funciona incluso demasiado bien, porque hay muchas líneas que empiezan a borrarse, y he perdido ya la cualidad de recordar el arsenal de anécdotas en cada ocasión.

Hoy he estado hablando de senderos de vida. Es fácil echarle la culpa a los demás de nuestras elecciones, pero los pobres "demás" rara vez la tienen, bastante ocupados están con sus propias decisiones. Así que aquí estoy ahora, domingo por la noche, pensando que dejé pasar muchos instantes perfectos porque estaba mirando en la otra dirección, y ahora no sé muy bien ni siquiera qué miraba. Estúpida. Pero no puedo enfadarme conmigo misma, porque entonces tenía todo el sentido del mundo estar mirando hacia allá... creo.

Después del difícil ejercicio de olvidar las costumbres, viene el doloroso ejercicio de desenmarañar lo que verdaderamente vale de lo que no. Si el valiente es el que aguanta el miedo cinco minutos más, qué es el que aguanta el dolor? ¿Masoquista?¿Merece la pena? ¿Hay algo que sacar de ello? Hay una palabra a la que he estado buscando una traducción adecuada estos días, porque no es exactamente la connotación que he encontrado en el diccionario. Detached. No es desprendido, ni desapegado, ni separado... es más bien como sentirse acorchado, como si oyera la música desde la habitación de al lado. Como si la distancia física se hubiera transformado en distancia mental también... Antes tenía una parte de mí misma por ahí, danzando, revoloteando sobre los sitios y las cosas, pero ya no.
No es la primera vez que me siento así.
A estas alturas de la vida, sospecho que no será tampoco la última.

Antes siempre quedaba una duda con la que dormirme los domingos por la noche. Y por eso mismo, ahora puedo aún concederte el beneficio de la duda; en nombre de los viejos tiempos. Puedo pensar que hasta un cierto punto, no lo hiciste a propósito, que tal vez igual que yo dejaste pasar momentos por error, porque no los viste; puedo pensar que tal vez sí me echas de menos. Pero la duda no es bastante, ahora sólo queda un enorme silencio, como una línea de teléfono cortada. Y yo, con la cara que se pone cuando uno se queda hablando sólo.
De todos los que han entrado y salido de mi vida, eres el único que no sé exactamente qué se ha llevado.
A veces, dar un tirón de un sólo lado de la rienda nos saca del camino establecido y nos lleva por senderos nuevos y desconocidos. Cuando miro atrás de reojo, como ahora, en domingo por la noche, veo que lo que queda a mis espaldas tiene el color rojizo de un incendio. Y por alguna razón que no termino de comprender, no me siento culpable por haberle prendido fuego yo misma.