jueves, 30 de agosto de 2007

Palabras perdidas


Las que no se dicen, aunque a veces estén en la punta de la lengua, quemando.
En mi caso, la mayor parte de las veces son adjetivos y adverbios.
Cuando la frase exacta no es: "me alegro de que hayas venido", sino "me alegro mucho de que hayas venido", y en esa sola palabra de diferencia hay un mundo de significado...
Pero esas palabras no se pierden... se quedan en una especie de papelera de reciclaje en la mente, para que uno pueda tranquilamente volver y examinarlas, verlas del derecho y del revés... lo único que no se puede hacer es retroceder en el tiempo y decirlas en el lugar exacto en el que debían haber estado.
A veces, sólo algunas veces, se abre la posibilidad de volver a hablar con el receptor que jamás recibió su palabra y decirle: ¿Sabes? Aquel día tenía que haberte dicho... Nunca será igual, porque las palabras que no se han dicho son las que habrían podido cambiar las cosas; pero al menos, se pueden sacar de la papelera.

Mucho más difícil es retirar las palabras que se han dicho ya. No estoy pensando en las respuestas desagradables (que de esas tengo muchas a mi espalda, con la lengua afilada que tengo), al menos no estoy pensando sólo en esas. Estoy pensando en las cosas que se dicen sin necesidad, en las que crean en los demás una imagen de nosotros que no es real... en las mentiras inconscientes. Ésas ni siquiera tienen una segunda opción como las palabras perdidas.
Y sin embargo, también tengo un archivo de muchas cosas que no quería decir. Aún puedo probar: ¿Sabes? Aquel día, no quise decir esto.

En cualquier caso, si se trata de considerar la posibilidad de deshacer las frases dichas o no dichas, conviene examinar el caso persona a persona. Quien de verdad te conoce interpreta correctamente... o no. Pero digamos que tiene más posibilidades de filtrado. En cualquier caso, llega un momento en que tienes que limpiar.

Dejo todos estos proyectos junto con el aprendizaje del griego (he encontrado un curso genial on line!!) y el doctorado en economía... en la bandeja de los planes a largo plazo. Con componentes a corto plazo, eso sí. Siempre preparando sorpresas para la gente que me rodea.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Excepción


Odio youtube, supongo que porque la mayoría de las cosas que me llegan son de vídeos chorras y pérdidas de tiempo.
Peeeero, toda regla tiene su excepción, así como toda historia tiene su principio.
Ecco, por qué me gusta mi trabajo:

viernes, 24 de agosto de 2007

Nueve minutos


Salgo de la oficina y está lloviendo... bueno, chispea, pero de esa manera insistente e invernal, las gotas están frías, las noto en la cara mientras cruzo el miniparking hasta llegar al taxi amarillo que me está esperando. Cuando el taxista ve que soy yo la que va hacia el taxi, arranca y se acerca despacio hacia mi, con la sana intención de que me moje menos. Tarde, campeón, podías haber aparcado dentro, aunque ya da igual. Tampoco me importa mojarme un poco, este año casi no he tenido invierno...

Me siento y le digo mi dirección, despacito, para que no se líe con mi acento y los números. Ya he aprendido a hablar despacio, porque el español es suficientemente distinto como para que algunas veces no nos entendamos al hablar. Estamos en marcha, por la trece calle abajo. Pero de repente, ya no estoy en Guatemala... los coches bajo la lluvia son iguales en todas partes, en todos sitios, los faros que iluminan las gotas de lluvia que les caen delante. Mientras el taxi avanza, disfrutando de las avenidas vacías de tráfico ya pasada la hora punta, yo miro por la ventanilla pero no veo las calles con sus aceras extrañamente torcidas... el ruido de los limpiaparabrisas me lleva a una noche muy parecida a esta, pero muy lejos. El silencio dentro del coche y el ruido fuera, las luces rojas y blancas q ue se reflejan en el agua, y las gotas de agua iluminadas por los faros. Recuerdo un trayecto en estas mismas circunstancias, puedo recordar el silencio dentro del coche y el ajetreo de la Gran Vía fuera, con millones de luces blancas, rojas, amarillas, y el ruido de los limpiaparabrisas. Es aquel Citröen de color tomate, que subía cuando lo arrancabas... debe ser Navidad, porque fuera la gente está más ajetreada de lo normal... incluso hay más luces de lo normal. El pavimento mojado es igual en todos sitios... y las mismas gotas que tienen su instante de gloria delante de los faros...

La voz del taxista me saca de mis pensamientos:
-¿Tiene 25 quetzales sueltos, seño?
- Hm... creo que sí.




Sólo hemos tardado nueve minutos en el trayecto, pero yo he recorrido estos quincemil kilómetros que me separan de tantas cosas.

jueves, 23 de agosto de 2007

Sólo cosas


Me está costando escribir este post... veo que llevo ya casi dos semanas con él a medias. Y ello se debe tanto a falta de tiempo como a la falta de inspiración en los pocos ratos libres que he tenido últimamente.

Obviamente han pasado muchas cosas.
Bueno, han pasado muchas pequeñas cosas que forman pequeños todos, y grandes cosas han pasado cerca.

Empecemos por las grandes, que así no me estorbarán después (porque escribir, como bien sabe S, es un poco como exorcizar los pensamientos, que se quedan tranquilos y quietos en el papel, o en la pantalla). Casi nos ha pasado Dean, que se ha quedado en México (al menos de momento, parece que va a desaparecer allí). Como cuando subí al volcán, la fuerza de la naturaleza me sobrecogió al ver en la foto de satélite que Dean era (y es) más grande que Guatemala. Mucho más, de hecho. Habré visto montones de fotos de tormentas en el telediario, pero nunca las había comparado con nada. Enorme se queda pequeño... Gigantesco se queda pequeño también... es una auténtica fuerza de la naturaleza. Las casitas de adobe con tejados de chapa son incompatibles con semejante fuerza.

Y eso me lleva a la primera de las cosas pequeñas. Que, tal vez, si lo pienso bien, no son tan pequeñas. Hace dos semanas estuve en el campo, viendo albergues de gente que perdió su casa por una de estas fuerzas de la naturaleza. Sus casas, y todo lo que tenían, si es que no perdieron algo más. Y en muchos casos, la esperanza. Hay quien, dos años después, aún no tiene nada a lo que agarrarse, ya no tienen fuerzas para esperar nada del futuro, que hasta ahora solo se ha encargado de llevarles desgracias sistemáticamente. Ayudar a estas personas no es sólo llevarles físicamente lo que les lleves (en nuestro caso, comida)... es hacerles sentir que de verdad las cosas pueden cambiar, y sobre todo, que de verdad cuentan, que no son sólo bultos sospechosos en las manos de un destino incierto y malintencionado. Sin embargo, ésa es precisamente la parte más difícil; hacer que no les parezcan todos los días iguales, sino que tienen un objetivo, no volver a quedarse en la situación a la que han llegado. Y que no están solos en este mundo.

Como contraste, las sonrisas enormes de estos niños traviesos, crueles, sinceros y con mucho desparpajo, que no saben lo que sus coetáneos de otros lugares tienen y que preguntan sin ningún pudor qué hago tan lejos de mi casa. He venido a ver si os reís igual que los niños de mi país (y para mis adentros, satisfecha, veo que al menos en este colegio, sí, se ríen igual), y a ver si el fútbol os gusta lo mismo que a ellos.



Y ahora pienso que tal vez ya no me importan las mismas cosas que antes, porque ya no veo igual el mundo. Y pienso que tal vez era una broma de esas que contienen la verdad que antes de venir era joven y alocada y ya no lo soy. Por lo menos, me siento distinta de una manera extraña, y es muy probable que sea porque veo las consecuencias de mis acciones de una manera mucho más clara y distinta. Llevaba mucho tiempo equivocada. Llevaba mucho tiempo haciéndome las preguntas que no son. Esta línea de pensamientos se la debo a ese Anónimo que aún no ha tenido el valor de identificarse; no se trata de lo que más quiero, porque eso no lo sabré nunca, porque no es una cosa, ni un sentimiento, ni un lugar... Yo nunca estaré tranquila, porque no estoy hecha para estar tranquila. Seguiré conquistando metas una detrás de otra, cada vez en mayor proporción impuestas por mi y menos por los demás, seguiré tomando decisiones con este aire culpable mío, echándole la culpa a una vida que no trae manual de instrucciones, pero feliz de acertar en las decisiones y dispuesta a aceptar las consecuencias de las equivocaciones.
Porque si lo hiciera de otra manera, no sería feliz.
Porque yo soy feliz así, en precario, aunque a veces me quede sin dormir por la angustia de vivir en vilo.
Y aunque a veces, anhele una seguridad que es más un mito que otra cosa. Siempre hay un camión esperando detrás de la esquina.

Y así soy feliz, porque la pregunta que siempre me sale con los finales felices es ¿y ahora qué? ¿No hay nada más después?¿Eso es todo?

Afortunadamente, la vida no es una película, y me puedo salir del guión. Y en las próximas escenas, tengo previstas varias cosas. Algunas de ellas dolerán seguramente, pero lo importante es hacerlas y seguir andando por este camino de baldosas amarillas en el que las curvas no dejan ver las señales.

Así, que, querido Anónimo, y queridísimos todos los demás: nunca conseguiré lo que más deseo, porque nunca estaré satisfecha con nada. ¿Pero quién dijo que la satisfacción es la felicidad? La felicidad son, más bien, esos momentos que tengo grabados en la memoria y que se parecen a las fotos que tengo colgadas en la pared.

Una mirada que hace que el mundo alrededor desaparezca; un rayo de sol que se posa encima de una mesa en el momento preciso, demostrando que la magia existe; una sonrisa que ilumina la habitación en la que estoy entrando; un ataque de risa intempestivo; el peso de mi sobrina en los brazos; el gesto más hermoso del mundo delante de un reloj eternamente parado; una carta esperando en el buzón; una hermosa tarde de principios de verano, una tertulia llena de historias descabelladas; una mañana limpia cruzando un lago como un espejo... y esos momentos, no se acabarán nunca.

P.S
Bienvenida a casa, Filomenita. Espero que sepas las ganas que tengo de darte un abrazo (para comprobar cuánto has practicado).

jueves, 9 de agosto de 2007

Kika Magia


Después de pensarlo y valorarlo, he decidido incluir el blog de esta niña entre mis lecturas, primero, porque lo leo, y segundo porque ha superado el umbral de los tres posts con lo que me identifico un montón (término técnico).
No nos conocemos en persona, aunque podríamos habernos conocido en algún momento.
Y entiendo perfectamente lo que es tener el paralelismo metido en la vida de una hasta las trancas, chata.

Asuntos a parte, felicitadme, oh, hados del destino, oh, lectores incautos, porque he puesto en marcha uno y medio de mis tres pasos para la resolución de mi vida en el próximo futuro... Conociendo mi extraña tendencia a fastidiarlo todo a lo Bridget Jones, no saldrá nada como yo lo quiero... Pero, la vida es lo que planeamos mientras nos sucede otra cosa (no sé quien lo dijo, tengo que tomar rabillos de pasa).

viernes, 3 de agosto de 2007

Amistad, friendship, amitié, freundschaft, amicizia...


El rincón de la etimología, que hacía mucho que no lo recordaba... dos raíces para la palabra equivalente a amistad: la latina, amicus, derivada del griego a(m)ego, sin mí mismo, o sea, que la otra persona es el reflejo de uno mismo?... Y la palabra nórdica derivada en inglés y en alemán del antiguo Hochdeutsch FreEon, una derivación de libertad... será por que cuando estamos con amigos sinceros nos comportamos como somos de verdad?
Las dos raíces me gustan mucho.
Siempre una forma tan distinta de pensar los nórdicos y los latinos...


Y en el mundo real, la amistad es un curioso sentimiento... Esto, a raíz de cosas que leí en la red (aquí y fuera de aquí... querida S):
Todo lo que siempre quisiste saber sobre la amistad y nunca te atreviste a preguntar.
Antes, cuando yo era más aficionada a las citas (o mejor, cuando dedicaba tiempo a buscarlas), pensaba que era verdad una cita que reza: "La amistad es el amor en estado puro"... no. Porque en la amistad no pierde uno el norte y deja de ver los defectos de la otra persona. Más bien, aprende a quererla con sus defectos y a tolerarlos, mientras que en el amor, uno los obvia hasta que de repente se pregunta: "pero y cómo no me había dado cuenta yo de esto? (por ejemplo, que la otra persona siempre deja abierta la puerta del baño mientras hace pis)". Entonces, es mucho más cierto lo de: "Amigo es una persona que te conoce y a pesar de todo, te quiere" (siento no citar, pero no recuerdo ninguno de los dos autores)... Porque para eso están los amigos, para lo bueno y para lo malo (en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza... Perdona, es que este año he estado en demasiadas bodas, como decía Mi Muy Mejor Amigo)... porque a todos nos pasan cosas buenas y queremos compartirlas con alguien que nos comprenda, y todos tenemos momentos tontos, y necesitamos desahogarnos con alguien (que nos comprenda también).

Y por contraposición (y para contestar a Anónimo, porque ya sabeis que yo siempre digo la última palabra, tremendo defecto), quien no cumple estas condiciones, no es un amigo, es un conocido, es alguien que fue un amigo (nunca subestimes el poder de los recuerdos compartidos)... es muchas cosas... pero los amigos de verdad, están siempre cerca del corazón (me conocen mejor que yo, me hacen sentirme yo misma...). Y os lo digo yo, que no tengo más remedio que llevarlos cerca del corazón, porque estoy a 15,000 kilómetros. Como decía aquel (otro que no recuerdo exactamente, un filósofo griego), "No dejes crecer la hierba en el camino de la amistad"... porque se borra y desaparece.

Ayer hablaba con otra internacional en Guatemala, sobre lo difícil que es hacer un grupo de amigos en estas circunstancias... es difícil hacer amigos. No sé si los míos me tienen muy mal acostumbrada (es altamente posible, pero NO me quejo, quede claro) y es que a las personas aquí les pido cosas que no me pueden dar (insiders, adoro los insiders), o si es que objetivamente, es difícil, porque a diferencia de los amigos de casa, de siempre, a la gene de aquí no puedes someterla a un riguroso proceso de selección natural.

En próximos capítulos, trataremos el tema de qué sucede cuando una amistad deja de ser una amistad. Todo esto no son sino reflexiones veraniegas de una tarde de agosto en la que me extraña que no hagan cuarenta grados... es verano, pero no es verano, porque aquí es época de lluvias y hay la misma cantidad de trabajo que el resto del año. Felices vosotros que os aplatanais a las horas de la siesta en la piel de toro, y despertais a la hora de las terracitas.

Me consolaré con la satisfacción de que me gusta mi trabajo, que el que no se consuela es porque no quiere.

Misterios misteriosos (imagínese, querido lector, música inquietante). Esta semana me han pasado al menos 2 cosas curiosas (y todavía quedan tres días...):

  • Cualquier adicto reconocerá que es gracioso que te aconseje sobre tu futuro profesional una persona llamada Katie Bell... ¿es o no es un buen augurio?

  • Soñé (pero éste no es uno de esos sueños raros míos) con una boda que se está celebrando hoy, en la que había gente que seguro no estará... y fue una mezcla de flashback y flashforward a la vez.... Me pregunto cómo saldrá todo, por cierto (y espero con ansiedad el reporte). También soñé que me robaban este mi queridísimo blog... eso, sin duda, inspirado por los comentarios de Anónimo a la última entrada. Hay que tener cuidado con lo que se me dice, que luego sueño, leñe.
Y en el apartado de cuestiones técnicas, como contramedida para algunos de estos hechos curiosos, digo públicamente que se acabaron los comentarios anónimos, porque un día se me va a colar un troll y la tenemos. Como segunda contramedida, voy a poner a buen recaudo los archivos lilithianos y la plantilla de esta cosa... porque google puede quebrar un día... o los marcianos nos pueden invadir... y toda la información digital que hay almacenada en el mundo, se puede borrar con un sólo clic... (impresionante, pero cierto; eso, una profecía agorera que me hizo hace mucho mucho tiempo, en una galaxia muy lejana, mi querido Gallofa).

Faltan 48 días para la visita más esperada del año...

miércoles, 1 de agosto de 2007

Instantes


Como el fin de semana al final no tuve fuerzas para irme a escalar volcanes, para paliar mi vicio de fotografías, me he puesto a repasar las antiguas, con ánimo de hacer un par de cosas con ese incómodo photoshop... pero, como siempre que abro un álbum o una carpeta de fotos, me encandilo mirándolas y al final no hago nada con ellas más que ordenarlas y reírme o ponerme triste, según toque.

Mi vicio por la fotografía empezó la primera vez que estuve en Italia, pero entonces no tenía yo una cámara digital, porque el mundo no era tan moderno como es ahora, que si sacas una cámara reflex, te miran raro. Después, antes de irme a Hamburgo, me compré mi primera cámara digital, que me ha acompañado fiel y taimada, siempre quedándose sin pilas en los momentos más inoportunos, pero logrando hacer siempre fotos lamentables en bares.

Bueno, en realidad la fotografía me gustaba de mucho antes, pero tal vez fue entonces, cuando me fui de casa la primera vez, que empecé a echar cosas de menos de verdad y a valorar los instantes únicos.
Porque lo que me gusta de la fotografía es la manera que tiene de captar un instante y transformarlo en la eternidad... Me veo en las fotos antiguas y no me reconozco, pero sé que alguna vez, fui esa que se partía de risa delante de la cámara...
En algunas fotos también se puede ver el futuro, pero hay que fijarse mucho. Hay que estar atento, porque aunque las fotografías reflejen la verdad de un instante, no la reflejan toda.
Algún día tendré la santa paciencia (y la posibilidad física) de escanear tooodas mis fotos normales... Algún día. Mientras tanto, os dejo con una colección de fotos digitales...

El bodorrio del año, ahora tengo que añadir las del bautizo de la princesita




El instante por excelencia en una plaza pública, en este caso IV di Novembre, en Perugia...




Goose y yo nos hacíamos fotos decimonónicas en las Nocheviejas en las que se bebía champagne...




Cuando todavía era rubia, robaba corazones en el Hamburger Dom...




Actuando en Tengamos el sexo en paz, allá por el lejano 2002.




Reyes divinos...




Serias y tranquilas...




El Palacio de Telegrafos cuando no lo hacían parecer de plastelina...




Cuando todavía estudiábamos...




...y cuando todavía éramos todos amigos.




Posando en Granada, diciembre...



Oliendo las rosas que le quitamos a aquel pobre señor...




Una de las últimas fotos en nuestra casa, en aquel invierno surreal del 2005.




Navidades en casa, no sé si Filomenita dirá trapito entre dientes o se enfadará conmigo cuando vea esta foto... aunque ella sabe que las hay peores!!!




Ensayando Pantaleón y las Visitadoras (probablemente tarareando la Raspa)




Cómo cambian las cosas sin que nos damos cuenta... hasta que nos ponemos a mirar fotos antiguas.