lunes, 28 de enero de 2008

In funzione di nessuna logica


Lo más complicado, es evitar las costumbres. Sobre todo, esas que uno sabe estúpidas, y aún así, sigue manteniendo. Es como fumar, porque además la principal razón por la que una costumbre es estúpida es porque hace daño, a quien la tiene o a los demás. Y mientras uno, conscientemente, quiere hacer lo contrario de lo que le dicta el instinto, a pesar de eso, hace lo que tiene por costumbre. Y, por ósmosis psicológica, acaba sintiéndose estúpido. Por costumbre.

Pero si yo tuviera solo dos cosas en este mundo, una de ellas sería voluntad, así que acabemos con las costumbres estúpidas. Acabemos con los restos de ellas. Acabemos con las condiciones estúpidas que nos imponían.

Porque, al fin y al cabo, ¿de dónde vienen estas costumbres estúpidas? No tienen ninguna lógica.

El cambio da miedo. Pero valientes no son quienes no temen, esos son inconscientes. Valientes, son quienes aguantan el miedo cinco minutos más.

Confesso l'ho fatto apposta
nell'intento di ferirti
ti sembrero' alquanto stupida
sicuramente immatura
per tutte quelle volte in cui ho sentito l'istinto di abbracciarti
per tutte quelle volte in cui ho creduto sul serio
di annullarti dalla mia testa
annullarti dalla mia testa
annullarti
il tutto in funzione di nessuna logica
ammetto ero al sicuro
nel mio guscio di carta pesta
ho agito facendo in modo
di non mostrare incoerenza
per tutte quelle volte in cui ho creduto di non assecondarti
per tutte quelle volte in cui ho creduto sul serio
di annullarti dalla mia testa
annullarti dalla mia testa
annullarti
il tutto in funzione di nessuna logica
il tutto in funzione di nessuna logica

Carmen Consoli, in funzione di nessuna logica

domingo, 27 de enero de 2008

Lilith renovada


Os presento, amigos y familiares, queridos lectores todos, la nueva versión de Lilith... cambio de año, cambio de look. Porque demasiadas cosas han cambiado, nos mereciamos un cambio formal también.
Y además, es mi autoregalo de cumpleaños, el reconocimiento del cambio de actitud...
Aquí me teneis, ácida y vivaz como siempre, y además a prueba de Mozilla y en inglés, ya oficialmente.

Además, las cuestiones formales de celebración, anoche una fiesta en casa que me dejó la casa llena de refrescos y la necesidad de darle cera al parquet, y mañana, a subir a un volcán, a demostrar que a pesar de ir entendiento cada vez mejor los anuncios de cremas de la tele, todavía es uno capaz de ciertos excesos.

jueves, 24 de enero de 2008

One golden glance of what should be


Lo sé, lo sé, sufro porque quiero. Pero es que me apetecía oír italiano una vez más y ver Roma... es un vicio incurable. Debería asumirlo y hacerlo abiertamente, salir del armario (aunque del que tengo en esta nueva casa es difícil, a ver si hago un vídeo y lo circulo, para envidia de mis amigas y desesperación de Filomenita) aún más metafóricamente de lo normal. Tal vez mi vicio no es el romanticismo, sino la nostalgia. Por eso hoy he llegado a casa y me he puesto a ver La finestra di fronte por decimonovena vez.

Siamo goccie di memoria... Somos gotas de memoria,
queste lacrime nuove... estas lágrimas nuevas,
siamo anime in una storia incancelabile... somos almas en una historia inolvidable
le infinite volte che... las infinitas veces que
mi verrai a cercare nelle mie stanze vuote... vendrás a buscarme en mis habitaciones vacías


Nostalgia de un montón de cosas. Pero una nostalgia que evoluciona y cambia, que a veces duele y a veces no tanto. Ahora ya sé, si pudiera elegir una facultad que tener, qué facultad querría. La de poder evocar los momentos que recuerdo con tanta fuerza, con tanto detalle, que me quedara dentro de ellos a voluntad... O tal vez es mejor así, porque me distraería mirando el pasado?
Es, como decía antes, un vicio incurable. Como mirar fotografías, que es lo más cercano que conozco a esos instantes eternos que tengo grabados en la memoria, y que son como fotografías que de vez en cuando salen a la superficie. No me puedo imaginar qué pasará mañana, y eso siempre me hace sentirme optimista; pero siempre me queda la duda subterránea de si no era mejor ayer.
Nostalgia de cosas encontradas.
De las noches de verano entre diario, cuando después de dejarse de oír el eco de las televisiones que pasaban todas la misma película, ya sólo quedaba el cricric de los grillos y el infernal terremoto de los camiones de la basura. Horas y horas sin dormir, leyendo ávidamente hasta acabar algún libro.
Nostalgia de las mañanas de sábado en Roma, abriendo la ventana con pereza y desayunando en una antigua cocina llena de fantasmas bienintencionados.
Nostalgia de los domingos por la tarde en un escenario desnudo, ensayando o a lo mejor no tan ensayando como analizando.
Cosas que se han ido, o mejor dicho, de las que me he ido yo; otros habrán ocupado mi lugar y estarán fabricando momentos igualmente bellos y perfectos. Pero, señoras y señores, a mí sólo me sirven los míos. La memoria, como la inteligencia y el humor, es un patrimonio personal absolutamente exclusivo.
A pesar de ello, me encantaría, de verdad, me encantaría, tener el talento suficiente para explicar a los demás aunque fuera sólo uno de esos momentos perfectos, sin resultar cursi ni quedarme corta. Sólo, como decía la canción de Queen, aunque aplicada a otros fines, one golden glance of what should be... un vistazo maravilloso de lo que podría ser.

miércoles, 23 de enero de 2008

En campaña


El mundo se está polarizando rápidamente y parece que le importa a muy poca gente. A demasiado poca.
Tal vez es una consecuencia de la avalancha de información que se recibe cada día. El cerebro humano tiene seguramente capacidad para procesar mucha más información de la que recibe actualmente, pero aún no está desarrollada. Digamos que los medios de comunicación se han desarrollado más rápido que las sinapsis de la mayoría de las personas.
Pero independientemente de la capacidad de asimilación de información, además las cosas cada vez se simplifican más. Y simplificar está bien, si se sabe lo que se ha dejado atrás, pero el problema es que la mayoría de las veces, no se sabe, o peor, se ignora conscientemente.
Claro, es mucho más fácil cuando las cosas están simplificadas, cuando A significa B directamente y B además pertenece a una generalización que se ha usado con fines seguramente demagógicos (porque para eso sirven las simplificaciones, no nos engañemos).
Lo triste, es que en este mundito nuestro, que se está convirtiendo en una extraña mezcla entre Un mundo feliz y 1984, donde la gente está tan idiotizada por el Gran Hermano que no le importa si la CIA lee todos sus correos electrónicos; lo más triste, decía, no es que se den estas simplificaciones por ejemplo en política, que es el campo natural de la demagogia, sino en muchos otros ámbitos, donde pasan por tópicos, lugares comunes y vanalísimas generalizaciones...
¿Por qué nos niegan la complejidad del mundo, si es lo más bonito que tiene? Es más, por qué no las negamos nosotros mismos? Para dormir mejor por las noches? A mi no es la inseguridad que rodea la vida lo que no me deja dormir, porque contra ésa no puedo hacer nada. Me quitan más el sueño las simplificaciones peligrosas, las polarizaciones inconscientes y los sofismas envenenados. Claro, que tampoco está dicho que pueda hacer nada contra ésos, porque son demasiado cómodos.
Queda mes y medio para las elecciones. Me pregunto hasta dónde va a llegar el nivel de tonterías que se oigan en las campañas. Crisis de liderazgo en Europa? Nooo, es que todavía nadie ha dado con la simplificación perfecta (como, por ejemplo: si hombre, la culpa de todos los males del mundo la tienen los judíos y los comunistas). Pero dadles tiempo, dadles tiempo.

PS:La única buena decisión electoral que he oído este añoha sido seguir felicitando el Año Nuevo hasta el 25 de octubre. Pues claro que si. Total, la gente está a su bola...

lunes, 21 de enero de 2008

Y la casa sin barrer


... Porque por mucho que lo he intentado este fin de semana, pues no he reunido las fuerzas. No puedo alegar que había una conspiración contra mis persona que me lo ha impedido, ni jna conjunción astral que con un signo negativo ha generado albures en mi contra. Es que simplemente, y con la inercia de las vacaciones, no he tenido ganas.

Así que aquí estoy, casi a lunes, y con la casa sin barrer. Y descubriendo que, pese a mis anteriores creencias, barrer la casa, al contrario que ponerse el rimmel, no es una declaración de intenciones.

Ayer, como sin querer, trivialicé una parte importante de mis obsesiones pasadas... un gesto ni bueno, ni malo, como quitarse una costra de una herida que se supone que ya debía estar curada. No sé si lo está, no me preocupa. Mejor dicho, me preocupa en segundo plano, porque tengo otras preocupaciones mucho más interesantes en el primero. Como siempre que hago un resumen de algo importante en una sola frase, me sorprendí a mi misma (nunca me acostumbro, aunque hace mucho que un amor imposible me dijo que soy la sublimación de la síntesis, definición que veis ahí arribita) por su exactitud.

- ¿Has hecho propósitos de Año Nuevo, tú?
Y en vez de contestar con la farragosa explicación que dí aqui para amigos y parientes, lo que dije fue: No, no los he hecho yo, me los han hecho. Pero por mis santos que los voy a cumplir. Y los míos los dejo mejor para el 2009.
-Pues yo creo que es mejor no hacer propósitos, sobre todo si, como tú, no los necesitas.

Creo que estoy volviendo a cambiar de fase (y está pichicológicamente documentado, como podeis comprobar aqui, al menos hasta que la Dispensadora de Drogas Legales esté en condiciones de psicoanalizar...) y aunque sigo enfadada, la objetividad va aumentando.
Por lo menos ahora tengo un derecho absolutamente pleno para ser cínica, y pienso disfrutar de ello.
Porque no se puede ser ateo sin haber creído, ni ser traidor sin haber sido leal, ni ser cínico sin haber sentido sinceramente.

¿Sabes lo único que me da verdaderamente rabia? Que no te interesa, y que yo no había previsto ni calculado tu desinterés, porque de todas las cosas en las que me podía haber equivocado, me equivoqué en la más importante. Y eso, siendo una exniña mimada, es algo que no te puedo perdonar. Claro, que me lo puedo proponer para el 2009.

Anoche alguien me dijo:
Mírame mal otra vez, anda, que me gusta cuando miras mal.
Claro hombre, si para mirar mal siempre hay tiempo.

miércoles, 16 de enero de 2008

Vive la France


Todo empezó por otro billete que me regalaron y que nadie aprovechó (ésa es otra historia y ya fue contada en otra ocasión). El cabreo y la nocturnidad de la Dispensadora de Drogas Legales hicieron que planearamos un viaje en el que sospecho que ninguna de las dos creíamos del todo (total, son veinte euros, si no podemos ir, no se hunde el mundo)... y como siempre, las cosas que no se planean, son las que mejor salen.
A Paris a pasar tres días, y a demostrar que es casi tan fácil como ir a Salamanca, pero con mucho más glamour.

Llegué desde Legio sin haber pegado ojo en el bus por la emoción (y la mala conciencia de no haberme leído algo que tenía que leer, pero eso es también otra historia y ésa no creo que sea contada en ninguna ocasión) y nos fuimos directas a tomar algo (sin alcohol, porque ya no hay quien huela ni una cerveza!) sin pasar por la entrada.
Así, sin querer la cosa, descubrimos el truco para deshacernos de los pesados que quieren ligar con una... ¿y dónde vas cuando cierren este garito? Pues mira, a París. Entre lecciones de francés sui generis y canciones de Sabina cantadas como contraataque a niños chillones, llegamos a la Ciudad de la Luz a las ocho de la mañana que en realidad eran todavía las ocho de la noche.
La primera visión del lugar, con Montmartre a contraluz al amanecer, casi dos horas después, desde un monumental atasco del que disfruté durmiendo todo lo que no había dormido antes. Seguramente la única vista a la que no le hice foto, pero que se quedará entre mis recuerdos... podría haber sido cualquier ciudad del mundo desperezándose ante una mañana de lunes, una aglomeración de personas que en su conjunto, resulta mágica a pesar de todos sus problemas. El amanecer siempre llega cargado de promesas.

El hotel, y éste es uno de sus dos méritos, estaba en el centro. En el exacto y cabal centro del mapa de metro de la almendra (porque el centro de París sí tiene forma de almendra, no como otras ciudades. Nota bene para los subnormales que aplican almendra como centro de una ciudad). Después de subir los escalones de la entrada, sufrir como la dueña del hotel (una extraña madame que hablaba un improbable español aprendido nada menos que en Orán) pasaba las tarjetas como Dios le daba a entender por la maquinita y asombrarnos por el hecho de que las escaleras contibuaban, llegamos a la habitación, que nos mostró el segundo mérito del hotel, que era que estaba limpio (contra todo pronóstico). Por lo demás, la mejor descripción del lugar era que parecía el escenario de una película de terror. Tanto, que si una de las noches me hubiera cruzado con un tipo cargando una sierra mecánica, sólo le habría dado las buenas noches. Eso, de haber reaccionado.

Corriendo, nos fuimos al Liufr, museo antes conocido como Louvre, dispuestas a verlo todo entero. Estábamos tan cansadas que aún hay discrepancias sobre si lo vimos todo o no... aunque la mejor aproximación es que vimos casi todo... aunque algunas cosas las vimos como sin querer. En el fondo, el Louvre es como las obras clásicas que decía mi queridoJardiel Poncela, son esas obras que todo el mundo tiene y nadie lee. El Louvre es ese museo en el que has estado, pero del que no has visto nada. Deberían prohibir los museos demasiado grandes... sería mucho mejor ver cada obra en un lugar del mundo... pero, delirios revolucionario-artísticos aparte, lo más molesto son las horas de japoneses armados con cámara y que cada diez minutos lo envuelven a uno. A pesar de las difcultades, los must, los visitamos y los observamos a conciencia.


Después de llenarnos la cabeza de arte, decidimos lavarla un poco y probar el único lugar que habían atinado a recomendarnos, una crêperie con auténticos crêpes en la que arreglamos un poco el mundo delante de una jarra de vino malo. Del aquella noche ha salido material para varias de mis decisiones, pero os dejo con la intriga. Con el cansancio, nuestros pasos se confundieron de destino y acabamos en l'Ile de la Citè, maravilladas ante la serenidad de Nôtre Dame (y buscando al jorobado, pero con el frío que hacía, pues claro, no salió) y la iluminación peculiar de la distante Tour Eiffel. Con tanta maravilla, no atinamos a hacerle una foto como está mandado... pero a cambio, la Dispensadora de Drogas Legales demostró el callo que le ha salido a base de hacer guardias empujando con la mano abierta a un chulo de banlieu (que después debió irse a quemar coches a su casa, pero eso son sólo suposiciones, porque no nos dió información de a dónde se iba).
Para ahogar nuestras penas, nos fuimos al quartier latin, donde acabamos en un antro francés más no se puede, con una mujer que hacía gorgoritos a los Edith Piaf y donde nos clavaron por dos copas, cuyo efecto benéfico nos duró hasta la puerta del hotel (y se agradeció, dadas las bajísimas temperaturas). Nos metimos en la cama dispuestas a levantarnos a las 7:30 de la mañana para aprovechar el día.

Convenientemente apagado el despertador, amanecimos a las diez con ganas de aprovechar el pase de museos y descubriendo un día nublado y tristón. Después de desayunar y discutir un poco sobre inmigración y los designios de Sarko, nos fuimos a examinar atentamente Nuestra Señora de Paris, a comprobar cómo de bien documentado estaba Víctor Hugo en su día. Como millones de turistas al año, nos vimos defraudadas por la ausencia del jorobado, y las gárgolas tampoco nos dijeron ni mu. Tras esta profunda decepción (y comprobando que debido a la niebla no se veía más que la mitad de la Tour), nos fuimos a la Sainte Chapelle, donde elaboramos una interesante teoría sobre Paris, y es que la proporción de tíos buenos no es normal. El por qué se nos escapa, pero es un hecho.
En la cola nos maltrató un tipo con complejos (aunque nada que ver con el argentino que purgaba traumas de la infancia en la cola de Nôtre Dame), y después de entrar, nos examinaron dos agentes de las fuerzas de seguridad de esos que dan ganas de decir: ¿seguro que no quieres examinar nada más, chatín? En lugar de tan invitante frase, mi querida Dispensadora Drogas Legales lo que le dijo al tipazo que la examinaba fue: EIN? Horas más tarde, ella misma reconocería que siguió un desafortunado primer instinto... porque a ver, si uno dice eso, ¿qué espera? Pues que le repitan lo mismo, tal vez más deprisa, no? En cualquier caso, después de decirle entre dientes: es el cinturón lo que pita, guapa, ya no me quedaron ganas de preguntarles a los monumentos vivientes a qué hora acababan el turno, y nos conformamos con ver el monumento oficial que ibamos a ver. Y menudo monumento, la Santa Capilla... con unas excelentes explicaciones que nos permitieron saber que algunas de las vidrieras están mal colocadas... cosas de las Revoluciones.

En nuestro itinererio, siguió el único punto negro del viaje, porque el Museo del Cluny tenía la llave echada... así que me quedo sin ver La Dame a la Licorne... a ver si a la tercera va la vencida.
Después, al Musee d'Orsay, donde nuestra técnica de las visitas con recorrido prefijado se demostró altamente eficaz. Claro, que Orsay no es tan enorme... aún así, vimos impresionistas y preimpresionistas que nos encandilaron por diversas razones, y no vimos la mitad de los Van Gogh porque no estaban. Además, en la tradición francesa, no habían dejado una nota para decir dónde iban y cuando volverían... así que otra razón para volver.
Ignorando el cansancio como jabatas que somos, nos fuimos al barrio de Amèlie, a hacernos fotos en el Moulin Rouge y a cenar pâté mientras veíamos pasar ejemplares de nuestra teoría (Nota bene: buscar trabajo en París). Tras haber conseguido la famosa foto de la Tour Eiffel, nos arrastramos hasta el hotel (sin ver al tío de la sierra al llegar).

Con el segundo vano intento de madrugar, empezó el último día de viaje, lloviendo a cántaros... desyunamos el consabido cafè au lait et croissant y con coraje, nos olvidamos de la lluvia y nos fuimos a ver lo que nos habíamos propuesto... Como la suerte se apiada de los valientes, a la hora había dejado de llover y no acabamos el día como sopas. Vimos joyerías en la Place Vendôme, la cúpula de las galerías Lafayette, comimos en un Quick en los Champs Elysées, buscamos al niño de los cojoncillos al aire (según nuestra guía, Aleixandre dixit) en el Arco del Triunfo (harto difícil, porque están todos en pelotas) y por fin, nos fuimos a hacer veinte mil fotos a la torre Eiffel.
Lamentablemente, no todas las fotos fueron afortunadas...

Derrotadas, recogimos nuestras mochilas, nos despedimos de la señora del hotel prometiendo llamarla la próxima vez que vayamos a París (para preguntarle por los detectores de humo con los que nos amenazó si fumábamos en la habitación, porque es que no los encontramos para hacer saltar la alarma y que vinieran los bomberos (que deben ser para desmayarse, vista la media de belleza masculina de la ciudad)), y nos fuimos al aeropuerto vestidas de caracol, rumbo a la Capital del Mundo.
Tres días tremendamente intensos pues...

Conclusiones:
- Hay que volver a París a hacer un montón de cosas que se nos han quedado en el tintero.
- Billete de low cost, 20 €; hotel de película de terror detrás del Lufr, 30 €; pase de museos de dos días, 30 €; trescienta mil autofotos de las que sólo dos no dan lástima, no tiene precio. Dentro de cinco mil años las encontrarán y llegarán a conclusiones erróneas sobre nuestra civilización.
- El elevado número de tíos buenos por metro cuadrado es un hecho científico sin ninguna explicación confirmada, a pesar de que existen numerosas tendencias y posturas doctrinales. La más plausible hasta el momento es la dieta a base de baguette y queso, pero el hecho amerita una investigación más en profundidad (a ser posible, con conejillos de indias autóctonos).

París en cifras:
- Kilómetros caminados: por lo menos diez mil.
- Croissant ingeridos: no suficientes como para sentirse culpable después del turrón de Navidad.
- Tíos buenos fichados: buff.
- Autofotos: Doce mil. Aprovechables, dos.
- Hoteles descartados en próximas visitas: uno.


martes, 15 de enero de 2008

Se acabó


Sé que tengo otras entradas pendientes (Vive la France, Pues yo pienso seguir tarareando), pero hoy es un día especial. Y vosotros diréis... ¿por qué? No es el cumpleaños de nadie cercano, no es fiesta nacional, no tengo ningún examen que determinará mi vida (el examen, el sábado, espero, aunque no tan importante), no parece que me haya tocado la lotería... pues no, es que hoy es mi último día como becaria ICEX.

Me han pasado muchas cosas desde que aquel 22 de noviembre de 2004 uno de los entrevistadores apuntó en la ficha de mi entrevista: Apta, esta pardilla se quiere ir a Roma. Además de muchas cosas, han pasado tres años, un máster tapadera, un montón de amigos y de viajes, un montón de experiencias inolvidables, un montón de cosas aprendidas, también disgustos y decepciones, varias vocaciones descartadas y otras desarrolladas en su lugar, me he acostumbrado a estar fuera de la piel de toro y acordarme sólo de sus cosas buenas (y luego criticar cuando vuelvo de vacaciones), y he dejado trocitos de mi corazón por ahí repartidos (aunque creo que aún me queda suficiente aquí dentro)...
A partir de mañana no cambiará nada en la práctica, no creo que me vuelva más alta, más rubia y más guapa (aunque todo es posible), no creo que cambie mi porte ni mi manera de andar, pero por fin, dejaré de ser becaria. No sé si está dicho que a partir de mañana sea profesional, pero por lo menos es un paso de ese larguísimo camino de baldosas amarillas.

¡¡¡Hip, hip, hurra!!!!

domingo, 6 de enero de 2008

Voyages, voyages...


Preparando la maleta para Paris... bueno, la mochila, porque es lo que tienen las low cost, que es más barato si no facturas equipaje... ya tenemos hasta el check in (Santa Rita, que no se me olvide el papel) y todo preparado.... he medido el líquido de lentillas, porque queremos ir bellas y sobre todo, videntes a la Ciudad de la Luz.
Qué emoción. Un día de museos, un día de monumentos, y la eterna duda de si subir o no a la torre Eiffel, que cuesta un pastón, para pasar vértigo. Bueno, yo no subí la otra vez. Las pilas cargadas para hacer un millón de fotos, la dirección del hotel apuntada y los apuntajos sobre el metro (incluido abono turistico y eso) en el cuadernito, esperando que nos den un mapa en la estación... nos dejarán llevar unos sandwiches en la mochila?
Y cuando vuelva, corriendo a preparar la otra maleta... para esa si que tengo cosas apuntadas. Pero pian piano si va lontano, en esa maleta pensaré cuando sea el momento, que todavía no lo es.
Hay que reconocer que 2008 ha empezado muy bien...

miércoles, 2 de enero de 2008

... y bienvenido, 2008


Propósitos de Año Nuevo:

- No hacer propósitos estúpidos.
- Cumplir todos mis propósitos de Año Nuevo.
- Seguir enamorada de mi trabajo.
- Ordenar las cosas que necesitan ser ordenadas.
- Cultivar la paciencia.
- No pagar el alquiler después del día 5 de cada mes!
- Desarrollar la seguridad en mí misma que parece que tengo.
- Dejar atrás lo que tiene que quedarse atrás y mirar adelante hacia lo que me está esperando, sea ello lo que sea.
- Seguir buscando la pose de "por encima del bien y del mal" que se me perdió una tarde de verano.

Y además de propósitos, tengo planes... como por ejemplo, comprarme un coche (que dice S que es el primer paso después de firmar un contrato), ir a México, a Chicago y a Nueva York, terminar de compensar cosas que aún tengo que compensar y también terminar un máster...

Nochevieja, vino picado incluido, me dejó la última lección del año 2007. Si esperas indefinidamente, muy probablemente llegarás tarde. Y pensar que antes me moría por algo de vestir nuevo que estrenar esa noche... al final se convierte uno en lo que nunca pensó que se convertiría. Recuerdo que alguien una vez me dijo: cuando hablas con ese brillo en los ojos, creo que serás lo que tú quieras... si, ¿pero qué quería yo entonces?

Y mañana, a mi querida Madrid, que hace mucho que no nos vemos ella y yo. ¡Y dentro de unos días a París! Para que rabie la próxima azafata de American Airlines.

Nota bene: después de seis años que llevan los carteles puestos por todo Móstoles, por fin ha llegado el año del bicentenario...[para quienes no lo sepan, el bicentenario de la Guerra de la Independencia, la que volvió tarumba a Goya, que empezó en Móstoles (y en más sitios, pero eso es otra historia y será contada en otra ocasión) porque había un alcalde bajito y bruto que logró así pasar a las páginas de la historia (en letra pequeña, eso si, porque la gente, de Móstoles, sólo se acuerda de las empanadillas, leñe)] .

Lástima que sospecho que me voy a perder las fiestas... aunque eso, junto con otras muchas cosas, ha entrado a formar parte de otros tiempos, otra vida, otros sueños. Colecciones de anécdotas que contaré aún dentro de muchos años, aunque ya nunca más a dos voces. Yo ya no soy aquella; y lo más gracioso, es que sé cuando y cómo dejé de serlo, el momento preciso en que el se cerró el ciclo, mientras tus oídos oyen una frase y tu cerebro se niega a procesarla... pero al final, la procesas. Y entonces, piensas en todas las cosas que habrías querido responder y no respondiste. Aunque, para ser sinceros, mi mordacidad no me falló en tan gallarda ocasión y al menos no fui la única en encontrar estúpido el momento.
Ahora que lo pienso, sólo he tenido dos veces esa capacidad prodigiosa de narrar a dos voces. Mejor dicho, sólo he sintonizado así con dos personas... y la verdad, no sé si apelar a la proverbial tercera o declarar mi independencia, como nueva versada en temas de género que soy, y empezar a proveer de información yo solita. Dejemos que sea el 2008 el que decida. Éste va a ser, cuando menos, un año interesante.