martes, 27 de diciembre de 2005

Feliz Navidad...

Bueno, pues después de una pequeña pausa (que por lo menos aquí ha sido un fin de semana largo, no como en otros sitios...), volvemos a una semana de trabajo bastante anodina, aunque la verdad es que yo al final estoy liadilla. Si no fuera por los políticos y los banqueros italianos, mi vida sería ahora mucho más aburrida, seamos sinceros.
Por otro lado, han venido conmigo mis papis (que no mis papuchis, visto lo visto) a pasar conmigo la Nochebuena a la italiana (pero como siempre, con turrón y asado!!) y todavía nos quedan un montón de andanzas por la ciudad eterna y las dos terceras partes de las fiestas más ajetredadas de la historia familiar. Veremos como sobrevivimos a montar en avión tantas veces en tan poco tiempo...
La noticia entrañable de la nochebuena, la Misa del Gallo, que mira que pasamos frío (al menos mi padre y yo, porque Mamá cada vez parece más inmune a las temperaturas, a las frías y a las calientes, cualquier día saca las patatas de la sartén con la mano [¿Pasará eso cuando eres madre?]). Bueno, estuvo bonita, las lecturas de la Biblia en varios idiomas (entre ellos dos que no reconocimos) y muchos trocitos cantados en latín... pues tiene su encanto. Si dejasen los misterios en paz, sin intentar explicar cosas que no tienen sentido, igual lograban que los fieles no se dedicaran a adorar a los personajes del corazón. Ay, que problema de márketing tiene la Iglesia. A ver si convenzo a E para que le escribamos una cartita explicándole lo de que las mezquitas se ven mejor... Una de las cosas que resulta más graciosa de Roma es que tratan a Ratzi como un personajillo más, como si todos le conocieran en persona... claro, que al fin y al cabo, es un vecino más.

Me encanta esta semana,que es la de hacer buenos propósitos para el año que viene, y hacernos la ilusión de que este año vamos a cambiar (a mejor) de una vez por todas. Al menos sé de buena tinta que no soy la única que tiene este problema a final de año (ya sé, ma de muchos, consuelo de tontos).
Entre informe e informe y visita turística y visita turística, hago balance del año 2005 y descubro que ha sido un año importante (vale, todos lo son), al menos a nivel personal. No sólo por las experiencias que estoy viviendo ahora, que en el fondo no son tan nuevas, porque ya estuve una vez de Erasmus (que la gente solo ve el lado bueno, como te lo pasas jijiji jajaja, pero es una forma de emancipación salvaje para quien siempre estuvo viviendo con sus padres), y ya sabía lo que me esperaba, sino también porque he aprendido un montón de cosas (desde luego no durante las clases del máster) y me siento mayor, que no tanto más madura.
Es importante lo de saber ubicarse en el mundo... y al menos a mí no me vale con coger un mapa y señalar dónde estoy (que por otro lado, en mi caso es mutable...así que tampoco vale como ejemplo de simplicidad). Es importante tener otra clase de referencias. Es importante aprender a tirar de recuerdos y no de objetos, de ratitos y conversaciones y de gestos, y no de números de teléfono. De destinos y lo que no son destinos, porque siempre lo digo, la vida, al final, es mucho más prosaica de lo que siempre nos creemos.
En fin, que curiosamente, siento que después de los temibles bandazos que ha dado este año,a la vez se han desarrollado mi sentido práctico (hay quien me acusa de haber sido siempre demasiado práctica y se equivoca horriblemente) y mi sentido abstracto del mundo; los dos como en vías paralelas... Cuando menos, curioso.
El único cambio que, como siempre, lamento, es que, para variar, no nos haya tocado la lotería (lo importante es tener salud... ya); al menos eso me permitiría pasar de ser rara a ser excéntrica, que tiene mucho más glamour.

Para el recuerdo: hace un año de la venta de nuestro piso y de la jornada tan fría que pasamos en León, de que me cogieran para el máster, de que pasara la nochevieja por primera vez fuera de casa y del maremoto que sacudió el mundo... Ni más ni menos, doce meses.
    Propósitos para el año 2006:
  • Ponerme a hacer los cursos a los que me he apuntado.

  • Averiguar cómo se cuelgan fotos en este santo blog.

  • Dejar de odiar a las palomas, si no puedes con ellas, únete.

martes, 20 de diciembre de 2005

Dos películas, un escándalo financiero y casi Navidad.

Semanas y semanas sin hacer nada interesante (léase, informes áridos uno detrás de otro, o actualizaciones de mis propios informes, que no sé si los leerá alguien, pero mi jefe no, y por eso se eternizan), y esta semana se junta todo. Resulta que se desata el megaescándalo financiero (el enésimo), aprueban la reforma de la ley electoral (Berlusconi se aferra al poder!), y la ley de presupuestos famosa (bueno, por lo menos para mí, que llevo con la finanziaria desde que llegué, y tengo que hacer el informe de coyuntura trimestral para saber si Italia va como el culo, como dice todo el mundo, o va bien, como dicen ellos. No puedo con tanto número, me voy a plantear seriamente dedicarme al derecho, porque creo que el excel me odia; o a lo mejor lo que me odia es mi ratón, que se tropieza todo el tiempo (será que está más cansado que yo, el pobre)...
La henna se está desvaneciendo lenta pero segura de mi mano, igual que el relax que me traje de El Cairo.
En fin.
Esta semana, en un alarde de comercialidad, que no responde a lo que yo había pensado, pero bueno, he visto Harry Potter 4 y King Kong. La primera me encantó; ojalá lo hubieran hecho cuando era pequeña, igual me habría ahorrado algún trauma (o igual no, nunca se sabe). Y la segunda, bueno, no tiene tanto glamour como debería y hay dos escenas que sobran mucho (pero como salía Adrien Brody, pues no me quejo... pone unas caras tan tristes, el hombre); pero el mono mola. Por lo menos mola para una tarde de domingo (aunque yo la viera un lunes, debido a la sustancial diferencia de precio).
Lo que sí me intrigó fue el trailler de Munich, la última de Spielberg, que será partidista y demagógica, seguramente, pero que habrá que ver. Lo que no sé es cuando la estrenan... en fin. Espero que para cuando la estrenen estén ya disponibles las críticas de cierto personaje que anda desaparecido... pero eso es otra historia que habrá que contar en otra ocasión.
En realidad, a excepción de mis estreses, esta semana es un poco de impasse, como siempre pasa antes de las Navidades y de fin de año; el caso es que este año no tengo un espíritu especialmente navideño, a ver si cuando lleguen mis progenitores me sale lo de cantar villancicos... En Roma la decoración es mucho menos exagerada que en Madrid (y no se dedican a poner palabras sin sentido por ahí, como estupro, lagarto y esas cosas, ¿qué habrán hecho con ellas, porque creo que este año no las habían puesto, no?) y la gente va con más bolsas de lo normal por la calle, ya está. Ah, no, en lo que sí se nota es en la cantidad anormal de panettone que hay en todas las tiendas... Esta gente no sabe disfrutar de la vida, no aprovechan cualquier ocasión para irse de fiesta, aunque parezca que sí.
En la ofi, el único cambio, aparte de la agradecida ausencia de los jefes, es el arbolillo que tenemos puesto y que el viernes pasado comimos todos juntos.
La mejor noticia de la semana, de momento (a parte de la dimisión de Fazio, que tenía que habérsele caído la cara de vergüenza) es que nos han pasado el calendario de fiestas del año que viene y tengo unos cuantos fines de semana majetes... jejeje. Ya estoy buscando vuelos... Y la estrella para semana santa es Brasil!! Ya veremos si me llegan los fondos para cruzar el charco y aprender portu.
En fin, la coyuntura me espera.
Casi Feliz Navidad.

Una vez

Una vez conocí a una persona que odiaba el mundo tal y como era. Así que decidí que tenía que cambiarlo para hacer que esa persona pudiera ser feliz.
Es un bello propósito, un completo imposible. Por eso es perfecto para mí, que me fijo lo inalcanzable.
¿Será por que todo lo que se toca se vuelve mundano y desagradable?
Quizá sí, y tenías razón.
Pero qué digo... tú siempre has tenido razón.
Por eso estoy aquí.

viernes, 16 de diciembre de 2005

El misterioso Egipto

Después del mega puente de la semana pasada, resulta duro volver al trabajo... pero más duro resulta si se encuentra uno con broncas que no ha provocado de ninguna manera, y además vuelve de un viaje maravilloso.
[Por cierto, si la Constitución no se promulgó el día 6, por qué pusieron esa fecha? Porque mira que tiene mala leche...]

Había quien sabía que me iba a Egipto, y había quien no, porque no quería asustar... Ha sido duro no poder contarlo en el blog, abiertamente... (ya se sabe lo que a mí me gusta hablar). Pero ya que he vuelto y que he llegado antes que las postales (cosa que estuvo a punto de no suceder, la verdad), pues lo relato.
Ha sido uno de esos viajes que uno no tiene especialmente pensados, pero que salen a pedir de boca. Porque yo la verdad es que si no le hubieran dado la plaza de El Cairo a mi compi, no habría ido, al menos no habría ido ahora... pero bueno, ya que había casa...

Me ha gustado todo, la gente, el ambiente, el choque cultural, la compañía... lo único que falló fue la fecha del billete que me pusieron los tarados de la agencia de viajes, pero eso es otro asunto. Han sido cuatro días que me han parecido un mes, por lo intensos.
Pero vayamos por partes, porque si no, este post va a ser tremendo... (sospecho que lo va a ser igualmente... os perdono si lo leeis por partes)

Día 1: Llegada, la ciudadela y el Cairo Copto


Llegué el miércoles por la noche, estresada con el viaje, aunque se me dió bien. Para no variar, se me acabó la batería del móvil a medio camino... ¿Por qué calcularé yo tan mal esas cosas, señor?
Me despertó el frenazo del avión, porque los griegos que iban hablando a mi lado me habían arrullado... Descubrí que es un verdadero handicap bajar medio dormido del avión, porque lo primero que hice fue ir directa a los bancos de antes de la frontera, a que me vendieran la visa y me timaran con el cambio... aunque luego me dijeron que no había salido tan mal...
Me vinieron a recoger las niñas, la becaria de El Cairo y anfitriona H y la becaria de Atenas E, y volvimos a casa en un taxi (conste que al principio no me conocieron, y lo achacaron al nuevo look, que no sé cual es...). Los taxis son todos del año de la polca, amarillo y negros a trozos, están llenos de golpes y las tapicerías son tan horteras que harían resucitar a un muerto. Además van todos con la música alta y pitan constantemente de acuerdo con un misterioso patrón que no hemos podido descubrir... (de ahí el misterioso Egipto).

Después de acostarnos a las 5 y pico de la mañana, porque mi avión llegaba a las 3, pero llegó con retraso (no esperaba menos de una compañía griega en un país de oriente), nos levantamos a las 8 para acompañar a H y pirarnos a hacer turismo. Vimos la Ciudadela, que es un recinto fortificado que se alza sobre la ciudad (qué bonito, no lo he copiado de la guía, lo juro, es que se alza sobre la ciudad de verdad) en el que hay muy buenas vistas si no hay neblina (que no es neblina, que es mierda, como muy prosaicamente nos explicó H) y desde donde parece ser que se ven las pirámides si no hay la susodicha neblina o polución (y que yo me pregunto cuando será eso...)
Lo más gracioso de la Ciudadela es la cantidad de niños que había haciendo visitas de colegios, una cosa fatal. Todo el rato nos preguntaban (en inglés, qué monos) que como nos llamábamos y de dónde éramos. Así aprendimos a decir España en árabe y comprendimos que a las niñas les fascina que tengamos la piel tan clarita y llevemos el pelo suelto. La verdad es que no ven demasiados turistas a su bola, y a los grupos no les dejan acercarse. También descubrimos que los profesores les daban literalmente bastonazos si se desmandaban un poco... talmente como a las ovejas. Tuvimos gran cantidad de guías espontáneos (que luego pedían baskeesh, propina pero bueno, merecía la pena) que nos enseñaron los sitios de las mejores fotos y nos contaron las curiosidades más interesantes.
Los egipcios se vuelcan en que a los turistas les guste todo lo que ven.
Después estuvimos en el Cairo Islámico, viendo mezquitas y calles retorcidas. La mezquita más grande de la ciudad, Ibn Tulun es un auténtico remanso de paz en el barullo de la ciudad (esto tampoco es copiado de la guía, y es verdad). Al menos a mí, me dió la misma sensación que las catedrales, si alguien se ha molestado tanto en construir una cosa tan grande y tan bonita, debía creer mucho en ello, no?
Nota bene: La becaria E y yo llegamos a la conclusión de que conviene decirle a mi vecino Ratzi que hay que cambiar el marketing de las iglesias, las mezquitas se reconocen mucho mejor desde lejos. Sobre todo por la noche, que iluminan los minaretes en neón verde.
Después de darnos la vuelta preceptiva por la mezquita, nos dirigimos a la madraba, y regateamos para entrar. Como después nos salió todo mal, dedujimos que Alá nos había maldecido...
Inmediatamente después de subir descalzas al minarete, que estaba lleno de mierda (no había confusión posible con ninguna neblina), E y yo salimos jurando de la mezquita. No me pregunteis el idioma, que hasta ahí no llego, era castizo.
Entonces decidimos coger un taxi para ir al barrio copto, y comenzó el episodio del taxista. Eran las cuatro y media y queríamos llegar antes de las cinco y media, porque anochecía y no tenía ninguna gracia verlo de noche.
El taxista demostró su dominio de la profesión... primero no sabía donde íbamos, después, creyó que íbamos a un sitio diferente de aquel al que íbamos, luego, cuando logró entender el mapa (es decir, logramos explicárselo), no siguió el camino, y por último, se pasó del sitio. Todo ello, sin entender una palabra de inglés y dándonos explicaciones en árabe. Más tarde, le preguntó a uno que no debía tener nada que hacer, y que se nos subió de espontáneo al taxi. El susodicho espontáneo sí que hablaba inglés, y entre indicación e indicación al taxista, nos explicó que no nos preocupásemos, que si queríamos emigrar a Egipto allí había trabajo de sobra... Está bien, lo de no cerrarse oportunidades en la vida.
Logramos llegar evidentemente una hora y media después de coger el taxi, y después de haber hecho una megaruta turística por El Cairo. !!Y el tipo se quejó porque le pagamos poco!!
A mí lo más divertido me pareció que eran las caras de mi amiga cuando les gritaba en inglés que dónde nos estaban llevando...
Para los preguntones, esto fue lo más parecido a un secuestro que vivimos.
Total que vimos El Cairo copto (donde nos sentimos a salvo de la maldición de Alá, porque aquello es territorio de Dios, o si acaso de Yahvé) de noche, y resultó que no estaba tan mal, porque nos gustó más que luego cuando lo vimos de día. Igual el taxista inepto lo hizo a posta.
Pero al salir, la maldición continuó, como se verá en el próximo capítulo. Fuimos a comprar los billetes de tren para el día siguiente y luego intentamos salir a cenar con algunos amigos de H (y con una amiga de la becaria E que se había encontrado porque el mundo es un pañuelo) a un sitio super guay y super pijo a la rivera del Nilo, pero no hubo forma, así que acabamos cenando en otro sitio menos pijo y menos rivereño y yéndonos pronto a casa, porque al día siguiente...
Día 2: Alejandría

Durante la compra de los billetes sufrimos un poco de stress, porque los egipcios no entienden lo que significa hacer una cola. El caso es que el tío de dentro o lo hizo a posta, o también se estresó, porque nos dió los billetes separados. Al subir al vagón, nos lo dijeron, y descubrimos que, aparentemente, la única norma que respetan los egipcios es la de sentarse en el asiento que te han dado. Como nos movilizaron, pues nosotras también movilizamos, y eso resultó en una amena media hora discutiendo en árabe y en inglés con el revisor (que era muy lentito), al final logramos que una de nosotras al menos no se fuera al otro vagón.
Vaya forma de empezar la mañana.
Tras dos horas y pico llegamos a Alejandría, que nos pareció menos sucia y menos contaminada que El Cairo, aunque solo fuera por el mar. Es una ciudad bonita, aunque no queden demasiadas cosas por ver. Estuvimos visitando unas catacumbas, descubiertas a raíz de un burro engullido por la tierra, la columna de Constantino (? ya las confundo, con las que hay aquí...), la fortaleza mameluca y la biblioteca (por la noche, ya sabíais que lo iba a decir)... la verdad es que fue un día intenso, y sin incidentes con los taxis, lo cual supuso una mejora.
Si exceptuamos que un taxista nos llevó en dirección contraria hasta casi darnos de frente con un tranvía, que a su vez estaba apunto de atropellar un coche rojo que daba marcha atrás en medio de la calle.
No logramos ver el anfiteatro grecorromano, pero viniendo de dónde veníamos...
Y tampoco encontramos ni el faro ni al farero, para los preguntones.
Después volvimos a casa y la maldición seguía activa, porque tampoco estra vez logramos cenar en el sitio fantástico, y cenamos en casa, como cenan los autóctonos, de comida a domicilio, que les resulta más barato que hacer la compra. Además encargamos comida para las pirámides!!

Día 3: Las pirámides


Salimos por la mañana a las 9, con el guía de confianza (que la verdad, resultó ser un estupendo guía, supongo que no salió mal nada porque estábamos en territorios de Ra y no de Alá), hacia Gizá, previa parada a hacernos el carnet de estudiante (por supuesto, ninguna de nosotras lo es en sentido estricto, pero bueno, Everything is possible in Egipt, no hay más que ver las fotos de hace viente años de Mubarak, y comprobar lo joven que está). Primero montamos a caballo/camello. Yo iba realmente muy concentrada en no caerme (a pesar de que mi caballo no parecía estar disfrutando especialmente de la vida, el pobre), pero podía oír las voces de H y E desde los camellos... ¡ah, que se me come! ¡que me caigo!¡Qué hace este camello!! Fue un divertido paseo de no sé cuanto tiempo (ni en sudokus, lo sé) hasta llegar a un punto desde el que parece ser que se veían las pirámides, porque con la neblina/arena no se veían bien... hombre, pero algo se distinguía.
LLegamos hasta allí, y nos metimos en la pirámide, cruzándonos con una manifestación de españoles que estaban aprovechando el puente de la constitución. Un poco decepcionante, porque es un sufrimiento bajar dentro y luego subir (y para subir, lógicamente al contrario), y según vas bajando e intuyes las agujetas que vas a tener al día siguiente (y eso que en el gimnasio me matan a sentadillas!), por esos agujeros de un metro por un metro (eran los de los saqueadores, pero cómo demonios se llevaban las cosas??), y cada vez hay menos aire, y hace más calor, la cosa pierde mucho encanto. Y cuando estás dentro, te acuerdas de las historias que te han contado sobre el alma de los muertos tenía que volver a encontrar su cuerpo y te preguntas... y cómo salía? ¿y para qué quería volver? En fin. Egipcios.
Además, yo me imaginaba que era un sitio donde te podías perder, y había jeroglíficos... nada de eso. Sólo hay un pasillo, que es el que excavaron los saqueadores, y nada de dibujitos. Me figuro que en la pirámide de Keops, que no dejan entrar, habrá algo más.
Después de las de Giza, vimos la de Saqqahra, que mola muchísimo más, aunque es una pirámide escalonada, porque quedan más cosas, como la sala de las columnas, restos de la decoración, etc.. y luego la pirámide roja y la romboidal (de lejos, porque es zona militar).
Muy piramidal el día, vaya, y sobre todo, muy pero que muy cansado y lleno de arena. Sin embargo, el desierto me pareció distinto del de Túnez... es fascinante.
¡Lo mejor del día fueron los policías que patrullan a camello, por allí!
Ah, también vimos un pozo de petróleo... pero poco espectacular.
Y descubrimos que la gradación del cansancio es: cansado, derrotado, destruido, muerto. No sé en que grado nos quedamos exactamente (yo al final ya no sentía ni padecía), pero nos fuimos directas a comer al Fishmarket, que es un restaurante (glamouroso, por supuesto) en el que los camareros se insinuan con mucho arte, y te dejan elegir el pescado que quieres para cenar. Muy chulo, pero con mal pescado. Además, no tenemos claro qué fue lo que comimos... (una semana después, tengo claro que no nos envenenamos, no obstante).
Luego, fuimos a casa a ducharnos, a fin de dejar de oler a caballo/camello y a reírnos un rato con las fotos (y a preguntarnos, ¿por qué el guía que hablaba español todo el rato nos hacía fotos con el móvil? qué pesadito!), nos duchamos y salimos a tomar algo al sitio exclusivo (si!!!), que se llama... Sangría!! Y luego fuimos al también glamouroso Cairo Jazz Club, que era un bar normal, pero con mucho más estilo de lo habitual en el Cairo. La verdad es que el nombre me molba tanto que robé unas cerillas, no puedo con el glamour.
Lo mejor de la noche, las vistas del Nilo desde la orilla, porque los restaurantes guays están allí.

El Museo Egipcio y el resto de El Cairo


Bueno, con toda la buena intención del mundo, nos levantamos y nos dirigimos, llenas de agujetas hasta niveles insospechados, al Museo Egipcio... realmente no podíamos ni subir ni bajar las escaleras (lo cual tenía toda la pinta de poder degenerar en un problema grave de movilidad en el metro, la verdad). De hecho, lo que más nos gustó del Museo es que la guía te hace constantemente subir y bajar, y eso que son solo dos pisos!! (He aquí de nuevo la maldición de Alá) De todas formas impresionante, porque lo mejor de las tumbas está allí. Además, tiene mucho encanto el hecho de que las cosas estén como las dejaron los tíos que las descubrieron, quienes por cierto, las descubrieron por casualidad, porque es sorprendente el número de descubrimientos realizados por caballos que tropezaban... El caso es que hay restos de hace cinco mil años protegidos por unas maderitas y un candado herrumbroso... mucho encanto a la egipcia.
En la entrada hay que pasar cuatro controles de seguridad. De los cuales, nos podíamos haber perdonado tres y en el último nos dejaron entrar sonriendo, no sé si por ser chicas, o si por ser occidentales.
En fin, la tumba de Tutankhamon (que de maldita nada, era un faraón caca, además y el pobre murió con once añitos), alucinante, y las momias asquerosas, pero muy bien conservadas para tener hastas cinco mil añitos (y más)...
Hubo un momento en que me sentí como en el Prado, porque había un montón de gente dibujando.
Después, nos dirigimos renqueando (en realidad intentábamos correr, pero no había manera) al metro para ir al barrio copto, que como ya he dicho, nos gustó menos de día que de noche, aunque las iglesias, sobre todo la colgante, son muy bonitas. Nos faltó encadenarnos, eso sí, que es una tradición de allí. Y el árbol de la Virgen, que fué el sitio donde María se sentó creo que a beber agua al final de la huida (porque claramente, ya estaban en Egipto).
En fin, precioso.
Luego fuimos a buscar a H a la oficina, y de paso nos la enseñó (qué mona la tienen, una villita) y nos fuimos a comer y al bazar Al Khalili, donde nos fuimos directamente donde Jordi, que es un egipcio casado con una española que tiene precios fijos (es un cansancio tan grande regatear, y siempre te engañan al final) e hicimos las compritas. Estupendo algodón, tenía razón la madre de mis niños, es el que tiene mejor calidad del mundo. Luego buscamos unas mujeres que nos hicieran un dibujo con henna en la mano y volvimos a casa con la mano en alto y esquivando las proposiciones de amor de los lugareños en el bazar.
Íbamos a ir a un espectáculo de danzas tradicionales (con derviches y eso!!) con cena en el Nilo, pero debido al incidente del billete no pudo ser.
Cuando íbamos a comprobar la hora de salida de nuestro avión (se suponía que yo me iba con E, vía Atenas), resulta que la fecha de los dos era distinta. Cuando hoy la frase "tú volabas anoche", se me amontonaron en la espalda todos los escalofríos del mundo. Pasé instantes de pánico, de verdad. Es que siempre me tiene que pasar algo en los viajes, no hay forma de tener uno normal. Con el cabreo consiguiente con los de la agencia, porque me había ido a comprar el billete a la agencia precisamente para evitar estas cosas!!!
Después de los instantes iniciales de pánico, las chicas me calmaron (qué monas que sois) y miramos que había plazas todavía en el avión, con lo cual en el peor de los casos, podía comprar otro billete.
Fuimos pronto al aeropuerto, con el taxista de confianza (que debe odiar ya a H, que le ha deshecho un montón de citas) que también me dijo que no me preocupara, y en el aeropuerto, por 547 EGP me cambiaron de fecha el billete y me dejaron subir al avión. Hay que fastidiarse (los que me conoceis ya sabeis que yo no diría nunca ese verbo en esta frase, y menos estando enfadada) con los inútiles de la agencia. Les monté el pollo al volver, pero no me sirvió de nada. (Tengo que ponerles una denuncia en alguna asociación de consumidores o algo).
El viaje de vuelta fue una matada; para no variar, se me acabó la batería del móvil, también. Y llegué a Roma puntual (más o menos) y con cinco cafés en el cuerpo (a pesar de que en el segundo avión los muy perros no me había despertado para desayunar), entrando victoriosa por la puerta de la ofi a las 12:30, sintiéndome solo media persona...
Lo mejor del viaje de vuelta, el zumo de tomate.

Postrimerías


La vuelta al trabajo no ha sido tan traumática como esperaba, aunque me he encontrado con un marrón imprevisto, que algún día contaré, si mis fuentes no me matan antes. Cuando miro mi mano pintada con henna, me pongo contenta enseguida.
Ya he revelado casi todas las fotos (qué bonitas!) y tengo que seleccionar las que quiero imprimir de las digitales, que son muy bonitas tb. La verdad es que me he quedado con la sensación de que quiero volver a Egipto, porque hemos dejado un montón de cosas por ver, y lo hemos pasado genial.
Un viaje especial, diría yo.
¡Estoy en el camino de encontrarme a mí misma, estoy convencida!

Ahora Roma me parece un poco sosa, la gente no pita tanto, no hay que pelearse con los taxistas... se me ha despertado la sed de aventuras. Para saciarla, el domingo me voy a una ruta por el Coliseo en la que nos van a hablar de ritos secretos, y ya tengo planes para el año que viene, en cuanto cobre en enero los formalizo: Alemania en enero, Estambul en marzo y Atenas en mayo (¡me voy a ver Eurovisión!), más las visitas...
¡¡¡Tengo que darme mucha prisa en mejorar haciendo fotos!!!

El otro lado del mundo...

Desde que no estás, el mundo me parece más distante, aunque más hermoso...

Over the sea and far away
She's waiting like an Iceberg
Waiting to change,
But she's cold inside
She wants to be likethe water,
All the muscles tighten in her face
Buries her soul in one embrace
They're one and the sameJust like water
Then the fire fades away
But most of everyday
Is full of tired excuses
But it's too hard to say
I wish it were simple
But we give up easily
You're close enough to see that
You're.... the other side of the world
to me
On comes the panic light
Holding on with fingersand feelings alike
But the time has come
To move along
Then the fire fades away
But most of everyday
Is full of tired excuses
But it's too hard to say
I wish it were simple
But we give up easily
You're close enough to see that
You're.... the other side of the world
Can you help me?
Can you let me go
And can you still love me
When you can't see me anymore
Then the fire fades awaymost of everyday
Is full of tired excuses
But it's too hard to say
I wish it were simple
But we give up easily
You're close enough to see that
You're.... the other side of the world
Ohh.... the other side of the world
You're.... the other side of the world
To me.

KT Tunstall
The other side of the world

jueves, 1 de diciembre de 2005

Minivacaciones en Madrid

Bueno, pues ya estoy en la ofi de vuelta, aunque estamos con un poco de stress (bueno, yo en concreto no, pero se respira en la oficina) porque con la cosa de la Cumbre Hispano-Italiana... (Lee el artículo en El Mundo) esto parece más que de costumbre la oficina de las Doce Pruebas de Astérix.
El caso es que por un lado ha sido un fin de semana productivo, pero por otro la verdad es que no... empecemos en orden. Llegué el viernes entre huelgas (menos mal que me acercó el amable consejero al aeropuerto, porque si no... me las habría visto para llegar), retrasos, tormentas y malas noticias (ingresado el padre de una amiga y reposo total para la hermana de otro amigo... menudo panorama sanitario, los pobres)... salimos directamente, para qué perder más tiempo, después de comer un kebab a las doce de la noche (porque en el avión no es que no quisiera comprar algo de comer, es que no tenían!), con los dos pobres que habían ido a buscarme (sin pancarta, para mi mayor deslusión, aunque no estaba el horno para bollos), que estuvieron esperando mogollón, después de hacer una ruta turística por el aeropuerto...
Luego, el sábado, cafés varios, compritas (que el Zara es más barato en España que en Italia... verás cuando vaya a Grecia como me lo voy a pasar) y salida hasta las mil, aunque sin cumpleaños (lástima). nos fuimos a un bar donde las mesas tenían grifos de cerveza y cometimos el error de picarnos con los de la mesa de al lado, que eran más... claro, a los doce litros de cerveza, ya no veíamos. Ahora, rozamos la gloria, eso sí. Habríamos sido famosos en un bar... qué lástimita. Creo que algunos no nos sacaremos la espina en mucho tiempo... pero y lo que nos reímos?? Después antros en toda regla, como en los buenos tiempos, y a recogerse a las siete de la mañana, para ver el sol al menos un rato.
El domingo, arrastrarse hasta la casa de mi hermano, que no sabía que yo iba, el cabezón (a ver, voy desde Italia, mis padres bajan a Madrid y van a su casa a comer, y yo no voy a ir también?? Menos mal que mi cuñada es cabeza pensante en esa familia, que si no...), y risas también. A costa de las orejas de mi hermano, que es una cosa que alguna vez revelaré, si la CIA me deja (como JJBenitez...). Y por la noche, a darle las zapatillas a la del cumpleaños, adquiridas con un grave error técnico; menos mal que le estaban bien... y a ver a mi ingeniera favorita! (Me he encontrado tu carta al llegar, qué ilu!!!!) Nótese que la susodicha tenía las pelis aunque yo no se lo había recordado, pero gracias a su padre, que es un sol, porque a ver si tomamos rabitos de pasa, nena...
El lunes, día un poco estresante, a pasar por la uni para pedir mi título, que ya es mío, y a saludar un poquito, a comer donde mis niños, que están cada vez más altos, qué cosa de críos... Y más guapos... a ver si logro que vengan a verme, ya que les gustó París, seguro que Roma les encanta, llena de piedras y de romanos, como está. Después, de cañas con los de la uni, para no perder las buenas constumbres, y pervirtiendo al Jefecillo (lo siento, pero me gusta más que exjefe), que al final va a ser licenciado para que no nos podamos meter con él, y claro, tenía que estudiar y leerse cincuenta libros. Mis uaperos queridos como siempre, pachangueros, juerguistas... ay, qué tiempos. Debo decir que me dió un poco de penita entrar en la UAP, y recordar los viejos tiempos, aunque en seguida me recuperé. Sobre todo porque ví que el Santuario sigue en perfecta forma... en su mayor parte. Y también hice una visita a la zona VIP, entre el lunes y el martes por la tarde, que me hizo mogollón de ilusión. Las cosas por allí siguen más o menos igual, y como ya estaban relativamente bien (a ver, siempre hay cosas que se pueden mejorar, pero también hay cosas imposibles, como el comportamiento de Alumnos), pues es una buena noticia.
Después, me fui a mis clases de conducir, logradas con mucho esfuerzo y una serie de llamadas surrealistas por mi muy mejor amigo, el nunca bien ponderado J. Las clases eran (esta vez si diré el nombre, porque merece la pena) con Paulino, que al final resultó ser un tipo con gafas y muy majete. Circular no se me dió excepcionalmente bien, después de dos meses, pero oye, como aparco! De verdad. Lo cual es una prueba inequívoca de que yo sí sé lo que son 20 cm, por si hubiera alguna duda.
Bueno, a la mañana siguiente, a las 8:10, al examen de conducir.
Empieza la aventura. Hacía un frío IM PRE SIO NAN TE, de verdad. Además, aunque había salido el sol, a medida que pasaba el tiempo, las nubes iban bajando y cuando me metí en el coche, además de tener los pies como témpanos de hielo, había una niebla increíble. Básicamente, el pavo llegó a las 9, y yo iba la tercera a examen. He de decir que el muy malnacido (si, si, los que me conocéis habréis notado que no pongo tacos en el blog) se parecía al nen, y que hablaba talmente como una máquina de café. Hasta el punto de que según ajusté el espejo, me quedé mirando a ver si era o no era una persona, de verdad.
Bueno, yo reconozco que salí en punto muerto (para los incrédulos, tenía un poco de cuesta y lo logré), pero es que el pavo eso no lo anotó!!! (que notarlo seguro que sí, la verdad). El tío dijo que me había parado mal en una intersección (mentira!!) y que me había detenido mal (mentira también!!), pero mentira no que lo diga yo, que soy parte; que lo dice Paulino, que estaba presente!! Yo me bajé del coche porque iba pensando en lo del punto muerto, si no, pongo el coche a 150 y le pregunto si estoy aprobada, como era mi plan original. Pero no lo hice... una oportunidad como pocas para haber hecho el cafre.
Me pasé toda la mañana amargada, gracias al desgraciado ese, que nos hizo lo mismo a los cuatro que nos examinábamos... claro, que aproveché para irme a Citybank a ponerles verdes. Lástima que los de la oficina son majos... un poco inútiles, pero majos. Claro, que el banco es lo peor de lo peor, no os abrais nunca cuenta en él.
Después de comer con nuestros anfitriones (que les hemos invadido las casas durante el fin de semana...) me fui a la uni otra vez, sin cañas ni nada que celebrar, pero bueno. Y el martes de despedidas, también con todos los que me llamaban para ver que tal...
Miércoles de hacer maleta (que jolín con ella, casi se tiene que subir mi padre para poder cerrarla, claro que nos reímos mucho...), y para llegar al aeropuerto, la odisea. Pero de verdad. Menos mal que salimos con tiempo. Entre que a mí cada vez me pone más nerviosa lo de coger aviones (aunque alguna vez he oído que los cojo como si fuera el autobús), y que nos perdimos tres veces gracias a la señalización!! increíble: primero, la señalización está al revés en la M40: nos mandaron para boadilla en vez de para leganés, que se tarda mucho menos. Después, en la M40, llega un momento en el que pone aeopuerto en la carretera, y también en un desvío. Y después, ya no pone nada más. O sea, que nos pasamos, claro. Tuvimos que entrar en las de peaje (la M12, la M13 y la madre que las trajo) y hacer ocho kilómetros de rodeo. Ahora, que vimos la T4 desde arriba (¿cuándo la inauguran?). Cuando por fin llegamos al aeropuerto, dimos más vueltas de lo habitual, porque entramos por otro sitio... en resumen, vivan las señalizaciones!!! Y espero que al que haya cambiado las de la M40 le suceda le atropelle el mismo camión que al examinador. Al final, me sobró un cuarto de hora.
El viaje de vuelta bien, hasta que llegué a Fiumicino y las maletas tardaron más de media hora en salir (y eso sin huelga, señores); cogí el tren express al que se le apagaron las luces (está bien, pagar 9,50€ por ir en el tren de la bruja, leche) y cuando llegué a Termini ya no había metro porque lo cortan pronto por las obras de ampliación... un show, vaya. Al final, llegué a casa a las mil, pero bueno.
Mis compis han estado relativamente aburridos el fin de semana, me han dicho, básicamente porque no ha dejado de diluviar. Me han contado que el Tevere incluso se ha desbordado...
Estoy viendo en el Mundo que Rajoy y Aguirre se acaban de estrellar en un helicóptero que despegaba de la plaza de toros de Móstoles... qué cosas pasan... es lo único que le faltaba a Móstoles para hacerse famoso... lo que me llama la atención es que del pobre alcalde de Móstoles no dicen nada, con lo famoso que era en sus tiempos...
En fin a estas horas de la mañana, yo debería haber hecho algo por mi país, como dicen mis compañeros... me pondré a leer algo que no sean mails...