jueves, 15 de diciembre de 2011

A veces

Me ponen nerviosa los cuadros torcidos.
Me ponen nerviosa las personas que tiran su vida por la ventana a base de tomar malas decisiones.
Me ponen nerviosa las manipulaciones en la tele.
Y cuando digo nerviosa, en realidad quiero decir de muy mala leche. No puedo evitarlo. Pongo los cuadros en su sitio, le chillo a la gente que toma malas decisiones y contradigo a los de la tele como si pudieran oírme.
Y el Simpa y los gatos me miran beatíficamente. Bueno, la gata a veces se estira y sale de la habitación con la cola altaneramente levantada. Pero sé que ella también me quiere.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Vidas paralelas

A veces creo que me he debido confundir de vocación. O de vida, o algo. Pero el caso es que mi vida me gusta (nos ha fastidiado, dirán algunos!), vamos me encanta. Y mi trabajo me fascina, y se me da bien. Es sólo que cuando me descuido, a veces, me asaltan dudas feroces que me preguntan: pero, chata, tú estás segura de eso? O sea, que igual se te podía haber dado igual de bien otra cosa... Algo así como la canción del pirata de Sabina.

A pesar de que últimamente mucha gente ha comentado mi manera de tomar decisiones (que, lo reconozco, no tiene nada de ortodoxa), sé que no las tomo bien. Es una de las cosas que se me quedó de la carrera; con información imperfecta es muy difícil tomar las mejores decisiones. Conclusión, las tomo lo mejor que puedo dentro de mis parámetros, o sea, que las tomo deprisa. Porque no hay nada que me fastidie más que esperar.

Luego el otro factor importante ha sido la suerte, claro. Porque al final las cosas salen bien... yo siempre procuro que las que dependen de mi salgan lo mejor posible (hay quien lo llama perfeccionismo, hay quien lo llama cabezonería, estoy segura de que mis subordinados aquí lo llaman otra cosa, pero melapela), pero siempre se necesita que desde el otro lado también salgan bien. Y hasta ahora, bueno, siempre han salido razonablemente bien.

Así que podría haber salido pirata, o peor, podría haberme dedicado a la política, o podría haber sido cocinera profesional (porque amateur, ya lo soy en fin de semana), o, porqué no, escritora. A mí, lo que me gustaría es tener cuatro o cinco clones para poder hacer todas estas cosas a la vez. Sería estupendo si nos encontráramos (o encontrásemos) varias veces al año para intercambiar impresiones. A lo mejor es que en realidad ibamos a ser cuatrillizas y salí sólo yo (es mejor eso que pensar que tengo varias personalidades); al menos, cuando me asalta la duda, puedo escribir aquí.

sábado, 10 de diciembre de 2011

With a Little Help From my Friends...


.. que es la banda sonora de mi nueva casa, porque si no fuera por las contribuciones inestimables de la pandilla, aún sería un espacio pequeño pero vacío y pintado de un impersonal color crema...
Ahí va eso:


Y una nueva colección de fotos... aunque espero contribuciones!!!

viernes, 11 de noviembre de 2011

La luz al final del túnel

Me ha encantado esta imagen, y he tenido que compartirla en FB (robos de robos de robos...):


Debido a los recortes presupuestarios, se ha apagado la luz al final del túnel.

A lo mejor es que veo demasiado las noticias, pero tengo la sensación de que últimamente no queda viva ninguna corriente de esperanza; todo problemas financieros sin soluciones (sólo culebrones financieros tomando giros más y más cerrados hacia una dirección tenebrosa), guerras en marcha, guerras que se preparan, desastres naturales...

domingo, 6 de noviembre de 2011

The dionaea house

Una interesante forma de escribir, para los que leéis en inglés...

PS: Creo que los americanos producen terror porque el terror es para ellos lo que para los europeos la historia... siempre hay algo antiguo como el origen de todos los males...

sábado, 5 de noviembre de 2011

Frases a medias

Antes creía que las frases que se quedan a medias se iban a alguna parte. Tal vez a algún misterioso mundo paralelo donde alguien las completaba y tenían consecuencias. Pero no, ahora estoy segura, las frases que se quedan a medias no se van a ninguna parte.

Las preguntas que no se formulan, las hipótesis que no se completan, los interrogantes que no se contestan, se quedan ahí, en medio del aire, se convierten en una materia pesada y se caen al suelo, haciendo un ruido sordo que despierta a los hablantes, para que acto seguido, pasen a otra cosa. Y la vida sigue, por un determinado camino y no por otro. Sin mirar atrás, porque los ysis son demasiado numerosos para considerarlos.

Sólo hay un número determinado de veces para hacer una pregunta, para dar una respuesta, para decir lo que nos pasa por la cabeza. Si no se hace, la oportunidad se queda mustia y reseca sin que se pueda revivir de ninguna manera, jalás.

Sin embargo, esto no me parece suficiente justificación para decirse carpe diem a cada ocasión y cambiar el destino come si niente fosse. A veces, la omisión es un acto voluntario; a veces hay una opción consciente de no terminar la frase a medias. A veces, se toma la decisión de transformar esa frase a medias en la materia de los sueños. Y así, nadie sabe nunca qué hubiera pasado si la frase se hubiera completado.


Me veo como a través de un cristal ahumado, tomando otra decisión, y con el mundo que comienza a girar vertiginosamente. Y entonces abro los ojos y veo que no ha pasado nada, y que el mundo siguen estando donde estaba y sigue su errática trayectoria.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Sin propósito

Se me ha pasado el año sin hacer propósitos ni de Año Nuevo ni de nada; se me ha pasado sin sentirlo, entre impresionantes sobrecargas de trabajo y emergencias aún más surrelistas que la dimensión paralela. Ayer era enero y hoy ya hemos comido huesos de santo (unos más que otros, dicho sea de paso).
Quizá este año no estaba pensado para tener propósitos; desde el principio tengo la sensación de que es tiempo prestado de alguna manera; sin comerlo ni beberlo.
Me va a fastidiar mucho si el año que viene se acaba el mundo.

¿Qué propósitos hubiera hecho, de haber podido hacer la reflexión previa necesaria?
Tal vez los mismos de siempre... o tal vez no, porque esto de vivir en el limbo al final me ha atrapado el alma.

lunes, 31 de octubre de 2011

Qué decir o cómo decirlo

Hay que elegir entre decir cosas concretas o decir cosas de cierta manera. Escribiendo, es igual, sólo que más difícil, porque las palabras se quedan ahí, mirandole a uno, como burlándose del contenido con el que uno ha querido llenarlas, o del sonido que uno ha querido imprimirlas. Lo que en tu cabeza sonaba estupendamente de repente está ahí, en el papel (o en la pantalla), como la muestra palpable de la imperfección con la que tu mente ha transformado una idea o un sentimiento.
Debe ser un síntoma normal, pero me fastidia, la verdad.

lunes, 17 de octubre de 2011

Tres tazas de caldo

Porque cuanto más odia uno las cosas, más le caen encima.

Mi mayor fuente de stress en la impaciencia; me estresa tener que explicar las cosas mil veces, me estresa tener que esperar a que la gente haga cosas, me estresa tener que volver a hacer cosas que estarían bien hechas si lo hubiéramos hecho bien desde el principio (y de esas tres, os podeis imaginar que mi fuerte no es el trabajo en grupo y que el staff que superviso aprende rápido o se pasa la vida asustado), me estresa enormemente depender de los demás y esperar a que pasen cosas.

Y claro, la vida, que es irónica como ella sola, cuando no quieres caldo, te da tres tazas de caldo espesito y calentito (aunque como en mi caso, estés a más de 30 en otoño).

Parece que desde el mes de agosto se nos ha contagiado esta situación de limbo de la dimensión paralela: no hay papeles, no hay casa y no hay destino.

Son tres noticias enormes, y no sé si es que están esperando detrás de la esquina o qué. Después llegaran las tres juntas, corriendo y habrá que hacerlo todo deprisa y corriendo, sufriendo, como siempre (y por eso me estresa esperar), los efectos de los demás.

Ay, paciencia, qué virtud más cara.

martes, 20 de septiembre de 2011

Colección de palabras

Me pasa desde que tengo uso de razón, me encantan las palabras. Creo que no tengo un patrón particular (seguro que algún psicoanalista diría lo contrario, pero no les daré el gusto de meterse en esta cabeza mía, que ya tengo muchas cosas dentro). Igual me gustan nombres, que adjetivos, que adverbios, concretos o abstractos, con significado positivo, negativo o neutro y en varios idiomas (de los que hablo, de los que chapurreo y de los que ni entiendo). No he hecho nunca una colección, porque eso significaría apuntar las palabras en alguna parte y mantener la lista añadiendo palabras que voy encontrando por ahí (porque esa es precisamente la belleza del arte de la colección de palabras, como de la colección de calendarios, a diferencia de los cromos, siempre hay palabras nuevas!), y soy un poco perezosa.
Se me ocurre según escribo que tal vez podría tenerla en una página de internet (eso igual evitaría la tala de un árbol de Brasil, que no es poco), ya veremos si me animo.
Estoy en una fase creativa, ya no hay quien lo niegue.

Ahí os dejo algunas palabrillas...

comunque (italiano)
azules
sinistre (francés) - aunque esta me gusta en sus varias traducciones al español, al italiano...
martingala
viejuno
calamar
doch (alemán)
walou (árabe argelino)
peineta
lapso

... y ya seguiré, porque esto es un vicio...

martes, 13 de septiembre de 2011

Historias para no dormir

Esta historia la oyó Filomenita en la radio...


Se trata de un programa sobre animales, donde llama la gente a preguntar cosas, a contar monerías de sus animales caseros, y a presumir de lo ricos que son. En cada emisión hay un veterinario que responde dudas y hace comentarios, y en general el ambiente del programa es distendido y afable; se hacen bromas, se ríe, etc...


Hace poco, entre las numerosas llamadas, pasaron la de una señora que explicó que se había traído una serpiente de Brasil y la tenía en casa. La había comprado en uno de esos sitios que les quitan el veneno, y le habían dado un certificado y todo. A la descripción (con muchos colores, como de esta medida, pero creciendo relativamente rápido), el veterinario dio el nombre (del cual Filomenita no se acuerda exactamente y las búsquedas en google han sido infructuosas), una boa nosequé. La señora explicó que ella, todos los días, volvía a casa del trabajo sobre las tres y media o las cuatro, ya habiendo comido, y se echaba directamente a echar un ratito la siesta en el sofá, viendo la tele. Desde hacía cosa de un mes, la serpiente (de la cual no sabemos el nombre propio tampoco), se acercaba a ella, y se extendía, todo lo larga que es, a los pies del sofá, y hasta que ella no se levantaba de la siesta, la serpiente no se movía de su sitio. Así, como que veía el culebrón con ella (cosa que a mí me parece natural!).


En el estudio de radio, normalmente ruidoso y alegre, se había hecho el silencio a medida que la señora daba explicaciones...



El veterinario, con voz calmada, contestó a la señora:

- Señora, ¿sabe usted lo que tiene usted en casa?

La señora, ya dudando, contestó: Si... es tal serpiente, que le quitaron el veneno...

- Señora - sin dejarla terminar - coja usted ahora mismo esa serpiente y llévela al veterinario. O mejor, no la toque. Enciérrela en la habitación en la que esté y llame a un veterinario que se la lleve. Ese animal que tiene usted en casa es muy peligroso, le hayan quitado o no el veneno (que no puede usted estar segura hasta que no sea demasiado tarde!).

¿Sabe usted lo que está haciendo al tumbarse a los pies del sofá? La está a usted midiendo, señora, y en cuanto ella juzgue que es suficientemente larga, va a subir al sofá y la va a asfixiar a usted para comérsela. Para esa serpiente, el único fin que tiene usted a su alrededor, es ese, servir de comida, así que deshágase de ella inmediatamente. Llame usted a un veterinario, que sabrá cómo proceder.



¡No me digáis que no pone los pelos de punta!


Al principio nos pareció solo una historia horrible y que demuestra que la gente es tonta.

Después, ya reflexionando, vimos unas cuantas lagunas:

- Y cómo ha entrado la señora ese semejante bicho al país? Será ilegal, porque a mi para los gatos me piden lo que no está escrito (literalmente). Y os aseguro que Clyde no es nada peligroso, duerme 30 horas al día.

- Y qué paciencia tiene la bicha, no? Espero que coma algo mientras, vamos. Además, por mucho que se le desencaje la mandíbula, como no esté delgada la señora, no sé como se la va a comer.

- Y por qué la serpiente no está en un terrario? Porque por pacífica que sea la serpiente, como eches para atrás la silla sin verla, igual pasa algo horrible.

- Y la serpiente esa asfixia o envenena? Porque sin ser aficionada a los ofidios, me parece que es una cosa o la otra, pero un bicho tan letal tan letal, es raro.


Total, que preguntando al que todo lo sabe, averiguamos que es, efectivamente, una leyenda urbana. Según estos (que son quienes lo saben todo de leyendas urbanas, aunque en inglés), es una leyenda recurrente, que pertenece al género de "experto te abre los ojos sobre una realidad horrible"y "tenemos más miedo a ser comidos que asesinados por un animal". Lo que me pregunto es, cómo es posible que Filomenita lo oyera en un programa de radio serio... le he pedido que llame el próximo domingo, a ver qué le dicen sobre la señora en el medio de comunicación en cuestión. Me pregunto si no será una medida más que cuestionable para aumentar la audiencia, que no debe ser demasiada el domingo a mediodía... y si hacen eso con un programa de animales, cualquiera sabe qué hacen con los programas de política o, mucho peor, de deporte!! Y ahora,


¡No me digais que no pone los pelos de punta!

jueves, 1 de septiembre de 2011

Ventanas al pasado...

Bueno, esta etapa de mi vida no la tenía demasiado planeada.
Es uno de esos grandes hitos de la vida de cualquiera que yo no tenía registrado para que me pasara o pasase a mi, y por lo tanto nunca me había parado a imaginar cómo iba a ser. No es que las demás las haya planificado demasiado, pero eso es harina de otro costal.
El caso es que después de haberme hecho con una solución habitacional (con la sanísima intención de reunir mis siempre crecientes biblioteca y guardarropa y para que los Filomenitos puedan ver a los también siempre crecientes nietos con una frecuencia adecuada a sus aspiraciones abueriles), pues ahora toca llenarla de cosas (aunque la cosa está en suspenso mientras solucionamos los problemas de la banca; los míos, no los del país, que esos van para largo y se ven de color de hormiga); y qué mejor manera de llenarla de cosas que sacarlas de casa de los Filomenitos (que ahora ya no se podrán quejar de que el trastero está lleno de cajas con objetos no identificados (de momento no voladores, pero quién sabe). Claro; como mi solución habitacional es lo que es, y se amuebla con una tarde inspirada en IKEA, hay que seleccionar lo que saca uno del trastero paterno y lo que manda derecho al reciclaje (procurando que no se note mucho que la propia madre tenía razón al repetir: "ahora lo guardas, pero ya verás como al mudarte lo tiras!").
Dos maletas de ropa (para llevar aquí) después, me puse con la fase dos, los papeles. Y están saliendo dragones de ahí dentro.
Mi yo nostálgico está constantemente disparado (lo cual aumenta notablemente el volumen de cosas a meter en la solución habitacional); panfletos de obras de teatro que fueron un éxito (las obras, no los panfletos, aunque los panfletos también), notas de clase de filosofía de 1996, cartas de novios (se me ponen los pelos de punta) despechados de 1998 (sin abrir, porque a mi los melodramas ajenos no me han gustado nunca demasiado), fotos de compañeros de la universidad que ahora deben ser tiburones de los negocios (o no, tal y como está el percal), carnets de cuatro o cinco bibliotecas en cuatro o cinco idiomas; agendas con deberes de matemáticas anotados para entregar en noviembre de 1994. Mis primeras anotaciones de Guatemala, cuando no tenía ni repajolera (por no decir otra cosa) idea de seguridad alimentaria y demás alegrías de la vida... Dios mío, lo que ha llovido desde entonces (sobre todo en Guate, porque lo que es en la dimensión paralela...); cartas de S desde (agarraos) 1987; mapas que abarcan muchos kilómetros de este planeta y billetes de avión que indican más horas de vuelo que muchos pilotos.
Cámaras antiguas; fotos antiguas, de la primera vez que descubrí la magia de apuntar con el objetivo y apretar el botón, y de cuando aprendí a fotografiar como es debido.
Me he encontrado muchas cartas sin enviar; algunas acabarán en manos de sus destinatarios, otras se quedarán donde están (o mejor dicho, encontrarán un rincón en el que volver a acurrurcarse en la solución habitacional y las consiguientes cajas del IKEA), porque pertenecen a un pasado, que como diría Heráclito (que no tenía amigos!), se fue y no volverá porque todo ha cambiado. Releyendo, veo que las cosas podrían haber sido distintas en algunas ocasiones, pero fueron como fueron y sólo fueron una cristalización de todas las realidades posibles. Tal vez si hubiera enviado una de aquellas cartas que no envié, ahora no estaría releyéndolas. Tal vez, no habría cambiado nada.
Y esto, me lleva a otra casualidad de esta semana; investigando grupos en facebook (para solaz y lágrimas de risa de Filomenita) me he encontrado con uno de los grandes peligros de esa red, que son los mitos y los horrores del pasado. No tengo muchos problemas con los horrores; con lo que el Arquero llamaría inteligencia emocional, he mandado al cuerno a quién he querido y me he quedado tan ancha. Pero, ¿qué pasa con los mitos? No pierde el encanto un mito de juventud si resulta que nos hacemos amigos suyos en facebook y descubrimos que tiene una granja en farmville?
Me conozco, y acabaré agregando al mito en cuestión, la curiosidad me podrá. Pero creo firmemente que hay muchas cosas que es mejor guardarlas hermosas en el fondo de la memoria y usarlas sólo de vez en cuando para mirar al pasado como por una ventana.

jueves, 11 de agosto de 2011

Un plan perfecto

El plan era perfecto, no podía fallar. Habíamos calculado todas las eventualidades y estimado las posibilidades de una u otra variante; habíamos previsto soluciones de contingencia y coordinado todos los elementos. No quedaba ni un cabo suelto, habíamos preparado todo hasta el último milímetro y la última gota.

Como el Coyote y el Correcaminos, vaya.

Tenemos un intruso en casa: una gata ninja que entró cuando era un minimo monísssmo y pensábamos que eventualmente un día podríamos convencerlos de dejarse tocar y convertirse en esa forma de vida casi divina de los gatos domésticos (porque seamos sinceros, un animal doméstico que te adopta a tí, es algo casi divino!). Pero no, creció igual de desconfiada que de micho, con el agravante de que aprendió a esconderse mejor y correr rápido como la madre que la trajo (que cualquiera sabe por qué nos la dejó en el jardín). Os aseguro que el término ninja no es gratuito, estoy segura de que más de una vez se ha quedado en equilibrio en el techo mientras entrábamos en una habitación, aunque en lo que más se especializa es en esconderse y fingir que no está hasta que puede salir corriendo a comerse la comida de Bonnie y Clyde, que a pesar de sus nombres, son bastante pacíficos. Pero lo que más molesta es que sea una descarada y se asome a la puerta del salón cuando estamos viendo la tele para salir corriendo en cuanto la miramos.

Hace un par de semanas decidimos que dos gatos y dos mininos (en vías de adopción) son demasiado en casa, como para encima tener una intrusa fantasmal. Así que decidimos echarla. Lo hemos probado todo; mojarla si se pone a tiro, hacer ruido, pedirle a Bonnie y Clyde que la convenzan de no venir (esto último no ha funcionado demasiado bien, Clyde nos miró con cara de aburrimiento y bostezó enormemente y Bonnie se dió la vuelta y nos enseñó su cola con la clase que le caracteriza).... nada ha funcionado.

Así que decidimos pasar a la acción. Ayer por la tarde, la pillé dentro del salón y cerré la puerta. Cuando el Simpa volvió de la calle, le expliqué mi plan maléfico: cerraríamos todas las puertas y la ventana de la cocina por la que siempre entra; yo le impediría el paso a la cocina por el vano sin puerta (porque si entra en la cocina, nunca más volveremos a verla, los mejores escondrijos están allí), y dejaríamos abierta sólo la puerta de la entrada. No tendría más remedio que salir de la casa y de nuestras vidas.

Así, el Simpa armado con una escoba (porque la escoba es a los gatos como la bala de plata a los hombres lobo) y yo con una sábana verde kiwi (antes muerta que sencilla), nos dispusimos a poner el marcha el plan magistral.

Después de dos minutos haciendo ruidos guturales en el salón sin que la ninja diera señales de vida, cuando las acusaciones de "el bicho no está ahí dentro" ya estaban a punto de caer sobre mi persona y a mi ya me estaba entrando miedo, el bicho no pudo más con el terror y salió disparada a ras de suelo. Su primera reacción, como bien habíamos previsto, fue correr hacia la ventana, donde se encontró conmigo, gritando, gesticulando y agitando la susodicha sábana verde. Giró en dirección contraria, donde se volvió a encontrar con la escoba y las piernas larguísimas del Simpa. Finalmente, se dirigió a la puerta, salió a la entrada y entonces falló el plan perfecto.

A pesar de nuestros cálculos, se nos había olvidado el árbol del jardín. Pero a ella no se le había olvidado.

Trepó como una flecha y se subió por el muro a la casa. A pesar de los escobazos del Simpa, de un solo salto enorme, limpio y perfecto, alcanzó el techo de la casa, y de ahí, sana y salva a su escondrijo en la palmera del patio. Nunca sabremos donde está su madriguera, he ahí el encanto de un ninja.

Cuando por fin nos dimos la vuelta, sábana verde y escoba en ristre, vimos a los pobres Bonnie y Clyde aterrorizados dentro de la casa, huyendo despavoridos preguntándose qué clase de ataque gaticida nos había dado. Media hora nos costó tranquilizarlos, y Clyde todavía nos mira por el rabillo del ojo cuando no está despatarrado en el sofá durmiendo.

Por la noche, cuando iba a acostarme, vi una sombra furtiva que se deslizaba por el pasillo.

Lo que más rabia me da es que seguro que anda riéndose de las pintas que debíamos tener pegando gritos y blandiendo escobas... Algún día te pescaremos, golfa. Y probaremos que las personas son más listas que los gatos. Casi siempre.

domingo, 7 de agosto de 2011

Cinco minutos después del Fin del Mundo

Así es como están las calles de la Dimensión Paralela estos días.


Y encima tiene uno la sensación de que, efectivamente, el Fin del Mundo (el de verdad, con todo el cortejo angélico que viene y anuncia el asunto, los muertos que se dicen ya está y salen de las tumbas y esas cosas), ha tenido lugar en otra parte y nadie nos ha avisado en este lugar perdido. O que no han avisado pero han llamado al de Algerie Telecom, que se ha quedado la información para sí (porque esas cosas pasan). Y nos lo hemos perdido completamente, así que nos quedaremos flotando en la nada hasta quién sabe cuanto, porque a mi después del Fin del Mundo ya no me queda nada en las predicciones. Igual viene otra especie a liarla parda. Espero que no se coman a los que quedan de la anterior, aunque no tengo muchas esperanzas (demasiadas pelis de ficción).
Las cuatro de la tarde. Un sol de justicia de verdad, al que nada se le oculta. Aparco el coche en el hotel, agarro mis chunches, como dirían mis amigos chapines, salgo al horno y recorro los doscientos metros que hay hasta casa, pensando en que me voy a quemar con la puerta (de metal, al sol, mala combinación), como todos los días.
No hay nadie por la calle, como en una película del oeste. Casi espera uno ver aparecer al malo por la esquina (porque aquí no se le ha perdido nada al bueno, y el feo mejor que no venga, que bastante tenemos con lo que tenemos). En lo que tardo en llegar a casa, al malo no le da tiempo a llegar; lo que sí que llega es un coche del ACNUR lleno de gente que conozco, que me pasa a mil por hora (o eso parece en esta calle desierta), todos saludando como locos. Todavía no he visto a todo el mundo, me da mucha pereza.Al fin, abro la puerta (quemándome en el proceso, como previsto) y me meto en casa. Otra vez no hay nadie por la calle, y volvemos al escenario de cinco minutos después del fin del mundo.
Voilá el Ramadan en la Dimensión Paralela.
Y cuando entro en casa, pongo la tele y debe ser de verdad lo del fin del mundo; ahora ya no hablan de Libia, sino de Siria (y estoy segura de que mogollón de gente no nota la diferencia - yo me pregunto qué ha pasado con Gadafi), Somalia, la crisis de la deuda (en tono vamosamorirtodos, hasta el último periodista de todas las cadenas, que ayer se ocupaba del tiempo, hoy se ha vuelto experto en finanzas, igual que todos se volvieron expertos en F1 cuando Alonso empezó a ganar cosas), etc... ...esta mañana, en cambio, he visto una noticia que me ha alegrado.

Yo no tenía ni idea (confieso mi más absoluta ignorancia) de que la energía de fusión estaba tan avanzada en la práctica. Me quedé en la idea del curso de EGB o de BUP en el que lo aprendiera, de que las centrales nucleares se basaban en la fisión, y que la fusión, mucho más limpia, mucho más barata y mucho más todo, era sólo posible en teoría. Y ahora me entero, por Informe Semanal, todo sea dicho, que no sólo ya han logrado producirla en laboratorios, sino que están construyendo una centralen el sur de Francia!!

A mi me parece que ese tipo de noticias son las únicas que pueden compensar el resto de mierda que ve uno por la tele. Estamos en el futuro; si no se acaba el mundo de verdad, las cosas van a cambiar mucho.

Ahora ya solo queda una hora para el Iftar (o el Magrebh, uséase, que se pone el sol y ya se puede comer) y todavía no ha salido nadie a la calle, pero ya se empiezan a animar las cosas dentro de las casas. Prestando la oreja al edificio de al lado (hay que tener mucha voluntad, porque hace mucho calor para salir al patio a escuchar), se oye cacharreo. Dentro de un rato, el iman avisará (a la tradicional, desde lo alto del minarete; ni el teléfono no funciona tan bien, Solo espero que sea el que canta bien) y la gente empezará a comer (durante cinco minutos, porque después de haber ayunado todo el día, con dos nuececillas ya se llena uno, y no digamos si antes de comer se pone uno hasta las trancas de dátiles) y luego saldrán a la calle, a la fresca (o lo que sea que haga aquí, porque de fresco, nada) hasta las tantas.
Así luego se me quedan dormidos en la oficina.
En fin.

Yo me voy a quedar un ratito pensando en la energía de fusión, y observando al Simpa razonar con los gatos para que hagan sus cosas donde deben y de una manera civilizada. A ver si se me olvidan un par de cositas de la humanidad.

martes, 2 de agosto de 2011

Cosas que hacer en la dimensión paralela...

... cuando se va la luz por tiempo indeterminado.

Obviamente, no hoy, porque lo que desde luego no se puede hacer cuando no hay luz, es conectarse a internet, pero, no digamos que la dimensión paralela no estimula la imaginación.
  • Utilizar hasta el final la carga del ordenador escuchando música mientras se lavan los platos (con el agua que gotea, porque no hay bomba y por tanto presión)
  • Utilizar el calor ambiente para descongelar el congelador; las placas de hielo que Filomenita disuelve con la máquina de vapor, aquí se desprenden ellas solitas a los cinco minutos de desconectar la nevera.
  • Organizar la nevera, insistiendo en el punto anterior, porque es el único lugar de la casa donde hace menos de 45º.
  • Usar de la depiladora láser (ante las bromas del Simpa, que la llama espada láser, aunque hace poco nos informamos mejor y la cosa en realidad no tiene casi nada que ver con el láser, pero es mucho más glamouroso hablar de láser), pero no hasta el final de la carga, porque da calor.
  • Darse una ducha con el agua ardiendo o darse una ducha con el agua de la maceta gigante que uno ha preparado previamente en la ducha desde por la mañana, porque si no, no se puede.
  • Observar los dos minigatitos que esta semana han aprendido a correr y a saltar.
En el próximo episodio, cosas que hacer en la dimensión paralela cuando uno no tiene agua, porque hoy hemos descubierto que todo el barrio lleva sin agua corriente dos días, y nosotros estábamos tirando de depósito que finalmente, se ha vaciado. ¿Volverá el agua mañana?

domingo, 31 de julio de 2011

De vuelta, con todo lo que implica

Cuando era joven (iba a decir pequeña, pero no es exacto), y me escribía pppfísicamente con S (y dios sabe lo que lo echo de menos!), recuerdo que un concepto recurrente en nuestras cartas es que escribíamos más cuando estábamos tristes. No es estrictamente cierto, porque también es verdad que cuando pasaba algo divertido, o emocionante, o simplemente alegre, también luego corríamos a contarlo.

Con el blog me pasa un poco lo mismo; hay eventos que me dan más ganas de escribir que otros, pero la inspiración como que viene más fácilmente cuando ando tristona o de mal humor.
Que es lo que me pasa estos días.

Le dije a mi jefe que se me había gastado toda la poca paciencia que tengo en Túnez, y no me creyó, así que no es culpa mía. Después de haber estado casi tres meses batallando cada día (literalmente) por montar un programa, moviendo la oficina, explicando todo a un personal nuevo pero con unas ganas enormes de trabajar, vuelvo a casa y me encuentro la misma oficina de siempre. El personal resabiado, con demasiada experiencia en buscarle tres pies al gato para no trabajar o hacer el mínimo indispensable; me encuentro que en los tres meses que no he estado, nada ha cambiado si no es para peor... Sabía que iba a volver sin mucha paciencia, pero la realidad ha superado las expectativas.
Entre el enorme cansancio acumulado de la emergencia y lo que me esperaba aquí, creo que es la primera vez desde que trabajo en esto que estoy verdaderamente contando los días para las vacaciones.
Obviamente, los cincuenta grados a la sombra no ayudan.

Y lo único que puedo hacer es sentirlo por los beneficiarios, porque al final son los que sufren todas estas cosas. Pero hay que saber reconocer las cosas que uno no puede cambiar y dejarlas como están.El Simpa y yo, estamos haciendo las maletas. A ver si logramos vacunar a los gatos. Y ya os tendré informados del próximo título del blog!

viernes, 29 de julio de 2011

Nuevo link... mi novio me controla

Pues en mi primer fin de semana en meses (si, se dice pronto, pero os aseguro que se hace muuuuuuuy largo), aquí estoy, poniendome al día como está mandado con las series, con internet y con los gatos (que tenían déficit de mimitos, los pobres)... y he descubierto este link colgado en FB. ¡Tremendo! Me gusta mucho, porque dice las mismas cosas que pienso yo de las princesas de disney y de las canciones, más unas cuentas más. S, particular atención a la saga lecture de la saga crepúsculo... y eso que solo habla de la primera película, si llega a hablar del último libro!!!!
Aquí os dejo: Mi novio me controla... lo normal. Dedicado a las víctimas de la barbie, de Steven Seagal y de educaciones perniciosas varias.

jueves, 21 de julio de 2011

La hora misteriosa

Tenía pensado empezar como la canción de Sabina, pero en realidad el mes de abril no me lo robó nadie... el mes de abril, que lo recuerdo más bien como si hiciera dos o tres años que pasó, no me lo robó nadie, sino que me lo pasé corriendo entre unas misiones y otras. Hasta que me llamaron para que me fuera ayer a una misión de emergencia, que, sinceramente nadie se esperaba y de la que, aún ahora, no creo que nadie tenga una visión completa. Así, es como han pasado sin que me enterase, los meses de mayo y junio y casi que julio. Os lo prometo, de verdad, ayer era abril. y no me cuadra lo que dice el calendario.

Cuando me llamaron, como siempre, cogí un avión o más bien varios y llegué por los pelos a una dimensión todavía más paralela que mi dimensión paralela de siempre.
Recuerdo tantas cosas de estos dos meses y medio, que no recuerdo nada. Y ahora que vuelvo y encuentro que la vida en esta dimensión paralela casi no ha cambiado (tanto o tan poco que con cinco minutos ya estoy puesta al día, como en los culebrones), me pregunto si no es que me he imaginado todas esas cosas.

Los días que se estiraban hasta el infinito y no terminaban nunca y las semanas que se pasaban a una velocidad supersónica: mucho más rápido que los cinco minutos de por la mañana y a la vez mucho más lentos que los diez minutos antes de irse de vacaciones... Siempre que me pasa algo así me acuerdo de un ejemplo que nos ponía un profe de matemáticas en el instituto (entre una anécdota de fútbol y otra).
Es un ejemplo que me gusta mucho, pero que siempre me ha dado vértigo, porque es de esas cosas que pensarlas es como andar sobre la cuerda del funambulista sin red ninguna. Se trata del proceloso mar de los números. Los números no solo se extienden hacia el infinito en las dos direcciones, positiva y negativa (digamos las direcciones horizontales, para mayor comodidad), sino que además, se extienden hacia el infinito hacia arriba y hacia abajo también, porque entre el 1 y el 2 hay una secuencia infinita de números pegaditos pegaditos unos a otros... es, sin duda, un mar infinitamente proceloso, que se extiende en todas las direcciones... a lo ancho, y a lo largo.
Casi casi, como el tiempo.

Pero las aventuras del tiempo chicle no ayudan a explicar la cosa más rara que me ha pasado en los últimos dos meses y medio, y es la misteriosa desaparición de una hora. En Túnez es una hora menos que en España. En Argelia, es una hora menos que en España. Cuando vuelvo de Túnez a Argelia, no cambio la hora de ninguno de los relojes, y además me paso el primer día dormitando sin hacer nada productivo... a la mañana siguiente, el despertador suena a las siete. Pero no son las siete; son las ocho. O me he pasado dos meses y medio con una hora de retraso, o alguien me ha robado una hora?!

domingo, 8 de mayo de 2011

Puzzle

Me gustan los puzzles. Lo que más me gusta de ellos es que las piezas tienen cada una su sitio; cuando las miras de cerca, te dicen una cosa (o muchas, depende) y cuando la colocas en el contexto, te dicen otra. A veces una sola pieza parece que encaja en varios lugares, pero en realidad, de la buena de verdad, sólo encaja en uno (mi sobrina seguramente discutiría esto, y tendría razón, porque en sus puzzles de princesas, las cosas no siempre son lo que parecen). Me gustan porque todas las piezas acaban bien por colocarse en alguna parte, con la suficiente paciencia y ojo de buen cubero. A veces faltan piezas, pero eso no me preocupa tanto, porque aunque soy bastante controladora, no soy obsesiva (todavía, seguro que todo se andará).

Me gusta entender las cosas, pero a su ritmo, me gusta ver las relaciones entre las cosas, entre las diferentes piezas, como una lína curva lleva a otra y cómo al lado de esta sombra me hace falta otra. Todas las cosas se relacionan unas con otras de una determinada manera. A veces las relaciones reales no son las que aparecen a simple vista, a veces hay que tener un poco de paciencia para ver qué es el borroncillo ese en la cabecita de la pieza.

Después de diez días de locura, algunas piezas empiezan a encontrar su lugar y empiezo a entender cosas. Es una sensación agradable, que me hace cosquillas en este cerebro racional mío. Empiezo a entender el contexto, y eso me agrada, porque no soporto esa sensación de ir como pollo sin cabeza, o como patito (me reservo si feo o no) recién salido del huevo que sigue la primera figura que tiene pinta de saber dónde va. Las cosas empiezan a encajar. Los colores blanco, azul y verde (!qué diferente de mi paisaje amarillo de siempre! Hasta los camellos son más peludos y tienen cara de ser más felices!) empiezan a ordenarse de una determinada manera y sospecho que dentro de quince días, manejaré sin problemas nombres nuevos con reminiscencias de la Guerra de las Galaxias.
Lo único que no encaja bien son, como siempre, los que necesitan nuestra ayuda.

Ahora sólo me queda acostumbrarme a ver la gente ir y venir de la piscina mientras trabajo. A eso, no sé si me voy a acostumbrar, la verdad.

PS: Igual no lo he dicho, pero creo que haber tomado mi primer café expreso en una semana ha ayudado a la claridad de mente que ha originado tanto el contenido como la forma de este post. Al que diga que la cafeína es mala.. prrrr.

viernes, 22 de abril de 2011

Escribir

No sé si será casualidad, pero últimamente, buscando en blog ajenos la inspiración que me elude para escribir en el mío, me he encontrado posts de blogs que se acaban o que se cierran o se mueren... es casi una premonición, al ritmo que actualizo, la verdad.

La idea de cerrar este blog no se me ha pasado por la cabeza, porque la razón por la cual lo abri sigue vigente; no me gustan los mails generales y así puedo informar sin acosar. Es verdad que facebook ha acabado con la emoción a base de permitirnos dejar pildorillas en el estado, pero no es lo mismo.

Además, la segunda razón por la cual lo abri es que escribir siempre me ha ayudado a aclarar las ideas, y aqui escribir tiene un objetivo. Es verdad que uno escribe diferente cuando tiene público, que cuenta cosas diferentes, que es, tal vez, menos sincero. Es posible que esa distinción entre lo que se escribe para el público y lo que se escribe para uno mismo para mí esté un poco borrosilla, porque desde siempre he escrito para otros (como bien sabe S.). Lo cual nunca ha sido un obstáculo para que escribiera en miles de libretas y cuadernos lo que se me pasara por la cabeza.
Ojo, que no se trata sólo de escribir, además se trata de escribir con la mano, que le da un sentido diferente a las cosas (¿será el ritmo?); no es lo mismo acariciar el papel y comprobar cómo el bolise desliza por la superficie que aporrear el teclado con las dos manos, las ideas surgen con otro ritmo y evolucionan mñas por sí mismas cuando escribo a mano.

Siempre he pensado que todos los escritores deben tener sus manías, uno preferirá una máquina de escribir antigua, otro un superordenador de última generación, otro hará miles de apuntes en cuadernos viejos. A veces, cuando me gusta un libro, me entretrengo en pensar cómo habrá sido escrito realmente.

Pero lo más importante es escribir exactamente lo que uno quiere decir. Me gusta dibujar, pero nunca logro reflejar exactamente lo que tengo en la cabeza cuando empiezo a trazar las líneas. No he logrado nunca hacer una copia exacta de la imagen (o lo que sea) que estoy viendo mentalmente. En cambio, con palabras es mucho más fácil reflejar las ideas que me pasan por la cabeza.

Como siempre, tengo muchas, pero no estoy segura de si contarlas ahora mismo será la mejor decisión...

sábado, 29 de enero de 2011

Circulando por la Dimensión Paralela

Hay cosas que no echaré de menos de la Dimensión Paralela, el día que me pelee definitivamente con Air Courcous para salir de aquí. Está por definir si es que hay algo que vaya a echar de menos. A lo mejor, nuestra casita, que al final hemos logrado que sea un sitio acogedor y agradable (y además mientras escribo estas líneas, el Simpa lava los cacharros, dándole ese toque de limpieza imprescindible en la cocina).
Pero a lo que iba, lo que definitivamente no echaré de menos es conducir por la dimensión paralela. He conducido por sitios peores (y lo que me queda, sospecho), pero como todo en la Dimensión Paralela, la realidad aquí supera la ficción.
Antes de entrar en ninguna descripción más elaborada, tal vez debería explicar que cualquier trayecto dentro del pueblo no puede superar los tres o cuatro kilómetros (bueno, uno se puede a dar vueltas como loco a la rotonda del mercado, pero esas trampas no cuentan y además la cosa puede salir muy mal) porque entonces se sale uno del pueblo y acaba o en los campamentos de refugiados, o en la base militar. Desde luego la primera opción es muchísimo más recomendable.
Con ese tipo de trayectos, es increíble la cantidad de cosas que pueden llegar a pasar; es por eso que no echaré de menos conducir por aquí. Os pondré un ejemplo; se trata de una escena dramatizada en la que el Simpa y yo vamos a hacer la compra semanal. El trayecto original implica: sacar el coche del hotel, circular hasta el mercado, aparcar, bajar y hacer las compras, cargarlas en el coche, ir hasta la tienda azul (si, tiene nombre, pero nadie lo sabe, está tapado por el toldo azul), aparcar, bajar, comprar, cargar las cosas en el coche, dirigirse hacia el hogar, aparcar, descargar y aparcar el coche en el hotel. Tiempo estimado: 1 horita. Sucesos esperados: ninguno.
Demasiado optimismo, nada en la Dimensión Paralela sucede como debería...

Al salir del cruce del hotel (donde debería haber un stop, un ceda o algo, pero no lo hay, porque A. Nunca lo pusieron, B. Lo pusieron pero un tío se lo llevo a casa para tapar una ventana o C. Lo pusieron pero una cabra se lo comió), de repente la Dimensión Paralela se transforma en el @#!¬& Nueva York. No se puede cruzar de ninguna manera, pasan taxis, pasa la policía, pasa un señor en burro, pasan hasta los bomberos, todos con tal ritmo que te toca esperar cinco minutos. Y por supuesto, cuando logras cruzar e incorporarte dándole luces al taxi de turno para que reduzca, que no estamos en un circuito de formula uno, te encuentras un peatón despistado cruzando por medio de la carretera sin mirar. Para qué.
Regla número 1: los coches esperan detrás de las esquinas de los cruces para pasar antes de que pases tú. Objetivo: que pienses que la Dimensión Paralela tiene cinco o seis veces más habitantes de los que tiene

Regla número 2: Siempre hay un peatón. Siempre. Detrás de cada esquina, en el sitio donde te vas a aparcar, justo cuando se hace un hueco en el cruce hay un peatón que pasa por delante de tu coche, caminando por medio de la calle, por la noche, cuando das marcha atrás (incluso cuando ya estás dando marcha atrás), cuando arrancas, salen de debajo del motor... Siempre hay un peatón. Además hay peatones de todos los tamaños, niños, señores con burro, señoras con velo y cesta de la compra... Objetivo, que los atropelles y les pague un pastón tu organización. Si no, no se explica que siempre haya alguien que pasa justo por delante de mi puerta cuando intento aparcar.

Regla número 3: las rotondas son fuentes, pero no de agua, de confusión. Las rotondas están pensadas para regular el tráfico en lugares donde unas vías tienen más circulación que otras. Bueno, aquí, no, aquí las ponen para decorar y porque no hay semáforos. Además, la gente no tienen muy claro el tema de las preferencias, con lo cual la preferencia no siempre es del dentro de la glorieta. A veces, según ellos, la tiene el de fuera. Y lo mismo se paran dentro de la glorieta (generando el caos) como se te tiran encima pitando (y entonces tú vas a pitas y se lía parda). Para llegar al mercado, hay que pasar al menos dos rotondas, una de ellas en cuesta...

Regla número 4: Arreglar las luces del vehículo NO es una prioridad, y si no tengo luces de posición, puedo poner las largas, total, no molestan. Con lo cual, por la noche, igual va un coche sin luces, que uno con las largas, todo ello añadido a las acumulaciones en los cruces y los peatones imprudentes... una feria.

De esa manera, salir a comprar se transforma en: sacar el coche del hotel y esquivar a los peatones que cruzan por la puerta del hotel sin mirar, esperar cinco minutos en el cruce y casi atropellar a cinco mujeres veladas que no se sabe de dónde han salido, circular hasta el mercado pasando dos glorietas rezando para que no se te tire nadie encima, y haciéndole gestos simpáticos al gilipollas de detrás que no sabe que hay que esperar para entrar en la glorieta, aparcar (esquivando al tío que cobra el parking, que ante todo es un peatón), bajar y hacer las compras, cargarlas en el coche, sacar el coche del aparcamiento esquivando otra vez al tío que cobra (esta vez marcha atrás), ir hasta la tienda azul (pasando otra vez las rotondas malditas), aparcar (esquivando a la gente que sale de los otros coches sin mirar), bajar, comprar, cargar las cosas en el coche, sacar el coche (previa pitada, porque algún imbécil siempre te bloquea), dirigirse hacia el hogar (con los habituales problemas en los cruces), aparcar (esquivando a la señora que justo en ese momento pasa por delante de la puerta, pero por la calzada, no por la acera), descargar y aparcar el coche en el hotel (esquivando los consabidos peatones e ignorando los coches tremendamente mal aparcados). Tiempo estimado: 2 horitas. Sucesos ocurridos: Menos mal, ninguno.

Lo que más me preocupa es que el Simpa se va a sacar aquí el carnet...