lunes, 25 de febrero de 2008

México lindo: ¿a cuánto el kilo de mariachi?


De verdad echaba de menos estos viajes relámpago de fin de semana que te sacan de la rutina y te despiertan la imaginación. Sólo hacer la maleta corriendo el día de antes y volver el domingo como si volvieras de otra dimensión.
He añadido otra ciudad a la lista de lugares-en-los-que-podría-vivir, después de solo dos días de paseos por las calles de la ciudad más grande del mundo. Una ciudad inmensa que sólo a ratos pierde la noción de las personas que viven dentro. Una ciudad de un tamaño inimaginable, pero de proporciones humanas. Y, curiosamente, con muchas reminiscencias de mi querido Madrid (salvos los detalles, y no sólo gracias a la copia de la Cibeles que observa entre jacarandás un tráfico muy diferente al de su hermana mayor).
Y en el fondo de la memoria, aquel tipo que en la entrevista del ICEX me preguntó: y tú prefieres ser comex en Roma, o macro en México? Hm, who knows.

Sólo tres días que han parecido mucho más, por lo intensos, aunque claro, se quedan muchas cosas pendientes (jo, qué lata, hay que volver!): el Museo de Murales de Diego Rivera y el Zócalo en toda su inmensidad, porque como ahora está esta exposición, pues está medio ocupado.
Y sobre todo, disfrutar de la enorme oferta de actividades (aunque no se tenga tiempo), de poder dar un paseo por la noche y no considerar si hay que ir en taxi al bar, de música un paso más allá de reggaeton, de tomar expresso de verdad y no agua de calcetín en taza pequeña... de esas pequeñas cosas que uno no echa de menos conscientemente (porque si uno se pusiera a hacer la lista, sería demasiado larga)...

Llegamos el jueves por la noche, y salimos directamente a probar comida mexicana (y después la bebida!), andando hasta el lugar, para nuestro deleite, y observando a la gente andar por la calle en la noche, tranquilamente. Tras una noche de merecido descanso, el viernes nos preparamos para hacer un recorrido a pie. A pesar de que la cosa no empezó bien, sino con dos turistas caminando casi una hora en dirección contraria a la que querían, el recorrido salió bien, y llegamos hasta el Bosque de Chapultepec, previo paso por la Reforma (que allí también hay)
y la Zona Rosa para después irnos (buenísima señaliación, las paradas están identificadas con dibujitos!!) en metro a echarle un ojo a la catedral, al Zócalo y al Palacio Nacional, buscando murales de Rivera. Tras quince horas caminando, pasamos por casa para una breve ducha y cena a la española en un italiano (es decir, discusiones bizantinas incluidas) y más investigación de la noche del DF.
El sábado investigamos los pueblecitos que antes eran pueblecitos y ahora son piezas de la tremenda ciudad, y nos fuimos al mercado de San Ángel, llena de artesanos y artistas, y a Coyoacán, donde vimos la casa de Frida Kahlo (con una audioguía surrealista!) y comimos churros (). La noche del sábado incluyó espectáculo mexicano folklórico (que viene a ser el equivalente de un tablado flamenco para guiris, pero que nos gustó mucho, y más de uno descubrió su vocación frustrada de vaquero de rodeo) y otro de otra índole que comentaré en próximos posts. Mientras ibamos a terminar nuestras investigaciones sobre la noche mexicana en otros lares, intentamos contar los mariachis que esperan a que alguien los alquile para un sarao.
Oiga, ¿a cuánto el kilo de mariachi?
Y hoy domingo, con todo el dolor de nuestro corazón, hemos cogido el avión de vuelta, despidiéndonos de una ciudad que tiene un extraño aire familiar. 25º en Ciudad de Guatemala y los volcanes despejados.
Hm, pues el smog no era tan malo...

Las cifras del viaje:
- Minutos andados en balde (debido a circunstancias diversas de lectura de mapas y malas previsiones de la dirección de tráfico): casi dos horas.
- Palomas consumidas: uff.
- Anfitriones que han trabajo el finde que íbamos de visita: demasiados!!!
- Sombreros de mariachi adquiridos. ninguno, me he resistido.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Próximamente...


Lo sé, lo sé, haec días que no escribo, y lo peor es que sabeis que tengo muchas cosas que contar... lo que no tengo es tiempo!!!! Pero no os preocupeis, porque tengo todas las ideas apuntadas en mi cuadernito mágico (que ya se está llenando, aunque un alma buena y cándida contribuyó a su sustitución en Navidad sin saber que estaba creando un mostro)... cuando pueda formular mis ideas tranquilamente, tendreis chicha en este mi querido blog.
Para que no os quede sólo el amargo sabor de la ausencia de mis letras, os informo de lo que en televisión (creo) que se llaman teasers (o sea, molestadores...). Voy a inaugurar dos líneas de posts, además de hacer más constantes las que ahora tengo:

- Aventuras en el coche (aventuras y desventuras de una novata en un país de salvajes), una serie de humor en la que aún estoy considerando si incluir fotos.
- Terapias y crêpes (porque la sabiduría no reside toda en Sex and the City), conclusiones a las que se puede llegar casi por cualquier camino.

Ya tengo pensados los primeros capítulos de cada una... tened un poco de paciencia... en breve en las pantallas de vuestros ordenadores!!

sábado, 9 de febrero de 2008

Lilith, Fitipadi Lilith


Hay días en los que las ideas caen desordenadas como gotas de lluvia. Días en que a pesar de tener miles de cosas que decir, es simplemente más fácil decírselas a uno mismo, como una nana infinita. Días en los que el espejo no devuelve la propia mirada, sino la mirada de otro que se parece extrañamente a uno mismo. Pero no obstante, quien nos mira desde ahí dentro, tiene pinta de ser agradable... o al menos después de estar dispuesto a escuchar.

Esta semana han pasado muchas cosas. Muchas, muchísimas cosas, grandes, pequeñas y medianas, todas ellas importantes. Y ahora, que me cuento a mi misma las cosas que han pasado esta semana, me doy cuenta de que estoy cada vez un paso más lejos de donde estaba, aunque no esté andando. Es como ir en una cinta mecánica interminable, de las de los aeropuertos. Sólo que en vez de ver pasar anuncios a los lados, o puertas de embarque, veo pasar otras cosas, como sombras inciertas que me inspiran curiosidad. Pero no puedo salirme de la cinta, porque sé que me perderé... Sin embargo, la curiosidad es tan grande que sospecho que un día acabaré haciendolo.

No sé por qué orden empezar a describir, porque este es uno de esos días en que me estoy hablando a mi misma, que me entiendo en orden lógico aunque el discurso no tenga lógica. Pero el desorden, como siempre le digo a Filomenita, no es malo, es sólo desorden. No tiene la culpa de que las personas no lo entendamos.
Pero empecemos por lo más útil. ¡¡Y es que ya tengo ruedas!! El lunes estoy tentada de hacer un anuncio público en el periódico, para avisar a los pobres guatemaltecos de la que se les viene encima, pero después de haber circulado un poco por aquí, creo que les iba a dar igual. Con un poco de... digamoslo, sin ambajes, con un poco de miedo, agarré el coche en plena hora punta el viernes por la tarde y lo llevé de ida con una amiga y de vuelta yo sola sin causar ningún accidente. Es más, por la noche lo saqué de nuevo, y tampoco causé ningún accidente. Y es aún más, esta mañana he vuelto a pasearlo y ya hasta tengo el truco de la plaza de parking (que mira que es mala, leñe). Lo mejor es poder olvidarse de los taxis amarillos y las largas y absurdas esperas... y que cuando se me ocurra ir a alguna parte, puedo ir a la hora que sea. Y todas esas pequeñas cosas que no apreciais los que teneis coche hace más de tres días.
Todavía no le he puesto nombre, pero en cuanto aprenda (él, porque a mi se me da estupendamente) a arrancar en segunda, se lo pongo.

Además, tengo compañera de piso. Es bueno saber que la habitación sin amueblar ahora está amueblada. Me daba siempre pena ver cerrada la puerta del ala suroeste. Y hemos llegado a un acuerdo acerca de días de español-días de inglés, así que por fin voy a aprender cosas tan interesantes como cómo se dice la manija de la puerta en inglés (Nota bene: preguntarle).

Y además, tengo proyecto. Esta semana nos encerraremos a hacer la planificación anual, y eso significa que vamos a debatir por tercera vez mi puesto en la oficina. Y esta vez pienso colaborar, porque estoy cansada de contestar dando rodeos cuando alguien me pregunta: pero, exactamente, qué haces? Y es que es lo malo que tiene valer igual para un roto que para un descosido.

Y esas pequeñas cosas que te alegran la vida, como juntarse con las amigas a tomar una crepe de chocolate (que al final fue una pizza, más una crepe, pero un día es un día), y no sólo descubrir el secreto de la terapia de grupo, sino además llorar de risa haciendo el mapamundi.
Y luego, esas otras aún más pequeñas cosas, como un baño caliente cuando estás muerta de cansancio, una comida en la terraza al solecito (o al reflejo del solecito en el edificio de enfrente), esa película tranquila una noche, esas risas en clase de francés.

¿Por qué será que cuando algo empieza a ir bien, es seguido por el resto de cosas, y viceversa?
Pero cuando se me ocurren estas cosas, incluso en días como hoy, de monólogo interior, sigo mi consejo práctico número 3.411: no preguntes por las cosas buenas, pregunta por las malas.
Perspectivas: una semana de encierro y de ir a clase de français en coche (sisisisi!), un fin de semana en Monterrico a como de lugar, y... un finde en el DF!!! (y en segundo plano, bellísimos planes de ir a Belice si Mi archiquerida S puede confirmar la fecha).


Y en el fondo, igual que a los bizcochos se les pone una pizquita de sal para que el azúcar endulce más, el pensamiento sordo de que la necesidad de compartir las cosas con alguien en particular se atenúa, pero siempre menos de lo que yo querría. Y cuando pienso en lo que me habrías dicho, siento que hemos perdido demasiado.
Bueno, he perdido demasiado.
Bueno, no lo sé.

martes, 5 de febrero de 2008

Cinco nomeimportas y dos anuncios


No tuviste la decencia de irte con otra, para que yo pudiera sentirme mal comparándome con ella. O con él, ahora que está tan de moda lo de salir del armario. Para que yo tuviera una razón válida para enfadarme. Para que todo fuera prosaico, normal y yo pudiera despreciarlo porque formara parte de esa mediocridad que siempre he despreciado profundamente.

Pero esta noche, me da igual. De verdad, no me importa, porque lo importante no es el destino final, sino el camino que haces para llegar a él. Y porque esta es una noche de blues y de nomeimportas. No me importa si te duele, no me importa si es egoísta, no me importa si no tiene sentido, no me importa lo que pase después, no quiero escuchar más ni quiero saber más. No me importa, he tenido bastante. Sé que no vas a reaccionar, y no me importa.
¿Sabes? Hoy ha muerto el último ysi. La última mala hierba del jardín de flores, la última duda, la última nota discordante, el último color estridente. Hoy puedo acordarme sin sentirme culpable de todas las veces que no dijiste la palabra justa, de todas las veces que me mentí con tu indispensable ayuda, de todas las veces que bajaste la mirada cuando te miré a los ojos. Hoy puedo mirar la copa rota y disfrutar del sabor amargo ha tapado todo lo demás.
Ha muerto la última de todas las dudas.
Por fin.
Y yo, como una adicta, he vuelto a recaer a la menor mención. Y aquí estoy, mirando al infinito a través de la ventana, pensando en todas las cosas que antes me importaban, pero ya no me importan.

Se busca alma perdida. La última vez que la vieron, andaba detrás de un fuego fatuo en un bosque imposible. Debió perderse con los reflejos de colores, siempre le han llamado mucho la atención. Es un poco difícil de tratar, pero es cariñosa y responde cuando se la llama por su nombre.
"Ven, yo te cuidaré", dijo mientras la abrazaba hasta asfixiarla.

Hoy echo de menos a los duendes de los marcos de aluminio de las ventanas.
Hoy echo de menos la inmensidad de una noche llena de callejuelas.
Hoy echo de menos las palabras no pronunciadas, pero bien entendidas.
Me gustaría odiarte e ignorarte y alejarte de mi. Y sé que si me lo propongo, lo conseguiré, como todo lo que me propongo. Pero hoy no me importa conseguirlo o no, la verdad. Prefiero cerrar los ojos y bailar despacio y oír cómo la música resbala por el cristal de la ventana.


Se busca alguien sin dobleces, complicaciones ni ambigüedades, que sea capaz de entender la complejidad de la síntesis sin hacer que pierda su valor. Se busca alguien que haya leído mi poema favorito y lo entienda igual que yo. Se busca alguien que tenga la infinita paciencia de hacerme olvidar todas las estupideces que he cometido y que esté dispuesto a ayudarme a hacer tortilla de patatas en una isla griega si hace falta. O a ponerme los puntos sobre las íes y al final de las frases y a no fingir más que cuando sea absolutamente imprescindible. Se busca alguien con la extraña habilidad de hacer maravillosas las cosas normales y normales las maravillosas.
Se busca alguien que no seas tú, porque, ahora que lo pienso, tú no cumplías estos requisitos...

lunes, 4 de febrero de 2008

Instante perfecto


Si fuera un poco más alta, sería azafata.
Si fuera un poco más baja, sería jockey.
Si fuera un poco más atrevida, sería fotógrafo.
Si fuera un poco más cobarde, sería doctoranda.
Si fuera un poco más constante, sería geóloga.
Si fuera un poco más voluble, sería actriz.
Si fuera un poco más ambiciosa, sería ecónoma.
Si fuera un poco más humilde, sería consultora.
Si fuera un poco más práctica, sería política.
Si fuera un poco más idealista, sería escritora.
Si fuera un poco más ingenua, sería diplomática.
Si fuera un poco más cínica, sería periodista.
Pero no lo soy.

Sé que volveré a hacer las maletas y a marcharme dejando detrás un montón de instantes perfectos y de recuerdos buenos y malos. Sé que pasará el tiempo y empezaré anécdotas diciendo: "pues cuando estaba en Guatemala...". Sé que miraré las fotos de ahora como miro las del pasado, intentando añadir detalles a recuerdos que se borran lenta pero inexorablemente.


Sé también que algunos recuerdos son mejores que la realidad que los generó... pero siempre lo he sabido. Si no, no hubiera huido de aquel instante perfecto. Sé que la moneda bailaba entre la cara y la cruz, sin que ningún inconsciente viento la hiciera vencerse, hasta que la voluntad y el miedo al ridículo se impusieron para hacerme parpadear, y cuando abrí los ojos de nuevo, allí ya no había nada.


Sé que tú también te lo preguntas, porque tus interrogantes me llegan hasta aquí, atravesando el tiempo y la distancia. Algún día lo sabremos. O tal vez no lo sabremos nunca. Al menos, mientras me lleguen tus interrogantes envueltos en bruma, sé que el recuerdo es real. Un instante perfecto.
Aunque dure en la eternidad lo mismo que una pompa de jabón.

Bendito relax


Una semana frenética seguida de un remanso de paz llamado fin de semana, con descanso bien merecido. Y sólo la sensación en el fondo de la mente de: no se me ha olvidado nada que tuviera que hacer antes de mañana, verdad?
Toda la semana pasada quise contar en este foro el espectacular timo del que fuimos objeto la semana anterior... subimos a un volcán, activo, y no vimos lava!!! Y direis... mejor, no? Pues no, se supone que uno sube a quemarse las cejas con el calor... en fin. Por lo menos vimos unas espectaculares vistas...
Después, claro, la semana empezó mal, con vuestra querida protagonista quemada (por el sol, repito, no por la lava) y dolorida a más no poder (eso, porque los excesos se pagan, aunque uno se crea joven y vigoroso). Con un comienzo así, pues el martes ya no tenía fuerzas... y a pesar de eso, después de toda una serie de días largos e intensos (visitas y cenas incluidas), llegué el viernes a una más que reparadora noche de chicas. Sólo nos faltó el pijama de ositos. Eso me hizo recuperar las fuerzas para pasarme el sábado moviendo muebles y colocando cosas, haciendo la compra que no había hecho aún, y preparando una tonelada de croquetas (poniendo en práctica el curso de croquetación intensivo que hice con Filomenita en Navidad). Y el resultado es positivo: mi casa parece una casa, es acogedora, de hecho, y está razonablemente limpia para recibir a mi nueva compi, que llegará esta semana. Lamento deciros que no creo que dé tanto que hablar como la última, la verdad.

Y ahora me preparo para otra semana, aguantando la respiración antes de otro sprint. Porque al final, todos los viernes tengo la sensación de que ayer era domingo... de eso se deduce que mañana es viernes? Magari... Tal vez me he relajado demasiado, o es que este fin de semana tenía que haber sido de tres días.
Después de un día de verano sin verano (paseo al sol comida mediterránea en la terraza y larg sobremesa incluidos), me voy a dormir, que mañana espera una semana más.


¿Qué por qué doy tantas vueltas? Porque ayer estuve viendo fotos y hoy las he estado sacando, y se me han ocurrido ideas otra vez... Malo, malo, pero como dije en el post anterior, lo más difícil es cambiar las costumbres. Por eso, hago catársis.