viernes, 30 de enero de 2009

Uno dentro, uno fuera... y hoy empieza la cuenta atrás


Bueno, hay muchos factores que hacen que escriba menos. El primero de ellos es la inquietante falta de medios de transporte en mi vida. Sin medios de transporte, no creais que tengo tanto tiempo para observar a mis semejantes y que se me ocurran bonitas ideas (más o menos inteligentes) que decir sobre ellos. Después van otro montón de ellos, como la falta de tiempo directamente derivada del volumen de trabajo, la compañía de mis compañeros de piso, que sustituye una forma de comunicación por otra, y facebook, que todos los días se inventa cosas para que yo me quede enganchada. Es un problema que existan pasatiempos, para aquellas personas que no tenemos un minuto que perder.
Lo único que sigue igual es que se me siguen agolpando las ideas en la cabeza; las ideas, que son como el queso que se queda al fondo de la nevera, si no lo sacas a la mesa, se va quedando verde y acabará oliendo a muerto aunque no sepas qué es. 
Pero no escribo este post para disculparme por no escribir: porque si yo escribo una vez a la semana, muchos leeis una vez a la semana (o menos).
Me acuerdo de las cosas que no  he escrito:
- No he escrito mi carta de peticiones a Obama. 
- No he escrtio sobre lo que dice mi nawal.
- No he escrito sobre los auténticos, aunque tengo un post en el horno sobre eso. 
- No he escrito sobre la tolerancia. 
- No he escrito sobre lo que va a pasar dentro de un mes.
- No he escrito sobre lo que todos me habeis preguntado.
- Y últimamente no he escrito sobre miedo, desamparo y sobre todo, cómo yo debería estar acostumbrada, porque de una manera u otra, siempre acabo sola en los momentos importantes. 

Pero, las cosas en orden, porque las ideas se cruzan unas con otras y, aunque el resultado promete ser interesante, también puede no entenderse nada. 

El lado bueno: oigo música que pertenece sin duda a mi pasado, y me doy cuenta de que, en realidad, hace mucho que dejó de importarme. El sábado, en la mejor fiesta de cumpleaños que he tenido, volvi a bailar salsa. Por accidente, como siempre pasan las cosas buenas. 
Y me remito a la entrada de mi blog, porque el olvido es lo único verdaderamente democrático; como esta foto demuestra, ni la muerte lo es (porque aunque no lo parezca, eso es un panteón). 

 Todo ello significa que ya no tengo que pensar si volver a las andadas o no, porque ya no tiene sentido. Pero es bueno, porque al menos, ya no me importa. Ha sido mucho tiempo, pero ha merecido la pena. O eso creo.
Uno, dentro.

El lado malo: he hecho algo que no quería realmente hacer. He dejado fuera a alguien que sin duda se lo merece, pero tengo la sensación de que por no querer explicar, no he sido ni siquiera suficientemente desagradable (imposible, murmurará más de uno entre dientes). Pues si. 

Sí, te perdono la osadía, porque no era tal, 
sino inconsciencia. 
Alejate de mi, porque prefiero llevar el mal recuerdo 
que saber que no fue por ninguna razón en particular. 
Han pasado mil años, mil sueños, 
pero prefiero cerrar mis ojos 
y pensar que el dolor de entonces era real, 
y no que no valió nada.

Durante un momento, muy cortito, dudé. Pero eso mismo, me hizo odiarme a mí misma. Cerrar puertas tras de mi ha sido demasiado doloroso y complicado como para abrirlas ahora y descubrir que en realidad, lo que había detrás de las puertas, no era más que humo. 
Hace mucho que me esfuerzo por mirar al futuro y no ver más que un camino que elegir, sin oír las voces que se quedaron atrás. Porque lo bello de las decisiones irrevocables es precisamente que lo son. 

No te quería en mi vida, entraste como un caballo de batalla, arrasando la hierba sin compasión. Querría que nunca hubieras estado allí, como nunca había deseado nada. Ahora que puedo sonreírme sin pensar en aquello, descubro que el olvido ha hecho su trabajo. 
Uno, fuera. 


Y bailaré como siempre, 
el compás que marca mi cabeza, 
dando las vueltas sobre mí misma, 
aunque me sujete en tu mano cuando me falta el equilibrio. 
Y cuando la música pare, me sentaré con las piernas encogidas, 
deseando que vuelva a empezar. 

Hoy empieza la cuenta atrás. El período de transición (y esta vez no es solo para mi) acaba de terminar. Empieza la partida. 

martes, 20 de enero de 2009

Una semana en el limbo


El limbo es un lugar... diferente a como yo lo esperaba, la verdad. Yo siempre habia pensado que sería un lugar más o menos vacío, pero de hecho es más bien un lugar lleno de gente donde nadie ve a los demás. Así, la eternidad se hace aún más eterna.
No sabes cuando te vas a ir del limbo, pero sí sabes que querrías salir de allí... aunque a medida que pasa el tiempo, te sientes cada vez más a gusto, y las razones por las que quieres salir son más difusas, más irreales, y más fáciles de rebatir.
Una semana que parece un año, para que algunos procesos que están en el fondo de la mente terminen sin que uno se de cuenta. Para que las cosas se vuelvan menos nítidas y a la vez menos claras, pero sobre todo, más distantes.
Para que la incertidumbre, la incomunicación y la soledad parezcan cosas de otras personas, de otras vidas... o del mundo real. 





El resto, donde siempre... 

martes, 13 de enero de 2009

De tres en tres... ideas que me rondan por la cabeza


... que me rondan muchas desde que vago forzada por las calles frías de esta, la gran ciudad por excelencia. Y que para mí, es el lugar perfecto para pensar, por más que no me gustaría vivir aquí... más que obligada, como ahora.

Idea 1: Accidentes y sucesos accidentales que pueden parecer lo mismo, pero no lo son; mientras que accidente tiene una connotación inequívocamente negativa, suceso accidental implica lo que es, evento que se verifica como resultado de la coincidencia de circunstancias que eran poco probables.
Ejemplos:  
- Entrar en una carrera por la nota de selectividad y que ésta acabe enseñándole a uno la puerta por la que se llega a las respuestas que uno busca en la vida.
- Solicitar plaza en un programa de becas la última noche del plazo, diez minutos antes de la hora límite y dos años después, acabo descubriendo mi vocación verdadera.
Podría poner más, pero como siempre, no quiero gafar nada (perdonadme la superstición, que es casi el único lujo ultraterreno que me doy). Muchas cosas buenas han llegado a mi vida por accidente, pero no sé si todas, así que no haré inferencias fáciles. Es posible que tenga el síndrome de la orejera y sólo vea lo que quiero ver. 

Idea 2: Profecías que se autocumplen

Gracias a esta idea, he encontrado un blog interesante, pero se me ha ocurrido porque tiene mucho que ver con la anterior... si uno busca suficiente la parte buena de las cosas, acaba encontrándola. 
Las profecías que se autocumplen pertenece a la categoría de las cosas que me fascinan porque se refieren al comportamiento de las personas cuando se ve influenciado por extraños incentivos ajenos a la racionalidad: uno hace una predicción y el mero hecho de hacerla, genera las causas que provocan el cumplimiento. Notése bien que es necesario que las profecías se hagan en voz alta. De un lado, porque si no se hacen en voz alta, no son profecías, y del otro, porque cuando sólo uno es testigo, no son espectaculares. 
Ejemplo: 
- Cuando estás cogiendo demasiados platos y tu madre te dice: se te van a caer. Te distraes, y se te caen.
- Especialmente en las parejas, cuando alguien le dice a uno de los dos: No va a funcionar. ¿Cuántas veces sobrevive? Esta es otra versión de una cita famosa de alguien que dijo: ¿Cuánto vive el amor? Hasta que se hace esa pregunta. 

Idea 3: Vísteme despacio que tengo prisa
Que es poco más o menos lo que me pasa ahora... tantas cosas que hacer y no poder hacer ninguna, me ha dado un poco de perspectiva sobre toda la lista de tareas... y sobre todo, sobre qué cosas no hacer. Ahora que el final se acerca inexorablemente, y ya al lobo no se le ven ni las orejas... ahora, cuando vuelven las mismas dudas que antes de ir a Guatemala; aunque tienen una forma distinta, la esencia es la misma.

Y mientras camino bajo el frío inmenso de esta ciudad, en la que el aire parece que no se para nunca, silbando entre las personas que se cierran en sí mismas, voy tejiendo pensamientos uno tras otro y haciendome preguntas que se quedan suspendidas, sin contestación... ¿Será el último accidente algo permanente? ¿Serán estas preguntas la señal de una profecía autocumplida? ¿Habrá en mi lista de tareas algo que hacer que no he hecho? Y me distraigo tanto pensando que mis pasos me llevan lejos de mí misma, y tengo que correr para alcanzarme de nuevo. 
Se acabó la época sin preguntas. 
Se acabaron los tiempos sin complicaciones. 
Se acaba la eterna primavera. 

viernes, 9 de enero de 2009

Varada en NYC en tres movimientos


Este no es para nada el primer post que yo esperaba subir en 2009. Este es un post completamente accidental. De hecho, tengo a medio escribir el primer post de este año, que claro, ya no lo va a ser... Todo es un poco raro de un tiempo a esta parte, es un poco como estar en el limbo... no sé si ello afecta a mis augurios sobre el año que entra...

Movimiento I, allegro

Llegamos con tiempo al aeropuerto. Está claro que me da mala suerte, hacer estas cosas. El vuelo de Air France estaba retrasado, porque con menos ocho graditos que hacían en Paris, pues había un poco de nieve. Y ya se sabe, los aviones, son de clima cálido. Curiosamente, los vuelos internacionales (uséase, fuera de la UE, que ya parece que nos vamos acostumbrando a la idea) no están retrasados, con lo cual mi tránsito pasocómodamentedeunaviónaotro se transforma en un comonocorrasportodoelaeropuertonocogeselavión

Con una tos del infierno, gracias a un tremendo constipado/gripe (mal rollo, que te dejen subir con gripe en los aviones, así se producen las pandemias, hombre) cruzo a galope tendido todo el santísimo Charles de Gaulle (que no es moco de pavo, creedme, hasta el trenecito ése del demonio tuve que coger. Y digo yo, no lo podían haber llamado Napoleon Bonaparte y haber hecho más pequeñito el aeropuerto?) y logro subir la última en el avión. Las de al lado me miran sospechosamente cuando el comandante dice (literalmente): 
- Estimados señores viajeros, les informamos de que el abordaje de pasajeros ha terminado. No obstante, estamo esperando que se carguen las maletas de algunos de los últimos llegados".

Afortunadamente, la sospecha en seguida se desvanece cuando el azafato me da las gracias por haberle cambiado el asiento a una señora, para que viajara en el mío junto con su madre. Durante el vuelo me arrepentí, aunque eso es otro asunto. 

(Tangencialmente, me pregunto por qué la gente se niega a cambiar su asiento en los aviones. Qué, que la fila 29 no llega al mismo destino que la 28? Con lo supersticiosa que yo soy para algunas cosas, para esto no, oiga). 

Nos dan de cenar, y el efecto combinado del antigripal, un gintonic y el rollo de película que me pongo, hacen que me duerma. En ése preciso momento en que la realidad comienza a hacerse difusa y uno sientos los cálidos brazos de Morfeo que lo arrullan, la pasajera de la ventanilla necesita ir al baño. 

Me vuelvo a ennganchar a la película, cuyo poder soporífero empieza a hacer mella en mi interés por el argumento. Cuando me acurruco bien para dormirme, la pasajera de la ventanilla decide que es hora de escuchar música y al revolverse para cambiar la tele, me saca de mis ensoñaciones con un golpe. La miro bien y detecto que ya no es una pasajaera normal, sino que está gorda.

Refunfuño, decido que la película no sirve ni para dormirse y busco algo aún más aburrido. Durante la búsqueda, la pasajera de al lado se queda inmóvil un buen rato (para que me confie, imagino). Después de encontrar otra peli que me parece inspiradora de sueño, saco mi segunda mantita (hace frío, será el constipado/gripe), me la echo por encima y mi búsqueda de postura coincide con que la pasajera de la ventanilla necesita ir al baño de nuevo. Aprovecho y voy yo también, pero parece que hay cola. El azafato, que aún me está agradecido por haberle cambiado el asiento a esa mujer, me indica (aunque estoy la última de la cola) donde hay otro baño libre y voy (el constipado y la gorda de al lado han despertado mis sentimientos egoistas). Según me estoy sentando, aparece la pasajera de la ventanilla. Está gorda y además es fea, la mujer. 

Decido que con el sueño que tengo, ya no necesito ninguna pelicula para dormirme, así que apago la tele. Como observo que la pasajera de la ventanilla anda tocándole el trigémino a su pantallita, me pongo el antifaz y me arrellano en el sillón. Un rato indeterminado después, me despierto porque he perdido la sensibilidad del brazo derecho. Si ponen pantallas táctiles en todos los asientos, no podían hacer los asientos diez centímetros más anchos? Miro a la gorda de la ventanilla como si ella tuviera la culpa de todo, porque al fin y al cabo, una vez más, qué más le da?

Me vuelvo a dormir, y al cabo del rato (otra vez indeterminado), la pasajera de la ventanilla, sin duda en venganza por la última mirada injusta, me despierta para ver si quiero desayuno... como no tengo fuerzas de mandarla al cuerno ni me acuerdo en qué idioma se entendía con los azofaifos, me vuelvo a echar el antifaz y la manta y maldigo a todos los moscardones de avion que debían haberse quedado en su casa. 

Al cabo del rato, aterrizamos en un estado de semiinconsciencia (al menos mi persona) y nos dirigimos a las aduanas, que pasamos sin mayor contratiempo que buscar el papelito verde en un idioma que se entendiera. Después del tejemaneje habitual del aeropuerto, en un taxi, llegué a casa de mi amiga en la gran manzana, que me esperaba medio dormida, dadas las horas que eran. Menudo barrio, esto está muy bien!! La casa es como en las películas (para variar), con dos escalones en el salón y una barandilla de forja preciosa. Si yo viviera aquí, no me podría concentrar en nada, mi imaginación peliculera no me dejaría. Me meto en la cama, a dormir imperturbada, por fin, durante ocho horitas... al rato me despierto. Echo de menos a la gorda de la ventanilla... 

Movimiento II, desastroso

En realidad la mañana empieza bien, nada que ver con cómo va a terminar el día. Desayunamos, recordamos, nos reímos, y llegado el momento, nos despedimos y me subo a otro taxi, cuyo taxista me comenta lo mucho que está lloviendo esta semana. NYC no es una ciudad para la lluvia, la verdad, se vuelve muy triste y le sale el espíritu indiferente hacia las personas.

Llego sin mayor incidente (esos estaban reservados para luego) a los mostradores de Continental (los mismos que hace menos de tres meses estaba aquella panda de mexicanas pijas que no podía facturar todas sus compras) y cuando la señorita me lo indica, me paso a la máquina de check in... y entonces empiezan los sudores fríos. No solo no encuentro mi reserva de vuelo, sino que tampoco el pasaporte. Después de años de experiencia de perder cosas, mi cabeza hace sola el ejercicio, y recuerdo que no he visto la bolsita donde llevo esas cosas en casa de mi amiga. Es más, la última vez que la vi, fue saliendo del otro aeropuerto... maldito sueño, seguro que se quedó en el taxi... Ningún alma me lo ha traido de vuelta, cosa que no esperaba razonablemente, sino en virtud de mi proverbial buena suerte... o sea, que estoy en un aeropuerto de NYC sin pasaporte. Ops. Enorme ops. 

Ya me han pasado las tres cosas que a uno le dan miedo y que piensa que no le van a pasar si tiene suficiente cuidado. Ya me dormí en un examen, ya pedí un avión, y ya he perdido el pasaporte en un país extranjero.

A todo esto, probablemente ya os he contado que además yo tenía la gripe o lo que fuera. 

El caso es que, después de entrar en shock, y cabrearme conmigo misma (porque hay que ser bruta para perder así el pasaporte) me voy al consulado. Mi calamitoso aspecto griposo es de un moderado apoyo, así que después de seguir las instrucciones que me da el señor del consulado, salgo disparada del consulado, para lograr hacer todo. Además, les dejo las maletas ahí, con lo cual ya puedo volver antes de que cierren!

Así, logro conocer una comisaría americana por dentro (bueno, dos, porque en la primera no me atienden porque no es su zona. O sea, que como te intenten matar, no te confundas de lado al dirigirte a la comisaría, o te mueres esperando) y confirmo mi impresión de que este país, es tal y como sale en las películas (de momento no he visto ningún alien, pero no dudo de que lo veré en breve). En total, corro varias veces por el arco de veinte calles, con un frío que pela, con una lluvia helada que me cala hasta los huesos y con una tos de perro de esas que dan miedo... Si no me muero de esta, salgo reforzada.

El caso es que mi pasaporte va a llegar la semana que viene, así que aquí estoy, atrapada en NYC... 

Movimiento III andante contenido

Así que ahora estoy en un apartamento de película, viendo nevar por una ventana, en una situación absolutamente irreal, como si el mundo se hubiera parado allá fuera.
He descubierto que detrás de los decorados de las películas no hay solo cartón piedra, hay todo un mundo de cosas y personas... casi casi dan ganas de explorarlo...
El postergar continuamente las cosas, aumenta la sensación de tranquilidad. En realidad, no hay que hacerlas nunca... al menos, aquí, en el lado irreal del mundo, una mezcla entre el limbo y la casa del cambio... en cualquier caso, un remanso de paz antes del final.