lunes, 31 de octubre de 2011

Qué decir o cómo decirlo

Hay que elegir entre decir cosas concretas o decir cosas de cierta manera. Escribiendo, es igual, sólo que más difícil, porque las palabras se quedan ahí, mirandole a uno, como burlándose del contenido con el que uno ha querido llenarlas, o del sonido que uno ha querido imprimirlas. Lo que en tu cabeza sonaba estupendamente de repente está ahí, en el papel (o en la pantalla), como la muestra palpable de la imperfección con la que tu mente ha transformado una idea o un sentimiento.
Debe ser un síntoma normal, pero me fastidia, la verdad.

lunes, 17 de octubre de 2011

Tres tazas de caldo

Porque cuanto más odia uno las cosas, más le caen encima.

Mi mayor fuente de stress en la impaciencia; me estresa tener que explicar las cosas mil veces, me estresa tener que esperar a que la gente haga cosas, me estresa tener que volver a hacer cosas que estarían bien hechas si lo hubiéramos hecho bien desde el principio (y de esas tres, os podeis imaginar que mi fuerte no es el trabajo en grupo y que el staff que superviso aprende rápido o se pasa la vida asustado), me estresa enormemente depender de los demás y esperar a que pasen cosas.

Y claro, la vida, que es irónica como ella sola, cuando no quieres caldo, te da tres tazas de caldo espesito y calentito (aunque como en mi caso, estés a más de 30 en otoño).

Parece que desde el mes de agosto se nos ha contagiado esta situación de limbo de la dimensión paralela: no hay papeles, no hay casa y no hay destino.

Son tres noticias enormes, y no sé si es que están esperando detrás de la esquina o qué. Después llegaran las tres juntas, corriendo y habrá que hacerlo todo deprisa y corriendo, sufriendo, como siempre (y por eso me estresa esperar), los efectos de los demás.

Ay, paciencia, qué virtud más cara.