viernes, 31 de octubre de 2008

¿Sueñan los odontólogos con sonrisas de marfil?


Cuando trabajaba en la universidad, siempre me preguntaba qué clase de discreto encanto lleva a un chaval de dieciocho años a querer ser odontólogo (venga! No es lo único con lo que se gana dinero!)... y nunca logré una explicación satisfactoria. Realmente, nunca hice una encuesta de población, y la pregunta se había quedado dormida en mí hasta que la otra tarde tuve el gran acierto de escuchar este podcast, que me abrió los ojos. 
Todos tenemos preguntas en la cabeza; la felicidad consiste en encontrar la forma de responderlas. Ni siquiera en responderlas, pero en encontrar la forma de hacerlo. 
Claro, la parte difícil (siempre hay un pero), es encontrar la pregunta en cuestión.... creo que este viaje me ha ayudado con eso, aunque es demasiado pronto para decirlo, me temo. 

martes, 28 de octubre de 2008

Desde una película


Después de mis últimas aventuras por el nuevo mundo, estoy convencida de que el cine americano es el más realista. Imagino que además de lo que, objetivamente, estoy viendo en este país, el hecho de venir de Guatemala tiene alguna influencia en mis percepciones... pero, dejando la cuestión de la inseguridad aparte (se puede ir con la cámra por la calle!!!), creo que si hubiera estado aquí en vez de en Roma, tampoco habría podido encontrar ningún tópico desmentido.

Ejemplo 1: Estoy en un bus (transporte público!!! Si!!! Que se puede usar tranquilamente!!!) y entran, por este orden: una animadora, un militar, dos gordos, una panda de niños de instituto y tres mujeres hablando en español. Miro por la ventana para ver casitas de esas que salen en las series que duran media hora, y ahí están!!!! Sólo me queda una persecución... si observo atentamente por la ventana, seguro que la veo. 

Ejemplo 2: Desproporcionado número de sonrisas perfectas. La segunda mañana uno se mira en el espejo y dice, ¿serán de serie? Nooo.... ¿Seguro? Nooooo. 

Ejemplo 3: Como alguien se encargó de señalar en un par de ocasiones, en EEUU no se toleran las muertes accidentales. Existen de verdad las protecciones insosperchadas para que uno no se queme con el café, y las advertencias extrañas por todas partes... ello provoca una misteriosa sensación de sobreprotección y a la vez, supone un recuerdo constante de lo frágil que es la vida humana. 

Ejemplo 4: Lo que habla esta gente por la calle. Con cualquier excusa le hablan a uno. Con buena voluntad, entiéndase; con genuino interés te preguntan si eres turista o fotógrafo profesional de ardillas y son capaces de buscar en su portátil (todos llevan uno!) la página de google maps para que veas en qué parada del metro te tienes que bajar. 

Chicago me gustó. Pensaba empezar este report con una frase mucho más elaborada, pero no es necesario, porque esa sencilla oración de tres palabras llena los requerimientos: Chicago me gustó. Es una ciudad suficientemente americana como para resultar diferente a lo que uno conoce (y ama, seamos sinceros) y con suficiente calidad de vida como para que un europeo viva tranquilo allí. Las cosas están pensadas a la medida de las personas, y a pesar de que nuestro Cicerone particular (que ya se marcha!! Lástima!!) nos dijo que tenía un límite temporal, creo que es una ciudad más que habitable.
Lo que más me sorprendió: su downtown. Vale que el Santo nos había informado de la altura de las torres, y que uno siempre conoce residualmente cosas como la torre Sears o la Hancock (ayer la reconocí en una serie!!)... pero hacer un tour de la Fundación de Arquitectura por el río (adividan el nombre... Chicago!) fue interesante, divertido y creo que hasta divertido. Ay, Arquitecto, antes conocido como Goose, lo que me acordé de tí... 

From Windy city
Ah, y lo otro que me sorprendió fue esto:

From Windy city
Literalmente, una judía gigante en el Millennium Park, que la verdad, mola mucho... sí, si observais bien, el edificio blanco que se ve reflejado, es un hermano un poco más alto de la Torre Picasso.
Lo que no me gustó: Descubrir que no se puede fumar no sólo en la puerta de los locales, sino que además, en algunos no te dejan fumar dentro de quince pies de perímetro del sitio en cuestión. O sea, averigua cuánto demonios son quince pies (que no son de mi talla, por cierto) y después ponte ahí a encender el cigarrillo... 

Boston: snob y a la vez llena de inmigrantes, con más universidades por metro cuadrado que ninguna otra ciudad que yo conozca, tiene el aire de haberse quedado dormida hace cien años y haberse despertado antes de ayer, como si se hubiera despertado tarde y tuviera que arreglarse corriendo para ir a una fiesta. El suceso policíaco que esperaba tuvo lugar aquí, pero no logré enterarme de qué pasaba... más que nada, porque al tercer helicóptero que me pasó por encima, empecé a pensar que me iban a ver de sospechosa y me retiré por una calle lateral. Con tranquilidad porque todavía no hay CSI Boston.
Lo que más me gustó: las casitas de la calle Malborough, hasta que un amable bostoniano tuvo a bien informarme de sus precios... leñe. 

From Boston, la ciudad de las universidades
En su defecto, me quedo con los colores de los árboles, aunque sobre eso, aprendí mucho más en New Hampshire... 
From New Hampshire

Lo que no me gustó: El hotel donde nos quedamos la primera noche, aunque después de un tiempo, adquirió su encanto... era como estar dentro de una película de miedo con un montón de mochileros presumiblemente chinos hablando (en chino) en la puerta. Si, pude comprobar que se me ha olvidado lo poco de chino que una vez supe, aunque siempre puedo alegar que creo que era cantonés y yo aprendí mandarín... 

Hanover - New Hampshire... que es un sitio donde uno no va si no tiene algo específico que hacer, que era el caso. Mientras cierto caballero se daba una vuelta por sus instalaciones (algunas de ella parece ser que bajo tierra), vuestra humilde servidora se paseaba por un pueblecito de novela de Stephen King. De hecho, después de dormir en White River Junction, también digno de SK... situémonos: pueblo pequeño, dependiente de la universidad, donde la gente se conoce, casitas adorables, con porche, paisaje incomparable, con carreteras rodeadas de árboles, intransitables en invierno. Nunca pensé que de verdad iría a uno de estos lugares... y de hecho, pasé un montón, Derry, Londonderry, Salem... niños, los novelas no siempre son ficción... 
Lo que más me gustó: las miles de tonalidades de lso árboles y lso montones de estudiantes con sus camisetas de Darmouth. 

From New Hampshire

Lo que no me gustó: la pertinaz lluvia, aunque el clima se portó muy bien!
L
NYC: Que desde hoy pasará a ser la Ciudad de las Casualidades... Creo que he contado aquí que cuando estuvieron mis padres (hace tanto tiempo, que aún estaban las torres gemelas), una amiga de ellos se encontró con su vecina del quinto (o del cuarto, perdonad la falta de precisión) encima de la Estatua de la Libertad. Bueno, la historia se repite. 
Me levanté con la sensación de que me encontraría con alguien, aunque pensé que sería alguna de las personas que conozco allá (que ya son varias, señor agente)... pero no. Después de todo un día de hacer el turista, me pasó algo espectacular por la 5a Avenida. 
Iba yo mirando la Biblioteca Pública (y deseando entrar, aunque ya estaba cerrada), cuando de repente, oí a mi izquierda mi nombre pronunciado con un acento particular... ¡¡¡¡¡EL RUSO!!!!! Y de nuevo, otra vez en mi cabeza: ¡¡¡¡EL RUSO!!!! El mundo es un pañuelo, sí, y nosotros somos los mocos... unos más verdes que otros, eso sí. 
Ah, qué tiempos. 
Pero lo más gracioso, es que dejamos al ruso que se fuera a dormir su jet  lag y nos fuimos a una cena con amigos de amigos de amigos... y así, de casualidad de nuevo, voy y me encuentro charlando con la excompañera de piso de mi excompañera de piso... JA! ¿Tú eres la famosa espñaola?? Si... el mundo es pequeño... ¡¡muy pequeño!!
Lo que más me gustó: La variedad de personas... está lleno de gente!
Lo que menos me gustó: Que es demasiado igual que las películas... Y que debido a un desgraciado evento, perdimos la mitad de las fotos del viaje... sniff.

Epílogo: en alguunos viajes se aprenden cosas del lugar, en otros, de tí mismo, en otros de las personas con las que viajas. Este, aún no sé bien como clasificarlo... pero os debía las fotos!!

viernes, 17 de octubre de 2008

Transmitiendo...


A medida que sigo mi propio camino, más me meto en mi propio mundo, y más estoy sola. No solitaria, sino sola: cada vez menos personas comprender no mi día, a día, que es una utopía, sino mi contexto (si es que alguien lo ha entendido alguna vez, cosa que no sé). En consecuencia, a medida que me voy metiendo en este mundillo, tengo una mayor necesidad de comunicación (aunque la cosa no funciona porque cada vez tengo menos tiempo). No estoy diciendo nada nuevo, ni nada que no haya dicho aquí; la vida nos absorbe completamente, hasta el punto que a veces me pregunto si yo soy yo la que se pasa todo el día corriendo tratando de solucionar problemas y facilitar procesos (a veces, hasta lográndolo), o la que se sienta aquí a reflexionar y a escribir. Porque, para los que lo esteis pensando, no, no son la misma persona.
Esta vez, me ha podido el deseo de comunicar, en una conjunción perfecta de hojas en blanco, tiempo libre y una relativa tranquilidad. En el fondo, uno escribe para sentirse un poco más comprendido, un poco menos solo, para transmitir la propia situación. A veces no se logra enteramente, y se queda uno con la palabra en los labios, con la mirada perdida y con la sensación de estar teniendo conversaciones paralelas. Otras veces, uno comunica tal vez demasiado y se encuentra con el psicoanálisis ajeno, que en última instancia es molesto.
Las menos de las veces logra uno transmitir la propia situación, como si se pudiera mirar, al menos en una parte de nuetsra vida, como quien mira por una ventana. Eso me lleva al inicio de este post (que alguien me explicó es una cosa de hispanohablantes, cerrar los discursos así): cuanto más me adentro en este mundo particular, más me cuesta transmitir al menos las pinceladas de aquello en lo que se ha convertido mi vida, pero mayor es la necesidad de hacerlo. Como darse cabezazos contra la pared.

Cosas


Cosas absurdas, hiperútiles, curiosas e imposibles. Cosas que te solucionan problemas que ni siquiera imaghinas que tenías. Imagínate si no los hubieras resuelto. Suficientes cosas para llenar un catálogo de 267 páginas.
Un reloj que solo marca los días de la semana, una colchoneta con calefacción para el perro (en varios tamaños)(la colchoneta, no el perro), un asador de galletas portátil, todo tipo de artilugios para descargar, ver e imprimir fotografías (y al lado de su foto, un ominoso recordatorio: ¡Imprima en un minuto recuerdos que durarán más de cien años!), un fusil que lanza nubes de algodón, todo tipo de luces navideñas, aparatos que juegan solos con el gato mientras su dueño hace otra cosa (¿ver la tele?), genuinas toallas turcas (de diseño europeo??), un taco para colocas los cuchillos en la cocina que elimina completamente los gérmenes, un globo terráqueo que está siempre actualizado, porque se actualiza por internet; el crucigrama más grande del mundo, para colgar en la pared, una máquina capaz de envejecer el vino diez años en diez minutos, puentes japoneses para el jardín y pantallas de cine hinchables, una mesa de trabajo portátil para el coche (el ordenador se vende por separado), un despertador holográfico (?!?), sillas portátiles que soportan hasta 800 libras de peso, la varita mágica de Harry Potter, un paraguas que no se da la vuelta con el aire, un microondas de viaje, un imitador de ladridos de perro furioso, una caja de arena para gato con forma de planta (no hay que esconderla!), un molde que hace que los pasteles sean todo bordecito crujiente y nada centro crudo... pararé, porque estoy viendo Chicago por la ventana del avión, pero nada de lo arriba descrito ha sido inventado por mi. A las pruebas me remito...

miércoles, 1 de octubre de 2008

Back to life


Parece mentira, pero no... pasó mi tormenta particular.  Ayer presentamos el estudio que hacía tanto que me tenía atormentada, y que últimamente ya no me dejaba ni dormir... Si, lo sé, lo sé, aún está en versión borrador y hay que seguir trabajando, pero ya no hay stress... ya no voy a salir la última del edificio (los guardias se ríen no sé si conmigo o de mi), ni voy a tener una lista interminable de cosas que hacer antes del evento.
Esta mañana me he despertado prontísimo, y por alguna razón, me he acordado de la primera vez que me desperté en Guate. Entonces todavía era Guatemala, no teníamos tanta confianza... la sensación era extraña... ahora esto es mi casa, conozco las calles, dónde están las cosas, las personas y los detalles, el contexto. Aquella mañana, que se parecía bastante a esta, no pensaba que me iba a sentir nunca integrada aquí y al ritmo de vida de este país. En aquella mañana, había una tensa expectación y en el fondo, la sensación de que todo era temporal; ahora, sé lo que hago en mi trabajo y tengo la sensación de que no volveré a donde estaba.
No hay que buscar la seguridad en el exterior, porque ahí no existe. Hay que buscarla dentro de uno, porque al final, eso es lo que nos acompaña siempre. 
Hm... qué bueno es estar vivo otra vez.