miércoles, 22 de abril de 2009

Strangers in the night

Las frases hechas son frías.
Son frías las mires como las mires, quien las usa busca poner distancia de una manera o de otra; busca poner distancia porque no le gusta lo que ve, porque no sabe qué decir, por mil razones, pero es una carrera psicológica en dirección contraria a la de quien la recibe.

Todo irá bien (esta me la digo mucho a mi misma).
Te quiero como amigo (tengo un amigo especialista en ésta).
No eres tú, soy yo (y otro, especialista en ésta).
Porque lo digo yo (la muy manida explicación que implica: se acabó la discusión).

Pero estas frasecillas, también tienen su lado bueno, no las denigremos tan rápido. También sirven para no escuchar lo que uno, en el fondo, no quiere oír, con la ventaja de que son muy fáciles de malinterpretar (y eso da paso a horas y horas de desencaminados/desencadenados pensamientos).

Tenemos que hablar (sin comentarios).

Estas frases son como el hilo musical de los ascensores, sin compromiso... igual entras en el ascensor a las siete de la mañana y están tocando la banda sonora de la guerra de las galaxias, que love story, sin ningún tipo de consideración hacia los sentimientos de los usuarios. 
Ayer cuando entré en el ascensor por la mañana, estaban tocando Strangers in the night tararariara, nananananáaa hmmmmm... cuántas veces habré oído esa música mientras llegaba tarde al trabajo o no llegaba nunca a mi casa después de una fiesta, y cuántas horas de ella me ha ahorrado el Lilithmóvil... Sin embargo, lo he intentado, y no puedo odiar esa canción...  me conformaré con odiar sólo su versión instrumental...

sábado, 18 de abril de 2009

Sin comentarios

Según la RAE;

optimismo

1. Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable.
2. Doctrina filosófica que atribuye al universo la mayor perfección posible.

No creo que el mundo sea un lugar perfecto, mucho menos el universo entero. Quizá con el matiz de la mayor "posible", tendría un pasar. Pero no, el mundo no es perfecto ni remotamente. 
Así que me quedo con la primera definición. A pesar de que, en realidad, la primera versión también es un poco complicada de asumir. En modo favorable. ¿Favorable a quién? ¿Favorable a la cosa? ¿Favorable al mundo? Porque favorable a uno mismo, la verdad, pocas veces. La mayor parte de las veces lo único que hay es una decepción inmensa. 

Lo bueno, mirando el lado positivo, es que ya me sé la serie entera. Sólo hay que tener paciencia... decepción, tristeza, vacío... y después, un día habrá acabado todo. Mientras tanto, sólo hay que meter la cabeza debajo de la almohada. 
Qué idiota, y yo que me lo había creído de verdad. 
Como siempre.

Señores académicos, desde este humilde blog hago una petición: en la próxima edición del diccionario, por favor asegurénse de la exactitud de la lengua de Cervantes, y mejor cambien la definición a: Propensión, en ocasiones descabellada, a ver y juzgar las cosas en su modo más favorable, y que en la mayor parte de las ocasiones acaba en decepción y tristeza. 


Siempre acabo volviendo al único punto fijo que conozco, como si escribir las palabras fuera a lograr que de verdad el mundo fuera más perfecto; pero no lo es. Como una compulsión de definirlo todo como si fuera excepcional antes de que vuelva a sumergirse en la profundidad de lo cotidiano y lo intrascendente. Esperando alguna vez, no ser la única que lo entiende... pero nunca hay nadie.

jueves, 16 de abril de 2009

Inshallah

En uno de esos ensayos que escribía el Arquero cuando todavía no era el Arquero, o lo era, pero de incógnito, recuerdo que hablaba de desapariciones, y las calificaba como peores incluso que la muerte a efectos de derechos humanos. Me perdonará el ilustre personaje que no me acuerde de la cita textual (espero comentario al respecto cuando tengas un minuto, chato), pero el razonamiento era algo así como que de hecho, la desaparición va un paso más allá que negar el derecho a la vida (uséase, matar), porque niega el derecho a existir. Quien está muerto, es susceptible de ser recordado, pero quien no existe, ¿cómo va a ser recordado? Ni eso, le dejan a la familia. Los desaparecidos no tienen ni el derecho de convertirse en fantasmas de verdad. 

Las desapariciones son escalofriantes. No me refiero sólo a las desapariciones sistemáticas, por motivos políticos, que constituyen un crimen de lesa humanidad. Esas, demuestran lo bajo que pueden caer los seres humanos, y me hacen preguntarme qué demonios tiene este animal estúpido que se empeña en hacerle la vida difícil a los congéneres, y si no sería mejor que nos extinguiéramos de la faz de la tierra (que ya la tenemos bastante hartita también).
Me refiero también a las desapariciones casuales, de una persona. A las que trataba el famoso (notorio, si me entendeis y tolerais la referencia al inglés) Lobatón en aquel programa que abrió las puertas a una televisión aún peor que la que teníamos, con los dichosos realitichows. A las ocasiones en las que un amigo, un vecino, un colega, un compañero, un novio, un marido, un padre, un hijo, un abuelo, o todas esas cosas a la vez (y con /a en todas ellas, por la igualdad de género aparente) simplemente desaparece de la faz de la tierra, se borra sin dejar huellas como si nunca hubiera existido. Sin razón aparente. La línea de las acciones cotidianas sigue su camino hasta que de repente, llega a un final abrupto, en el cual no hay nadie esperando. No hay puntos suspensivos, sólo queda el borde de la cinta, cortado con unas tijeras. Y un gran interrogante. 
No hay consuelo posible para una familia que no sabe dónde está la persona que ha desaparecido. No hay dolor suficiente para llorar a alguien que no se sabe si sigue vivo o no.
No hay nada peor que la incertidumbre, porque la imaginación es una tortura. 

Casi todos los días vamos a comer o a cenar (o lo que sea a las seis de la tarde, me matan los horarios de estos angloparlantes) al mismo restaurante, donde charlamos con los camareros y los cocineros (que dicho sea de paso, son una bandada de muchachos muy simpaticones ellos y con un francés particular). El otro día nos contaron que uno de los chicos (de la misma quinta que ellos) que trabaja en una haima al lado de la de ellos, simplemente ha desaparecido. Salió a buscar a un amigo suyo que llegaba, y nunca llegó al lugar de la cita. Más allá de la (justa) indignación que siempre había sentido por estos temas, y la simple empatía que me provocaba aquel malhadado programita (sed comprensivos, tenía yo doce años, a la sazón), nunca había visto tanto dolor en los ojos de alguien como en los ojos del padre de este chico, que nos explicaba (traducción mediante) que no sabe qué hacer y a quién acudir, porque la policía no le encuentra. Que él que cree que está muerto, pero que no sabe qué le puede haber pasado... Le hemos dicho que si hay algo que nosotros podamos hacer... aunque no lo haya... Han pasado diez días. Todavía es posible que el chaval aparezca. Inshallah.

miércoles, 15 de abril de 2009

Bloqueo de escritor

Vaya. 
Hace muchos días que no escribo, pero esta vez es porque tengo un bloqueo de escritor... en varios sentidos:
- Estoy en Argel hasta que me den mi acreditación y mi permiso para ir a Tindouf, con lo cual vuestra fiel escritora está literalmente bloqueada aquí. No que me queje, porque la ciudad es interesante y estoy segura de que hay muchas más cosas que hacer de las que va a haber en el desierto, jaja. Pero estoy deseando empezar y esto sólo es una parada intermedia; un mes y medio de limbo y contando... 
- Estoy monotemática, lo sé, pero creedme que no es culpa mía. Yo soy una persona multidisciplinar y multitarea, y multi lo que querais, pero a veces, hay algo que tapona todo lo demás. Me imagino un embudo lleno de pensamientos atascados porque hay uno en particular que se ha endurecido en la salida... después saldrán desordenadamente. Hasta que no logre definir eso, no podrá hablaros de Argel y su centro enmarañado, con calles largas y serpenteantes con pendientes de pesadilla (que no de ensueño). Y lo malo, es que eso no depende de mi... así que c'est la vie. 
- Estoy bloqueada con las palabras; noto las sinapsis crecer y las neuronas ponerse más contentas cada día; es cansado pasar del inglés al francés, del francés al español, incluso del español al italiano... debo estar haciendo unas mezclas dignas de registro y estudio posterior. Pero no siempre salen las palabras que busco, todavía me queda por dominar un poco el asunto. 

Así que lo único que os puedo contar es que antes de despertarme a esta mañana de jueves-sábado maravillosa en la ciudad blanca, es que acabo de soñar con una fiesta. Es más, estábamos preparando una fiesta, quitando sillas de en medio, poniendo platos de comida, asegurando el uso de los baños... no era mi casa, era una casa llena de azulejos de colores y de ventanas al exterior. Justo antes de depertarme, uno de mis amigos de la universidad me ha preguntado: "pero, por qué damos esta fiesta?"
No lo sé, a lo mejor para limpiar la casa después. 

martes, 14 de abril de 2009

El síndrome de Rebeca


Parece que no hay mucho acuerdo acerca de si el síndrome de Rebeca lo sufre quien llega como segundas nupcias a una relación y no se siente capaz de ocupar el espacio del ex, o quien busca reemplazar su ex de manera compulsiva... 
Afortunadamente, lo que está claro es que semejante personaje, se merecía un síndrome por lo menos, si no dos o tres... y no sólo el nombre de una prenda de vestir, que por muy estilosa que sea, no la llevaba Rebeca, sino esa extraña y asustadiza protagonista de la cual no sabremos nunca el nombre. 
Yo estoy casi convencida de que se llamaba Mary, que es el nombre standard de las angloparlantes. 
Pero eso es otro asunto.

Una voz profunda. 
Un gesto a medias. 
Un problem solver.
El comentario inteligente que alguien estaba esperando. 

Son siempre las mismas cosas, la verdad. Y pensar que nunca cambia, y que es tremendamente difíficil decidir qué es lo que no funciona. Y del otro lado, cuando el error quede al descubierto, ¿dónde se habrá ido el interés de cada historia?

miércoles, 1 de abril de 2009

Pensamientos circulares de martes por la noche

A veces las cosas no salen como uno las planea. Bueno, mejor dicho, las cosas no salen casi nunca como uno las planea. Bueno, mejor dicho, las cosas salen como les da la gana, y transcurren de manera paralela a como uno las planea. Podría seguir autocorrigiéndome hasta el inifinito, y no mejoraría la certeza de lo que digo, porque lo que intento decir es que sabes como empiezas, pero no como vas a acabar el día. Es un hecho. 
Podrías acabar siendo multimillonario. 
O podrías estar muerto antes de la cena. 
Pero también podrías haber pasado un día anodino más, siendo esta la más aburrida de las tres opciones. 

Dicho lo cual, paso a contradecirme (después pasaré a preocuparme, vereis que hoy tengo toda mi entrada preparadita y estructurada mentalmente), porque hay cosas que las ves venir. Hay cosas que sabes que van a salir mal por mucho que te esfuerces. Da rabia, porque siempre queda el ¿y si? Pero en el fondo, fondo, estás acumulando evidencia contra tí mismo. Y cuando sale mal definitivamente, te dices: te lo dije. Y te odias por ello. 
Suena un poco a doble personalidad, pero no lo negueis, estoy segura de que todos lo hacemos. 

Y ahora es cuando me preocupo, porque personalmente tengo una particular habilidad para meterme en situaciones que sé que no van a funcionar, pero aún así, lo intento. Y como me miento tan bien, acabo creyéndomelo. Lo cual hace, según el texto de los párrafos anteriores, que las cosas no sólo no salgan bien, sino que adeás me parece que se han ido por donde no era... conclusión: negar la realidad no sirve para nada, porque siempre nos alcanza y nos pega un buen bocado en el culo (si he dicho culo, porque trasero no me parece una palabra seria).

Es un poco como darse cabezazos contra la pared. Y como no aprender de los errores; como cuando por la mañana, después de una fiesta monumental, hay una voz moribunda en la  cabeza que te dice: no vuelvas a probar nunca más el alcohol, en tu vida. Y te imaginas hermosas mañanas de sábado y domingo sin dolor de cabeza y sin querer estrangular a cuanto ser vivo sobre la faz de la tierra hace ruido... Pero al sábado siguiente, esa sensación es un mero recuerdo y caes en el mismo error. Cabezazo tras cabezazo. 

Cada uno tiene su error particular. Hay quien sistemáticamente confía en quien no debe, o quien tiene la boca tan grande que siempre hace daño sin querer. Hay quien se deja siempre llevar por las apariencias, o piensa que lo sabe todo. Yo personalmente, doy tantas cosas por sentadas, que acabo invariablemente pidiéndole peras al olmo. Y siempre espero que sea un peral. Es posible que algún día lo sea... y aquí es donde empiezan los pensamientos circulares.