jueves, 11 de agosto de 2011

Un plan perfecto

El plan era perfecto, no podía fallar. Habíamos calculado todas las eventualidades y estimado las posibilidades de una u otra variante; habíamos previsto soluciones de contingencia y coordinado todos los elementos. No quedaba ni un cabo suelto, habíamos preparado todo hasta el último milímetro y la última gota.

Como el Coyote y el Correcaminos, vaya.

Tenemos un intruso en casa: una gata ninja que entró cuando era un minimo monísssmo y pensábamos que eventualmente un día podríamos convencerlos de dejarse tocar y convertirse en esa forma de vida casi divina de los gatos domésticos (porque seamos sinceros, un animal doméstico que te adopta a tí, es algo casi divino!). Pero no, creció igual de desconfiada que de micho, con el agravante de que aprendió a esconderse mejor y correr rápido como la madre que la trajo (que cualquiera sabe por qué nos la dejó en el jardín). Os aseguro que el término ninja no es gratuito, estoy segura de que más de una vez se ha quedado en equilibrio en el techo mientras entrábamos en una habitación, aunque en lo que más se especializa es en esconderse y fingir que no está hasta que puede salir corriendo a comerse la comida de Bonnie y Clyde, que a pesar de sus nombres, son bastante pacíficos. Pero lo que más molesta es que sea una descarada y se asome a la puerta del salón cuando estamos viendo la tele para salir corriendo en cuanto la miramos.

Hace un par de semanas decidimos que dos gatos y dos mininos (en vías de adopción) son demasiado en casa, como para encima tener una intrusa fantasmal. Así que decidimos echarla. Lo hemos probado todo; mojarla si se pone a tiro, hacer ruido, pedirle a Bonnie y Clyde que la convenzan de no venir (esto último no ha funcionado demasiado bien, Clyde nos miró con cara de aburrimiento y bostezó enormemente y Bonnie se dió la vuelta y nos enseñó su cola con la clase que le caracteriza).... nada ha funcionado.

Así que decidimos pasar a la acción. Ayer por la tarde, la pillé dentro del salón y cerré la puerta. Cuando el Simpa volvió de la calle, le expliqué mi plan maléfico: cerraríamos todas las puertas y la ventana de la cocina por la que siempre entra; yo le impediría el paso a la cocina por el vano sin puerta (porque si entra en la cocina, nunca más volveremos a verla, los mejores escondrijos están allí), y dejaríamos abierta sólo la puerta de la entrada. No tendría más remedio que salir de la casa y de nuestras vidas.

Así, el Simpa armado con una escoba (porque la escoba es a los gatos como la bala de plata a los hombres lobo) y yo con una sábana verde kiwi (antes muerta que sencilla), nos dispusimos a poner el marcha el plan magistral.

Después de dos minutos haciendo ruidos guturales en el salón sin que la ninja diera señales de vida, cuando las acusaciones de "el bicho no está ahí dentro" ya estaban a punto de caer sobre mi persona y a mi ya me estaba entrando miedo, el bicho no pudo más con el terror y salió disparada a ras de suelo. Su primera reacción, como bien habíamos previsto, fue correr hacia la ventana, donde se encontró conmigo, gritando, gesticulando y agitando la susodicha sábana verde. Giró en dirección contraria, donde se volvió a encontrar con la escoba y las piernas larguísimas del Simpa. Finalmente, se dirigió a la puerta, salió a la entrada y entonces falló el plan perfecto.

A pesar de nuestros cálculos, se nos había olvidado el árbol del jardín. Pero a ella no se le había olvidado.

Trepó como una flecha y se subió por el muro a la casa. A pesar de los escobazos del Simpa, de un solo salto enorme, limpio y perfecto, alcanzó el techo de la casa, y de ahí, sana y salva a su escondrijo en la palmera del patio. Nunca sabremos donde está su madriguera, he ahí el encanto de un ninja.

Cuando por fin nos dimos la vuelta, sábana verde y escoba en ristre, vimos a los pobres Bonnie y Clyde aterrorizados dentro de la casa, huyendo despavoridos preguntándose qué clase de ataque gaticida nos había dado. Media hora nos costó tranquilizarlos, y Clyde todavía nos mira por el rabillo del ojo cuando no está despatarrado en el sofá durmiendo.

Por la noche, cuando iba a acostarme, vi una sombra furtiva que se deslizaba por el pasillo.

Lo que más rabia me da es que seguro que anda riéndose de las pintas que debíamos tener pegando gritos y blandiendo escobas... Algún día te pescaremos, golfa. Y probaremos que las personas son más listas que los gatos. Casi siempre.

domingo, 7 de agosto de 2011

Cinco minutos después del Fin del Mundo

Así es como están las calles de la Dimensión Paralela estos días.


Y encima tiene uno la sensación de que, efectivamente, el Fin del Mundo (el de verdad, con todo el cortejo angélico que viene y anuncia el asunto, los muertos que se dicen ya está y salen de las tumbas y esas cosas), ha tenido lugar en otra parte y nadie nos ha avisado en este lugar perdido. O que no han avisado pero han llamado al de Algerie Telecom, que se ha quedado la información para sí (porque esas cosas pasan). Y nos lo hemos perdido completamente, así que nos quedaremos flotando en la nada hasta quién sabe cuanto, porque a mi después del Fin del Mundo ya no me queda nada en las predicciones. Igual viene otra especie a liarla parda. Espero que no se coman a los que quedan de la anterior, aunque no tengo muchas esperanzas (demasiadas pelis de ficción).
Las cuatro de la tarde. Un sol de justicia de verdad, al que nada se le oculta. Aparco el coche en el hotel, agarro mis chunches, como dirían mis amigos chapines, salgo al horno y recorro los doscientos metros que hay hasta casa, pensando en que me voy a quemar con la puerta (de metal, al sol, mala combinación), como todos los días.
No hay nadie por la calle, como en una película del oeste. Casi espera uno ver aparecer al malo por la esquina (porque aquí no se le ha perdido nada al bueno, y el feo mejor que no venga, que bastante tenemos con lo que tenemos). En lo que tardo en llegar a casa, al malo no le da tiempo a llegar; lo que sí que llega es un coche del ACNUR lleno de gente que conozco, que me pasa a mil por hora (o eso parece en esta calle desierta), todos saludando como locos. Todavía no he visto a todo el mundo, me da mucha pereza.Al fin, abro la puerta (quemándome en el proceso, como previsto) y me meto en casa. Otra vez no hay nadie por la calle, y volvemos al escenario de cinco minutos después del fin del mundo.
Voilá el Ramadan en la Dimensión Paralela.
Y cuando entro en casa, pongo la tele y debe ser de verdad lo del fin del mundo; ahora ya no hablan de Libia, sino de Siria (y estoy segura de que mogollón de gente no nota la diferencia - yo me pregunto qué ha pasado con Gadafi), Somalia, la crisis de la deuda (en tono vamosamorirtodos, hasta el último periodista de todas las cadenas, que ayer se ocupaba del tiempo, hoy se ha vuelto experto en finanzas, igual que todos se volvieron expertos en F1 cuando Alonso empezó a ganar cosas), etc... ...esta mañana, en cambio, he visto una noticia que me ha alegrado.

Yo no tenía ni idea (confieso mi más absoluta ignorancia) de que la energía de fusión estaba tan avanzada en la práctica. Me quedé en la idea del curso de EGB o de BUP en el que lo aprendiera, de que las centrales nucleares se basaban en la fisión, y que la fusión, mucho más limpia, mucho más barata y mucho más todo, era sólo posible en teoría. Y ahora me entero, por Informe Semanal, todo sea dicho, que no sólo ya han logrado producirla en laboratorios, sino que están construyendo una centralen el sur de Francia!!

A mi me parece que ese tipo de noticias son las únicas que pueden compensar el resto de mierda que ve uno por la tele. Estamos en el futuro; si no se acaba el mundo de verdad, las cosas van a cambiar mucho.

Ahora ya solo queda una hora para el Iftar (o el Magrebh, uséase, que se pone el sol y ya se puede comer) y todavía no ha salido nadie a la calle, pero ya se empiezan a animar las cosas dentro de las casas. Prestando la oreja al edificio de al lado (hay que tener mucha voluntad, porque hace mucho calor para salir al patio a escuchar), se oye cacharreo. Dentro de un rato, el iman avisará (a la tradicional, desde lo alto del minarete; ni el teléfono no funciona tan bien, Solo espero que sea el que canta bien) y la gente empezará a comer (durante cinco minutos, porque después de haber ayunado todo el día, con dos nuececillas ya se llena uno, y no digamos si antes de comer se pone uno hasta las trancas de dátiles) y luego saldrán a la calle, a la fresca (o lo que sea que haga aquí, porque de fresco, nada) hasta las tantas.
Así luego se me quedan dormidos en la oficina.
En fin.

Yo me voy a quedar un ratito pensando en la energía de fusión, y observando al Simpa razonar con los gatos para que hagan sus cosas donde deben y de una manera civilizada. A ver si se me olvidan un par de cositas de la humanidad.

martes, 2 de agosto de 2011

Cosas que hacer en la dimensión paralela...

... cuando se va la luz por tiempo indeterminado.

Obviamente, no hoy, porque lo que desde luego no se puede hacer cuando no hay luz, es conectarse a internet, pero, no digamos que la dimensión paralela no estimula la imaginación.
  • Utilizar hasta el final la carga del ordenador escuchando música mientras se lavan los platos (con el agua que gotea, porque no hay bomba y por tanto presión)
  • Utilizar el calor ambiente para descongelar el congelador; las placas de hielo que Filomenita disuelve con la máquina de vapor, aquí se desprenden ellas solitas a los cinco minutos de desconectar la nevera.
  • Organizar la nevera, insistiendo en el punto anterior, porque es el único lugar de la casa donde hace menos de 45º.
  • Usar de la depiladora láser (ante las bromas del Simpa, que la llama espada láser, aunque hace poco nos informamos mejor y la cosa en realidad no tiene casi nada que ver con el láser, pero es mucho más glamouroso hablar de láser), pero no hasta el final de la carga, porque da calor.
  • Darse una ducha con el agua ardiendo o darse una ducha con el agua de la maceta gigante que uno ha preparado previamente en la ducha desde por la mañana, porque si no, no se puede.
  • Observar los dos minigatitos que esta semana han aprendido a correr y a saltar.
En el próximo episodio, cosas que hacer en la dimensión paralela cuando uno no tiene agua, porque hoy hemos descubierto que todo el barrio lleva sin agua corriente dos días, y nosotros estábamos tirando de depósito que finalmente, se ha vaciado. ¿Volverá el agua mañana?