domingo, 31 de diciembre de 2006

Balance de fin de año... balada de San Silvestre


Tempo Allegro
Esta, a pesar de ser una tarde de domingo, es una de las tardes del año que más me gustan. Tal vez porque se parece a otras cosas que me gustan, como la calma antes de la tormenta, o el amanecer. Es que hoy no es sólo es tarde de domingo, además es la última tarde del año, y según Michael Ende, hay un gato gordito y un loro que están intentando hacerse con el ponche mágico para que con las doce campanadas del Año Nuevo, el mundo se convierta en un lugar mejor...

Es una tarde para hacer absurdos propósitos para los próximos meses (dejo de fumar, me apunto al gimnasio, empiezo a regar las plantas, aprendo a hacer reflexoterapia...), pero a mi lo que más me gusta es pensar en todas las cosas que han pasado en el año que se va, ni más ni menos que doce meses, que tienen la extraordinaria propiedad de no parecerse a los doce meses anteriores ni a los que empiezan ahora.

Es un cambio de etapa oficial, en el que no hace falta tomar grandes decisiones, sino sólo brindar con champagne. Esta es una tarde mágica, porque puede uno pensar en el pasado con una cierta nostalgia, pero no por ello le van a acusar de sentimental.
Es la última tarde, y eso siempre es especial, cuando se es consciente de ello. Como la última tarde que pasé en la universidad, o la última vez que estuve en aquel bar con mis amigos, o la última vez que ensayamos en un colegio mayor...

Mañana estaremos en un año reluciente y nuevo, que se llenará de cosas parecidas a las del año anterior, buenas y malas... pero eso, será mañana.

Y mañana, será otro año.

Personalmente, mientras hago balance del 2006, como no pienso bien si no estoy haciendo otra cosa, he puesto bonito de nuevo el blog... a ver quién descubre los cambios en la sidebar!
He descubierto muchas cosas este año, sobre mi, sobre los demás y cosas que no sé enmarcar en ninguna categoría, y que son, sencillamente, cosas... Por eso, creo que la mejor denominación que le puedo dar al 2006 en mis archivos personales, es El año de los descubrimientos.

He intentado compartir muchas de esas cosas aquí, y no siempre he logrado lo que quería, pero lo he intentado... Ha habido ratitos malísimos, y momentos malos, pero también ha habido momentos estupendos y ratitos maravillosos. La mayor parte de ellos están almacenados por ahí, en alguna parte, como una inmensa reserva para la melancolía de los años venideros, los que faltan, espero que me los recordeis los demás.

Lo que echaré de menos del 2006:
  • Compañías low cost a casi toda Europa (nota bene, tengo que borrarme de un montón de newsletter)
  • ¡Roma!
  • El gemeil, que va a sufrir un buen parón, me temo

Lo que no echaré de menos del 2006:
  • La enrevesada política italiana y los subsiguientes informes nunca leídos
  • Dar largas explicaciones acerca de por qué el mundo me parece un sitio maravilloso y, en consecuencia, digno de ser visitado
  • El cultivo de setas

Y si 2006 fue un buen año, tengo la sensación de que el 2007 va a ser un año aún mejor...


Mis propósitos de Año Nuevo:

  • Hacer que mi trabajo sea tan interesante que logra enamorarme de él
  • Ver las Américas, y poner a prueba mi visión del mundo
  • Seguir indagando, algún día descubriré algo...


Ahora, a cinco horas del momento D, perdonadme si pongo la famosa canción de Mecano a toda pastilla y hago las últimas felicitaciones del año...

¡Feliz Año 2007 a todos!

viernes, 29 de diciembre de 2006

Directamente


Cuando te miro a los ojos, tengo ganas de llorar por todas las veces que habríamos podido mirar juntos al infinito y diciendo "somos felices, no podemos pedirle más a la vida". Por todas las cosas que no tendrán nunca lugar. Por todas las veces en que habría podido hacerte feliz.
Pero no lloro.
Te miro directamente a los ojos y te miento.
A tí, que me devuelves la mirada sin parpadear.
Me partes el corazón.
Espero que sepas que no serás nunca como todos los demás.
Espero que sepas que las mentiras que se dicen mirando directamente a unos ojos sinceros, son las más difíciles, porque duelen dentro como cristales rotos.
Espero que lo sepas, porque yo no te lo diré nunca.
Y al final, aunque no quede nada más entre nosotros dos, al menos quedará eso.

P.S.(16 de enero, 3:24 a.m.)
Me pregunto si esta noche no duermes, como yo.
Y como siempre, no hay respuesta.

jueves, 28 de diciembre de 2006

Mi regalo de Navidad


Después de x intentonas, y de sufrimiento psíquico sufrido al conducir horas y más horas por la misma ciudad, lo he logrado!! Me voy con el carnet puesto a Guate, que me parecía que no iba a llegar nunca...
Pero llegó (todo llega, eso lo descubrí hace mucho, delante de un plato de acelgas, pero ésa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión), y ahora ya sólo me queda que me den el carnet chiquitín este que dan ahora. Después de toda la vida viendo el sabanón rosa, ahora resulta que me dan otra tarjeta del banco. En fin.
Estába moderadamente nerviosa, pero le ví entrar con una sonrisilla y me pareció majo. Se puso a hablar con la profe y me dijo que no estuviera nerviosa y que fuera siempre de frente (eso lo dicen todos...) hasta que no me dijera otra cosa. Siguió hablando con ella mientras yo seguía recto recto hasta que casi me salgo de la ciudad... y entonces me dijo que a la derecha, y empecé a sospechar que no estaba atento a lo que yo hacía. Me pasé los límites de velocidad, me cambié de carril (pecado gravísimo, porque con la autoescuela tienes que ir siempre por la derecha, a pesar de que por ciudad puedes circular por donde mejor te convenga), no dejé aparcar a un 4x4, hice muy requetebien los cedaselpaso, y no me dejó ni aparcar... al final de examen dijo: es Navidad... y me aprobó!!!
Me fui dando saltos como una loca!!!

A partir de ahora:
- Puedo hacer los stops como me venga en gana.
- No tengo que dejar pasar en los pasos cebra a todas los peatones del mundo.
- No tengo que comerme la segunda fila por circular por la derecha

Hala, ya soy una conductora más para hacer mogollón en los atascos.

domingo, 24 de diciembre de 2006

Tiempo de paz, amor y alegría

Cómo si el resto del año, no fuera igualmente deseable. En esta época, siempre me encuentro un poco dividida entre el cinismo y el entusiasmo. Parece difícil, verdad? Pues no lo es.
Parece que estas tres semanas tenemos que llevarnos todos mejor, y dar dinero a organizaciones benéficas, ser solidarios, llorar con los anuncios de televisión, hacernos buenos propósitos (que duren al menos hasta el primer atasco). Pues me parece una estupidez, porque eso hay que hacerlo todo el año, y no me parece que el que sea Navidad sea una buen motivo para llamar a alguien con quien hace mucho que no hablas (de hecho, es posible que no consigas hablar con esa persona, porque las líneas estén ocupadas). De hecho, qué le dices a una persona en esas circunstancias? Me he acordado más de ti porque es Navidad? No, me llamas porque has cogido una oferta de tu operador, leñe. ¡Te hago la misma falta que hace dos meses (probablemente ninguna)!
Luego las compras, todo el mundo se vuelve loco a la vez, y lo peor es que las rebajas están a dos semanas...
Pero bueno, si la gente dona algo de dinero, o compra los christmas de UNICEF, o los de los Pintores con la Boca y con el Pie, o es más amable la una con la otra al menos estas tres semanas, bueno, algo se habrá hecho, aunque el motivo, sea en sí una estupidez.
Por el otro lado, me gustan las navidades, porque en mi casa son divertidas... Es posible que sea inconscientemente que hacemos siempre las mismas cosas; salir a comprar el ingrediente de última hora que se le olvidó a mi madre, perseguirla para hacerle fotos en la cocina cuando está aún sin arreglar, preparar la mesa más bonita, hacer concurso de tonterías durante la cena, después en nochevieja, no mirar a mi hermano como se come las uvas so pena de morir ahogada (que sería una mala forma de empezar el año), dejar la mesa puesta hasta el día siguiente, levantarse con los ojuelos legañosos a ver el concierto de Año Nuevo de Viena, tomarnos el pelo unos a otros, impedir que nadie encuentre la sorpresa del roscón antes de tiempo, preparar el chocolate, oír decir que es el último año que se compra tanto turrón... esas pequeñas tradiciones familiares que hacen que cada año nuevo, sea a la vez nuevo, y algo conocido. Ah, y mágico.

Así que a pesar de que las navidades son cada vez una cosa más comercial, desde el blog os deseo a todos una Feliz Navidad y un próspero Año Nuevo!

martes, 19 de diciembre de 2006

¿Dónde está la inspiración?



Tengo que escribir mi último trabajo de historia para la uni y no se me ocurre ni siquiera un buen título. ¿Me estoy haciendo mayor, las neuronas no me responden, los nervios me traicionan o soltar amarras una vez más está liquidando mi sentido creativo?
Sea cual sea la respuesta, busquemos la inspiración con más ahínco, no queda otra solución.
¿Será eso lo que me ha quitado las ganas de imaginarme algo? ¿O será que en algunas cosas son tan tristemente realista que no me sale inventarme nada? Esa certeza helada que se insinúa detrás de cada elemento de esta vida, que es el espacio infinito... somos como un puzzle que se construye solo en medio del vacío sideral, sin nada a que aferrarse, como naufragos que buscan algo a que agarrarse en medio del océano.
He visto las imágenes de los pasajeros de Air Madrid tirados por el mundo... qué desamparo.

lunes, 18 de diciembre de 2006

Lo que pasó en el frío

Me fui a comprobar si algo olía a podrido en Dinamarca y a quitarme la espinita de cuando vivía en Alemania... y logré las dos cosas. No detecté que nada oliera a podrido (aunque en puridad para esto habría debido ir a Frederiksburg y no pude ir, quedaba lejos), y me he quitado la espina! Dinamarca ha pasado la prueba.
Llegamos el viernes cortesía de Ryanair y con una puntualidad nunca vista, en un vuelo que resultó estar lleno de españoles juerguistas y grupos de amigos. Por supuesto, al salir, corrimos todos a recoger el coche alquilado, y luego tardamos media hora todos en encontrarlo... es más, creo que llegamos todos a la vez a CPG... pero que quede claro, que no hicimos carreras por la carretera.
Nuestro primer contacto con la simpatía de los daneses fue una gasolinera donde cenamos, y donde la mujer nos explicó la historia de las patatas fritas con aire... Muy buenas, por cierto.
Llegamos a las tantas a CPG, y encontramos el albergue sin mayores problemas. Como la fiesta a la que podíamos haber ido estaba ya muy avanzada, decidimos ir a ponernos al nivel a un bar de los que nos recomendó la chiquita del albergue, y creo que lo conseguimos, investigando los tipos de cerveza navideña y similar del lugar, y admirados de la disposición de los daneses a explicar cosas, después de que una pareja nos hiciera el tour gastronómico y barístico de la ciudad (llegarían a Berlín? es la pregunta que se quedó en el aire).
Al día siguiente, hicimos un poco de turismo, y personalmente, me llevé una grata sorpresa, hay muchas más cosas que ver de las que parece... la verdad es que todo el tiempo me parecía estar en Hamburgo, aunque con las casas cambiadas de sitio. La exateniense nos hizo de comparsa y nos llevó hasta la Lille Havfrue, pasando por el Kastelet, el castillo de Amalienborg (donde vimos el primer incendio del fin de semana), para dejarnos comiendo en el centro. Derrotados, tomamos la sabia decisión de ir a ver el barrio sin ley de Christiania (a ver el mercadillo de artesanía), lugar donde vimos el segundo incendio de la noche (esta vez, un contenedor). Allí, una vez que habíamos tomado la firme decisión de irnos a dormir al albergue un rato para salir por la noche, nos dirigimos a un bar, donde entre cervezas, conocimos la historia de una extraña innuit que había huido de Groenlandia porque había matado a un hombre y de pequeña cazaba un animal por determinar para comer (todo lo cual, entre aullidos, explica que se encuentre allí a estas alturas). Después, fuimos a otro bar, donde nos enteramos de los disturbios de Norrebrod (el barrio estudiantil), y vimos el tercer incendio de la noche. Animados por el encuentro (y pensando que igual nos habían quemado el coche de alquiler, pero sin querer preocuparnos hasta el día siguiente), nos dirigimos al rebautizado Golden Triangle (cualquiera sabe cómo se dice eso en danés), olvidado ya el propósito de dormir... y allí conocimos a unos suecos (Suecia está a sólo veinte kilómetros de CPG por el puente de Oresund) a los que decidimos enseñar la vida nocturna de CPG. Es decir, que acabamos todos bailando a Shakira a las cuatro de la mañana, cantando coros en diversos acentos y haciéndonos fotos con espontáneos.

El domingo lo habíamos reservado para planes variados; ver lo que nos quedase de CPG o irnos pronto para parar en Odense, pero decidimos que era mejor ver algo de CPG, lo cual supuso una visita al cementerio donde están H.C. Andersen y S.Kierkegaard con toda su familia, y un par de vueltas más por el centro... que por cierto, está decoradísimo. Comimos en una minireunión CECO, nos hicimos aún un buen par de fotos haciendo en ganso, y llegó la hora de recoger velas, para irnos corriendo a Billund para montarnos en el avión, y en Madrid, corriendo a coger el bus para llegar a Legio VII, en un viaje alucinante de más de dos mil kilómetros.

Resumen:
  • El suelo de CPG está lleno de guantes.
  • Los nórdicos son ordenados hasta cuando queman contenedores.
  • La vida nocturna de CPG es insospechadamente parecida a la de Madrid.
  • Los daneses están obsesionados con los corazones.

jueves, 14 de diciembre de 2006

Compte a rebours encore une fois

Bueno, una vez más, se acerca la hora decisiva. Nada será de verdad hasta que me suba al avión (o no, puede que se haga verdad antes, nunca se sabe). Queda un mes para el viaje.
De nuevo una cuenta atrás.

Y mientras tanto, no creo que la espera se me haga larga, fiestas mediante... para empezar a animarme, mañana me subo a un avión de camino a Dinamarca. A ver si es verdad que la Sirenita del puerto tiene esa carita tan triste que se ve en las fotos. Y a comprobar si nuestros enviados al norte se quejan de vicio o con razón del frío. Además, nos vamos en los días más cortos del año, para que no se diga que no somos valientes!!
¿¿Dios mío, cómo meto tanto jersey en una bolsa de mano???

En realidad, había pensado dedicar este próximo post a dos noticias de esta semana, la muerte de Pinochet y la noticia de marras en Bélgica, pero he hablado de las dos cosas con mucha gente, y ya he expresado mi opinión suficientemente como para ser capaz de resumirla brevemente. Sobre la primera, decir que el tipejo era una reintegro de nuestra necroporra, lo cual quiere decir que tenía un pie en la tumba. Pero siempre decepciona cuando la vida demuestra ser de verdad injusta y no coloca a cada cual en su sitio. Lo siento por Chile, que no ha podido reaccionar a tiempo (que lo ha tenido) para demostrar que se puede limpiar la conciencia. Lo siento por las víctimas, que no verán reconocidas sus acusaciones. Lo siento, porque no se ha podido sentar un magnífico precedente, aunque si se hayan abierto puertas. Y lo siento, porque es el segundo acusado de crímenes de les humanidad que escapa a la justicia este año. Menos mal que quedan solo quince días.
Sobre Bélgica, me quedo sin palabras... Recuerdo cuando, todos sentados alrededor de una mesa en los ya lejanos días de Perugia, le contábamos al resto de nacionalidades allí presentes, que en España por el día de los inocentes, los medios de comunicación cuelan alguna bola entre las noticias normales (y entre tanta tergiversación, lo cierto es que cuesta distinguir). Todos nos miraron horrorizados.
Será que no hay que tomarse las cosas tan a pecho, digo yo.

Te mentiré y te traicionaré



Algunas veces, querer a alguien significa tener que callarse (y tragarse entero, crudo y sangrante) lo que uno querría decir a gritos (aunque eso no quiere necesariamente decir que, de intentar gritarlo de verdad, fuera a salir de la propia boca algo más que un murmullo confuso o una retahíla de palabras sin sentido).
Esta es, sin duda, una gran verdad digna de alguna serie de televisión.
Curiosamente, resulta ser, a pesar de todo, una verdad. Resplandeciente, estupefaciente y simple, como todas las verdades. ¿Se trata de lo que los demás no saben de uno mismo, o de lo que los demás callan sobre uno mismo? ¿Dónde van todas esas (ingente cantidades, millones de ellas) mentiras "blancas"? Es tan malo llevar a cuestas una mentira como una verdad no dicha, al final, pesan casi lo mismo.
Arriesguemos todo en una ocasión final, pongamos toda la carne en el asador, agarremos el toro por los cuernos, liquidemos el asunto, zanjemos la cuestión. Y si aún así no logro encontrar la palabra exacta que obrará el prodigio, si tus ojos me devuelven la mirada de esa forma indescifrable una sola vez más, si el gesto no se coordina milimétricamente formando la coreografía perfecta, y si, al final, la vida impone su consabida realidad prosaica, me resignaré a esta estúpida verdad de novela barata y seguire callada, observando todo con los ojos cada vez menos brillantes.
Mientras tanto, clavaré mis ojos en el cristal deseando con toda la fuerza de que soy capaz en este momento, que veas algo más que el simple reflejo.
He tenido miedo, aún lo tengo.
Y jamás sabré si has visto el reflejo, o has visto algo más que no me dirás nunca, porque a veces, cuando se quiere a alguien, es mejor callar.
Hoy me han dicho que soy valiente, pero el hecho es que no sé si lo soy, porque aún no he pasado la prueba de fuego. Sin embargo, ya noto esa frialdad dentro del alma, esa sensación de momento decisivo, crucial e inevitable. Mis ojos atentos, cada vez menos brillantes, serán los testigos mudos del resultado de la prueba.
He callado y he mentido ya tantas veces, a los demás y a mi misma, que una vez más, no puede pesar tanto en el cómputo total.
Seguiré sonriéndome, tal vez de forma taimada, pero sé que este juego del ratón y el gato no diurará eternamente.
Aunque una voz me dice, desde las sombras, que habría sido bueno confiar por una vez, olvidarse de las señales y del camino y hacer parada y fonda, para dejar de correr en pos de algo desconocido...
No importa, porque tampoco la voz durará eternamente.

lunes, 11 de diciembre de 2006

Siete de diciembre, un metro.

Siempre pienso (medito, reflexiono, examino, disecciono) en los medios de transporte. Siempre se me ocurren las cosas que no debería decir, o las que tengo de decirle a alguien, las cosas que contar, o las que tengo (imperativo, I MUST, ICH MUSSE, DEVO) que escribir en el blog. A veces no, a veces me dedico a observar a los demás y a intentar extraer alguna conclusión general de la vida. Trabajo inútil, pero que recrea... eso lo hago cuando llevo música y voy vocalizando las letras (porque cantar, yo sólo canto ya debajo de la ducha, donde el agua impide que me oiga bien. Reconozco que esta mañana lo hice porque estaba de buen humor.)


El caso es que ahora, y por segunda vez gracias a S, puedo anotar lo que se me ocurre en estos medios de transporte, bajo la discreta mirada de soslayo que me dirige mi eventual compañero de asiento, que probablemente intenta descifrar si escribo una novela (interesante), mi diario íntimo (aún más interesante) o la lista de la compra (carente por completo de interés). Decepcionémosle pues:


  • suavizante para la lavadora

  • lechuga y tomate

  • una barra de pan (en toda bolsa de la compra que se precie)

  • té verde (que es buenísimo para todo)

Efectivamente ha dejado de mirar de soslayo. Está bien, no le culpo, yo haría lo mismo. En realidad, escribo todo esto porque se me olvidó el libro en casa, que siempre se puede leer por encima del hombro ajeno de forma mucho más cómoda, absorto como está quien lo lleva por su lectura.


Da igual cuán lejos me vaya, y aunque viva al lado del trabajo, me gustan los trayectos en metro. Los mismos bostezos todas las mañanas, y todo un muestrario de humanos a nuestra disposición para estudiarlos...


...aunque a veces ocurren cosas inquietantes. Se me ocurrió en el último trayecto, que en realidad, hace mucho mucho tiempo que tomé mi decisión. Sería incluso capaz de precisar cuándo la tomé. Está en mi interior, tomada, tan reluciente como cuando se me ocurrió como la solución a un problema. E inconscientemente, sigo sus consecuencias... intento acercar y alejar a la gente de mi en función de aquella decisión, sin darme cuenta de por qué lo hago, como si hubiera olvidado aquel momento.
Aunque tal vez, sólo tal vez, alguien recuerda por mi que la tomé.
Alguien que se queda en la sombra, sin salir.
O tal vez no.


martes, 5 de diciembre de 2006

Lost & Found


Leemos para saber que no estamos solos, reza el marcalibros que me regaló S antes de que me fuera a la Ciudad Eterna. A veces es verdad, leemos para saber algo de los demás.

Aunque a veces no, a veces leemos para saber algo de nosotros mismos (y no estoy pensando en los libros de autoayuda), o para saber que no somos los únicos que pensamos de determinada manera.
Pero, y esto tampoco son palabras mías, sino de Michael Ende, no se puede comprender la pasión por la lectura si no se han pasado horas y horas sentado leyendo un libro, sin darse cuenta de que se estaba uno quedando helado, o quien no haya leído en secreto debajo de la manta y a la luz de una linterna, porque una persona mayor, con buena intención, le haya dicho que era hora de dormir, o quien no haya llorado nunca al final de un libro, porque se acaba y tenemos que decir adiós a los personajes, y nada volverá a ser nunca igual.


A mi personalmente, como víctima de la pasión de la lectura, me gustaron siempre las historias. Aunque a estas alturas de la vida, ya he aprendido a leer de todo, incluso sin aburrirme (ah, aquellos libros de Derecho Administrativo, que con sólo abrirlos ya entraba modorra), y he desarrollado la nunca bien ponderada técnica de la lectura diagonal, lo que de verdad me hace aún abandonarlo todo (si, todo) y sumergirme en la lectura, es una buena historia.
Así me encuentro igual releyendo Matar un Ruiseñor, que leyendo los libros de Harry Potter como una posesa, y esperando a que salga el séptimo y último de la entrega, y por la misma razón, estoy enganchada como una becerra a la serie Lost, que reúne todos los elementos de misticismo, misterios, frases archielaboradas, amor y aventuras que siempre me gustó encontrar (aunque le falta el componente esencial de ponerle imaginación propia a los personajes, qué se le va a hacer; como a todas las películas, ojo).

Habrá quien me tache de comercial, pero no me importa ni lo más mínimo...
Después de muchas pruebas, y de años de elegir los libros por el título, sigo convencida de que los libros (los libros, no las novelas solamente) se dividen en dos clases: los que fueron escritos porque el autor necesitaba decir algo, y los que fueron escritos para ganar dinero.
No importa que los primeros además generen dinero, pero los segundos son casi siempre infames.

Por otro lado, creo que es mentira que en este mundo existe una vasta tonalidad de grises. No, las cosas son blancas o son negras ¡lo que cuesta es saber distinguirlas! Todas las tonalidades fueron inventadas por quienes querían tergiversar algo, seguro. En las historias de los libros, se puede observar este blanco y negro (de hecho, es negro sobre blanco, perdonad el juego de palabras), porque las vemos desde fuera, objetivamente. Casi como quien examina la vida de otra persona... y lo mismo que hay vidas fáciles y vidas difíciles, felices y tristes, hay libros fáciles, difíciles, felices y tristes.

Mientras escribo estas líneas, miro con cariño mi pequeña biblioteca. No me compraré una casa, probablemente, pero si me la comprara, haría en ella una biblioteca, para que estén bien colocaditos por idioma, color y por el orden de cuánto me gustaron. Pero, esto es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión.

Hoy pasó:
- Por fin me dijeron que los papeles de la segunda fase estarán listos la semana que viene. My God! I can't believe it!
- Estoy seriamente pensando en doblar las entradas del blog al inglés, pero probablemente eso haría que fueran más cortas... no puedo enseñar español a todos mis amigos no hispanoparlantes!! Mientras medito, nos conformaremos con el Google translator...