lunes, 30 de octubre de 2006

Crónica de un regreso al pasado...


Todo empezó hace unas semanas con Ra que me decía que tenía que quedarme en León el último fin de semana de octubre, porque iba a venir la invasión de conjuntos.
El tiempo se acercó al finde en cuestión con su velocidad habitual, y al final llegó el finde en cuestión, un fin de semana en el que, después de dos semanas de lluvias torrenciales, por fin lució el sol. Es más, lució hasta demasiado, menudo calor...
Los visitantes llegaron cargados de maletas hasta el Parador de León, donde se alojaron e habitaciones antiguas y llenas de muebles mullidos (o eso me pareció a mi, que tenía sueño). Durante la copa de bienvenida, mi pareja preferida nos ilustró sobre la estupenda experiencia que supone ser Amigo de los Paradores, cosa que decidimos hacernos todos rápidamente. El caso es que, al final, se me ha olvidado el folleto relleno...
Nos fuimos de tapas (en realidad hemos estado casi todo el finde de tapas...) y a comprobar la marcha de León, con incorporaciones a lo largo de toda la noche, y sucesivas puestas al día. Después de bailar poco y hablar mucho, y de muchos planes para el sábado, me marché a las cuatro de la mañana, derrotada y con un ojo que prometía molestar (del verbo mañananopodrásabrirlo, como efectivamente sucedió), y dejé a los viajeros dándolo todo en los antros que pueblan esta ciudad, incluido un curioso Studio 54 donde me han comentado que hay una marcha impresionante (fuentes externas al grupo).
El sábado a las 9:30 no se levantó ni el tato para ver el Parador, como cabía esperar, sino que la másquecompleta visita turística empezó más tarde de lo previsto, y las tapas sufrieron un retraso horario, lo que junto con unos cuántos fallos logísticos hicieron que acabáramos comiendo un sándwich mixto a las mil de la tarde. Tras contemplar las espectaculares vidrieras de la catedral y visitar el Panteón de los Reyes (o tomar el sol, según el caso), decidimos que lo más inteligente era comer hojaldres de Alonso y largarnos a casa del otro medioleonino del grupo a cenar y descansar (la pregunta es: ¿por qué no decidimos desde el principio que nos íbamos a quedar en casa, cuándo se veía venir?). Compramos la comida en un peculiar supermercado lleno de murciélagos y con las cajeras disfrazadas de brujas, y nos fuimos al pueblo en cuestión, a unos extraños 14 km de León (después comprobamos que nos había engañado, pero entre que ya era tarde y que no tenía remedio, le perdonamos).
Por el camino, descubrimos el miedo al apagar las luces en una carretera oscura oscura, en medio de la noche... casi casi como en Darkness...
Entramos corriendo en la casa huyendo de unos enormes (pero enormes de verdad) mastines leoneses que aullaban delante de la puerta (y que a altas horas de la madrugada se vengaron de nuestras voces de por la noche) y preparamos la cena entre risas, estreses y comentarios al partido de fútbol.
Los comentarios fueron degenerando y las conversaciones haciéndose más profundas (o no, depende del punto de vista!) a medida que pasaba la noche... y se nos hicieron las cinco (que eran las cuatro, las tres en Canarias) sentados a la mesa.
El domingo, nos desperezamos al canto del cabrón del gallo, hicimos un desayuno completísimo, visitamos una parte de la infancia y la adolescencia del Caballero de la Risa Pegadiza, y nos fuimos de nuevo a León, con una ruta turística que completar. Comimos raciones, sentados, y bajamos la morcilla y demás lindezas recorriendo calles empedradas, haciéndonos fotos que publicaré tan pronto como me lleguen (esto no es una amenaza... o si), y aturullando camareras al borde del Húmedo. Al final, llegó el final, como ocurre con todas las historias... y aunque horas más tarde una colgadita me dijo que la expedición había llegado bien a casa, abandoné el barco mucho antes, a las puertas de mi casa.

Es curioso ver cómo seguimos siendo tan iguales y tan distintos a la vez.
Esto confirma mi teoría de que la gente no cambia, cada vez se vuelve más ella misma (del otro lado, es una teoría falaz, porque si cambia, a lo mejor es porque el rasgo cambiado no era proprio de su personalidad... pero no hay demostración posible. Claro, que si todo se pudiera demostrar absolutamente, la imaginación sólo serviría para el I+D). El caso es que algunos temas de conversación han cambiado (coches, hipotecas y casas, horas echadas en el trabajo en lugar de en hacer las prácticas de mercantil...), pero el tono de las conversaciones no ha cambiado demasiado, y seguramente por mucho tiempo que pase, seguiremos teniendo los roles que en este grupo asumimos hace años.
Así, se oyó de todo durante el finde; quejas sobre la escasez de las tapas de León en comparación con las de Granada, recorridos exhaustivos por el centro histórico de la ciudad, simplificaciones geniales de la vida basadas en el sexo, preguntas indiscretas, ambiciosos planes de futuro, risas estentóreas, discusiones en el filo de lo absurdo que contienen distintas formas de ver la vida, ironías y requiebros lingüísticos, anécdotas, inventarios de personas más o menos desaparecidas... Me pregunto si seguiremos siempre más o menos igual, o en algún momento, las diferencias serán más que las similitudes...
Pero, no nos preocupemos, eso es agua del futuro.
Espero veros a todos reunidos antes de la próxima fiesta de despedida.
¡Este finde he recordado una yo de la que ya no me acordaba!

viernes, 27 de octubre de 2006

Segunda fase... ¡a jugar!


Después de los últimos nervios, se han decidido entre todos y han logrado ponerse de acuerdo, aunque aún no es absolutamente definitivo... a partir de enero, mi residencia estará previsiblemente en... tachán!


¡¡GUATEMALA!!



Ahora, a prepararlo todo, por fin puedo hacer planes...
Igual, hasta puedo dormir un poco mejor por las noches, aunque no lo ejercitaré mucho este fin de semana, porque viene la horda de conjuntos a conocer León...
¡habrá que celebrar mi destino!


jueves, 26 de octubre de 2006

Miércoles extraño


Tras tres noches sin dormir el mundo empieza a cobrar un tinte raro... o más bien, pierde el color, y, como en una fotografía en blanco y negro, los detalles saltan a la vista. Y te preguntas por qué no los habías visto antes... como ponerse las gafas siendo miope.

La espera se está convirtiendo en algo angustioso, máxime porque desde ICEX insisten en mandarme de vuelta a la ciudad eterna (aún no sé si es mala fe o qué)... si pudiera saber qué pasará dentro de un mes, o pudiera hacer algo para acelerarlo todo... mas, no está en mi mano.
El mundo es ciertamente irónico.
Igual habría hecho lo posible por quedarme allí... aún no sé, después de volver, las ganas que de verdad tenía de irme.
Que me quiten lo bailao, me dice una vocecilla desde el fondo de mi mente.
Y tiene razón, de no haber ido, no sería yo misma.
Aunque aún me falta un pelín más de cinismo para terminar de reirme de verdad de las cosas que suceden.

¿Por qué después de conversaciones que no querías mantener, entiendes tantas cosas que nunca te preguntaste? Si pienso en tí, siento que esta vida no es justa...

Oiga, ¿quién demonios diseñó este plan? Es que yo quiero pedir una hoja de reclamación, porque a mi no me advirtieron que esto era igual de absurdo y de inexorable que una tragedia griega...



Pero, seamos pacientes una noche más, un día más, como si los días no contaran en el reloj de arena de mi vida, que corre incesantemente. Vayámonos a la cama y sumerjámonos en una novela, y soñemos con los protagonistas, si la lluvia que no deja de golpear en las ventanas, nos deja dormir.
Tengo el poder de atraer los rayos....



martes, 24 de octubre de 2006

Mirada

El espejo me devuelve una mirada diferente, pero no sé ya diferente a que.
Es una mirada desconocida y fría, con un aire ausente que me asusta... es una mirada que no se ha posado nunca en tus ojos, una mirada que prefiere perder sus recuerdos a conservarte entre ellos, y que sigas clavándote como una astilla entre las ideas revueltas.
Es una mirada que me reprocha el valor que nunca reuní, las cosas que nunca te dije, que se han caído congeladas al suelo después de que llegara una brisa gélida...
Es una mirada que recoge lo que pudo ser y no fue, ni será; es dolor en estado puro, y el orgullo que me hace mirar adelante, sin pensar en lo que se queda.
Estaba escrito que sería así, pero eso no disminuye el tormento.
Me despierto de nuevo sola y cierro los ojos intentando no volver a soñar contigo. La esperanza es un animal salvaje que se agarra a las entrañas antes de morir.
Se acerca el final y la huida, tenso los músculos y me preparo para el salto hacia el vacío, en un mundo donde tú no estás... Y lo único que sé, es que no lo he imaginado todo... aunque ya no pueda agarrarme ni a eso.

lunes, 23 de octubre de 2006

48 horas desesperadas

Pero no como en la película, sino porque me he pasado dos días sin móvil. Todo por no aplicar la primera medida que se debe aplicar con los chismes eletrónicos, uséase, apagar y encender de nuevo... dos días sin estar localizable ni para toda la gente con la que quería quedar, ni para el PMA ni para ICEX ni para nadie... claro, cuando logré tener cobertura de nuevo, estallaba el bichín de mensajes y de avisos del contestador (que vaya tía peñazo, la del contestador, a ver si lo personalizo de una vez, bueno cuando me vuelva a cambiar de compañía). En fin...
el caso es que yo recuerdo que en algún momento, no tenía móvil, y a pesar de eso, llevaba una vida normal, si quedaba con alguien, pues tocaba esperar (excepto al que le decíamos media hora antes para no esperar mucho), llevaba una tarjeta de telefónica para las cabinas para avisar de que no iba a comer o de que alguien iba conmigo, y cuando llegaba a casa, tenía mensajes de la gente que me había llamado.
Ahora, leo medio asustada, que el 61% de los chavales entre 10 y 14 años ya tiene móvil. De un lado, me horroriza, y de otro, al fin y al cabo, muchos padres lo comprarán para tener a los hijos localizados. Y ellos aprenderán antes, como lo aprenden todo antes de lo que lo aprendimos nosotros, a mentir sobre donde están...
El mundo tiene cada vez menos encanto, los niños son cada vez menos inocentes y cada vez es más difícil mentir, aunque cada vez sea todo más cómodo... ya no tengo ni que ir a la tienda a que me revelen las fotos (que las tengo aún que seleccionar si me deja el virus), porque me las mandan a casa...
No me malinterpreteis, no me quejo! Si no fuera por internet, los móviles y esa serie de maravillosos inventos, este año no habría conservado ni a la mitad de mis amigos, o al menos, no en el mismo grado de amistad que tenemos (dicen que un amigo de verdad lo es para siempre, pero ya lo dijo Platón, que no hay que dejar crecer la hierba en el camino de la amistad)... pero, a veces, cuando me siento a leer un librito de aventuras, y me asalta el romanticismo, me pregunto qué será de mis ansias de conocer el mundo, si éste es cada vez más pequeño...
Desde luego, si yo tuviese hijos ahora mismo, no les dejaría tener un móvil... ni amigos! Mejor, les intentaría convencer de que una vez vi un perro verde, y de que aquí en el jardín de enfrente de casa, por las noches a veces hay unicornios pastando.
Claro, que igual lo mío es una cosa crónica...

jueves, 19 de octubre de 2006

¿Una cierta tendencia autodestructiva?

Una norma es algo que merece la pena saltarse si y sólo si existe un motivo para ello. Reconozco que me encantaría que el mundo fuese como en las matemáticas, donde no merece la pena saltarse las normas (lo siento, nunca dí los imaginarios, ya tengo bastante imaginación de serie) porque las consecuencias son, como mucho, un suspenso... Pero no es él caso, el mundo es el que es (sea la realidad la que sea, que ya sabemos lo que puede diferir de persona a persona), y las normas son relativas. Y hay quien va por la vida saltando normas como en una carrera de vallas...
Pero hoy lo que me preocupan no son las normas con fuerza, las leyes (si ahora leyera esto mi profe de Filosofía del Derecho, probablemente se escandalizaría), sino las normas que de tanto cumplirse, te configuran como una persona normal o no normal.
Dedúzcase, por favor, de mi discurso, que no estoy de acuerdo con estas normas no porque me definan como persona no normal (raro, no digo diferente digo raro, que dirían Fito & co), sino porque, al igual que las modelos de IMC menor de 18 (y mayor, no te jode) estas normas crean una especie de realidad paralela que sólo genera frustración cuando se aspira a ella.
No me canso de decirlo, y sin embargo, no deja de darme miedo: la seguridad no existe.
An old man, turned 98, he won the lottery and died the next day (Alanis dixit), es un hecho que se repite, la vida cambia, la seguridad es una mera ficción que nos creamos para dormir por la noche (tras la cuarta noche en blanco, he deducido que estar esperando al destino (en senso lato) es lo que no me deja dormir)...
Y si, de tanto pensar que la seguridad es buena, es estupenda, nos drogamos con ella y no vemos la vida de verdad? Es bella la vida porque se va en cada instante? Es bella porque no está compuesta de rutinas en realidad y cada día es distinto del anterior? Y sin embargo, hay veces en que cada día es exactamente igual al anterior...
Es indecible la angustia que me asalta cuando me preguntan: y tú cuándo te compras una casa? Pero cómo me voy a comprar una casa? En nombre de Dios, para qué? Volviendo a términos económicos, el coste de oportunidad de una casa es tal, que si la comprara, no sería yo quien hubiera tomado la decisión.
Mi hogar lo compondrán un gato (Pepe) y mi biblioteca ambulante (anda que no tengo que poner ex libris estas vacaciones eternas), y no la casa donde estén metidos... porque el mundo es muy grande, y si me compro una casa, me pertenecerá una pequeña parte del mismo, pero yo, que no me conformo nunca con nada, lo quiero todo.
Por no hablar de los planes de boda... eso sí que pone los pelillos de la nuca de punta. Últimamente oigo planes de boda lo más fashion, urbana, joven y moderna posible... ¿cuándo hemos perdido el sentido del gusto? Venga ya, para emborracharse a la salud de una pareja no hace falta tanto jaleo... y si lo que quieren es casarse de blanco, que no pongan excusas baratas ni hagan bodas cutres (dícese de las que acaban en los vídeos de primera).
Pero lo que de verdad me incomoda de todo esto (que preguntas aún no me hacen, pero me las harán), es, por qué hay que ser dos para ser feliz? ¿Convicción, norma para una vida estupenda, o estúpido instinto? (La culpa es de Meg Ryan)
Me hago utterly mayor y más cínica; obviamente me harté de estar siempre enamorada del Beatle equivocado, aunque le incluiré en la colección de fotos a colocar entre mi biblioteca ambulante.

Y no obstante, cuando más convencido estás de lo que dices, siempre llega alguien a fastidiarte las teorías (verdad, arquero?) y te demuestra que al menos para él, la vida según las normas es deseable y hasta (oh, maigod) factible. Y te deja con la sensación de que después de todo, es posible que no te gusten las normas porque sí eres raro.

(Y qué hay de malo en ser raro, eh??? No contesta nadie... pues me da lo mismo, que lo sepais...)

Hay, existe la persona que, con toda la seriedad de unos ojos marrones, y todo el aplomo de que es capaz, te dice que siempre quiso una casa con niños y perros, y una adorable mujercita a su lado. No hay nada más feliz que ese cuadro, a pesar de que se parezca a las familias de los anuncios. Y cuando te lo dice, recuerdas que cuando eras pequeña, tú también dibujabas princesas que se casaban con príncipes azules, y eran felices y comían perdices... quizá es una cuestión de empeñarse en la dirección correcta o en la dirección equivocada, quizá las normas para una vida estupenda llevan de verdad a una vida estupenda a algunas personas que de verdad las observan... quizá soy una cigarra y no una hormiga, y si mi vida pende siempre de un hilo no es sino culpa mía... quizá existe algo de seguridad en este mundo y se trata de buscarla... o quizá, como la fe, es un truco que funciona a algunas afortunadísimas personas.

Personalmente, me da envidia... pero también me asusta empeñarme en una vida y luego acabar aburrida... o quizá es simplemente, una cierta tendencia autodestructiva que me lleva a no aferrarme a nada, a preparar todo en el último momento, a colgarme siempre de la persona equivocada, a empeñarme en hazañas absurdas y a andar siempre convenciendo a la gente de que arriesgue un poco para sentirse viva.

Lo peor, es que al final, todo queda en humo (Mañana por la mañana...)
Tal vez esta vez no, tal vez esta vez, cuando acabe la espera, lo logre, y viva algo que de verdad me haga cambiar y ver la vida desde otro ángulo.

Quizá acabe convencida de que las normas son buenas... pero de momento, mejor aprendo a tocar la guitarra para estar todo el verano con la barriga al sol. No me resigno a creer que el mundo sea una eterna lección de matemáticas, ni que tenga forma de fractal...

martes, 17 de octubre de 2006

Humanidades

Y he aquí una decisión que no responde a mi espíritu de contradicción, pero que seguro que lo ayuda mucho... me he matriculado de Humanidades (aquí tocan un par de sonoras carcajadas).
Digamos que debido a mis recientes problemas informáticos y a que no he parado quieta, no he escrito demasiado últimamente en mi querido blog...
Tampoco es que mi estado mental me deje ordenar los pensamientos lo bastante como para escribirlos aquí, porque tengo más bien la sensación de que son una maraña de cables eléctricos que es mejor no tocar. Sin embargo, no sé si habeis intentado no tocar una maraña de pensamientos... es altamente complicado. Tú normalmente no te dedicas a pensar en puercoespines, pero basta que alguien te diga que no debes pensar en ellos para que lo hagas continuamente... y digamos que llevo tres semanas venga a pensar en puercoespines, de lo cual resulta que todo el resto de ideas están un poco agujereadillas...
Esta vuelta está siendo mucho más extraña de lo que yo esperaba... aunque no tengo tampoco muy claro lo que esperaba al volver... bueno, un poco de sentimiento de desubicación, un poco de angustia por no poder hacer planes, un poquito de reencuentros y un poquito de gente a la que después de veinte minutos ya no sabes qué contarle... más o menos lo de siempre, sólo que al final, de tanto estar uno más fuera que dentro, acaba fuera como un balcón (que se dice en italiano)... y qué le voy a hacer si sé la música que se llevaba en Grecia este verano, pero no la de España?
Por otro lado, hoy me han dado la desconcertante noticia de que igual sigo de vacaciones hasta enero... que son ni más ni menos que tres meses sin hacer exactamente nada... si, admitimos barco, que es tiempo para hacer cosas... pero no era lo que necesitaba oír hoy... fundamentalmente, porque aún no me han dicho dónde me iría en enero... sabeis ese relato de Benedetti en el que su avión nunca llega a salir? Pues algo parecido. Y con una maraña de pensamientos que no me dejan dormir a pierna suelta por la noche, pero que por la mañana hacen que me quede como una piedra en vez de felicitar a los cumpleañados.
Saquemos algo positivo de todo esto y aprendamos a pensar un poquito... a ver si dejan de tildarme de ecónoma inculta, al menos (aunque en puridad, hace mucho que nadie lo hace).

viernes, 13 de octubre de 2006

Nada cambia

Siempre esperando, una voz, un gesto, una decisión, una palabra, una noticia, con la vida suspendida de un hilo, anhelando cada instante que todo cambie, pero no cambia nunca... y cuando todo permanece, acabo por huir, de tí, de mi, de todos... acabo por renegar de lo que conozco, porque la vida es necesariamente más que una espera... o no? ¿Dónde estás? ¿Y dónde estoy yo?

martes, 10 de octubre de 2006

Lucha desigual

No, no he desaparecido, aunque casi casi.
Llevo tres días en lucha desigual con una serie de virus, troyanos, gusanos y la madre que los trajo a todos, que han tomado posesión de mi ordenadorcito, y que de vez en cuando lo apagan. El caso es que he sacado de todo de aquí dentro (una bota vieja, un trozo de somier, una caja de hojalata con el dibujo borrado...), y esto sigue haciendo cosas raras, así que seguiré mi inmersión en el mundo del freakismo más profundo, en el que empiezo a entender algunas de esas expresiones que dan miedito...

Todo ello contando con que mi intención inicial era colocar las fotos y seleccionar un montón para imprimirlas, he comprobado la gran verdad de que las cosas no salen nunca como uno quiere... para compensar la carecia del orden en las fotos digitales, he revelado catorce carretitos que tenía acumulados desde marzo (por aquello del peso, saben ustedes?), y me he llevado agradables y desagradables sorpresar, como puede confirmar mi Ingeniero favorita, que ha pasado el finde en la notabilísima León, para darnos la enhorabuena y ver la casa nueva.
Ay, que de eso espero fotos también!
Dios mío, estoy mentalmente repasando la cantidad de cosas relacionadas con la fotografía que tengo que hacer antes de irme... ups.
Como cuesta ponerse en orden, sobre todo cuando no sabe uno para qué se está poniendo en orden...
Esta mañana me he informado de las vacunas que me hacen falta para irme por ahí, y para empezar, me hacen falta muchas. Y ya veremos cuando sepa dónde, las que añadimos a la lista!
Hmpf. No os asusteis a los que habeis pensado en venir, que de turista no se exigen, jeje.
Y mientras, cada vez más en ascuas y con mis compañeros que se angustian con la segunda fase... menudas experiencias paranormales vamos a oír también por ese lado...

A propósito, desde el blog ruego encarecidamente a los elegantísimos becarios de segunda fase de la FAO que me den alguna señal de vida, que al final me quedé sin sus correos personales... y gracias al virus, soy incapaz de abrir la agenda de mi antiguo correo mcx.

Vacaciones capítulo X: El país de los dioses, kalimera ellada

(Lo sé, hace mucho que debí publicarlo, circunstancias de la vida. Quien me quiera me disculpará!).

No parecía una buena entrada en el país llegar a las tres y pico de la mañana (y sin saber si tenía que atrasar o adelantar el reloj) y con la advertencia de E de que no me dejase engañar por un taxista al que le tenía que dar la dirección en griego... No debí dársela muy mal porque llegué al lugar en cuestión, donde me esperaba una mulatilla que resultó ser E, cambiada de raza a base de tremendos baños de sol. Tras mi sorpresa inicial y agradeciendo los 23 grados a esas horas de la noche, después del menos que fresco norte de Europa, nos pusimos al día y dormimos un rato, pero no demasiado... yo tenía ya la rutita preparada por la ciudad más caótica de Europa, que lo es.
Sinceramente, las dos cosas que más me han decepcionado este año han sido las pirámides y la Acropoli... probablemente, están demasiado vistas, y cuando uno llega resoplando y bufando por el calor, después de haberle pegado un sorbo al agua caliente de las fuentes a medio camino, no le tiene uno mucho aprecio a nada... por no hablar de lo que resbala la jodía Acropoli, que casi me quedo allí! Demasiado llena de turistas y con una dudosa restauración, es bonita y hasta cierto punto impresionante, pero. Me gustaron mucho más las vueltas que dí por la tarde por Plaka, a la sombra de la montañita... o las vistas por la noche. El caso es que Atenas tiene un ambiente muy particular, y no sólo porque estés todo el rato oyendo español hablado al revés por la calle.
Después del día de turismo (y muy resignada sin ver Afaya, que me habría dado tiempo a verla en un día, si no hubiéramos tenido tanto lío de islas), nos dedicamos a recoger al resto: a la procedente de Madrid a las tres y pico de la mañana (y a esta sí que la timó el taxista, aunque no sé si el mío me timó, porque se quedó con cierta botella de vodka polaco que fui tan cazurra de perder), y por la mañana, a la cairota, a la que recogimos por los pelos en el aeropuerto antes de salir disparadas a una isla remota.
Desayunamos en el Canal de Corinto, donde obtuve una foto igual que la del santuario (ahora entiendo por qué no salían más que fotos iguales, es que no hay otra!!), y donde nos enteramos de que el canal en cuestión lo había empezado un tío hace mucho tiempo y de que los peces están tan felices en el agua... Más tarde, pasamos el puente de Patras, espectacular (y no sé si está en esta carrera que se traen haciendo los puente curvados para que cada uno sea el más algo de Europa por cinco centímetros), y sobre todo muy blanquito.
Por la tarde llegamos a la playa y nos esturreamos como buenas viajeras... la playa de piedras suscitó algunas dudas, pero no demasiadas. Por la noche, breve incursión en la comida loca, y finalización de la noche en un lugar donde parecía concentrada la marcha, pero donde ponían una música extraña (y no por griega!)... no sé en qué momento del día comenzó mi obsesión por los sombreros de vaquero, creo que la llevaba de antes, latente, y surgió al verlos en las tiendas... probablemente se debió a no poder dormir la siesta y a no lograr ver a todos aquellos surfistas que nos habían prometido...
Por la mañana, lamentable espectáculo al despertarse, buen desayuno con yogur griego, y excursión hasta la playa más espectacular que se pueda imaginar, aunque según ciertas informaciones no merecía la pena (si a la gente le pagaran por las tonterías que dice...), Porto Katsiki, donde nuestras sospechas acerca de las piedras se confirmaron, pero no nos importó.
En realidad, hubiera merecido la pena sólo por ver el pollo que se montó en el aparcamiento, donde una napolitana lista quería manejar ella todos los coches, a base de gritos, y E, muy grande, acabó bajándose del coche para dirigirlo ella, gritándole en español a la estúpida en cuestión.
Al final del día, logramos ver una puesta de sol más que espectacular y muertas de hambre, nos dedicamos a vivir una serie de experiencias paranormales en un restaurante. No sabíamos si lo mejor era el arte de la camarera para llevar las cosas o la capacidad para conversar de uno de los integrantes de la troupe:

- Siete italiane? (¿sois italianas?)
- Non, siamo spagnole. (no, somos españolas)
- Ah, sprechen Sie Deutsch? (ah, ¿habla usted alemán?) (??? se deduce que hablo alemán de que soy española, o de que no somos italianas??)
- Ja, ein bischen. (si, un poco) (porque pa chula yo)
- Ah, ich haber fünf Jahre in Frankfurt gelebt... (ah, he vivido cinco años en Frankfurt...)(mientras se va a aturdir a otros clientes)

No sé si es normal en Grecia, pero eso sólo puedo pasar allí... y si yo fuera el camarero, mejor para aturdir es preguntar ¿habla usted indostaní?
No fue la única cosa extraña de la noche, porque Grecia, lo he dicho muchas veces, es un país surrealista. Invitaciones a copas que aparecían misteriosamente junto a nosotras, tías rubias que parecían estar solas, tíos altísimos que echaban piropos y desaparecían...
Obviamente, por la mañana fue imposible levantarse antes de la hora de irse, pero no hubo ningún problema... qué país más easygoing (claro, eso explica que estén como estén, pero ojo, que son felices!!)-
Nos fuimos a la última playa, donde confirmamos las virtudes de las piedras (y debo confesar que superé un poco mi miedo al mar, hasta que la cairota vió un monstruo marino), y después nos fuimos a conocer Agios Nikitas, donde vimos la playa de arena, que debe ser la única de la isla.
Después de una espectacular pelea de móviles, que por puro respeto no ha acabado aún en youtube, partimos para Atenas, cantando la canción que será el éxito del verano que viene: Uuuu pierna de madera... Y llegamos, camino a la inversa, y conmigo hablando casi todo el rato, a las dos de la mañana en Atenas, saltándonos semáforos y subiendo a ver las vistas de la Acrópolis para después llevarme al aeropuerto, donde gracias a la organización que caracteriza al país de los dioses, casi pierdo el avión (uséase trescientas personas en la cola de revisión de pasaportes, un solo griego revisándolos, y muy despacito, a todo esto, mi vuelo ya hacía veinticinco minutos que estaba embarcando; los nervios fueron lo último que me faltaba para acabar de agotarme). Afortunadamente nos pasó lo mismo al 80% del pasaje, con lo cual no despegaron sin mi, y logré llegar sin contratiempos y casi en coma a Budapest, donde alucinada, me paseé por el centro de la ciudad destrozado por una tormenta tremenda...
No recuerdo bien el resto del viaje, llegué a la ciudad eterna a las seis y a mi casa en algún momento después, y dormí hasta la mañana siguiente, sin soñar ni moverme (de hecho, ahora puedoo confesar que me quedé dormida con las gafas, y menos mal que no fueron las lentillas...). Por la mañana, el mundo era de nuevo un lugar brillante y nuevo, pude compribar que mi moreno no era mentira en el espejo del baño y el sombrero de madonna me sonrió desde encima del armario.
Grecia es, definitivamente, el país perfecto.
El país de los dioses....
¿Quién se viene conmigo a montar un chiringuito??

martes, 3 de octubre de 2006

In a surreal hiperreal way... Desde Legio VII

El retorno.
Más difícil y más fácil de lo que esperaba.
Como cuando tienes miedo de ponerte unos pantalones viejos, pero cuando te los pones, aún te sientan bien.
Sólo que sabes que en breve, te volverás a marchar.
Ya os lo he dicho a todos, soy como un hámster, no se me puede coger cariño... siempre acabo marchándome, es culpa de Willy Fog.

¿Que cómo fueron los últimos días?
Agente fueron unos días curiosos, llenos de viajes desconfiados a la posta cargada de paquetes con cosas (pesadas, muy pesadas), pensando y cavilando cómo meter las cosas en las maletas, y con la sensación en el trabajo de que todos los días eran viernes...

¿Que como fue la despedida?
Oiga, vaya preguntas hace usted. Pues triste, como casi todas las despedidas. En soledad, como las buenas despedidas... porque cuando son otras personas las que te dicen lo triste que es una situación, no te lo parece tanto. Logré despedirme en condiciones de la cúpula de mi exparroquia, y Roma tuvo la infinita cortesía de responder mis miradas apenadas con un día de sol radiante y espléndido.
Ay, qué ciudad caprichosa y variable.
Te prometo seriamente que volveré a perderme por los callejones del ghetto y a lucir el palmito por la Via Cola di Rienzo. Pero ahora, me reclaman intereses mayores y más urgentes, y tú lo sabes.

¿Que cómo fue la llegada?
Pues no se podía esperar otra cosa: complicada, como todos mis viajes. Mire usted, yo tengo, por alguna extraña razón, el don de que los viajes resulten ser mucho más complicados de lo que eran al principio... Airmadrid decidió que era demasiado pronto para mi vuelta a España y retrasó el vuelo tres horas... yo que estaba tan contenta cuando el chico del check in me dijo que no llevaba sobrepeso (eso es que no me ha mirado usted bien las caderas, pero gracias por el piropo), se me pasó la alegría cuando me dijo que había un ligero retrasillo.... pero no te preocupes, que a mediodía os avisarán para que recojais los bonos de comida... (joé, deben estar acostumbrados...). Después de llamar a mi Muy Mejor Amigo para que me cambiase el billete (después de que le tocara cruzarse los Pirineos para ir a buscarme, no sé como me coge el teléfono los días que viajo, el pobre), me dispuse a esperar tres horazas a que saliera el vuelo... y disfruté de mi no comida, sino cutre bebida. En fin. Aprovechando la circustancia, seguí con mi obsesión malsana por el tema derechos humanos y segunda guerra mundial, y me compré Se non ora quando, de Primo Levi, además de un libro sobre la India... Mis últimos libros italianos en Italia, sniff.
Al final no se me hizo tan largo y subí al avión... que nos dijeron que iba con retraso porque había venido con retraso de Tel Aviv, excusa que hizo que todos nos volviéramos alrededor a comprobar la seguridad del bicho... claro, volamos mucho más tranquilos. Dos horas y media más tarde, aterrizamos en Barajas, y cuando pasé por delante de la flamante T4, tuve el segundo gran pálpito del día: El uapero J no está en la T2, me está esperando en la T4.
Y dicho y hecho, le llamé y me confesó que estaba en la T4... y lo peor es que mis maletas salieron casi las primeras... pero me mintió, porque no era el uapero J quien me esperaba, sino mi querido Destinatario, con quien el reencuentro fue menos poético de la cuenta porque tenía el coche mal aparcado.
Y así se cumplió el primer gran pálpito del día, aunque no os lo cuento para que no me llameis meiga... eso es otra historia y será contada en otra ocasión.
Con la mejor sorpresa que me podía esperar a mi llegada (día proverbial, curiosa casualidad entre las casualidades), entre las obras faraónicas de la capital, y con música extraña y cautivadora en lenguas incomprensibles, transcurrió la tarde surrealista a juego con la mañana. Cuánto te he echado de menos D... cuanto. No se te ocurra volver a desaparecer o me iré a buscarte. Y ya sabes que no me da pereza ir a ninguna parte, y que hay más cosas dentro del tintero que fuera.
Casi casi en la hora límite, me subí en el autobús que me llevaría a casa de mis padres, con cuatro horas de sueño por delante... por fin, con tiempo de examinar el surrealismo del día y recordando todo lo que quiere ser recordado, mientras me deslizaba tranquilamente en un sueño ligero y lleno de imágenes imposibles.

¿Y ahora?
Buena pregunta... esta semana, desharé mi mastondóntica maleta, mientras espero que lleguen los paquetes que deben llegar, arreglo asuntos pendientes y veo aumentar mis niveles de impaciencia con respecto a mi destino el año que viene... y la semana que viene, de vuelta a la capital de reino, para más reencuentros y unas vacaciones que no sé cuanto durarán... Pensando, que al final, volveré a dejarme cosas pendientes... como un pequeño ancla para asegurarme de que vuelvo.
Ah, también tengo que desmentir el rumor de que soy fotógrafo profesional después de haber estado cuatro horas haciendo fotos en el III Encuentro de Coros de la Romería de San Froilán...

PS: Viva San Judas Tadeo, que el año que viene tengo casa en Copenhagen. Ya veremos si puedo ir...

domingo, 1 de octubre de 2006

Avrei voluto, pequeña serenata nocturna de duda e y si.

Dentro de mi los sentimientos se expanden como las ondas en un estanque... y si las cosas fueran de otra manera?
Si nada fuera necesario, ni doloroso, ni temible... y si sólo tuviera que ver tus ojos durante el resto de mi vida?
Y si me equivoco y sólo veo mi reflejo en la superficie del agua?
Y si por cada palabra no dicha hubiera un eco aún más hermoso y más secreto dentro del alma, en vez de un puñal clavado?
Si pudieras ver en mi mirada todas las cosas que no soy capaz de decirte, si comprendieras todo lo que de mí está oculto por esta superficie extraña...
Y si lo ves, y lo comprendes, pero no sabes a quién le hace más daño?
Y si el juego pudiera ser aún más cruel...?
Y si lo supe desde el principio... Sólo vemos lo que queremos ver.
Es posible que el dolor pase algún día, es posible que las cosas cambien, es posible que olvide las espirales de dudas que me atormentan en las largas noches, es posible que algún día detrás de mi silencio no quede nada más, porque todo se haya secado como en un jardín cuidado por un jardinero loco. O es posible que no pase nunca, y yo esté consumiéndome mientras exploro sistemáticamente todo lo que pudo ser y no fue...
Sé que cuando abra de nuevo los ojos, no estarás ahí. Y sin embargo, estuviste.
Estuviste.
Al menos esa duda no me atormenta.