martes, 20 de septiembre de 2011

Colección de palabras

Me pasa desde que tengo uso de razón, me encantan las palabras. Creo que no tengo un patrón particular (seguro que algún psicoanalista diría lo contrario, pero no les daré el gusto de meterse en esta cabeza mía, que ya tengo muchas cosas dentro). Igual me gustan nombres, que adjetivos, que adverbios, concretos o abstractos, con significado positivo, negativo o neutro y en varios idiomas (de los que hablo, de los que chapurreo y de los que ni entiendo). No he hecho nunca una colección, porque eso significaría apuntar las palabras en alguna parte y mantener la lista añadiendo palabras que voy encontrando por ahí (porque esa es precisamente la belleza del arte de la colección de palabras, como de la colección de calendarios, a diferencia de los cromos, siempre hay palabras nuevas!), y soy un poco perezosa.
Se me ocurre según escribo que tal vez podría tenerla en una página de internet (eso igual evitaría la tala de un árbol de Brasil, que no es poco), ya veremos si me animo.
Estoy en una fase creativa, ya no hay quien lo niegue.

Ahí os dejo algunas palabrillas...

comunque (italiano)
azules
sinistre (francés) - aunque esta me gusta en sus varias traducciones al español, al italiano...
martingala
viejuno
calamar
doch (alemán)
walou (árabe argelino)
peineta
lapso

... y ya seguiré, porque esto es un vicio...

martes, 13 de septiembre de 2011

Historias para no dormir

Esta historia la oyó Filomenita en la radio...


Se trata de un programa sobre animales, donde llama la gente a preguntar cosas, a contar monerías de sus animales caseros, y a presumir de lo ricos que son. En cada emisión hay un veterinario que responde dudas y hace comentarios, y en general el ambiente del programa es distendido y afable; se hacen bromas, se ríe, etc...


Hace poco, entre las numerosas llamadas, pasaron la de una señora que explicó que se había traído una serpiente de Brasil y la tenía en casa. La había comprado en uno de esos sitios que les quitan el veneno, y le habían dado un certificado y todo. A la descripción (con muchos colores, como de esta medida, pero creciendo relativamente rápido), el veterinario dio el nombre (del cual Filomenita no se acuerda exactamente y las búsquedas en google han sido infructuosas), una boa nosequé. La señora explicó que ella, todos los días, volvía a casa del trabajo sobre las tres y media o las cuatro, ya habiendo comido, y se echaba directamente a echar un ratito la siesta en el sofá, viendo la tele. Desde hacía cosa de un mes, la serpiente (de la cual no sabemos el nombre propio tampoco), se acercaba a ella, y se extendía, todo lo larga que es, a los pies del sofá, y hasta que ella no se levantaba de la siesta, la serpiente no se movía de su sitio. Así, como que veía el culebrón con ella (cosa que a mí me parece natural!).


En el estudio de radio, normalmente ruidoso y alegre, se había hecho el silencio a medida que la señora daba explicaciones...



El veterinario, con voz calmada, contestó a la señora:

- Señora, ¿sabe usted lo que tiene usted en casa?

La señora, ya dudando, contestó: Si... es tal serpiente, que le quitaron el veneno...

- Señora - sin dejarla terminar - coja usted ahora mismo esa serpiente y llévela al veterinario. O mejor, no la toque. Enciérrela en la habitación en la que esté y llame a un veterinario que se la lleve. Ese animal que tiene usted en casa es muy peligroso, le hayan quitado o no el veneno (que no puede usted estar segura hasta que no sea demasiado tarde!).

¿Sabe usted lo que está haciendo al tumbarse a los pies del sofá? La está a usted midiendo, señora, y en cuanto ella juzgue que es suficientemente larga, va a subir al sofá y la va a asfixiar a usted para comérsela. Para esa serpiente, el único fin que tiene usted a su alrededor, es ese, servir de comida, así que deshágase de ella inmediatamente. Llame usted a un veterinario, que sabrá cómo proceder.



¡No me digáis que no pone los pelos de punta!


Al principio nos pareció solo una historia horrible y que demuestra que la gente es tonta.

Después, ya reflexionando, vimos unas cuantas lagunas:

- Y cómo ha entrado la señora ese semejante bicho al país? Será ilegal, porque a mi para los gatos me piden lo que no está escrito (literalmente). Y os aseguro que Clyde no es nada peligroso, duerme 30 horas al día.

- Y qué paciencia tiene la bicha, no? Espero que coma algo mientras, vamos. Además, por mucho que se le desencaje la mandíbula, como no esté delgada la señora, no sé como se la va a comer.

- Y por qué la serpiente no está en un terrario? Porque por pacífica que sea la serpiente, como eches para atrás la silla sin verla, igual pasa algo horrible.

- Y la serpiente esa asfixia o envenena? Porque sin ser aficionada a los ofidios, me parece que es una cosa o la otra, pero un bicho tan letal tan letal, es raro.


Total, que preguntando al que todo lo sabe, averiguamos que es, efectivamente, una leyenda urbana. Según estos (que son quienes lo saben todo de leyendas urbanas, aunque en inglés), es una leyenda recurrente, que pertenece al género de "experto te abre los ojos sobre una realidad horrible"y "tenemos más miedo a ser comidos que asesinados por un animal". Lo que me pregunto es, cómo es posible que Filomenita lo oyera en un programa de radio serio... le he pedido que llame el próximo domingo, a ver qué le dicen sobre la señora en el medio de comunicación en cuestión. Me pregunto si no será una medida más que cuestionable para aumentar la audiencia, que no debe ser demasiada el domingo a mediodía... y si hacen eso con un programa de animales, cualquiera sabe qué hacen con los programas de política o, mucho peor, de deporte!! Y ahora,


¡No me digais que no pone los pelos de punta!

jueves, 1 de septiembre de 2011

Ventanas al pasado...

Bueno, esta etapa de mi vida no la tenía demasiado planeada.
Es uno de esos grandes hitos de la vida de cualquiera que yo no tenía registrado para que me pasara o pasase a mi, y por lo tanto nunca me había parado a imaginar cómo iba a ser. No es que las demás las haya planificado demasiado, pero eso es harina de otro costal.
El caso es que después de haberme hecho con una solución habitacional (con la sanísima intención de reunir mis siempre crecientes biblioteca y guardarropa y para que los Filomenitos puedan ver a los también siempre crecientes nietos con una frecuencia adecuada a sus aspiraciones abueriles), pues ahora toca llenarla de cosas (aunque la cosa está en suspenso mientras solucionamos los problemas de la banca; los míos, no los del país, que esos van para largo y se ven de color de hormiga); y qué mejor manera de llenarla de cosas que sacarlas de casa de los Filomenitos (que ahora ya no se podrán quejar de que el trastero está lleno de cajas con objetos no identificados (de momento no voladores, pero quién sabe). Claro; como mi solución habitacional es lo que es, y se amuebla con una tarde inspirada en IKEA, hay que seleccionar lo que saca uno del trastero paterno y lo que manda derecho al reciclaje (procurando que no se note mucho que la propia madre tenía razón al repetir: "ahora lo guardas, pero ya verás como al mudarte lo tiras!").
Dos maletas de ropa (para llevar aquí) después, me puse con la fase dos, los papeles. Y están saliendo dragones de ahí dentro.
Mi yo nostálgico está constantemente disparado (lo cual aumenta notablemente el volumen de cosas a meter en la solución habitacional); panfletos de obras de teatro que fueron un éxito (las obras, no los panfletos, aunque los panfletos también), notas de clase de filosofía de 1996, cartas de novios (se me ponen los pelos de punta) despechados de 1998 (sin abrir, porque a mi los melodramas ajenos no me han gustado nunca demasiado), fotos de compañeros de la universidad que ahora deben ser tiburones de los negocios (o no, tal y como está el percal), carnets de cuatro o cinco bibliotecas en cuatro o cinco idiomas; agendas con deberes de matemáticas anotados para entregar en noviembre de 1994. Mis primeras anotaciones de Guatemala, cuando no tenía ni repajolera (por no decir otra cosa) idea de seguridad alimentaria y demás alegrías de la vida... Dios mío, lo que ha llovido desde entonces (sobre todo en Guate, porque lo que es en la dimensión paralela...); cartas de S desde (agarraos) 1987; mapas que abarcan muchos kilómetros de este planeta y billetes de avión que indican más horas de vuelo que muchos pilotos.
Cámaras antiguas; fotos antiguas, de la primera vez que descubrí la magia de apuntar con el objetivo y apretar el botón, y de cuando aprendí a fotografiar como es debido.
Me he encontrado muchas cartas sin enviar; algunas acabarán en manos de sus destinatarios, otras se quedarán donde están (o mejor dicho, encontrarán un rincón en el que volver a acurrurcarse en la solución habitacional y las consiguientes cajas del IKEA), porque pertenecen a un pasado, que como diría Heráclito (que no tenía amigos!), se fue y no volverá porque todo ha cambiado. Releyendo, veo que las cosas podrían haber sido distintas en algunas ocasiones, pero fueron como fueron y sólo fueron una cristalización de todas las realidades posibles. Tal vez si hubiera enviado una de aquellas cartas que no envié, ahora no estaría releyéndolas. Tal vez, no habría cambiado nada.
Y esto, me lleva a otra casualidad de esta semana; investigando grupos en facebook (para solaz y lágrimas de risa de Filomenita) me he encontrado con uno de los grandes peligros de esa red, que son los mitos y los horrores del pasado. No tengo muchos problemas con los horrores; con lo que el Arquero llamaría inteligencia emocional, he mandado al cuerno a quién he querido y me he quedado tan ancha. Pero, ¿qué pasa con los mitos? No pierde el encanto un mito de juventud si resulta que nos hacemos amigos suyos en facebook y descubrimos que tiene una granja en farmville?
Me conozco, y acabaré agregando al mito en cuestión, la curiosidad me podrá. Pero creo firmemente que hay muchas cosas que es mejor guardarlas hermosas en el fondo de la memoria y usarlas sólo de vez en cuando para mirar al pasado como por una ventana.