domingo, 28 de noviembre de 2010

Búscate una chica una chica y griega y griega!

He leído esta mañana (ahora no encuentro la noticia para ponerla) que en las redes sociales se protesta por la reforma de la RAE. La verdad, yo para empezar no sabía que había una reforma, pensaba que esta cosa de la "ye" era una broma y me parecían graciosos los grupos de facebook (sí, en este ambientillo international, que le vamos a hacer el facebook es necesario y además me gusta, qué pasa)... pero no sabía que era toda una ofensiva armada.

Y es curioso que la primera reacción que he tenido al leer la noticia me haya recordado mucho a un personaje que más tarde me ha dejado un comentario después de meses de ausencia. Porque este cambio, como le pasa a él con la mayoría, me ha parecido francamente a peor.

Pero no me ha parecido peor sólo porque me parece una barbaridad rebajar cualquier requerimiento ortográfico (las reglas son las que son, después que cada uno escriba como quiera!), sino porque además, estoy harta de reformas sin sentido y de que cambien lo que no debería cambiar. Luego se queda uno fuera de onda, así, sin comerlo ni beberlo.
Mi primera (y última) crisis de fe auténtica se debe también a esta manía estúpida de querer cambiar las cosas que están bien como están. Cuando estaba yo haciendo la catequésis para la primera comunión, y ya nos llevábamos aprendidas un montón de oraciones, resulta que a un montón de señores en Roma se les ocurrió que en lugar de decir eso tan bonito de "perdónanos nuestras deudas, así como nosotros también perdonamos a nuestros deudores" (como si fuera verdad, además, con la de gente revenida que hay por ahí), mejor lo simplificábamos (porque la gente es idiota, y antes no lo entendía), y decimos la burda frase, que ni pega ni nada: "perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Pues a mi no me gusta un pelo que me tomen por tonta, así que desde aquel día, lo de la religión dejó de interesarme. Si las cosas se cambian tan fácilmente, no serán tan importantes. Vamos, digo yo.

Luego llegó la segunda. A mí la geografía, como no sea organizando viajes, se me da fatal, pero fatal. Una vez que ya he estado en una ciudad, sí, ya es otro cantar, pero lo que es antes... pues no. Y después de varios años de sufrir de ignorancia geográfica (porque trabajando en lo que yo trabajo, quedas fatal cuando te encuentras con algún colega de un país que no sabes donde está y se te nota, claro), he descubierto una buena razón: mira, es que cuando yo empecé la EGB, era el final de la guerra fría, y cuando salí del cole, los países habían cambiado todos y ya no me dió tiempo a releerme los libros de geo... porque os prometo que en uno de mis libros, llegué a estudiar la CEI como país.
Por lo menos estos cambios tenían alguna razón de ser, eso hay que admitirlo.

Ahora, por lo que no paso, es porque la manada de vejestorios de la RAE decidan cómo tengo que escribir sólo o guión, o truhán, con lo que a mí me gusta esa palabra. Pues no señores, no me da la gana, yo voy a seguir poniendo tildes, seguiré llamando a la y i griega porque es mucho más exótico, y mi nombre seguirá empezando por i latina, y cuando tenga que deletrear un nombre con b en América Latina, diré b alta para que me entiendan mejor. Y seguiré escribiendo whisky con w, que para eso es un préstamo (eso no es de ahora, pero no se me ha olvidado todavía).
Esos señores ¿no tendrán nada mejor que hacer? Por ejemplo, en lugar de fastidiar a todos los que intentamos hablar con un poco de coherencia y de exactitud, podrían ir a enseñarle español a los brutos que salen en la tele, que estoy hasta las orejas de oír confundir el infinitivo con el imperativo y de oír mal uso de las proposiciones. Pero no, es mejor ensañarse con los pobres hiatos, que no se quejan, y darles más razones a los chavales para que escriban sin acentos, sin sintaxis y hasta sin decoro.

Está bien eso de convertir el español en inglés, pero me resulta tan cutre como Microsoft copiando desesperadamente a Apple para vender más. Y no, no cuela. No, para Microsoft tampoco.

PS: De todos los grupos anti reforma que he visto en facebook, el que más me ha gustado ha sido el del título del post, aunque también me ha hecho gracia: "Si la y griega se llama ye, que la w se llame weah!"

sábado, 27 de noviembre de 2010

El hombre de las series de televisión

El mundo es sorprendente.
Ya me encontré hace tiempo con el hombre al que describen las revistas (lo podéis ver aquí).
Aunque hace mucho que no desarrollaba este grupo de teorías (ni ninguna, es lo que tiene mi ingente carga de trabajo), últimamente he encontrado una sub especie de este hombre, y además, su opuesto natural.

La sub especie es: el hombre que describen las series de televisión. Comparte muchas características con el primero ( e); es guapo, estiloso, atento, escucha, hace los cumplidos justos, y hasta la hace reír a una; pero tiene además un par de características propias que le hacen apropiado de un culebrón tipo Anatomía de Grey, a saber; hay un elemento oculto en su vida que se insinúa pero no se aclarará hasta dentro de un par de capítulos, y además envía mensajes contradictorios constantemente, para complicar el capítulo del día.

Otro motivo para incluir el hombre que describen las series de televisión en el hombre que describen las revistas, es que si una tiene un contacto rápido con este hombre (contacto social, malpensados!), lo clasifica como el tipo genérico; para averiguar esos detalles que lo hacen diferente, se necesita un contacto más prolongado (aunque depende del ritmo de la serie en cuestión!).

Quede claro que lo que me sigue fascinando de encontrar este tipo de personajes, es que de verdad existan! ¿Por qué?

Precisamente, porque al final, lo que una quiere está muy lejos de todo eso. El hombre de las revistas o de las series de televisión está muy bien dentro de su ámbito. Pero mientras estoy batallando con un grifo roto en casa o deprimida después de una tarde de reuniones absurdas, lo que quiero es un hombre real, con los defectos a flor de piel y no ocultos tras muchas capas de pintura o de papel couché, alguien a quien abrazar tranquilamente, sin pensar en nada concreto.
La vida real se impone siempre, al final.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Nothing really matters... to me

Se me pasa la vida esperando cosas que no llegan, que no pueden llegar o que no sé si quiero que lleguen. Se me pasa la vida jurando que no voy a esperar nada más y perjurando inmediatamente después.

Quizás es verdad que siempre querré algo más de lo que tengo. Estoy cada vez más segura de que esa es la maldición que compensa mi buena estrella.

Y mientras oigo la música y mi cuerpo se mueve al compás, recupero una parte de mí misma que estaba en el fondo del alma, detrás de una montaña de ideas como detrás de una montaña de libros. Y siento como la música se me lleva hacia un tiempo lejano, en el que las cosas eran diferentes pero yo estaba siempre esperando algo que no llegaba.

Y yo soy la que mira fijamente un punto del infinito cercano de tus ojos,
y yo soy la que sigue bailando una canción eterna,
y yo soy la que recuerda un rayo de sol que entró por la ventana,
y yo soy la que continua buscando las historias que contabas,
y yo soy solo yo, y todas ellas al mismo tiempo.
Y yo soy la que se equivoca constantemente sin pensar en las consecuencias,
como si no fuera a haberlas.

Siempre esperando que vuelvan los momentos perfectos, y siempre al borde de olvidarlos todos de un plumazo.


Is this the real life?
Is this just fantasy?
Caught in a landslide,
no escape from reality
Open your eyes,
look up to the skies and see
I'm just a poor boy
I need no sympathy
because I'm easy come, easy go,
little high, little low,
any way the wind blows,
doesn't really matter to me, to me.

Queen, Bohemian Rapsody.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Dia anodino

En esta vida mía llena de viajes de un lado al otro, casi siempre con la maleta hecha, unas veces se pierde tiempo en esperas en el aeropuerto, y otras veces, sorprendentemente, se gana. Pero no se qué es peor, porque los días ganados son días que no se aprovechan, que son como prestados en el tiempo, o como si fueran de otra persona. Son días que pasan sin dejar rastro en la memoria, sin pena ni gloria, sin sentir y sin disfrutarse.
Lástima, que con el tiempo limitado que tenemos, se pierdan así días enteros.
Hoy ha sido uno de estos días grises, esperando como si estuviera en el limbo, aún más que en la dimensión paralela, que a veces tiene una semejanza terrible con el limbo. Todo el día trabajando en el palomar, sin hablar con nadie, y sin oír hablar a los demás, como si hubiera pasado un mal espíritu por la casa.
Mañana vuelvo a salir de viaje, pronto por la mañana. Fuera del limbo.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Encuentros a destiempo

Hay gente a la que uno conoce demasiado pronto, y gente a la que uno conoce demasiado tarde.
El primer caso, a veces tiene remedio, pero el segundo generalmente no.

Habrá quien me diga la consabida frase de "la vida es lo que te pasa mientras tú quieres hacer otra" (por cierto, ya la he visto atribuida a tanta gente, que da que pensar), pero quien me lo diga, que me responda si alguna vez no ha tenido la sensación de que si una persona hubiera aparecido antes o después en su vida, las consecuencias habrían sido completamente diferentes. No digo mejores, digo diferentes.

Habría que tener una bola de cristal para prever estas cosas, claro; en realidad ésta no es sino una transformación más de mi eterna obsesión por todas los caminos que se dejan de lado y atrás cuando se toma una decisión que deja las demás fuera del tapete.

¿Qué hubiera pasado si hubiera conocido a esta persona antes de tomar tal o cual decisión?
Lo bueno, es que llega un momento en la vida en que te puedes hacer estas preguntas sin que por ello tengas obligatoriamente que revisar tus decisiones.
Al menos, no mientras no estás tumbado en tu cama, de noche, pensando en las musarañas... y teniendo las dudas al margen con una espada muy afilada, porque el riesgo de acabar con problemas de personalidad múltiple se acerca.


Y qué hacer con los encuentros a destiempo sino almacenarlos en la memoria, junto con otros recuerdos valiosos, y sacarlos de vez en cuando para quitarles el polvo? Qué hacer sino esforzarse para evitar pensar que esa línea de tiempo habría sido mejor, sino sólo diferente? Qué hacer sino desear que en la próxima vuelta de tuerca las cosas sean diferentes? Qué hacer sino desear que haya una próxima vuelta de tuerca?

A veces, sólo algunas veces, me gustaría no tener esta compulsión de coherencia.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Releyendo

He estado leyendo entradas antiguas del blog (bajo varios aspectos, al final llevo ya escribiendo desde 2005, aunque sí, mi producción ha descendido considerablemente), y veo una evolución. Hacia dónde, cualquiera lo sabe. Pero las cosas cambian.

Mientras tanto, mi gato Clyde (porque Bonnie, con su complejo de Electra, es la gata del Simpa), ronca a mi izquierda. (Si, mi gato ronca. Además tiene un problema de equilibrio y cuando intenta impresionarnos con sus andares elegantes, se despeña por el borde de la cama. Pero su manera de levantarse sacudiendo la cabeza antes muerto que sencillo me trae muchos recuerdos y por eso lo adoro).

Me doy cuenta de que mi estilo literario ha cambiado ligeramente (antes era más redicha) y lo mismo ha pasado con mis focos de atención. Me encuentro superficial en las entradas de hace años. Será que una ha visto ya un poco más de mundo (y mucha mierda, es lo que tiene este trabajo).

Hay varias crisis que han pasado por estas páginas. Crisis entendidas en sentido vulgar (o sea, negativo) y en sentido apropiado (o sea, cambio). Sisi, no siempre son discernibles. El tiempo da la distancia en estas cosas, y con el tiempo, los límites entre lo que nos mata y lo que nos hace más fuertes, se van haciendo más difusos. Tal vez sea porque con cada minuto que pasa, nos acercamos más a la muerte.

También hay muchas cosas de las que no he hablado aquí, aunque alguna vez las he mencionado. Me cuesta encontrar las fechas exactas de algunos eventos. Algunas cosas se habían borrado de mi mente (siempre he tenido un filtro maravilloso para borrar lo que no me gusta)... tal vez debería releer el blog una vez al año, porque en el fondo, uno escribe un diario para recordar, no?
También debería releer las cartas de S, porque estoy segura de que algunas de las cosas que me pasan ahora, son consecuencia de letras que fueron escritas entonces.

O tal vez no debería releerlo, porque solo el hecho de recordar lo que estaba olvidado, te cambia. Mientras tanto, Clyde sigue roncando, a pierna suelta. Creo que hoy ha dormido al menos doce horas. Como dice Filomenito, yo en mi próxima vida quiero ser gato de duquesa.

Además de los recuerdos, estos días he recuperado otras cosas, como por ejemplo mi música! Nunca he sido una persona demasiado musical, es cierto (más allá de tararear y cantar sin desafinar demasiado, creo) y me puedo pasar semanas sin escuchar (sin oír es difícil) música. A la única música a la que verdaderamente le presto atención, es a las bandas sonoras de las películas. No obstante, me gusta la música, y releyendo esta tarde noche, me doy cuenta de que hacía montones de tiempo que no elegía canciones, que ninguna canción me rondaba la cabeza.

Clyde mueve las patas, debe estar soñando que caza ratones. Yo cierro el blog mientras tarareo... las cosas han cambiado, pero acaso no tanto como pudiera parecer.

He deals the cards as a meditation
And those he plays never suspect
He doesn't play for the money he wins
He doesn't play for the respect
He deals the cards to find the answer
The sacred geometry of chance
The hidden law of probable outcome
The numbers lead a dance

I know that the spades are the swords of a soldier
I know that the clubs are weapons of war
I know that diamonds mean money for this art
But that's not the shape of my heart

He may play the jack of diamonds
He may lay the queen of spades
He may conceal a king in his hand
While the memory of it fades

I know that the spades are the swords of a soldier
I know that the clubs are weapons of war
I know that diamonds mean money for this art
But that's not the shape of my heart
That's not the shape, the shape of my heart

And if I told you that I loved you
You'd maybe think there's something wrong
I'm not a man of too many faces
The mask I wear is one
Those who speak know nothing
And find out to their cost
Like those who curse their luck in too many places
And those who fear are lost

I know that the spades are the swords of a soldier
I know that the clubs are weapons of war
I know that diamonds mean money for this art
But that's not the shape of my heart
That's not the shape of my heart

Shape of my heart - Sting


martes, 16 de noviembre de 2010

Finales


Estaba yo meditando que a lo mejor el problema de algunas historias es el final.

En las historias, ya sean contadas, leídas o vistas, a veces lo importante es haber sufrido aventuras y desventuras con el protagonista, haber acompañado a otra persona real o imaginaria en todos los pasos y decisiones que se producen para llegar a un resultado... sobre todo, porque muchas veces el resultado final nos deja decepcionados o con ganas de más.

Pero lo que estaba yo pensando más exactamente es que, en realidad, tal vez es una cuestión de punto de vista; porque final final, todo tiene que tener un final; entendiendo que es el momento en el que la historia se termina, o más bien, donde lo que sigue, no tiene ya relación con lo anterior. Entonces, cuando un final nos decepciona, será porque no es el final de aquello que estábamos siguiendo.


El otro día, le estaba contando una serie de peripecias a S, y cuando ya la serie de peripecias alcanzaba la recta final, me di cuenta de que en realidad el final no correspondía al resto de la historia. No podía hacer ya sino contarlo, porque era lo que en realidad había pasado, pero tal vez me había perdido una pieza en alguna parte y por eso el final andaba como descabezado, como sin mucho sentido. Quizás estaba contando sólo la mitad de la historia.
Como en aquel magnífico anuncio: esto es lo que ella cree que está pasando; esto es lo que está pasando.

¿Cómo adquirir la mitad que falta para que el final tenga sentido?
Sólo se me ocurren dos formas: sonsacársela a eventuales testigos de las peripecias en cuestión, aunque eso podría no tener suficiente valor o exigir un esfuerzo desproporcionado; o intentar hacer un esfuerzo de objetividad para completar las lagunas (aquello de pensar fuera de la caja).
Mas, creo que una vez la historia contada, no tiene sentido ninguna de las dos vías. Las peripecias, por esta vez, se van a quedar con un final que no le pega nada. O mejor dicho, que le pegaría, si estuviera enfocado desde el angulo correcto.

Ja! ¿Y cuál es el ángulo correcto de una historia? ¿O será, simplemente, que a veces los finales se parecen demasiado a la vida misma, prosaica y desapegada?



sábado, 13 de noviembre de 2010

Vide


Una semana después de la última entrada, y bajo un sol que ya no volverá a ser abrasador hasta dentro de unos cuantos meses (ahora sólo es molesto cuando se queda uno un rato expuesto), vuelvo a escribir.
Tengo la sensación de que los días se han estirado como una goma elástica y que han pasado tantas cosas que no caben en estas 168 horas. Muchos kilómetros (propios y ajenos) y muchas fotos.
Cuando uno se ha concentrado y dedicado con todas sus fuerzas a organizar un evento, a preparar una comida, a escribir un informe o a hacer una llamada de teléfono, y se el evento pasa, la comida se come, el informe se entrega o la llamada se acaba, se queda uno con la sensación de ¿ya? eso era todo? Realmente, ¿eso era todo?

Esa falsa sensación de vacío sólo me va a durar unas cuantas horas, en cuanto vuelva la oficina, se me caerá encima toda la carga de trabajo que he dado de lado para concentrarme en la misión que acabo de empaquetar en un avión.
Voy a disfrutarla mientras dure, como el grand vide del desierto...

Mientras tanto, a mi alrededor hay algunas familias que preparan alegremente la fiesta del sacrificio (ignorantes corderitos) y otras, que lloran de impotencia y rabia ante lo que pasa al otro lado del muro.


sábado, 6 de noviembre de 2010

Tránsito con niebla en Estambul

Con el pensamiento embrollado y aturdido por la noche en blanco y la retirada en el buen momento de la fiesta, como cuando se retira uno de la mesa de la ruleta cuando va ganando. Porque hay veces que los recuerdos son mejores a medias. Y de fondo, la música del Señor de los Anillos silbada en plan casero. Tonadilla maldita que no me puedo quitar de la cabeza.


He aprendido unas cuantas cosas esta semana (cuántas serán útiles en el futuro es otro cantar), pero sobre todo, he aprendido esta nueva razón para apreciar a las personas inteligentes (aparte de las obvias)

Siempre me ha molestado la tontería (y no digamos la gilipollez), pero esta semana he descubierto otra razón para preferir a las personas inteligentes. Y es que con las personas inteligentes la posibilidad de múltiples interpretaciones del discurso es mucho mayor; una simple frase puede (o no) tener todo un discurso detrás, un ideario y unas intenciones completamente distintas dependiendo de un matiz pequeño y sutil, oculto entre los pliegues aterciopelados de la conversación.

También he aprendido dos cosas muy importantes sobre mi trabajo/vida (porque hay quien trabaja para vivir y quien vive para trabajar, y cada vez me parece más que pertenezco a la segunda especie: si no, a qué esta santa manía de hacer las maletas a cada rato).

Primero, he encontrado la mitad que faltaba a mi teoría de que los que trabajamos en esto somos disfuncionales. Digamos, que sería la apostilla tajikistana de mi teoría de la disfuncionalidad. Entre los expats que uno encuentra en este mundillo, sólo hay dos clases: los que hablan cuatro idiomas comunes y dos otres nada comunes porque han pasado su vida viajando con sus padres diplomáticos o funcionarios internacionales y han tenido nanies filipinas, indonesias y demás exquisiteces (que no tienen ningún mérito: son disfuncionales de origen, si no conocen raíces!); y una segunda clase, los que hablamos cuatro idiomas, normales o nada normales pero que hemos crecido en un solo país, de familia monolingüe y a los que en casa se nos considera un bicho raro. Nosotros, sí somos disfuncionales; somos los globalizados por generación espotánea.

Tras esta aplicación, la formulación de la teoría quedaría algo así (todavía tengo que pulirla para hacer honor a mi subtítulo del blog):

El 99% de la población mundial quiere pasar su vida y morir donde ha nacido o lo más cerca posible. Hay mucha gente que incluso mata para lograrlo. En cambio, nosotros, nos alejamos voluntariamente de la familia, los amigos y todo contexto reconfortante y conocido, y pasamos nuestra vida dando tumbos por el planeta.
Entre nosotros, hay dos categorías; aquellos que son nómadas de origen, porque no han crecido atados a un lugar y aquellos que, aún habiendo crecido en un sólo lugar, hemos salido raros.

Me pregunto si también hay gente sedentaria por generación espontánea. Claro, con este tipo de vida que llevo, me resulta muy difícil comprobarlo...

Hay una segunda teoría en exploración, pero tengo que comprobarla: los nómadas por generación espontánea tendemos a ser gente mucho menos complicada; será que no hemos crecido entre las intrigas de palacio. Sin embargo, todo se pega menos la belleza.

La segunda cosa que he aprendido es que todos estos ejercicios de paciencia míos, de hecho, tienen un fin. Lo cierto es que lo intuía, o no los habría hecho, pero no me figuraba que alguien podría formularlo de una manera tan clara y distinta. Se es técnico hasta donde se puede; después no queda más remedio que ser político. Tanto si te gusta como si no; por tanto, no utilices todas tus balas técnicas contra los políticos porque no dará resultados: mejor, sé el agua. O sea, ejercita la paciencia.

Resumen de la semana:
- Terapias de grupo realizadas: dos
- Descubrimientos fenomenísticos de diversas nacionalidades: tres (y con dos de ellos, puedo comunicarme al menos en tres lenguas; somos una panda de bichos raros).
- Realidades de la vida aprendidas: dos
- Conversaciones extrañas mantenidas (con o sin vino): cuatro o cinco.
- Kilos de kachapuri consumidos: buffffff... alcanzado el límite, for sure!

Y mientras en mi cabeza sigue sonando una mezcla entre El Señor de los Anillos silbada bajo el viento y Un americano en París, noto como la música se va transformando en la cabalgata de las Walkirias; la niebla en Estambul no se ha levanatdo una pulgada y nos acaban de anunciar dos horas de retraso...

Argh. A veces, me gustaría tener una librería en el barrio, en vez de vivir con las maletas hechas yéndome a Georgia a preguntar a panaderos por la evolución del precio de la harina en los próximos seis meses.

Por cierto, que hace un año, también estaba en este aeropuerto, en parecidas circunstancias, pero sin niebla!

jueves, 4 de noviembre de 2010

La tentación vive arriba

La tentación de cambiar de vida, de dar un salto, de cambiar de dirección, de hacer algo radical (mucho más que cortarse el pelo a la altura del lóbulo); la tentación infinita, magnificada, teórica y de apariencia dulce como un pastel de chocolate.

El misterio de los caminos no recorridos, del qué dirán y qué pensarán, el deseo de ver a los demás ponerse verdes de envidia al ver al prójimo comer de la fruita prohibida.

Las ganas de impresionar, de dejar una marca, de quedar para siempre en el recuerdo de un alguien ajeno, como una cápsula de la memoria enviada a cien mil años luz.

La tentación de seguir un impulso y decir lo que no se puede, hacer lo que no se debe y coger lo que no se tiene.

Y después? El gris sucio de un sueño roto, la verdad de un ilusionista y la soledad de los caminos prohibidos. La verdad de la mentira. Cuánta adrenalina se puede soportar sin caer en la adicción? Cuántas veces se puede jugar con fuego sin quemarse? Cuántas veces se puede olvidar que se ha traicionado uno mismo sin llegar a odiarse?

Un instante de duda y la vida sigue, impertérrita, tranquila y prosaica. Las decisiones tomadas se espesan y concretan con el tiempo. Y cuando el instante de duda pasa, la certidumbre se cubre de un reconfortante color azul que lo cubre todo como una manta.

Soñar no cuesta dinero. Sólo ilusiones.