domingo, 5 de diciembre de 2010

Limpieza estacional

Y no sólo. Porque el único fin de semana completamente libre de los últimos tres meses nos lo hemos pasado el Simpa y yo limpiando y arreglando toda esa serie de chapucillas en casa que te hacen la vida complicada cuando dejas que se acumulen (uno se cansa de ver un cuadro apoyado el suelo porque se cayó, y de tirar de la cadena con una cierta inclinación porque si no, no funciona... etc.).
A pesar de la paliza, nuestra calidad de vida ha aumentado considerablemente. Ahora ya sólo nos queda discutir seriamente con los gatos para que dejen de hacer ruido por la noche, y no dejen entrar al gato gris que se les come la comida. En el fondo, son unos mininos todavía.

Además de la limpieza, también ha tocado el cambio de ropa, porque incluso aquí, en la Dimensión Paralela, ha llegado el cambio de estación (nada que ver con las temperaturas que leo por lugares al norte, eso sí). Así que hemos sacado las cosas de manga larga, el nórdico para dormir y esas cosas que dan a la vida un toque de normalidad.

Todo esto me lleva a pensar que ya va siendo hora de empezar a echar cuentas de fin de año... Hace casi un año que nos mudamos a esta casa (o sea, que ahora que lo pienso, además de limpieza estacional, también ha sido limpieza anual!) y desde entonces han pasado muchas, muchísimas cosas! Creo que el balance de este año va a ser intenso... y ya es hora de que haga también limpieza en la cabeza, porque últimamente tengo demasiados sueños raros.


Ideas

Qué traidora es la inspiración. Esta una tranquilamente en la oficina, intentando escribir la melodramática justificación de la financiación de un propuesta y no sólo no hay manera de dar con la palabra justa para hacer saltar la lágrima por el rabillo del ojo del futuro lector, sino que además algunas ideas pertinaces se obstinan en aparecer y aparecer en la pantalla luminosa de la mente de una. Y las ideas, aunque parezca mentira, son más pesadas que las moscas de la Dimensión Paralela (que mira que son recalcitrantes!).

A lo mejor es consecuencia de haber llamado demasiado a la inspiración, ha venido bajo dos o tres formas. Otras veces, ya puedes llamarla a gritos, que los informes tienen que escribirse solitos.
Y hoy, tenía un tal barullo de ideas en la cabeza, que he tenido que empezar tres entradas del blog para quitármelas de encima y poder escribir mi justificación tranquilamente... que quieras que no, hay que dar buenas razones para pedir cinco millones de dólares. Y para que te los den, se entiende.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Detalle

No puedo quitarme tu mirada de la memoria, porque dentro de tus ojos fríos y cálidos al mismo tiempo, veo una vida completa, una sonrisa velada, como si sonrieras por algo que yo no sé. Veo todos los momentos que no han pasado, ni pasarán nunca, veo días soleados,días lluviosos y noches estrelladas y tormentas de nieve.
Tus ojos me miran como si nos conociéramos desde hace un milenio, pero para mi tu recuerdo es como una sola gota en el mar de la memoria.
¿Qué sabes que yo no sé?
¿Qué ata tu mirada a mi memoria?
¿Cuál es el detalle que se me escapa?
¿Acaso tú me recuerdas?

domingo, 28 de noviembre de 2010

Búscate una chica una chica y griega y griega!

He leído esta mañana (ahora no encuentro la noticia para ponerla) que en las redes sociales se protesta por la reforma de la RAE. La verdad, yo para empezar no sabía que había una reforma, pensaba que esta cosa de la "ye" era una broma y me parecían graciosos los grupos de facebook (sí, en este ambientillo international, que le vamos a hacer el facebook es necesario y además me gusta, qué pasa)... pero no sabía que era toda una ofensiva armada.

Y es curioso que la primera reacción que he tenido al leer la noticia me haya recordado mucho a un personaje que más tarde me ha dejado un comentario después de meses de ausencia. Porque este cambio, como le pasa a él con la mayoría, me ha parecido francamente a peor.

Pero no me ha parecido peor sólo porque me parece una barbaridad rebajar cualquier requerimiento ortográfico (las reglas son las que son, después que cada uno escriba como quiera!), sino porque además, estoy harta de reformas sin sentido y de que cambien lo que no debería cambiar. Luego se queda uno fuera de onda, así, sin comerlo ni beberlo.
Mi primera (y última) crisis de fe auténtica se debe también a esta manía estúpida de querer cambiar las cosas que están bien como están. Cuando estaba yo haciendo la catequésis para la primera comunión, y ya nos llevábamos aprendidas un montón de oraciones, resulta que a un montón de señores en Roma se les ocurrió que en lugar de decir eso tan bonito de "perdónanos nuestras deudas, así como nosotros también perdonamos a nuestros deudores" (como si fuera verdad, además, con la de gente revenida que hay por ahí), mejor lo simplificábamos (porque la gente es idiota, y antes no lo entendía), y decimos la burda frase, que ni pega ni nada: "perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden". Pues a mi no me gusta un pelo que me tomen por tonta, así que desde aquel día, lo de la religión dejó de interesarme. Si las cosas se cambian tan fácilmente, no serán tan importantes. Vamos, digo yo.

Luego llegó la segunda. A mí la geografía, como no sea organizando viajes, se me da fatal, pero fatal. Una vez que ya he estado en una ciudad, sí, ya es otro cantar, pero lo que es antes... pues no. Y después de varios años de sufrir de ignorancia geográfica (porque trabajando en lo que yo trabajo, quedas fatal cuando te encuentras con algún colega de un país que no sabes donde está y se te nota, claro), he descubierto una buena razón: mira, es que cuando yo empecé la EGB, era el final de la guerra fría, y cuando salí del cole, los países habían cambiado todos y ya no me dió tiempo a releerme los libros de geo... porque os prometo que en uno de mis libros, llegué a estudiar la CEI como país.
Por lo menos estos cambios tenían alguna razón de ser, eso hay que admitirlo.

Ahora, por lo que no paso, es porque la manada de vejestorios de la RAE decidan cómo tengo que escribir sólo o guión, o truhán, con lo que a mí me gusta esa palabra. Pues no señores, no me da la gana, yo voy a seguir poniendo tildes, seguiré llamando a la y i griega porque es mucho más exótico, y mi nombre seguirá empezando por i latina, y cuando tenga que deletrear un nombre con b en América Latina, diré b alta para que me entiendan mejor. Y seguiré escribiendo whisky con w, que para eso es un préstamo (eso no es de ahora, pero no se me ha olvidado todavía).
Esos señores ¿no tendrán nada mejor que hacer? Por ejemplo, en lugar de fastidiar a todos los que intentamos hablar con un poco de coherencia y de exactitud, podrían ir a enseñarle español a los brutos que salen en la tele, que estoy hasta las orejas de oír confundir el infinitivo con el imperativo y de oír mal uso de las proposiciones. Pero no, es mejor ensañarse con los pobres hiatos, que no se quejan, y darles más razones a los chavales para que escriban sin acentos, sin sintaxis y hasta sin decoro.

Está bien eso de convertir el español en inglés, pero me resulta tan cutre como Microsoft copiando desesperadamente a Apple para vender más. Y no, no cuela. No, para Microsoft tampoco.

PS: De todos los grupos anti reforma que he visto en facebook, el que más me ha gustado ha sido el del título del post, aunque también me ha hecho gracia: "Si la y griega se llama ye, que la w se llame weah!"

sábado, 27 de noviembre de 2010

El hombre de las series de televisión

El mundo es sorprendente.
Ya me encontré hace tiempo con el hombre al que describen las revistas (lo podéis ver aquí).
Aunque hace mucho que no desarrollaba este grupo de teorías (ni ninguna, es lo que tiene mi ingente carga de trabajo), últimamente he encontrado una sub especie de este hombre, y además, su opuesto natural.

La sub especie es: el hombre que describen las series de televisión. Comparte muchas características con el primero ( e); es guapo, estiloso, atento, escucha, hace los cumplidos justos, y hasta la hace reír a una; pero tiene además un par de características propias que le hacen apropiado de un culebrón tipo Anatomía de Grey, a saber; hay un elemento oculto en su vida que se insinúa pero no se aclarará hasta dentro de un par de capítulos, y además envía mensajes contradictorios constantemente, para complicar el capítulo del día.

Otro motivo para incluir el hombre que describen las series de televisión en el hombre que describen las revistas, es que si una tiene un contacto rápido con este hombre (contacto social, malpensados!), lo clasifica como el tipo genérico; para averiguar esos detalles que lo hacen diferente, se necesita un contacto más prolongado (aunque depende del ritmo de la serie en cuestión!).

Quede claro que lo que me sigue fascinando de encontrar este tipo de personajes, es que de verdad existan! ¿Por qué?

Precisamente, porque al final, lo que una quiere está muy lejos de todo eso. El hombre de las revistas o de las series de televisión está muy bien dentro de su ámbito. Pero mientras estoy batallando con un grifo roto en casa o deprimida después de una tarde de reuniones absurdas, lo que quiero es un hombre real, con los defectos a flor de piel y no ocultos tras muchas capas de pintura o de papel couché, alguien a quien abrazar tranquilamente, sin pensar en nada concreto.
La vida real se impone siempre, al final.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Nothing really matters... to me

Se me pasa la vida esperando cosas que no llegan, que no pueden llegar o que no sé si quiero que lleguen. Se me pasa la vida jurando que no voy a esperar nada más y perjurando inmediatamente después.

Quizás es verdad que siempre querré algo más de lo que tengo. Estoy cada vez más segura de que esa es la maldición que compensa mi buena estrella.

Y mientras oigo la música y mi cuerpo se mueve al compás, recupero una parte de mí misma que estaba en el fondo del alma, detrás de una montaña de ideas como detrás de una montaña de libros. Y siento como la música se me lleva hacia un tiempo lejano, en el que las cosas eran diferentes pero yo estaba siempre esperando algo que no llegaba.

Y yo soy la que mira fijamente un punto del infinito cercano de tus ojos,
y yo soy la que sigue bailando una canción eterna,
y yo soy la que recuerda un rayo de sol que entró por la ventana,
y yo soy la que continua buscando las historias que contabas,
y yo soy solo yo, y todas ellas al mismo tiempo.
Y yo soy la que se equivoca constantemente sin pensar en las consecuencias,
como si no fuera a haberlas.

Siempre esperando que vuelvan los momentos perfectos, y siempre al borde de olvidarlos todos de un plumazo.


Is this the real life?
Is this just fantasy?
Caught in a landslide,
no escape from reality
Open your eyes,
look up to the skies and see
I'm just a poor boy
I need no sympathy
because I'm easy come, easy go,
little high, little low,
any way the wind blows,
doesn't really matter to me, to me.

Queen, Bohemian Rapsody.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Dia anodino

En esta vida mía llena de viajes de un lado al otro, casi siempre con la maleta hecha, unas veces se pierde tiempo en esperas en el aeropuerto, y otras veces, sorprendentemente, se gana. Pero no se qué es peor, porque los días ganados son días que no se aprovechan, que son como prestados en el tiempo, o como si fueran de otra persona. Son días que pasan sin dejar rastro en la memoria, sin pena ni gloria, sin sentir y sin disfrutarse.
Lástima, que con el tiempo limitado que tenemos, se pierdan así días enteros.
Hoy ha sido uno de estos días grises, esperando como si estuviera en el limbo, aún más que en la dimensión paralela, que a veces tiene una semejanza terrible con el limbo. Todo el día trabajando en el palomar, sin hablar con nadie, y sin oír hablar a los demás, como si hubiera pasado un mal espíritu por la casa.
Mañana vuelvo a salir de viaje, pronto por la mañana. Fuera del limbo.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Encuentros a destiempo

Hay gente a la que uno conoce demasiado pronto, y gente a la que uno conoce demasiado tarde.
El primer caso, a veces tiene remedio, pero el segundo generalmente no.

Habrá quien me diga la consabida frase de "la vida es lo que te pasa mientras tú quieres hacer otra" (por cierto, ya la he visto atribuida a tanta gente, que da que pensar), pero quien me lo diga, que me responda si alguna vez no ha tenido la sensación de que si una persona hubiera aparecido antes o después en su vida, las consecuencias habrían sido completamente diferentes. No digo mejores, digo diferentes.

Habría que tener una bola de cristal para prever estas cosas, claro; en realidad ésta no es sino una transformación más de mi eterna obsesión por todas los caminos que se dejan de lado y atrás cuando se toma una decisión que deja las demás fuera del tapete.

¿Qué hubiera pasado si hubiera conocido a esta persona antes de tomar tal o cual decisión?
Lo bueno, es que llega un momento en la vida en que te puedes hacer estas preguntas sin que por ello tengas obligatoriamente que revisar tus decisiones.
Al menos, no mientras no estás tumbado en tu cama, de noche, pensando en las musarañas... y teniendo las dudas al margen con una espada muy afilada, porque el riesgo de acabar con problemas de personalidad múltiple se acerca.


Y qué hacer con los encuentros a destiempo sino almacenarlos en la memoria, junto con otros recuerdos valiosos, y sacarlos de vez en cuando para quitarles el polvo? Qué hacer sino esforzarse para evitar pensar que esa línea de tiempo habría sido mejor, sino sólo diferente? Qué hacer sino desear que en la próxima vuelta de tuerca las cosas sean diferentes? Qué hacer sino desear que haya una próxima vuelta de tuerca?

A veces, sólo algunas veces, me gustaría no tener esta compulsión de coherencia.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Releyendo

He estado leyendo entradas antiguas del blog (bajo varios aspectos, al final llevo ya escribiendo desde 2005, aunque sí, mi producción ha descendido considerablemente), y veo una evolución. Hacia dónde, cualquiera lo sabe. Pero las cosas cambian.

Mientras tanto, mi gato Clyde (porque Bonnie, con su complejo de Electra, es la gata del Simpa), ronca a mi izquierda. (Si, mi gato ronca. Además tiene un problema de equilibrio y cuando intenta impresionarnos con sus andares elegantes, se despeña por el borde de la cama. Pero su manera de levantarse sacudiendo la cabeza antes muerto que sencillo me trae muchos recuerdos y por eso lo adoro).

Me doy cuenta de que mi estilo literario ha cambiado ligeramente (antes era más redicha) y lo mismo ha pasado con mis focos de atención. Me encuentro superficial en las entradas de hace años. Será que una ha visto ya un poco más de mundo (y mucha mierda, es lo que tiene este trabajo).

Hay varias crisis que han pasado por estas páginas. Crisis entendidas en sentido vulgar (o sea, negativo) y en sentido apropiado (o sea, cambio). Sisi, no siempre son discernibles. El tiempo da la distancia en estas cosas, y con el tiempo, los límites entre lo que nos mata y lo que nos hace más fuertes, se van haciendo más difusos. Tal vez sea porque con cada minuto que pasa, nos acercamos más a la muerte.

También hay muchas cosas de las que no he hablado aquí, aunque alguna vez las he mencionado. Me cuesta encontrar las fechas exactas de algunos eventos. Algunas cosas se habían borrado de mi mente (siempre he tenido un filtro maravilloso para borrar lo que no me gusta)... tal vez debería releer el blog una vez al año, porque en el fondo, uno escribe un diario para recordar, no?
También debería releer las cartas de S, porque estoy segura de que algunas de las cosas que me pasan ahora, son consecuencia de letras que fueron escritas entonces.

O tal vez no debería releerlo, porque solo el hecho de recordar lo que estaba olvidado, te cambia. Mientras tanto, Clyde sigue roncando, a pierna suelta. Creo que hoy ha dormido al menos doce horas. Como dice Filomenito, yo en mi próxima vida quiero ser gato de duquesa.

Además de los recuerdos, estos días he recuperado otras cosas, como por ejemplo mi música! Nunca he sido una persona demasiado musical, es cierto (más allá de tararear y cantar sin desafinar demasiado, creo) y me puedo pasar semanas sin escuchar (sin oír es difícil) música. A la única música a la que verdaderamente le presto atención, es a las bandas sonoras de las películas. No obstante, me gusta la música, y releyendo esta tarde noche, me doy cuenta de que hacía montones de tiempo que no elegía canciones, que ninguna canción me rondaba la cabeza.

Clyde mueve las patas, debe estar soñando que caza ratones. Yo cierro el blog mientras tarareo... las cosas han cambiado, pero acaso no tanto como pudiera parecer.

He deals the cards as a meditation
And those he plays never suspect
He doesn't play for the money he wins
He doesn't play for the respect
He deals the cards to find the answer
The sacred geometry of chance
The hidden law of probable outcome
The numbers lead a dance

I know that the spades are the swords of a soldier
I know that the clubs are weapons of war
I know that diamonds mean money for this art
But that's not the shape of my heart

He may play the jack of diamonds
He may lay the queen of spades
He may conceal a king in his hand
While the memory of it fades

I know that the spades are the swords of a soldier
I know that the clubs are weapons of war
I know that diamonds mean money for this art
But that's not the shape of my heart
That's not the shape, the shape of my heart

And if I told you that I loved you
You'd maybe think there's something wrong
I'm not a man of too many faces
The mask I wear is one
Those who speak know nothing
And find out to their cost
Like those who curse their luck in too many places
And those who fear are lost

I know that the spades are the swords of a soldier
I know that the clubs are weapons of war
I know that diamonds mean money for this art
But that's not the shape of my heart
That's not the shape of my heart

Shape of my heart - Sting


martes, 16 de noviembre de 2010

Finales


Estaba yo meditando que a lo mejor el problema de algunas historias es el final.

En las historias, ya sean contadas, leídas o vistas, a veces lo importante es haber sufrido aventuras y desventuras con el protagonista, haber acompañado a otra persona real o imaginaria en todos los pasos y decisiones que se producen para llegar a un resultado... sobre todo, porque muchas veces el resultado final nos deja decepcionados o con ganas de más.

Pero lo que estaba yo pensando más exactamente es que, en realidad, tal vez es una cuestión de punto de vista; porque final final, todo tiene que tener un final; entendiendo que es el momento en el que la historia se termina, o más bien, donde lo que sigue, no tiene ya relación con lo anterior. Entonces, cuando un final nos decepciona, será porque no es el final de aquello que estábamos siguiendo.


El otro día, le estaba contando una serie de peripecias a S, y cuando ya la serie de peripecias alcanzaba la recta final, me di cuenta de que en realidad el final no correspondía al resto de la historia. No podía hacer ya sino contarlo, porque era lo que en realidad había pasado, pero tal vez me había perdido una pieza en alguna parte y por eso el final andaba como descabezado, como sin mucho sentido. Quizás estaba contando sólo la mitad de la historia.
Como en aquel magnífico anuncio: esto es lo que ella cree que está pasando; esto es lo que está pasando.

¿Cómo adquirir la mitad que falta para que el final tenga sentido?
Sólo se me ocurren dos formas: sonsacársela a eventuales testigos de las peripecias en cuestión, aunque eso podría no tener suficiente valor o exigir un esfuerzo desproporcionado; o intentar hacer un esfuerzo de objetividad para completar las lagunas (aquello de pensar fuera de la caja).
Mas, creo que una vez la historia contada, no tiene sentido ninguna de las dos vías. Las peripecias, por esta vez, se van a quedar con un final que no le pega nada. O mejor dicho, que le pegaría, si estuviera enfocado desde el angulo correcto.

Ja! ¿Y cuál es el ángulo correcto de una historia? ¿O será, simplemente, que a veces los finales se parecen demasiado a la vida misma, prosaica y desapegada?



sábado, 13 de noviembre de 2010

Vide


Una semana después de la última entrada, y bajo un sol que ya no volverá a ser abrasador hasta dentro de unos cuantos meses (ahora sólo es molesto cuando se queda uno un rato expuesto), vuelvo a escribir.
Tengo la sensación de que los días se han estirado como una goma elástica y que han pasado tantas cosas que no caben en estas 168 horas. Muchos kilómetros (propios y ajenos) y muchas fotos.
Cuando uno se ha concentrado y dedicado con todas sus fuerzas a organizar un evento, a preparar una comida, a escribir un informe o a hacer una llamada de teléfono, y se el evento pasa, la comida se come, el informe se entrega o la llamada se acaba, se queda uno con la sensación de ¿ya? eso era todo? Realmente, ¿eso era todo?

Esa falsa sensación de vacío sólo me va a durar unas cuantas horas, en cuanto vuelva la oficina, se me caerá encima toda la carga de trabajo que he dado de lado para concentrarme en la misión que acabo de empaquetar en un avión.
Voy a disfrutarla mientras dure, como el grand vide del desierto...

Mientras tanto, a mi alrededor hay algunas familias que preparan alegremente la fiesta del sacrificio (ignorantes corderitos) y otras, que lloran de impotencia y rabia ante lo que pasa al otro lado del muro.


sábado, 6 de noviembre de 2010

Tránsito con niebla en Estambul

Con el pensamiento embrollado y aturdido por la noche en blanco y la retirada en el buen momento de la fiesta, como cuando se retira uno de la mesa de la ruleta cuando va ganando. Porque hay veces que los recuerdos son mejores a medias. Y de fondo, la música del Señor de los Anillos silbada en plan casero. Tonadilla maldita que no me puedo quitar de la cabeza.


He aprendido unas cuantas cosas esta semana (cuántas serán útiles en el futuro es otro cantar), pero sobre todo, he aprendido esta nueva razón para apreciar a las personas inteligentes (aparte de las obvias)

Siempre me ha molestado la tontería (y no digamos la gilipollez), pero esta semana he descubierto otra razón para preferir a las personas inteligentes. Y es que con las personas inteligentes la posibilidad de múltiples interpretaciones del discurso es mucho mayor; una simple frase puede (o no) tener todo un discurso detrás, un ideario y unas intenciones completamente distintas dependiendo de un matiz pequeño y sutil, oculto entre los pliegues aterciopelados de la conversación.

También he aprendido dos cosas muy importantes sobre mi trabajo/vida (porque hay quien trabaja para vivir y quien vive para trabajar, y cada vez me parece más que pertenezco a la segunda especie: si no, a qué esta santa manía de hacer las maletas a cada rato).

Primero, he encontrado la mitad que faltaba a mi teoría de que los que trabajamos en esto somos disfuncionales. Digamos, que sería la apostilla tajikistana de mi teoría de la disfuncionalidad. Entre los expats que uno encuentra en este mundillo, sólo hay dos clases: los que hablan cuatro idiomas comunes y dos otres nada comunes porque han pasado su vida viajando con sus padres diplomáticos o funcionarios internacionales y han tenido nanies filipinas, indonesias y demás exquisiteces (que no tienen ningún mérito: son disfuncionales de origen, si no conocen raíces!); y una segunda clase, los que hablamos cuatro idiomas, normales o nada normales pero que hemos crecido en un solo país, de familia monolingüe y a los que en casa se nos considera un bicho raro. Nosotros, sí somos disfuncionales; somos los globalizados por generación espotánea.

Tras esta aplicación, la formulación de la teoría quedaría algo así (todavía tengo que pulirla para hacer honor a mi subtítulo del blog):

El 99% de la población mundial quiere pasar su vida y morir donde ha nacido o lo más cerca posible. Hay mucha gente que incluso mata para lograrlo. En cambio, nosotros, nos alejamos voluntariamente de la familia, los amigos y todo contexto reconfortante y conocido, y pasamos nuestra vida dando tumbos por el planeta.
Entre nosotros, hay dos categorías; aquellos que son nómadas de origen, porque no han crecido atados a un lugar y aquellos que, aún habiendo crecido en un sólo lugar, hemos salido raros.

Me pregunto si también hay gente sedentaria por generación espontánea. Claro, con este tipo de vida que llevo, me resulta muy difícil comprobarlo...

Hay una segunda teoría en exploración, pero tengo que comprobarla: los nómadas por generación espontánea tendemos a ser gente mucho menos complicada; será que no hemos crecido entre las intrigas de palacio. Sin embargo, todo se pega menos la belleza.

La segunda cosa que he aprendido es que todos estos ejercicios de paciencia míos, de hecho, tienen un fin. Lo cierto es que lo intuía, o no los habría hecho, pero no me figuraba que alguien podría formularlo de una manera tan clara y distinta. Se es técnico hasta donde se puede; después no queda más remedio que ser político. Tanto si te gusta como si no; por tanto, no utilices todas tus balas técnicas contra los políticos porque no dará resultados: mejor, sé el agua. O sea, ejercita la paciencia.

Resumen de la semana:
- Terapias de grupo realizadas: dos
- Descubrimientos fenomenísticos de diversas nacionalidades: tres (y con dos de ellos, puedo comunicarme al menos en tres lenguas; somos una panda de bichos raros).
- Realidades de la vida aprendidas: dos
- Conversaciones extrañas mantenidas (con o sin vino): cuatro o cinco.
- Kilos de kachapuri consumidos: buffffff... alcanzado el límite, for sure!

Y mientras en mi cabeza sigue sonando una mezcla entre El Señor de los Anillos silbada bajo el viento y Un americano en París, noto como la música se va transformando en la cabalgata de las Walkirias; la niebla en Estambul no se ha levanatdo una pulgada y nos acaban de anunciar dos horas de retraso...

Argh. A veces, me gustaría tener una librería en el barrio, en vez de vivir con las maletas hechas yéndome a Georgia a preguntar a panaderos por la evolución del precio de la harina en los próximos seis meses.

Por cierto, que hace un año, también estaba en este aeropuerto, en parecidas circunstancias, pero sin niebla!

jueves, 4 de noviembre de 2010

La tentación vive arriba

La tentación de cambiar de vida, de dar un salto, de cambiar de dirección, de hacer algo radical (mucho más que cortarse el pelo a la altura del lóbulo); la tentación infinita, magnificada, teórica y de apariencia dulce como un pastel de chocolate.

El misterio de los caminos no recorridos, del qué dirán y qué pensarán, el deseo de ver a los demás ponerse verdes de envidia al ver al prójimo comer de la fruita prohibida.

Las ganas de impresionar, de dejar una marca, de quedar para siempre en el recuerdo de un alguien ajeno, como una cápsula de la memoria enviada a cien mil años luz.

La tentación de seguir un impulso y decir lo que no se puede, hacer lo que no se debe y coger lo que no se tiene.

Y después? El gris sucio de un sueño roto, la verdad de un ilusionista y la soledad de los caminos prohibidos. La verdad de la mentira. Cuánta adrenalina se puede soportar sin caer en la adicción? Cuántas veces se puede jugar con fuego sin quemarse? Cuántas veces se puede olvidar que se ha traicionado uno mismo sin llegar a odiarse?

Un instante de duda y la vida sigue, impertérrita, tranquila y prosaica. Las decisiones tomadas se espesan y concretan con el tiempo. Y cuando el instante de duda pasa, la certidumbre se cubre de un reconfortante color azul que lo cubre todo como una manta.

Soñar no cuesta dinero. Sólo ilusiones.

sábado, 23 de octubre de 2010

Indignación

Me indigna la gilipollez ajena.
Y no soy capaz de ocultarlo.
Sí, lo sé, hay muchas formas de llamar gilipollas a una persona, pero cuando los límites de mi medidor personal de gilipollez pasan cierto umbral, las opciones más elegantes de llamar gilipollas a alguien desaparecen y sólo quedan las alternativas más directas.
Esto, por más que me repatee, le da la razón al Arquitecto aquella vez que se partía de risa diciendo: en el cuerpo diplomático tú? Te imagino allí forzando a todo el mundo a firmar los tratados...
Es verdad, no valgo para la hipocresía y la corrección política más que hasta un cierto nivel. Por eso hace tiempo que decidí no pasar la vida como una ameba y pasarme a la acción.
Y nadie puede decirme que ni mi vida ni mi trabajo carecen de acción, desde luego.
Desgraciadamente, tampoco he conseguido desembarazarme de la gilipollez.

No puedo evitar que me moleste profundamente que la gente niegue haber hecho las cosas mal y que tengamos que pagar todos por ello, debido a su tozudez.
No puedo evitar que se me acuse de no haber hecho todo lo posible cuando lo he hecho y no ha funcionado.
No puedo evitar que no me salga poner buena cara cuando la gente se merece una patada en el culo.

Afortunadamente, a pesar de que en esta ocasión no me voy a desahogar completamente, la gilipollez ajena está dando sus frutos y la venganza se servirá fría. Y no me va a hacer falta ponerme el traje de ninja para dar puñaladas por la espalda, ya estoy viendo como los perpetradores de gilipolleces se las asestan entre ellos. De momento, ya tengo la inmensa suerte de poder aprovechar mi recién recuperado dominio de la situación siendo agradablemente irónica.
Regla número uno: si no puedes seguir con ellas hasta el final con la cabeza alta, no hagas las cosas. En el fondo, hay que ser inteligente hasta para hacer gilipolleces.

jueves, 21 de octubre de 2010

Una boca de metro

He soñado con cosas de hace tiempo. Es curioso, porque apenas he abierto los ojos, todo se ha colocado rápidamente en su sitio, pero el sueño no ha querido desaparecer en la nada del olvido. La sensación de una voz seguía tan presente en mi mente como si de verdad la hubiera oído hace un minuto.
Y sin embargo, no es verdad.
Me siento en los callejones de la memoria como en los de la realidad esperando que el pasado salga de cualquier rincón para tal vez, cambiar las cosas. Pero creo que nunca pasa porque en el fondo, no quiero cambiarlas. Esa es mi excusa; en el fondo, nunca quise cambiar las cosas.

La boca de metro donde se quedó suspendido un camino de mi vida, no existe ya. La no existencia de las cosas, y su resistencia a desaparecer en el olvido son lo único que me hace preguntarme una pregunta sin respuesta. Como cuando alguien te habla de brujas y te pide no pesar en ellas. El recuerdo de unos faros que giran en una glorieta y una conversación a media voz.
La vida no es como en las películas. Un solo evento no cambia una vida entera, porque cada evento es el resultado de miles de procesos y pone en marcha otros, todos ellos con relaciones multívocas.
Tal vez aquella boca de metro habría podido ser otro lugar que hoy aún existiera y no me recordaría nada. Tal vez lo único que me consolaría sería saber si es un recuerdo compartido o no... pero eso, también es una pregunta sin respuesta que sólo pertenece a mis sueños rebeldes.

sábado, 16 de octubre de 2010

Estamos en el futuro

Me encantan los grupos de facebook (y algunos estareís pensando: qué tienen que ver las churras con las merinas? Seguid leyendo). No sé si hay gente que trabaja poco, o que aprovecha cualquier idea sagaz que tiene para plasmarla en el mundo cibernético o simplemente que hay muchas chorradas de grupos y tengo amigos (del fb, que ya hablaremos sobre eso otro día) que los filtran por mí. El caso es que hay grupos muy buenos. Y como una es políglota y ve grupos en varios idimas, todavía se ríe más.
El caso es que hace poco ví uno que se llamaba: ¿Por qué estamos en 2010 y los coches no vuelan?
Y claro, me hizo gracia, porque estamos en el futuro. No importa que ahora las películas se sitúen más bien en el año 3000 y tal, porque hace veinte años, con la guerra fría y la destrucción inminente encima, nuestra imaginación se forjó con Regreso al futuro. Además entonces la humanidad tenía no sólo que sobrevivir a la amenaza del holocausto nuclear en cualquier momento, sino que tenía sobre su cabeza el cambio de milenio (que se produjo la nochevieja del 2000, no la del 1999, y estoy dispuesta a demostrarlo matemáticamente a quien haga falta!) y el efecto 2000 (que nos íbamos a morir todos...),etc... Toda una generación (o dos, porque nunca he sabido si el Arquitecto y yo éramos dos generaciones distintas o dos extremos de la misma generación) piensa, aunque sea abstractamente que "hoy, 16 de octubre de 2010" y 2010 como año, no son la misma cosa. Estamos en el futuro.
Y no hay coches voladores (que ya lo decía Jardiel Poncela, la realidad es el mejor instrumento para hacer reír).
Pero casi, señores, casi.

No sé si será porque me dedico a vivir en países donde hablar por teléfono (fijo) es un reto, o porque verdaderamente las ciencias avanzan a un ritmo alucinante, pero me parece increíble que ya haya ordenadores del tamaño que los hay, con la capacidad de procesar y almacenar datos que tienen; me parece fascinante que la mayor parte de mi trabajo diario, a pesar de que trabajo en una actividad patentemente tangible (si no, que se lo pregunten a los que se me quejan de las lentejas canadienses), está en una nube internet. Me parece alucinante que el otro día S me llamara desde un chisme que está a medias entre un teléfono y un ordenador, pero que le cabe en el bolso (y S no usa bolsos XL como los míos!) y que mi teléfono móvil con el que no siempre consigo pasar las llamadas, me de las coordenadas de donde estamos en medio del desierto. Y para colmo de sorpresas, el otro día leo que están probando los coches sin conductor (noñerías, lo del control de velocidad y lo del gps que te dice que gires donde hay un árbol tronchado por la tormenta de anoche), y que esperan tardar 8 años en sacarlos a la venta.


Y dentro de todo este futuro maravilloso, creo que es una vergüenza que sigamos sin resolver los problemas más elementales, pero no puedo evitar el sentimiento de asombro. Será que me hago mayor.

lunes, 4 de octubre de 2010

Ballenas


Lo recuerdo bastante claramente, aunque no se en qué momento ocurrió. Me imagino que no soy la única persona a la que le ha pasado, pero sí se que para mí marcó un antes y un después. Y si a esto aplicamos mi teoría de que las personas no cambian, sino que sólo se vuelven más como son, podemos deducir que desde mi más tierna infancia doy señales de que acabaré siendo una cínica terrible. Si es que no lo soy ya, hecho el cual que no me impide dormir por la noche (al revés que los camiones de basura o lo que sea que pasan por al lado de casa a las seis de la mañana).
El caso es que cuando uno es pequeño, se imagina las ballenas como unos seres azules, con la cabeza redonda, con los ojos sonrientes y la boca enorme, pero sin dientes, porque no comen más que plancton (y a Pinocho se lo tragaron sin querer, y a Jonás por orden divina), que son uans gambas pequeñitas que flotan en el mar y toman el sol todo el día (esto último es cosecha mía, creo). Yo incluso tenía una plantilla con animales marinos, que vino con los yogures (junto con otras cuantas, imagino igualmente falaces, como se verá en breve) y que me servía para dibujar animalillos por todas partes, aunque no recuerdo haberlo hecho con frecuencia. Pero recuerdo la forma de la ballena troquelada en el plástico azul, que incluso tenía su pequeño surtidor de agua en forma de gotitas que salpican encima de la cabeza. Algo así:
Eso, se lo imagina uno mientras la vida es simple y bonita. Después, descubre uno que en realidad una ballena es un bicho bastante más feo. De hecho, y por muy entrañable que sea (todos los animales que no tienen tendencias homicidas tienden a ser simpáticos, e incluso algunos que sí las tienen), es probablemente uno de los animales más feos que he visto. Enormes, con una cabeza (seamos sinceros) extraña y llena de moluscos pegados, nada de ese azul brillante de los dibujos; los ojos diminutos y un respiradero que salpica sin gracia. Eso no le da derecho a los japoneses y a los noruegos a cazarlas sin control, pero digamos que es una de los mayores chascos que me he llevado nunca. Las ballenas son feas, es la cruda realidad.
Llega un momento en el que uno acepta estas cosas con naturalidad (no todos, hay quien se droga para no ver la realidad), pero la primera vez duele.
Hoy, le estaba explicando al Simpa la realidad de la vida con el ejemplo de las ballenas y, mirándome con esos ojos castaños suyos llenos de seriedad, me ha respondido: bueno, pero dejame seguir un ratito viendo a las ballenas bonitas....
En verdad que la vida sería más fácil si uno pudiera elegir a veces seguir viendo a las ballenas bonitas. Es una pena que los demás se empeñen en fastidiarla... y que lo consigan.
PS: Mis disculpas a los naturalistas que se hayan podido sentir ofendidos por mi punto de vista, no les deseo ningún mal a las ballenas, que me son por lo demás muy simpáticas. No hay que ser guapo para ser simpático!

sábado, 2 de octubre de 2010

Aventuras con Air Algerie

Lo prometido es deuda. Además de esos pequeños amigos con muchas patas, otra de las cosas que marca de la dimensión paralela es Air Algerie, o como se la conoce más informalmente, Air Cous cous…

Nota bene: es verdad que una servidora se pasa la vida viajando; no tanto como otros (a quien no haya visto“Up in the air” con su pésima traducción de título “Amor sin escalas”, de George Clooney, que la vea), pero lo suficiente como para que, hasta cierto punto sea normal que me pasen cosas con los aviones. Por eso, quiero que sepáis que las historias que se van a contar en este post, aunque escalofriantes, son absolutamente verídicas y que ya han pasado el rasero de "cosas que pasan cuando se viaja mucho". Pertenecen, absoluta e integralmente, a la dimensión paralela....

Viaje 1: Siete horas en el Cairo.
El aeropuerto de El Cairo no es que sea muy normal. La verdad es que desde la primera vez que fui, y de eso hace ya unos cuantos posts, lo han reformado de pies a cabeza y desde fuera ya no parece una simple barraquilla (también hace mucho volar a las tres de la mañana o a las tres de la tarde; ve uno las cosas de otro color, y no sólo por el sueño). El caso es que después de una semanita allí, tenía yo mi vuelo de vuelta a las 14:30 un viernes. Rollo, porque así no hay quien aproveche uno el díita de viaje viendo algo de la ciudad (porque el Museo Arqueológico es una experiencia, debe estar igual que lo dejó Carter). Pero no tenía yo sola el vuelo: lo tenía con un compañero de la oficina que había tenido un training que acababa el mismo día y que de resultas, volaba de vuelta conmigo.

Era una mala conjunción: cuando quien te acompaña es la peor persona posible de la oficina, está claro que vas a tener retraso. Y ese retraso será proporcional a lo mal que te caiga la persona en cuestión.

Siete horas de retraso.
Imaginaos la tortura.

Y como os decía al principio, las siete horas, amenizadas por las particularidades del aeropuerto del Cairo, empezando por sus simpáticos policías (que deben ser los peor pagados del mundo árabe, a juzgar por la mala leche que se gastan), y acabando porque la zona de facturación está cerrada al público. ¿Que cómo facturas? Pues pasando un control de seguridad de una sola dirección. Es decir, que si entras y cuando entras descubres que tu vuelo está retrasado, como nos pasó a mí y al ser que me acompañaba, pues te quedas mirando los mostradores de facturación en un espacio de diez metros de ancho por cincuenta de largo en el que sólo hay gente facturando, hasta que aparezca el azofaifo que te facture. Que con Air Cous cous, solo Allah sabe cuándo será.

Al cabo de cuatro o cinco horas nos dejaron facturar y nos dieron unos sándwiches sospechosos (pero de verdad)… pero no os podéis imaginar la tortura que puede llegar a ser estar intentando ocuparse mucho muchísimo todo el rato para intentar no hablar con alguien que os cae tan mal todo ese tiempo. Porque al fin y al cabo, el retraso tampoco es culpa suya… en principio. Creo que ha sido la única vez que me he acabado un libro de sudokus entero antes de subir al avión.

Lo bueno es que después de todo ese esfuerzo, y del aburrimiento, te subes al avión y te quedas frito… hasta que el personaje que te acompaña sale al baño y cuando vuelve te despierta para decirte que se va a cambiar de asiento para no molestarte (qué contesta uno a eso???). Y lo malo es que después de llegar al aeropuerto de Argel a la misma hora que el otro vuelo debía llegar al aeropuerto de Tindouf, de los doscientos y pico pasajeros que había en el avión, la única que se fue a quejar fui yo. Así, no me extraña que nadie nos dijera el porqué de las siete horitas.

Lecciones aprendidas: pacieeeeeencia para soltar borderías a cada una de las chorradas que decía el interfecto acompañante (me pregunto si habría visto mejor el asunto de siete horas allí si no hubiera sido por la compañía). Templaaaaaaanza para no soltarle más exabruptos al jefe de escala en el aeropuerto de Argel. No volver a comprar Air Algerie para Egipto. Nunca. Air Egypt por lo menos informa…

Viaje 2: cómo no llegar a una formación.
Después de haber luchado contra los elementos y haber conseguido todos los billetes hasta Kampala con menos de doscientas cuarenta escalas, de haber preparado la maleta y haberme hecho a la idea de no dormir por la noche, llegamos al aeropuerto (sábado por la noche) a la una de la mañana (o sea que ya el domingo) sólo para que nos digan que el avión no ha salido todavía de Argel... paciencia... qué hace uno a esas horas de la mañana? Pues charla un poco, cada vez menos porque está uno reventado (porque además no ha dormido siesta pensando en dormir en el avión, que si uno no está cansado, cuesta mucho). Además, porque cuando uno no sabe qué pasa, pues tampoco tiene ganas de enfrascarse en conversaciones profundas... Al cabo del rato, sale el tipo de AC (que debe tener la piel de la cara del espesor de la de un elefante indio, porque con las noticias que nos da a los pobres viajeros) y nos dice que el avión ha salido, que empecemos a facturar.

Claro, se monta el pifostio (es una palabrota?) de siempre, con la cola de gente que se intenta colar no respetando las maletas que llevan allí dos horas, los gritos de los de AC diciendo que vamos a llegar todos (como si eso fuera verdad, pues no hay veces que dejan a gente en tierra por el overbooking!) y demás perlas del comportamiento humano, profundamente solidario cuando la situación lo requiere. Cuando ya hemos pasado el mal rato y hemos facturado todos, e incluso hemos entrado en la zona de embarque (si, bueno, con muy buena fe se la puede llamar tal); ah, no, espera, todos no, yo estoy chapurreando árabe con el policía que ve los pasaportes, que claro, me conoce y sabe que no hablo una palabra. Bueno, cuando estamos terminando de entrar, el hombre de la piel de elefante, ahora sí, pasa por entre quienes todavía no hemos entrado diciendo: no se molesten, que el avión ha dado media vuelta y no viene.

Mi sorpresa es tal que, olvidados los chapurreos, me sale la mala leche y le digo muy circunspectamente: Espero que eso sea una broma. El tipo saca la piel de elefante y me dice: No, señorita, no es ninguna broma, y el primero que lo siente soy yo. Y a mí la mala leche ya me sale del todo, y le contesto: Eso sí que no es verdad.

Tras la amena conversación, confirmamos que es verdad que no va a haber avión, que he perdido mi conexión vía Londres y que la formación ya será otro año.

¿La explicación? Pues no la sé todavía, pero no sé si a los del avión que ya estaba en el aire se les pondría la misma cara de piano que a nosotros.

Lecciones aprendidas: no volar el último día posible para llegar a una formación.

Viaje 3: Las vacaciones imposibles...
El Simpa sin papeles, los nuevos de la oficina que llegan y necesitan un buen briefing, y yo que desde la formación frustrada no había podido salir de la dimensión paralela... un momento que no podía ser peor para tener problemas con el vuelo... otra mala conjunción, pero es que uno nunca aprende…

Viernes por la noche: me voy el viernes porque así puedo descansar el sábado y estar en plena forma el domingo, porque no hay nada peor que ir a la ofi de cabeza desde ese vuelo nocturno del demonio en el que las azafatas te despiertan a propósito para envenenarte con un pseudo desayuno a las tres de la mañana (ay, Miriam R, no sabrás las veces que me he acordado de tí). Llegamos al aeropuerto a la hora de siempre. Principios de agosto, gente que se va de vacaciones, gente que se mueve a principios de Ramadan... la tensión se corta con un cuchillo... pero AC ha decidido jugar otra carta: la de la desesperación. Dos horas y pico después de estar en el aeropuerto, el tío de la piel de elefante sale y nos dice que no hay avión. Le vuelvo a decir que espero que eso sí que sea una broma y se cruzan palabras desagradables. No, no lo es. Entramos en casa a las cuatro de la mañana. Viento de levante.

La mañana del sábado, y el día en general (por qué será que los días que te regalan de esa manera los pasas tan mal?) tiempo asqueroso y humor de perros. A las siete de la tarde se empieza a desatar una tormenta que parece un simulacro del fin del mundo, pero como aquí las cosas son lentas todas, hasta las diez de la noche la tormenta no ha terminado de desatarse. Esta vez hay menos gente en el aeropuerto (en mi fuero interno pienso que han resignado, pero alguien me dice que les han puesto un bus). No hay visibilidad, ergo no hay avión. Por lo menos llegamos a casa a la una y media de la mañana.

Yo ya me empiezo a sentir como en el limbo de verdad, como en un relato (creo que de Mario Benedetti) en el que una serie de pasajeros de un avión ven su vuelo eternamente retrasado porque (atención, no sigais leyendo si no lo habéis leído!) en realidad su avión se estrelló al despegar y estén en el limbo... (qué angustia).

Al día siguiente vamos a trabajar, porque ya es domingo; con la rabia que da encontrarse con todo lo que habías dejado cerradito para las vacaciones... pues no. Hala, deshaz y vuelve a dejar cerrado por si vuelas esta noche. A las siete de la tarde, para mi mayor asombro, después de haber hecho un día bueno e incluso fresco después de la tormenta de la noche anterior, se vuelve a desatar otro simulacro del fin del mundo. Mientras me empiezo a dar cabezazos contra la pared, todo el mundo que conozco en la dimensión paralela busca contactos en AC para tener información: es que vamos a volar algún día? Me llegan mensajes contradictorios: avión a las nueve de la noche, avión al día siguiente, no hay avión, otra vez avión a las nueve de la noche…

En AC sólo nos contestan que durante el Ramadan (del 10 de agosto al 10 de septiembre, aprox, este año), se han cancelado los vuelos de los martes. Nadie sabe por qué ni qué relación tiene eso con nuestros vuelos cancelados…

A las nueve de la noche yo ya me digo que ir al aeropuerto es tontería, pero que si hay que ir se va. Cuando entramos, se desata la tormenta, y mientras charlamos la misma charla insustancial de hace dos días, observo cómo las palmas del parking se doblan hasta el suelo con el viento. Cuando ya estoy por decir que se acabó, que nos vamos a dormir a casa, sale el hombre de la piel de elefante que nos dice que inshallah, hoy si que habrá vuelo. Pero que hasta que no se aclare un poco la tormenta... Seguimos esperando... Creo que el hombre de la piel de elefante y yo somos amigos después de haber cruzado borderías. Además, entre bordería y bordería se ha enterado que soy la jefa de su vecino y ya se corta un poco a la hora de soltarme patrañas (creo que también tiene que ver que le he explicado que a mí no se moleste en intentar dármelas con queso, que prefiero el jamón).

Subimos al avión a las cuatro de la mañana, y llegamos a Argel de manera que me da justo justo tiempo de saludar antes de que los nuevos se vayan a la oficina...

Lecciones aprendidas: mi dominio del francés ha subido un grado: ya me puedo poner borde sin necesidad ninguna de ser chabacana. Más paciencia… tengo ya tantas horas de vuelo con la paciencia que me podría presentar a los cursos de especialización para Dalai Lama o para Santa.

Viaje 3: El avión fantasma...
Las vacaciones que tan mal empezaron, mejoraron mucho con el paso del tiempo, a pesar del que el Simpa se había quedado retransmitiendo el Ramadán desde la dimensión paralela. Grecia, mucha caló y muchas piedras, pero disfrutada, y España… pues que os voy a contar de esta España mía si sabéis más que yo, pobre exiliada voluntaria: amigos, buena comida y ponerse al día un poco con todo, colección de fotos incluida.

Pero como todo llega, el final de las vacaciones llega también, compruebo el vuelo de vuelta en la página web de AC (fashion fashion) y ahí está, mi vuelo del viernes 10 de septiembre a las 18 de la tarde, como en mi billete. S, que es un solete, es la voluntaria en esta ocasión para ayudarme a llegar con los bártulos (que son legión) al aeropuerto.

Llegamos con tiempo, vamos a comprar un candado e investigamos los mostradores donde siempre está AC. No hay nadie. No hay señales de vida reciente. El mostrador está cerrado a cal y canto, sólo faltan las plantitas esas que pasan rodando y el silbido del viento… hm, misterio. En las pantallas, el vuelo no aparece. Cuando preguntamos en información, nos miran (sobre todo a mi, S en su estupor me soporta moralmente) como a una loca peligrosa, porque en la parrilla no hay ningún vuelo de AC, había uno de Iberia por la mañana. Después de jurarles por Snoopy que yo tengo billete, que lo pone y que no lo he leído mal (después de verificarlo cuatro veces, el chico ya me da la razón) me aconsejan que vaya a Iberia a preguntar.

Mientras hacemos cola, S se pone en contacto con el mundo exterior y le dan un teléfono de la oficina de AC en Madrid. Llamo y suena y suena… empiezo a dudar de que la compañía siquiera exista.

En Iberia la chica se ríe cuando le digo: tengo un problema que seguro que no lo has visto nunca: mi vuelo ha desaparecido.
Cómo que ha desaparecido?
Sí, sí; mira mi billete y mira en el ordenador. Efectivamente, la chica lo hace y levanta una ceja.
Pues el vuelo aparece como cancelado, pero no está cancelado.
Qué raro.
Ves? Mi vuelo ha desaparecido.
La única alternativa es que me vaya vía Palma, pero como eso tampoco me garantiza que vaya a llegar a Tindouf, prefiero quedarme en la capital del mundo, donde S me acoge amablemente.

La chica de Iberia me confirma que el siguiente vuelo de AC es a la mañana siguiente y me aconseja venir con tiempo. Por si las flies. Le digo que si a la mañana siguiente se oyen gritos desde allí atrás, que no se extrañe y le damos las gracias. El vuelo lleva cancelado por lo menos quince días, ara qué se van a molestar en cambiarlo de la página web, o en ponerlo en el aeropuerto, ni nada. Que se fastidien los clientes, que para eso pagan.

Otra tarde regalada y el pobre Simpa esperando con la casa limpia.

A la mañana siguiente, no son capaces de darme explicaciones: afortunadamente me cambian el billete sin asegurarme la conexión de Tindouf (después en Argel me pondrán pegas por las plazas, echándole la culpa a Madrid, pero yo ya tengo caparazón) y me cobran la mitad del sobrepeso. Me dicen que es donde compré el billete que debían haberme avisado; claro, le digo, vosotros un cartelito aquí en el aeropuerto no lo podéis poner.

La única conclusión lógica es que me vendieron un billete para un vuelo que no existe; me siento como Michael Knight, una persona que no existe en un mundo que no está.

Lecciones aprendidas: no volar nunca más con Air Algerie en internacional, aunque sean más baratos los cambios; simplemente, no merece la pena el dolor de hígado y los años de vida consumidos.

Así que aquí me tenéis ahora, buscando vuelos para dentro de tres semanitas… desde luego, en lo que pueda evitar, no con Air Cous Cous!!! Pero como de Tindouf no hay quien salga sin ellos, me temo que las aventuras aéreas seguirán… y desde luego, tendré que abrir un capítulo nuevo para hablar del trato dentro del avión… pero eso es otra historia, y será contada en otra ocasión.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Lilith renovada, otra vez...

Os lo juro por Arturo, por Snoopy y por los super protas de super Crepúsculo (que yo tembién me lo he leído en plan fan fatal gracias a S). Os iba a contar otra de las cosas que me está marcando de la dimensión parelela, las locas aventuras de Air Algerie, y resulta que mi ordenador se plantó en seco y dijo: va a ser que no, bonita... así que aquí estoy, a domingo por la noche (habiendo trabajado, ya sabeis) instalando el msn y el skype todavía y sin haber contado el último capítulo de la batalla aérea de AA.
Pero en breve, tened sólo un poco de paciencia.
Eso sí, con el nuevo sistema operativo, como que esto se ve hasta más nítido, qué cosas...

viernes, 10 de septiembre de 2010

Esos amigos con muchas patas

Además del Simpa y el perfil que está adquiriendo mi trabajo por estos lares, una de las cosas que me está marcando de la Dimensión Paralela son las cucarachas.
Si, habéis leído bien las cucarachas.

Como sé que preferireis no ver el espectáculo, no voy a colgar ninguna foto sobre el tema. Pero os aseguro que las cucarachas de este lugar no son normales: no dan asco, dan miedo!
Yo ya tenía experiencia con los simpáticos bichitos, pero nunca pensé que iba a adquirir tanta.
Una vez tuvimos una invasión en casa. Es lo peor, porque son persistentes y listas, las muy jodías. Esconden el nido (palabra que aplicada a los insectos me pone de punta el pelo de la nuca aunque lleve un moño apretado) y estás fastidiado, hermano. Si juntas suficiente fuerza de voluntad como para buscarlo, seguramente no lo vas a encontrar, pero como lo encuentres, prepárate.
Aquella legendaria invasión en mi casa duró lo suficiente como para traumatizarnos (no puedo, aún cuando veo movimientos por el rabillo del ojo, me dan escalofríos) y acabó con una cruenta batalla en la cocina en la que creemos que no hubo bajas humanas y a resultas de la cual estuvimos sacando cuerpos de cucarachas durante tres días.

Después de aquello, tuve una relación normal con las cucarachas: qué asco cuando ves una muy de tarde en tarde y esas cosas. Haciendo esfuerzos positivos para olvidar el trauma.
Hasta la Dimensión Paralela. La primera noche, imagino que estaba demasiado cansada para ver nada, pero a la segunda, me extrañó la voz ronca que me daba las buenas noches desde la palangana que hacía de lavabo en el cuarto del hotel de mala muerte. Cuando miré, al principio sentí miedo pensando que era un atracador pequeñito. Después, al reparar en las antenas, me dije que estaban rodando la peli de la metamorfosis de Kafka en mi hotel. Fue la voz ronca la que me sacó de mi error: no, mademoiselle, somos cucarachas reales, solo que de tamaño natural.

Después de aquello, y de considerar que la habitación la pagaba yo, pero tenía demasiados inquilinos, decidí irme a vivir a la base. Las cucarachas nunca sabrán que fue por su culpa que conocí al Simpa, pero no creo que lo hicieran a posta, así que no pienso contárselo.

Durante unos cuantos meses me dejaron tranquila, pero a principios de año decidimos irnos a vivir a una casita que llevaba dos años deshabitada... una casa muy mona, con necesidad de reformas pero muy mona... al principio eran tímidas, pero después fueron cogiendo confianza.... y bueno. Hemos probado varias cosas; estamos entrenando a nuestros gatos para que las maten (el otro día Clyde vino todo satisfecho a traerme una al pie: yo me lo tomé como un halago, que le vamos a hacer), cambiamos el insecticida cada quince días (soy partidaria del grupo ese de facebook: si las cucarachas pueden sobrevivir a una explosión nuclear, qué demonios lleva el insecticida????) y tenemos que tapar un par de grietas en la pared del patio.
Antes de que empiece el invierno, deberíamos mantener una ronda de conversaciones con sus representantes para asegurarnos de que no entren en la casa a guarecerse del frío y se nos establezcan dentro.
Y sobre todo, os confieso, me he convertido en una cazacucarachas de primera. Además, he descubierto que desestresa (sobre todo, si las insultas mientras las pisas, para mayor sorpresa de los gatos): hace varios meses que ya no llamo a gritos al Simpa cuando veo una cucaracha especialmente grande; ya la piso y sigo con mi vida sin despeinarme.
No hay como darse de bruces con las cosas para superar los miedos y los ascos. Me pregunto si estaré acumulando mal karma con todo esto.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El Simpa

Mi chico es un sin papeles. Ya es hora de reconocerlo públicamente, porque después de seis meses de ir y venir, casi casi hemos perdido la esperanza de que deje de serlo... casi, porque es lo último que se pierde.
En lo más profundo de mi ser, espero que esto acabe sólo siendo una de esas historias familiares que se cuentan para explicar un apodo. Porque tardar seis meses (o más!) en obtener un pasaporte, es una anécdota (o un drama, depende de como se mire) que bien merece un apodo que la recuerde de por vida.
Como la del cuchillo del guerrillero serbio... ah, no, que esa era sólo para darle más interés a un buen cuchillo de cocina.

Una de las cosas que se aprende en la Dimensión Paralela es la paciencia. Diría que se aprende rápido, pero no es verdad; entre otras cosas, porque sería un contrasentido. Además, si uno aprende rápido, no tiene ninguna gracia para los demás, que no disfrutan de los trompazos de uno. No obstante, siendo ya una ciudadana del mundo, una ha humildemente desarrollado mecanismos de defensa psicológica, y ha aumentado el umbral de tolerancia (aunque sólo hasta lo razonable; más allá, tiene malas consecuencias para el trabajo).

Pero a lo que iba, que me voy por las ramas (que a gustito se está por las ramas en vacaciones!): los siete meses de El Simpa y un ejemplo práctico de cómo aprender a tener paciencia.

Marzo: visa denegada porque al pasaporte le quedan aproximadamente seis meses de vigencia. Pues vaya; pero al fin y al cabo tienen razón... (claro, si hubiéramos sabido la alternativa!)

Abril: plan A. Se ha anunciado que el país va a cambiar la documentación (más propia del sigo XIX que del XXI) y va a adoptar el pasaporte biométrico (en la opinión de esta humilde servidora, mejor que arreglar el pasaporte, deberían arreglar algunos acuerdos de reciprocidad, pero esperemos que todo se ande, a ser posible por el buen camino). El Simpa y yo nos ponemos tan contentos pensando que la cosa va a salir bien y que el Simpa casi va a tener un pasaporte más moderno que el mío.

Abril: seguimos con el plan A. Al informarse con más detalle, el Simpa aprehende de las autoridades competentes en cuestión (que curiosamente no es el Ministerio del Interior, sino las autoridades locales... ahí es donde la cosa debía haberme escamado, pero no lo hizo porque yo andaba ya liada como la pata de un romano, cosa que será objeto de otro post), que la cosa del pasaporte biométrico es demasiado complicada para implantarla en todo el territorio nacional, y que casi mejor que la implantan en unas cuantas wilayas piloto. Entre ellas, la Dimensión Paralela, por aquello de que más remota no puede ser y es un buen laboratorio. Eso era la segunda pista que ignoramos.

Abril: finalizada la fase de estudio, comenzamos la fase de ejecución. Como la tramitación del pasaporte depende de la autoridad local, para hacerte el pasaporte debes estar empadronado en el lugar donde lo solicitas (normal), pero para empadronarte en un lugar, debes desempadronarte en el anterior (que no es normal, siendo Argelia el segundo país en tamaño de este continente!!!). Conclusión, la primera fase de ejecución del plan A implica el desplazamiento físico del Simpa a su casa (ex-casa?) para desempadronarse (como buen desempadronador) y conseguir una hartá de papeles.

Mayo: ya de regreso a la dimensión paralela, el Simpa procede a empadronarse y presentar su fajo documental en la daira (ayuntamiento), donde le toman las huellas y demás invasiones a la intimidad (siempre me he preguntado si los encargados se reirán de la gente con huellas digitales feas) y le mienten asegurando que el pasaporte biométrico estará listo en doce días (no once ni trece, tercera y muy sospechosa pista, porque en la Dimensión Paralela nada puede alcanzar tal exactitud!).

Mayo: doce días después. Por supuesto, la vida no podía ser de color de rosa, sino que se queda en el color de arena de siempre: que nooooo, que era broma, que es que el pasaporte biométrico ese es demasiado complicado hasta para las cinco wilayas piloto (y desde luego, para la dimensión paralela!) y que mejor no lo vamos a empezar hasta el año que viene (o el siglo que viene, ya veremos). Pero para qué vamos a volver al trámite anterior: es mejor que nos inventemos uno nuevo, y en el que hace falta documentación diferente. Claro. No lo iban a poner fácil, hombre!

Pasamos al plan B, seguir con el nuevo pasaporte, manque pierda. Total, al Simpa le toca personarse otra vez en su casa para recoger la documentación en cuestión y presentarla en la daira.

Junio: después de no poco sufrimiento, de escaparse del trabajo para hacer papeles y de volver corriendo, el Simpa presenta un segundo fajo de papeles a adjuntar al primero. La señorita de la daira le dice que en dos o tres semanas (esta determinación del plazo ya más verosímil) el citado pasaporte debería estar listo.

Sólo que claro, no lo está.

Julio: después de preguntar innumerables veces y de recurrir al plan C, hacer intervenir en el proceso a todo bicho viviente, en la daira le dan al Simpa la razón por la cual su pasaporte no está listo: el jefe de la daira está ocupado preparando el programa de Ramadan (que empieza a mediados de agosto) y no puede firmarlo.... claro, ni a él su pasaporte ni a nadie nada.... claro, que esta es la Dimensión Paralela y a nadie le indigna nada. Además, en el pasaporte, que es suficientemente rupestre como para que incluyan la profesión, los listillos de la daira han decidido incluir "sin profesión", porque la ONG del Simpa no les aparece. O sea, que en la Dimensión Paralela si por ejemplo, eres un médico jubilado, no tienes profesión. Me imagino que a la gente que está en el paro les ponen "indeseables chupópteros" o algo de ese pelo. Vaya usted a saber.

Agosto: después de visitas casi diarias a la daira, la última noticia cae tres días antes de las vacaciones (y del Ramadan): el pasaporte no está listo porque falta una investigación policial en el lugar de origen, además de una entrevista personal con la policía. La pregunta que todos nos hacemos en este punto es: ¿y eso no se lo podían decir a mi pobre Simpa dos meses antes? He aquí la esencia de la Dimensión Paralela: tú te frustas y pones cara de pez, el funcionario se parte de risa y no sufre ninguna consecuencia. Y no le puedes hacer nada, porque igual no le pasa nunca el pasaporte al jefe de la daira para que lo firme...

Agosto: El Simpa, desesperado e intentando no parecer mobiliario de la daira, acude a la entrevista policial, que prácticamente consiste en corroborar el deletreo de su nombre y le es comunicado que el resultado de la investigación en su lugar de origen no debería tardar más de dos semanas (si añadimos el factor Ramadan, a esas previsiones el resultado es una indeterminación que tiende a infinito).

Para mi sorpresa, el resultado de la investigación es positivo (mi sorpresa porque yo hubiera dicho que es negativo, pero en el fondo depende de cómo se mire...) y confirma lo que ya sabíamos, que el Simpa, por más que hable mal del gobierno y a veces se pase cuatro o cinco días sin afeitarse, no es ni un subversivo ni un terrorista (entre otras cosas, si ese fuera el caso, tendría la documentación en orden, seguramente).

Septiembre: Después de esto, al Simpa le dicen todos los domingos que pase al domingo siguiente. La última vez, después de ponerse casi violento, le han jurado que va a estar listo el 13 de septiembre. Dice que lo ha visto físicamente, pero podría ser otra artimaña de esta gente: seguro que al ir a firmarlo al jefe de daira le entra un ataque de estornudos y se le cae el tintero encima. Y debe ser una obra de arte, a juzgar por lo que están tardando.... igual hace un año que tienen roto el escáner y hay un tío que dibuja todo, incluidas las marcas de agua del pasaporte, no sé.

Lo que sí sé es que si el 13 de septiembre el Simpa sigue siendo un Simpa, se va a liar muy parda. Y si le dan el pasaporte, voy a ir yo personalmente a hacerles un buen corte de mangas. Espero que no se acuerden en el 2015 cuando toque la renovación.... y también sé que cuando se caduque este pasaporte, lo vamos a enmarcar, para que pregunten los nietos y se pasen una buena risa. Espero.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Argumentos

Me han dicho muchas veces que debería considerar dedicarme a escribir seriamente. No soy una persona que siga los consejos de los demás (aunque sí los escucho), pero esa sugerencia en concreto no me ha parecido nunca particularmente factible. Creo que ser escritor no consiste sólo tener cosas que decir y saber cómo decirlas de una manera que (agradable, graciosa, satírica o culta) transmita un valor especial a lo que se diga, sino además, tener la constancia de sentarse a escribirlas y la santa paciencia de dejárselas leer a otra persona y aguantar críticas. O sea, que lo llevo claro.
No obstante, Filomenita me contó el otro día una experiencia esperanzadora sobre una escritora que utilizaba experiencias que ya tenía escritas desde su infancia para escibir sus novelas (si recuerdo el nombre o Filomenita tiene la cortesía os pondré un link), así que entre mis propósitos de otoño (porque mi año, como el curso escolar, en el fondo, empieza en otoño) cuento con poner el blog en modo recopilatorio, para recopilar argumentos... Un paso (una baldosa) cada vez que me acerque a esa jubilación en una isla griega, con el Simpa que pone pinchos de tortilla de patata.

Por cierto, he decidido que no admitiremos menores de 25 en nuestro hotel, he visto demasiados turistas sedientos de alcohol estas vacaciones!

viernes, 3 de septiembre de 2010

La casa por el tejado

Mi casa, como no podía ser de otra manera, no es una casa normal. Es una de esas que llegan unos señores, la apuñalan, la vacían y la rehacen entera por dentro, con complementos y adiciones y con garajes y trasteros. Dadas mis circunstancias personales, claramente no me paso a ver las evoluciones de la obra (o lo que se distingue dentro del pijama de malla en que la tienen metida) tan a menudo como me impulsaría a hacer mi neura controladora, pero tengo espías y causahabientes que se pasan a observar.
El otro día sí que me pude pasar y noté, con alegría, que no sólo sigue colgada una bandera que debieron colgar durante/después del mundial, sino que además le han puesto ya su cubierta nueva con su tejitas y sus buhardillitas por las que se pasearán los gatos futuros. El resto de la casa sigue empijamada y casi no se distingue nada (aunque como en todas las obras, se oyen martillazos y máquina herramienta que trabaja), así que puedo extraer la conclusión de que mi casa la están empezando por el tejado... suena prometedor.

domingo, 29 de agosto de 2010

Aviones y pensamientos

Como veis, el tiempo libre me cunde y he vuelto a actualizar el blog... y además, estaba yo pensando que este blog sin aventuras es como una aceituna sin anchoa, un poco decepcionante... Ya sabeis, claro, que no es la falta de aventuras lo que me lleva a no escribir, porque de esas tengo muchas, producto de la conjunción entre el imán de sucesos bizarros que es mi persona y los lugares a los que me lleva mi trabajo (y todo, por culpa de la educación perniciosa que recibí en mi hogar). Y no sólo de aventuras, porque en este blog, cuyo propósito original se pierde en la noche de los tiempos (y ya puedo confesar, fue la pura envidia lo que me hizo abrirlo, imagino que si el Arquero llega a leer esto, me escribirá un mail furioso como el de la tortilla de patatas), también cuento neuras, decepciones, impresiones y hasta doy buenas noticias. O las daba. Pero en realidad, todo esto no es más que una clasificación de lo inclasificable (de esas que yo odiaba cuando estaba en la universidad), porque lo que yo siempre he hecho cuando me siento (escribir de pie es muy difícil) ante esta malhadada pantalla (los de blogger me ponen cada vez el espacio más pequeño, me parece) es escribir lo que se me pasa por la cabeza o habiéndoseme pasado previamente, ha sido convenientemente apuntado en alguna parte. Lo cual ahora mismo es difícil, porque de unos años a esta parte siempre me pasan cosas por la cabeza cuando no puedo apuntarlas porque voy conduciendo, o no tengo papel a mano (esos despegues de los aviones en los que te has dejado el papel en la mochila que va en el compartimento superior (espacio sin nombre así designado por las cada vez más camareras y menos azafatas).
El otro día, después de que se me ocurriera una idea, decidí, a falta de sustancia mejor, apuntarmela en la cabeza, y aquí la teneis maduradita...
He descubierto por qué antes me encantaba y ahora me da miedo volar. Y no sólo eso, sino muchas otras cosas... ayer le contaba a la asombrada vendedora de drogas legales que cuando abrieron la lanzadera del parque de atracciones me debí subir nueve o diez veces seguidas (y tengo testigos). Ahora me dan escalofríos de pensarlo y soy probablemente la única turista que no se ha subido a la Torre Eiffel a pesar del número de veces que he estado en París.
Es una cuestión de experiencia y confianza... o de inocencia y fe en las personas, según se mire. Al principio piensas que los demás saben lo que hacen, y que por tanto, pondrán su empeño en hacerlo lo mejor que puedan. Y dentro de ese supuesto hay muchas cosas que se dan por sentadas, y que a medida que uno obtiene pruebas en contrario, va echando abajo. La mayor parte de la gente sabe lo que está haciendo y pone empeño en hacerlo bien; hay mucha gente que sabe lo que hace y mucha gente que se esfuerza en hacerlo bien... es una progresión que acaba en algo como: no pasan más cosas porque dios no quiere (o sea, vaya usted a saber por qué!)...
Estoy casi siempre segura de que el piloto del avión sabe pilotar mejor que yo, pero no puedo evitar pensar que las malas conjunciones ocurren. Y como no puedo evitar montar en avión (porque me gusta mi trabajo y mi vida lo suficiente como para compensar las horas de sufrimiento y agarroramiento de las manos por hacer fuerza en los brazos de los cada vez más escuetos asientos de los aviones), pues me dan escalofríos las atracciones de feria.
Me estoy volviendo una cínica terrible con los años, lo sé. Pero no sé por qué eso tiene que ser malo...

viernes, 27 de agosto de 2010

Arreglar el mundo

Arreglar el mundo es, como criticar al prójimo, un deporte mucho más practicado que el fútbol. En los lugares en los que la sobremesa es una sana y practicada costumbre, claro, porque estas cosas, si no se hacen con el estómago lleno de comida (y/o con aderezo etílico) no tienen gracia. Yo creo que si el ajedrez es un deporte, estas animadas conversaciones delante de un mantel sucio y lleno de migas lo son todavía más, porque uno ejercita el cerebro buscando argumentos sobre todo, quema las calorías recién ingeridas haciendo gestos y aspavientos.
Y como en la mayor parte de los deportes, el resultado es efímero; al final se pierden todos los participantes en la discusión sin que nadie tenga más o menos razón... hasta que alguien se levanta de la mesa y todo el mundo cambia de actividad: igual que un récord mundial dura hasta que alguien lo bate, lo que puede suceder diez segundos más tarde de haberlo logrado.

domingo, 23 de mayo de 2010

Temprano

Siempre en el mismo orden, aunque yo no me doy cuenta, porque estoy siempre medio dormida: Hnm.... tengo sueño....
Venga, pero ya es la hora de levantarse.
Cinco minutos más...
Eso ya me lo has dicho catorce veces y vas a llegar tarde...
Pero es que hoy no quiero ir a trabajar...
Bueno, pues no vayas...
¿los refugiados no se han ido durante la noche?
No, no se han ido. Hay que ir a trabajar, no queda más remedio.

Que pereza por la mañana, da igual si he dormido ocho y ochenta, lo que no me gusta es que me despierten, aunque depende de quién sea quien te despierta: no es lo mismo un despertador que unas manos amables.
Recuerdo que cuando era pequeña mi madre siempre me decía: ¡venga, que se pasan los minutos! Desde entonces se me ha quedado esa sensación de que los minutos son como gotas de agua que se cuelan entre los dedos. Y aquí, se pasan como más deprisa, será que además, el calor los hace evaporarse.
Ahora mi pobre sinpapeles se resigna a responder mis preguntas una detrás de otra en el mismo orden todas las mañanas. En los intervalos de cinco minutos, prepara el café, le da de comer a Aquiles y a los gatos y riega las plantas. Eso es amor verdadero, y no las películas.

viernes, 21 de mayo de 2010

Ganas, ganas, ganas de escribir!

Creo que he explicado este proceso muchas veces: es raro cuando ganas de escribir, inspiración y tiempo se juntan. Sólo entonces, tiene lugar la magia de plasmar las ideas como quieres sobre el papel, o dentro de la pantalla, o donde sea. Si no, pues salen pifias.
Tener ganas de escribir e inspiración pero no tener tiempo, es frustrante, como tener hambre y pasar por delante de un buen restaurante pero no tener un chavo. Tener ganas de escribir y tiempo es como pasar delante del buen restaurante pero con una diarrea galopante que te impedirá pedir cualquier cosa de las que hay en el menú. Tener inspiración y tiempo y no tener ganas de escribir es como un largo domingo apático en ese momento en que te das cuenta de que ya son las nueve y media de la noche y mañana trabajas.
Bueno, en mi caso yo normalmente ya he trabajado todo el día.
La última vez que vine de la piel de toro, me vine con un cargamento de libros en la maleta, muchos de ellos seleccionados casi que al azar por su título más o menos evocador. Evidentemente, me he traído muchas mierdas. Me molesta profundamente la gente que escribe libros malos, porque no hay ninguna necesidad. Abultan, cogen polvo y se utilizan árboles del Brasil para imprimirlos. Y luego, lectores inocentes como yo, los compran porque tienen un título interesante y quedan decepcionadísimos.
Claro, también es culpa mía, porque además de escogerlos por el título y leer la sinopsis, a veces me dejo llevar por el comentario del Times de South Hampton ha dicho: "Lo mejor que ha parido madre desde la sangrienta serie para adolescentes de Fulanita Menganez!" Y no es que me crea el comentario: más bien me compro el libro para poder tener razón al llevarle la contraria: pues menudo bodrio y menudo criticucho debe tener ese periódico. Claro, nunca lo sabrán, porque no tengo tiempo de escribir a los periódicos a llamartes idiotas a todos muy educadamente. Y desde luego razones no me faltarían, porque se publica cada noticia...
Pero no me quería meter con los periódicos, sino con los libros, y en particular con las editoriales.
Hace poco leí una entrevista donde un falsario de un editor decía que los libros en red no acabarán con los libros en papel (en eso estoy de acuerdo, porque al que de verdad le gusta leer, le gusta oler el libro y tocar el papel), y que (aquí comenzamos a disentir) el problema de la publicación por internet es que la editorial pierde su rol, y que el papel de filtro de las editoriales no lo suple nadie y es importantísimo.
Vistas las mierdas que se publican, no sé a qué papel de filtro se refería este señor. A no ser que filtro sea publicar los libros que están de moda este año: ahora están de moda los libros sobre vampiros (otra vez), seguimos con las improbables conspiraciones de tipo histórico con títulos que ya rozan la estupidez más absoluta (estoy esperando El secreto Inca de los Rolling Stones), y todo tipo de disgresiones más o menos obsesivas (o conspiranoides) sobre la crisis mundial y su relación con el fin del mundo. Más los sempiternos libros de jardinería y cocina que tanto nos ayudan en la decoración de un hogar.
Las editoriales filtran igual que filtran las casas de discos, pero para mal. Hay, que haberlas haylas, editoriales serias que todavía son fieles al lector inteligente, pero las pobres irán desapareciendo, porque su público es cada vez más reducido (gracias a la ESO). Así, tenemos el Código da Vinci, que es a la literatura como Bisbal (o cualquiera de sus mucho menos célebres colegas de concurseo) a la música.
Todo ello, por no ponerme, en el colmo de la redichez, a citar innumerables ejemplos de libros que nadie quería publicar en su día.
Eliminamos el papel de filtro de las editoriales, y que nos queda: que va uno a la librería de turno y no encuentra más que bazofia a la moda seleccionada por algún señor en un despacho oscuro. El entrevistado en cuestión decía que el problema de la democracia de la publicación es que ahora también puede publicar Pili la del pueblo, que no tienen por qué ser buena. Claro, igual que Dan Brown no es bueno y aún así le publican. Ante el dilema, prefieron que me den a elegir entre Pili la del pueblo y Dan Brown, porque a lo mejor me gusta más lo malo conocido que lo malo extranjero.
Lo que no ven las editoriales, igual que no lo ven las casas de discos, pero que sí lo han visto las marcas de ropa (quizá porque la cosa fue más lenta) es que no se puede parar la descarga por internet y la publicación por internet, pero se pueden buscar nichos de mercado y ofrecer servicios de calidad. Porque yo, que soy una buena lectora, podré leer sin compromiso a Pili la del pueblo por internet, pero me compraré en libro lo que salga de uno de mis buenos autores preferidos, sin leer ninguna cita extraña del Times de South Hampton, porque sé que es bueno y será probablemente interesante (aunque a veces me equivoque). Es más, si la encuadernación es buena, a lo mejor hasta me lo compro en tapa dura. Y mientras tanto, en lo que va de aó me he comprado varios libros al tuntún, por comprobar, cosa que seguramente no repetiré; pero me he bajado muchísimos más de internet!

En conclusión: ojalá se escribieran los libros sólo los libros que alguien tiene necesidad de escribir y si la democracia literiaria lleva a que se publiquen bazofias, por lo menos que me las dejen elegir a mí!

domingo, 16 de mayo de 2010

Se busca señora de la limpieza que no sea una decoradora frustrada

O sea. Porque después de varios meses de sufrimiento, he llegado a la conclusión de que ése es el asunto.

Llegas a casa, cansado, decides hacerte una tortilla francesa y meterte en la cama, y primero, no encuentras los huevos, después, no encuentras la sartén, cuando has logrado descubrir que los huevos están donde antes estaba la leche y la sartén donde antes estaban los trapos de cocina, descubres que no hay aceite, sino que donde debía estar el aceite, solo hay una botella de Coca Cola que debe llevar ahi más de catorce meses porque ya habla sola. Cansado de buscar, decides que mejor te vas a la cama. Cuando entras al cuarto, descubres que la cama no está, en su lugar alguien ha colocado la mesa de la habitación pequeña. Te sientas en la mesa, que afortunadamente es bajita, y reflexionas.

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Hay quien me ha llamado maniática algunas veces, y lo reconozco sin vergüenza ninguna, soy una maniática. Hay formas más agradables de decirlo, claro, como por ejemplo, que en mi casa mando yo y pongo las cosas donde me da la real gana, que para eso pago el alquiler. Incluso, que me molesta que me las cambien de sitio, porque luego no las encuentro. Diga lo que diga mi madre (que la conozco, y algo dirá) en general no soy una persona desordenada (todos los adolescentes crecen con esa creencia/complejo, porque en realidad nunca son tan ordenados como querría su madre! En algunos casos, no obstante he cierto, y si sé que no soy desordenada, es porque los he conocido!), aunque sí soy en general, descuidada: o sea, saco una cosa y luego me da una pereza tremenda guardarla, pero en el fondo en el fondo, sé que tiene su sitio y eventualmente la guardo (cuando ya su visión me molesta). De hecho, generalmente mi casa no está desordenada, a pesar de estar ab so lu ta men te llena de cosas (y de eso puede dar fe cualquiera que haya venido a cualquiera de mis casas).

De hecho, he comprobado que si bien antes era mucho más ordenada para los estudios que para mis cosas, ahora es más bien al revés, y tengo más en orden mi casa que el trabajo. Eso sí, soy metódica y siempre lo he sido.

En lo que estaremos de acuerdo es en que no hay nada peor que llegar reventado del trabajo, de haber estado luchando contra los elementos (porque esa es la sensación que tengo mucho días al llegar al hogar, a veces los elementos naturales y a veces sólo elementos y elementas) y encontrarte con que tienes que pasar media hora buscando una puñetera sartén. Y encima, encontrarla detrás de todos esos platos que tienes en la cocina pero que nunca usas, y que por eso y no por ninguna otra obscura razón, tú los guardas al fondo.

Piensas: sólo pasará una vez. Cada uno tiene sus cosas y esta buena señora no sabe qué platos utilizo. Hasta que se acostumbre. Pero no, la señora de la limpieza en particular, tiene mucha iniciativa, y ha decidido que no le gusta cómo colocas los libros, sino que es mejor colocarlos todos de canto pero por el lado de las hojas. Así, si en vez de hacerte una tortilla decides echarte en la cama a leer un libro, pues te tiras media hora buscando el libro.

El caso es que busques las cosas. Así las aprecias más.

Y direis: además de una maniática, es una exagerada! No, ahi os equivocais, porque os doy ejemplos reales de cosas que me han pasado:

- Dónde está el disco duro externo del ordenador? Dentro de una maleta. Tiempo perdido: dos días, y lo encontramos ya sin muchas esperanzas.

- Dónde demonios están los platos de los spaghetti? Detrás de la caja de las cosas de limpiar. Escondidos, pero brillantes, eso sí. Espero que no nos intoxiquemos con la pasta, porque creo que el insecticida se sale.

- Dónde está la alfombra del salón? Encima de la cama, porque alguien ha echado a lavar las sábanas que cambiamos antes de ayer y ha puesto la alfrombra en su lugar. Tiempo perdido, sobre todo en estupor, considerando qué le ha pasado por la cabeza para hacer tamaña tontería.

- Dónde está la tortuga: uy, no sé, yo ya he dejado de buscar, porque no quiero ni saberlo si ha acabado detrás del horno.

Después de la fase de: pero esta mujer, en qué piensa cuando la dejamos sola en casa? Pasas a la fase de: "es culpa mía porque no le dejo instrucciones!!" Pero te das con el segundo escollo de las relaciones con señoras de la limpieza que, además, no hablan el mismo idioma que tú: son inmunes a los adoctrinamientos.

"No me mojes las alfombras del pasillo cada vez que vienes, que son de madera y te las vas a terminar de cargar". ¿Dónde estás las alfombras cuando llegas? En el patio, secándose al sol.

"No cambies todas las cosas de la cocina de sitio cada vez que limpias, por favor". Dónde está el aceite: donde antes estaban los vasos. Y los vasos? Donde antes estaba el periquito. Y el periquito????

Hoy cuando he vuelto a comer, sólo me he encontrado redecorada la habitación: las mesillas cambiadas, la lámpara de la mesilla en la mesa del pasillo, y la cama pegada a la ventana. A lo mejor esta mujer es maestra Feng Shui y sólo nos quiere lo mejor...

PS: Lo cierto es que ya, creo que nos haga lo que haga esta señora y después de experiencias anteriores (léase mujeres que nos robaban los cuchillos de cocina y que se dejaban los grifos abiertos con sconsiguientes inundaciones), nos aguantaremos sus arranques decorativos...

Ningún animal fue maltratado durante la escritura de este post.

viernes, 19 de febrero de 2010

Sans doutes

Hm, casi casi se me olvida cómo se hace esto de llamar suavemente la inspiración: "ven, que te va a gustar...". Ya tengo internet en casa, el único lugar donde me puedo sentar el rato suficiente como para llamar a la inspiración y que venga, y además me acaban de cancelar una cena esta noche, así que no hace falta que me ponga a hacer lasaña como loca. Mejor, porque no tengo ganas.
Y yo me quedé con aquello de Como agua para chocolate; si preparas la comida de un determinado humor, así es como te sale.

Conclusión; decido chequear la velocidad de mi internet (que no es la que debería ser, pero igual se debe a las películas; la SGAE no me puede hacer nada aquí, así que lo digo abiertamente; además son para uso personal, so desgraciados!) y ver cómo sigue mi blog. Últimamente me llega mucho spam, será porque no lo toco? Menos mal que no se publica sólo, porque estoy harta de los anuncios de productos para alargar lo que no se puede alargar, de loterías, de links para ver fotos de mujeres desnúas y de cómo donar dinero para los niños de Haiti...

Así que aquí estoy chequeando y escribiendo, después de haberme releído un poco y haber descubierto que mis últimas entradas no son nada crípticas (con lo que a mi me gusta eso del misterio). Y pensando que tengo que volver a entrenar, si quiero algún día retirarme y vivir de las rentas de mis novelas.

Como buenas noticias, os cuento que acabo de subir fotos de los últimos meses, que mis álbumes se estaban quedando antiguos. La maravillosa Estambul, y la vida aquí, en la dimensión paralela. Me faltan las pocas fotos de las navidades, tan raras, este año, y de mi visita a la piel de toro en enero... todavía tengo que seleccionarlas, claro. En breve...

Y cómo poneros al día, a los pocos lectores que me quedan... eso del facebook ha matado los blogs que ponen al día a amigos y familia. Además, después de tantos meses, es como encontrarse con un conocido por la calle; lo pones al día con tres frases... no sé por donde empezar a contar todos los sutiles detalles que poco a poco han convertido mi vida en lo que es ahora; tan diferente de cuando llegué aquí.

Hace casi un año que llegué a la dimensión paralela; de hecho, hacen diez meses y pico, pero a estas alturas del año pasado, estaba ya inmersa en una mudanza, metiendo cosas en cajas y calculando, intentando no meterme en nada nuevo en el trabajo, sabiendo que no iba a disfrutarlo. Ahora estoy en mi casa nueva, con muchas cosas todavía metidas en cajas, y sin poder meterme en nada nuevo en el trabajo porque no tengo tiempo. Sin embargo, todo es absolutamente diferente. Mejor. Más fácil... no, eso no. Pero más... interesante. Sans doutes.