jueves, 26 de febrero de 2009

A kiss is just a kiss...


Tengo tantas cosas que decir, que no soy capaz de escribirlas.
Creo que hasta ahora no crei de verdad que me iba a ir. Hoy, que he revisado mecánicamente que no hubiera nada mío en el Lilithmóvil. Hoy, que las paredes de mi casa, ya están vacías. Hoy. que mi casa ya no es una casa, sino el apartamento que ira cuando llegué.
Mañana se llevan las cosas. Mañana empieza el viaje. 
No volveré a pasar por esa calle, no volveré a pasearme hasta casa bajo los jacarandás, no volveré a asustarme por la mañana por las noticias de la prensa.
El reto empieza más tarde, ahora sólo hay miles de cosas que hacer y la sensación de que es la última vez para cada una de ellas y de que esto es tiempo regalado.

You must remember this 
A kiss is still a kiss, a sigh is just a sigh 
The fundamental things apply 
As time goes by 
And when two lovers woo 
They still say, "I love you" 
On that you can rely 
No matter what the future brings 
As time goes by 
Moonlight and love songs 
Never out of date 
Hearts full of passion 
Jealousy and hate 
Woman needs man 
And man must have his mate 
That no one can deny 
it's still the same old story 
A fight for love and glory 
A case of do or die 
The world will always welcome lovers 
As time goes by
Moonlight and love songs 
Never out of date 
Hearts full of passion 
Jealousy and hate 
Woman needs man 
And man must have his mate 
That no one can deny 
it's still the same old story 
A fight for love and glory 
A case of do or die 
The world will always welcome lovers 
As time goes by

sábado, 7 de febrero de 2009

Yo si, pero tú no


Estoy convencida de que este principio es algo inherente a la persona, porque desde pequeñitos, los niños (los que tienen hermanos, claro) saben que ellos mismos le pueden decir idiotas a sus hermanos, pero los demás, no pueden.
He ahí el gen de la intolerancia, en su estado puro. Y a diferencia del egoísmo, que uno siempre trata de reprimirlo en los niños pequeños: no, Juanito, tienes que compartir, tienes que ser bueno... el de la intolerancia casi nadie lo controla. Así, mucha gente crece y se queda así para siempre. Y este tipo de características, que sirven de marco para ver el mundo, ya no se desinstalan después de los seis años. No tiene caso. 
Pero no pasa nada por ser intolerante, porque al final, cada uno es como es. Es igual que quien es egoísta. Lo importante es que los demás se den cuenta y actúen en consecuencia, porque a las personas, pues hay que aceptarlas como son, queridos amigos y vecinos. 

Lo malo, es cuando el intolerante en cuestión, se disfraza de tolerante. 
Entonces es cuando me hierve la sangre. 
Porque al menos, yo, lo reconozco, que soy intolerante, y lo mío me cuesta mantener mis posturas. Y esto tiene mucho que ver con un tipo nuevo de persona que he conocido aquí, en Guatemala, y que esttá casi tan definido como el dependiente psicológico, y que es "el auténtico". Este tipo de persona es un de las muchas variedas de tolerante intolerante que uno se cruza en la vida, y uno de sus hábitats naturales es la cooperación (ahí, he encontrado dos variedades: la "voyasalvarelmundo" y la "ecologistanarquistafeministavegetariana"). 

Antes que nada, aclarar mi más profundo respeto hacia las creencias de cada uno, y la forma en que se relacionan con el mundo... a mí, personalmente, mientras no me intenten evangelizar, y no comentan crímenes (que no delitos!), no me importa demasiado en qué crean o qué apliquen.

Primero, qué es un auténtico. Es una persona que llega, generalmente de un país desarrollado (y cuando más desarrollado, más acusada es la autenticidad, aunque no lohe probado aún) a un país en desarrollo, y pretende, después de haber pasado su vida en las condiciones más burbujerescas que hay, vivir como el habitante medio (en los casos más exagerados, como el que vive más bien por debajo de la media) del país en cuestión. 
Por ejemplo: 
- llega a la Ciudad de Guatemala y se va a vivir a la zona 1, contra todas las recomendaciones de seguridad, y va y viene del trabajo en bus. Esta fase dura, generalmente, hasta que le dan un buen susto. 
- se va a meter a las comunidades zapatistas, o a las comunidades indígenas del altiplano guatemalteco, o a un poblado en el medio de la selva brasileña, adopta las costumbres, se pone sus vestidos y hasta aprende su idioma. Pero de vez en cuanto, se va a oxigenarse a otro sitio, hace fotos durante la estancia, y cuando se va, predica a sus amigos de la paz interior que le ha dado hacer semejante viaje. Que es lo que es, porque nadie se queda allí a pringarse las manos de verdad, eso lleva demasiado tiempo. 
- critica (más o menos veladamente, por supuesto, lo más molesto son las críticas veladas) a lo que le rodean, porque viven bajo otros principios, pero en el fondo, se aprovechan de ellos. Por ejemplo, no pongo internet en casa, vivo del  tuyo, y vivo en la mejor zona, cerca del trabajo, pero me gustaría vivir en otra, con los guatemaltecos de verdad (de lo cual se infiere que los que viven en la mejor, son de goma, y desde luego, son una cruda realidad!). 

Hay una larga lista de etc... pero después de meses de observación, he descubierto cuál es la pregunta que saca a relucir si el auténtico es un auténtico de verdad. Si uno ha llegado hasta aquí, sabe idiomas, ha estudiado, ha viajado, uno tiene un cierto standard de vida. Reconocer que uno para vivir a gusto, necesita ir al cine de vez en cuando, leer buenos libros, poder hablar con sus amigos y su familia por internet, y a lo mejor, hasta comprar cosas: no puedes negar tu pasado, y si lo niegas, estás mintiendo, al decir una cosa y hacer otra. 

Lo que más me ofende de este grupo de personas, es la falta de respeto hacia los demás. No sólo hacia la desgracia ajena, sino hacia los demás en general. Están tan metidos en su autenticidad, que no piensan que ésta no tiene nada que ver con la realidad que les rodea. No se molestan en comprenderlo; no les interesa saber por qué muchos guatemaltecos emigran a Estados Unidos, sólo critican la decisión como una influencia del imperialismo. 
Cuántas energías desaprovechadas. 

Este año, las fiestas navideñas las hemos pasado lejos de las tonterías habituales de las fiestas y el alcohol, en un caracol zapatista... 
Diseccionemos: las fiestas navideñas, que aunque uno sea ateo, las vacaciones, son las vacaciones. Las tonterías habituales, que también deben incluir reunirse con la familia y ver a los amigos una vez al año, claro. Las fiestas y el alcohol... y sin embargo, yo os prometo que al autor de estas líneas lo he visto yo en una macrofiesta bailando con unas cuantas copas encima... debe ser que en nochevieja está mal, pero cualquier otro sábado no... 

El segundo grupo de auténticos es ligeramente diferente. Generalmente, son menos exagerados que el primero en cuanto a mimetizarse con su ambiente, aunque al principio lo intentan. El problema llega cuando intentan aplicar sus principios a la realidad en la que viven (que no digo yo, que en los países hiperdesarrollados no funcione). 
Estos principios, además, suelen ser, salvo raras excepciones, un pack de ideologías que se venden todas juntas (a lo Chomski) y de la manita, sin transición y aturdiendo al receptor, que no tiene ni tiempo ni ganas de cuestionárselas. 
Mi opinión respecto a este grupo es que los dejemos aturdirse entre ellos mientras los demás intentamos hacer algo más o menos productivo. 
Qué ideología? Ecologismo, anarquismo, feminismo, da lo mismo. Empezaré por el vegetarianismo, porque el orden de factores no altera el producto. 
En un país sin standares de higiene ni de saneamiento, comer sólo vegetales, es abiertamente peligroso. De hecho, aún no he conocido un caso de vegetariano sano. Por supuesto, cuando uno dice algo así, los tolerantes-intolerantes en seguida empiezan a decirle a uno que comer filetes sangrientos todos los días no es sano. Pues no, estoy de acuerdo, las cosas en exceso no son buenas. Y seamos sinceros, comer plantitas todo el tiempo, pero tener que tomar pastillas de proteínas para compensar, no me parece nada natural. Las personas son omnívoras, es lo que tenemos los grandes depredadores. 
Está bien, si uno es vegetariano con fundamento, pero me matan los vegetarianos que no comen carne de animales torturados y asesinados. Las pobres plantas, como no chillan, no sufren; plantar un montón de lechugas en fila para comérselas, es aún más cruel! Y lo más gracioso, es que esas personas seguro que no quieren  tener insectos en casa. Sabeis lo que hace el insecticida? No envenena a los bichos, porque eso sería peligroso para las personas; ataca su sostema nervioso hasta que los paraliza y entonces se asfixian. Me parece una muerte muy cruel. Pero como son bichos, y tampoco chillan, no sufren.
Por no hablar de los cultivos orgánicos. Debo confesar que antes, no sabía nada de agricultura, pero con mi trabajo, he aprendido un montón. Y ahora que sé lo que significa un cultivo orgánico en este país, a no ser que conozca el lugar, prefiero abonos químicos... en serio. Y no voy a entrar en detalles para no herir susceptibilidades (este siempre ha sido un blog con clase). 

Esto va de la mano con el ecologismo, claro. El hecho de que reciclar y ser ecológico es de ricos, no se le ocurre generalmente a estas personas. Separar la basura está muy bien como práctica, pero pensemos que es más bien cómodo para las familias que, desgraciadamente trabajan en el basurero, que se vana  encontrar las latas de cocacola todas juntas. Generalmente, además, es una cosa de ricos porque es más cara... eso, no lo piensan. Hay muchas cosas que se pueden hacer por el medio ambiente sin frustrarse, pero no puede uno intentar cambiar el país de un día para otro, porque, al menos Guatemala, tiene problemas más urgentes (verbigracia, la violencia). 

Y caemos en el machismo. Pues claro que es un país machista; pero ese es un cambio de actitud que aún no hemos logrado en Europa, que llevamos cien años con la lucha. Aquí no vas a conseguir nada siendo una exagerada... o peor, vas a lograr que se rían del tema. Las mujeres tienen problemas de verdad, que van más allá de que una feminista loca las llame miembras de su consejo comunal de desarrollo. 

Ejemplo real: No quiero usar la secadora porque gasta mucha electricidad, ni comprar a una multinacional, ni comer demasiada carne, que el ganado genera gas metano... pero me quedo en tu casa, donde hay veinticinco mil bombillas encendidas, siempre teneis pizza de Pizza Hut y cuando hay de cenar, ceno. 
En realidad a eso no se le llama autenticidad, se llama tener la cara dura... pero eso toca otros temas, es harina de otro costal, y materia de otro post.  

Este segundo grupo, es más que nada un torrente de energía desperdiciada... a veces, al hacerse un poco mayores, logran ver un poco más de su autenticidad y dedican sus esfuerzos a actividades más productivas. Algunos, se quedan como hippies para siempre, y acaban yéndose a Ibiza.

Todo esto, para declarar que me molesta profundamente que alguien venga a mi casa y me critique porque me compré un coche (por cierto, acabo de circular el anuncio de venta del Lilithmóvil, sniff), o porque como carne, o porque vivo donde vivo, o porque no reciclo, o porque intento aceptar las cosas que no puedo cambiar, y sólo hago esfuerzos para cambiar las que puedo cambiar. Todo esto, porque yo sí soy intolerante, y por eso me permito criticar lo que me parece la tontería ajena, pero el que es tolerante, no debería criticar las tonterías de los demás. Porque tonterías, tonterías, hacemos todos. 

viernes, 6 de febrero de 2009

Preguntas molestas, respuestas felices


No es que me sienta más apreciada desde el día que entré en el despacho de mi jefe y le dije que me iba... (y se lo dije de verdad, sin acritud, porque me han ofrecido mejor trabajo, no porque esté cansada y me haya liado la manta a la cabeza). Pero es raro que todos los días al menos una persona te diga: no te vayas, no?
Igual en algún momento digo: venga, vale. No me voy. Me quedo aquí.
Es extraño saber que eso no va a pasar. Creo que llevaba mucho tiempo sin vivir dos años en el mismo lugar.
Y mientras, los de la obra de enfrente se empeñan en aclimatarme al desierto levantando polvo sin cesar.

Pero en otro orden de cosas, para variar, no era esto de lo que quería escribir. De lo que quería escribir es de cómo cada uno lidia con la incertidumbre del mundo. Hay una manía que me llama la atención en especial, y es la de quien se dedica a clasificar todo.
Poner todo en cajitas conocidas da mucha seguridad, porque claro, las cosas se comportan como aquellas otras cosas a las que se parecen, y por eso están en la misma clasificación. Hasta que algo sale mal, las cajitas se van al cuerno, y lo único que queda es un montón de cartón roto y sucio. 
No me gusta meter las cosas en cajitas, y tengo una positiva tendencia al nerviosismo cuando alguien se empeña en clasificar mi vida o lo que ella contiene. Por ejemplo: ¿estás enamorada? y a una respuesta confusa: ¿tienes miedo de decirlo en voz alta? a lo cual sigue una respuesta confusa y enojada. 
Creo que tengo cosas que añadir a mi lista de "cosas que no me gustan".
Y curiosamente, esta vez, tengo razones:
- no me gusta clasificar lo inclasificable porque sale mal casi siempre.
- no ahorra tiempo. 
- no responde preguntas, sólo genera más.

Hace mucho que renuncié a tener hitos que cumplir en mi vida: no existe un manual lleno de pasos: 1. comprar un coche, 2. comprar una casa, 3. casarse, y para ello, toda una serie de pasos intermedios. No hay una forma de pasarla bien o mal, no hay un montón de cosas que cumplir como si fuese una gimkana. La vida sólo hay que tratar de vivirla bien, dignamente, consecuentemente... Si después un día se acaba de repente, no te dan un premio de consolación ni la compensación por haber llegado donde has llegado. 

Así, las cosas merece la pena disfrutarlas cuando y como vengan, ¿no? Sin preocuparse más que lo necesario para hacer que funcionen. 

Y así, sin querer, y de una forma un tanto desagradable, respondí a la pregunta del millón. A veces, incluso las preguntas molestas sirven para algo. 

martes, 3 de febrero de 2009

Lilith en el Desierto


Bueno, ya era hora de hacerlo público.
Ya queda menos de un mes, y muchos de vosotros ya lo sabéis, pero sospecho que hay quien todavía no lo tiene claro del todo... sip, Lilith deja el Nuevo Mundo y vuelve al viejo... bueno, lo que dejo en realidad no es nuevo, y donde me voy no es tan antiguo, pero lo que no se puede negar es que es un cambio de aires. De Perelin, la selva nocturna, a Goab el desierto de colores... literalmente.

En realidad el destino. Me cuentan que mi bisabuelo estuvo allí, que mi abuelo estuvo allí, y sé por cierto que mi padre estuvo allí. Obviamente, la culpa de todo la tiene mi hermano.

Argelia.
Y vender el coche, y empacar los libros, y hacer doce más una fiestas de despedida...
El desierto.
Y cerrar la casa, y envolver bien los libros, y comprar telas...
Un trabajo nuevo.
Y despedirme de todos, y asegurarme de tener los mails de todos, y tratar de no contar los días...
Un país diferente.
Un idioma nuevo... bueno, dos.
Buff, sólo quedan cuatro semanas.
Y la pregunta del millón de dólares sigue sin ser respondida. 

Otra vez en movimiento, con planes y sin saber si tiene tanto sentido tenerlos. Sabiendo que el nervio se ha desarrollado, y que el colmillo aún se puede retorcer un giro de tuerca. Con menos miedo cada vez, porque uno se acostumbra a todo... es raro acostumbrarse al cambio, pero hace mucho que elegí. 

Esta semana me han dedicado más o menos abiertamente dos canciones:






Me pregunto, y me respondo, pero ya no se si me digo lo que quiero oír o la verdad. 
Predigo que va a ser un mes de emociones varias, que acabará conmigo escribiendo en un avión, camino a lo desconocido una vez más. Pero tampoco hace falta ser Nostradamus para predecir eso.