viernes, 30 de mayo de 2008

Tarareando pensamientos


Porque eso es lo que tengo ganas de hacer...
Bueno, y de irme a comprar unas sábanas, porque la verdad es que las que tengo no me gustan (están llenas de pelotillas, cortesía del dueño de la casa. Las sábanas, a las pelotillas no les he preguntado de dónde salen)
Me han dejado solita en casa. Mi Nogringa compañera de piso ha hecho lo que supe que haría desde el primer día, y se haido sin fecha de vuelta (pero con vuelta, porque tengo yo sus cosas) al lugar del que vino. A pensar.
La voy a echar de menos esta temporada, sobre todo, porque yo ya he dejado de pensar. Ahora, estoy haciendo.
Es cansado pensar sin poner nada en práctica.
Las reflexiones se acabaron, vamos a probar a ver si sirven de algo haciendo cosas.
De momento, ahora que lo pienso, hoy he hecho muchas cosas:
- He soñado con el futuro
- Me he prometido a mí misma que hoy me voy a acostar pronto
- He superado otro psicotécnico más (en varias y sorpresivas fases)
- He dejado puesto un tema en la agenda
- Le he cogido manía a una persona
- He organizado muchas de las cosas que me quedan por hacer esta semana (ja, mañana es viernes, me diréis: lo sé)
- He organizado mis vacaciones, y con ello, gran parte de mi tiempo de aquí a agosto. Incluso después, porque tengo más cosas planeadas
- He seleccionado una nueva foto para Facebook, pero aún no la he colgado
Y ahora me voy a comprar sábanas, que estoy harta de las pelotillas, y después veré una película alemana.
Nota bene: llamar mañana a que pongan el cable.
Me gustan las cosas cotidianas, son cosas en las que puedes confiar.
Estoy, como explicaba el otro día, volviendo a un punto seguro de partida; para dejar atrás cosas que merecen ser dejadas atrás (o mejor, para llenar el espacio y poder olvidarlas, porque también merecen ser olvidadas).
Y no obstante, hoy, he olvidado lo que recordé mientras dormía, pero que dejó de tener importancia porque todo iba a terminarse de todas maneras... esa sensación de tener algo en la punta de la lengua...
Y en el fondo de mi mente, una vocecita me pregunta: por qué se te quemaron las cookies la otra noche? No era eso una mala señal?

domingo, 25 de mayo de 2008

Como en los viejos tiempos


Igual, igual.
Sin preguntas, proque no hay necesidad de respuestas. Y en cualquier caso, las respuestas están con la verdad, ahí fuera.
Que las cosas han cambiado? Si, claro. Pero no han cambiado todas para mal!! O por lo menos, no han cambiado para tan mal como uno esperaba. (Bueno, yo esperaba una cosa fatal).
Este ha sido el estreno de mi nueva vida.
¿Qué?
¿Es que antes eras una no muerta y no nos lo habías dicho?
No, pero como explicaba en el post anterior, llevaba mucho tiempo intentando dormirme, y no sé si lo logré o no, pero perdí mucho tiempo con la cosa... y lo que es peor, por el camino, perdí muchas cosas que habráiq querido no perder.
Afortunadamente, no he perdido mi radicalidad.
Si, soy una radical, no me avergüenzo de decirlo; soy exagerada, radical y no tengo reparos. Pero también intento ser consecuente, así que radical no significa impulsiva, no os confundais. Se puede ir lento pero seguro a un precipicio, no hace falta lanzarse en un momento de confusión. Claro, es mucho más difícil ir despacito, pensando en las consecuencias de las propias acciones. O sin conocerlas, pero voluntariamente.
En cualquier caso, que me pierdo, para estrenar una nueva vida (o mejor, un nuevo enfoque), lo mejor es partir del último punto bueno. Como en los libros de Elige tu propia aventura (cómo me gustaban, siempre había un final al que no se llegaba casi de ninguna manera, y había que hacer trampas!)... hoy, sin querer, mi brújula psicológica me ha llevado de camino a ese punto.
Los dos últimos meses, sobre todo los últimos días, con la visita del Arquero, he estado volviendo atrás en el tiempo. Hoy, el proceso ha terminado de acelerarse (hoy, precisamente, mi casi último día sin planificar hasta agosto, la vida está llena de casualidades extrañas).
El día ha comenzado viendo Eureka, que, aunque no es tan buena, me recuerda tanto tanto tantísimo a Expediente X en sus mejores tiempos (por cierto, espero que el Arquitecto antes conocido como Goose tenga toda la serie bajada y me la pase para verla en orden!!!). Tras una conversación divertida esta mañana (bueno, varias, incluso simultáneamente), me he ido a hacer la compra y he comprado lo que habríamos comido en mi casa un fin de semana cualquiera, en verano, en un tiempo indeterminado, pero previo a varias crisis y hecatombes, helado Comtessa (que ya no se llama así, pero está casi igual de bueno) incluído. Después, tras un par de fracasos fílmicos, y casi por casualidad, he acabado viendo la nueva de Indiana Jones en el cine. ¿Qué? Pues id a vedla, porque para que una película de estas te guste, sólo tienes que tener la misma fe que cuando vista la primera. Y yo, personalmente, y después del día de hoy, la tengo. Sólo ver la silueta con el sombrero y oír los primeros tonos de la música, pone los pelos de punta. Nanananaaaa nananáaaaaaaa.... Habrá quien la vea llena de defectos y a quien le encante, pero a mi sinceramente, me ha transportado a la primera vez que vi Indiana Jones y el Arca Perdida.
Todo eso, son puntos de dónde partir; ya he dejado fuera de visión cosas que no me gustan: un montón, de hecho.
Si he roto anclajes, he roto enlaces y he roto ataduras, lo siento pero no era para volver a construirlos donde una vez estuvieron, sobre las mismas bases, construiré algo nuevo, a mi gusto.
Se acabó mirarse en el espejo de los demás. Se acabó estar siempre ahí para no oír nunca lo que uno espera. Se acabó cambiar cosas para no hacer cambiar a los demás.
Ya me desperté. Ya tengo una piedra de toque. Ya sé dónde me equivoqué.

Sólo para ilustrar algunas de las cosas que han pasado estos dos últimos meses, podeis ver las fotos aqui y seguir leyendo, porque hoy es tiempo de posts atrasados.

De cosas malas, buenas, raras y a destiempo


Las cosas siempre pasan a destiempo.
Por lo menos a mi, que tengo ese gen que hace que las cosas me caigan como del cielo, las cosas siempre me pasan a destiempo.
Soy una persona esencialmente afortunada, siempre lo digo. Siempre me pasa, de lo que me podía haber pasado, lo menos malo. O lo bueno. Las cosas malas acaban teniendo buenos resultados, al menos en muchos casos.
Pero también es verdad que para llegar a lo bueno, suceden muchas cosas raras. No malas, raras.
Por ejemplo, que en medio de una conversación con el mismo potencial de buena que de profundamente dolorosa, sale de la nada un borracho insoportable y le vierte conscientemente una copa encima a mi interlocutor. Y claro, la conversación, de potencial pasa a inexistente.
Digamos que la conversación iba a ser probablemente dolorosa, me pasó una cosa rara y la cosa ha quedado como una anécdota, que es lo menos malo de todo lo que podía haber pasado.
Algunos me acusarán deconstruir silogismos para refugiarme en ellos, ya lo hago yo antes que lo hagan ellos: me da lo mismo.
Digamos que escribo una carta maravillosa (creo, porque duerme el sueño de los justos y los injustos) y alguien me dice que ha sido capaz de tirarla. ¿Es lo menos malo que podía haber pasado? Incluso es bueno, porque me da la capacidad e enfadarme en grado sumo y juntar fuerzas para reaccionar.
Digamos que la cosa rara es que nadie que guarda las facturas del teléfono tira cartas escritas a mano, menos en este siglo, menos pudiendo valer potencialmente millones cuando yo sea famosa. Lo peor que podía haber pasado es que en el futuro me hagan chantaje con ella.
(Digamos que después de dichos incidentes, por cierto, probablemente le debo muchas disculpas a alguien. Si se las merece o si las va a recibir, es otra cosa totalmente distinta, y como ya dije en este foro, estoy eliminando muchas cosas).

Pero a las cosas raras, uno se acostumbra: uno aprende a poner cara de póker y aguantar sonrisas lobunas, igual que aprende a soportar lluvias de verano cuando lleva sus sandalias de esparto preferidas. Sobre todo, uno se acostumbra si, a pesar suyo, tiene ese toque Bridget Jones que no se puede quitar de encima.
A lo que yo no me acostumbro es a las cosas a destiempo. Y cuando digo a destiempo, digo totalmente incompatibles en tiempo (y a veces también en el espacio). Tal vez la culpa es mía, porque me muevo mucho, pero eso no puedo evitarlo.
Si hubiera conocido antes a esta persona, si hubiera decidido hablar en otro momento, si la noche con sus estrellas no hubiera sido tan hermosamente perfecta, y a la vez, tan ajena a mí. Si las cosas hubieran sucedido en otro orden. Pero sucedieron así, y no creo que, como me dijiste una vez, seas débil de voluntad.
Lo que duele de las decisiones no es tomarlas, sino cumplirlas cuando uno sabe que lo que ha decidido no es del propio gusto.

¿Qué me ha quedado, al final? Un montón de cosas raras, un montón de imágenes grabadas en la memoria, la enésima sensación de destiempo de mi vida, y una mirada llena de enigmas.
O tal vez, ya no de tantos.

A mi Destinatario preferido


Has sido una visita reveladora (no te sorprendas, sabías que iba a escribir esto!).
Estás demasiado delgado para mi gusto, pero eres uno de esos niños que aún se escapa a mi tarea alimentadora, así que de momento te dejo por imposible. Por otro lado, la delgadez y esa barba de varios días siempre acentúa tu aire atormentado, que ya sabes que es lo fuerte de tu encanto.

Es difícil resumir tantas cosas; tantas cosas reales y tantos procesos mentales.

Digamos que en el mundo real, ha sido tremendamente divertido espantarte paseándote de un lado a otro de mi nuevo mundo, enseñándote lo maravilloso que es llegar al final de un camino tortuoso de los de aquí, aunque creo que de eso ya sabías algo antes de venir. Ha sido perfecto volver atrás en el tiempo y verme en tus ojos como me veía antes, aunque me digas que he cambiado y que soy menos económa. Precisamente, ahora que pienso mucho más que nunca en economía (o tal vez precisamente a causa de eso). Ha sido maravilloso explicarte por qué muchas de las cosas que desde casa parece que funcionan, aquí no funcionan, porque esto, es otro mundo. Ha sido fantástico maravillarme a través de tus ojos de las cosas a las que ya me he acostumbrado. No quiero estar nunca a vuelta de todo.

Ha sido maravilloso sacar cosas del tintero, aunque creo que nunca sacaremos todas. Las conversaciones paralelas siguen hasta el infinito sin tocarse nunca, sabes? Aunque infinito sea una palabra muy grande y tú nunca hagas planes después de la cena.

Ha sido un alivio ver que aquello no era solo una tabla de salvación, sino que el peso específico que tenía, lo sigue teniendo. Que tu prisma añade nuevos toques de luz a mi visión del mundo. Que los recuerdos no son sólo un sueño, sino que son reales.

Que, como siempre, avrei voluto. Pero que first we take Manhattan, then we take Berlin.

Y gracias, gracias por dejarme hacer de Puk en un mundo extraño, al menos por un rato, por enseñarme cosas de mi misma que ni yo sé, por enseñarme dónde está el chisme del coche que desempaña los cristales y donde se enciende la luz de dentro, y por descubrirme el maravilloso mundo de las fotos con el móvil. Con cariño desde las tierras mayas.

miércoles, 21 de mayo de 2008

First we take Manhattan, then we take Berlin


Yo quería que pasara algo, y algo pasó. Por supuesto, las cosas nunca pasan como uno las espera, pero eso es parte de la gracia (algún día se la encontraré). Pero el hecho es que necesitaba que pasara algo que me sacara del rincón donde me había quedado varada, y ha pasado... han pasado un montón de cosas... están pasando un montón de cosas...

Estas últimas ocho semanas han sido particularmente intensas, incluso para la vida guatemalteca. Siento que hay muchas cosas todavía por venir, pero también que he hecho muchas cosas por última vez. El pasado y el futuro se han cruzado un instante que ha durado una eternidad, como en una casualidad que casi tuvo lugar...

Los grandes períodos no empiezan siempre inmediatamente después de que otros acaban, en muchas ocasiones hay un tiempo gris, de superposición, de cambio. Tiempo en el que las cosas se redimensionan, se estiran y se encogen y se recolocan dentro de la constelación de la propia vida. A veces pasa sin que uno se de cuenta, y otras, de tanto intentar ver los cambios suceder, éstos no suceden nunca... igual que la noche de Reyes, en la que parece que uno no se dormirá nunca, y parece que la mañana siguiente no llegará nunca, como si estuviera a un millón de años luz. Y entonces, en un momento, uno cierra los ojos y no los abre hasta que el sol entra por la ventana, y las mariposas vuelven al estómago.
Ha sido un largo período intentando quedarme dormida.
Pero ya me he despertado.
Ya no soy un cabo suelto.




lunes, 19 de mayo de 2008

Time to catch the train


Millones de pensamientos, después de, una vez más, las siete semanas que cambiaron mi vida.
Veo las huellas de los eventos en las cosas cotidianas (una factura, un número de teléfono marcado quién sabe cuando, un garabato en una servilleta, explicando quién sabe qué teoría de la conspiración, una mella en el teléfono móvil de cuando se me cayó intentando hacer aquella foto) y mientras pienso que la vida sigue, sin que nos demos cuenta de cuando es la última ocasión de cada cosa, sólo me viene a la cabeza el verso de Suzanne Vega...

Oh, this rain it will continue
through the morning as I'm listening
to the bells of the cathedral...
and thinking of your voice,
and of the midnight picnic once upon a time,
before the rain began....
And I finish off my coffee
'cause it's time to catch the train.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Contando horas en los dos sentidos


Porque no te puedes imaginar la tremenda casualidad que todo esto supone. Desde el momento en que pusiste tus plantas en mi espacio, las ruedas desconocidas del destino empezaron a girar. A pesar de que juré que no volvería a pasar. A pesar de que era tan claro como el agua. A pesar de todo, el ciclo de las casualidades se va a volver a cerrar.
Sólo seguí mi impulso, señor agente, nada más.
Sé que, como siempre, no voy a hacer lo que verdaderamente me apetece, porque me da miedo. Me da miedo pase lo que pase, me da miedo tenerte cerca, echarte de menos, me da miedo. Asíq eu haré lo de siempre, cerraré la boca, apretaré la mandíbula y aguantaré las lágrimas.
Sólo más tarde pensaré en todo lo que podía haber sido. Más tarde, cuando la casualidad se te haya llevado lejos para quién sabe cuanto tiempo, y los minutos devoren las sensaciones, estoy contando horas en los dos sentidos, hacia el futuro que se aleja de mi y hacia el pasado que se acerca.

martes, 6 de mayo de 2008

Un sólo instante más


Es esa mezcla tan particular de gestos y momentos, esa armonía peculiar que alcanza todo. Es esa media sonrisa.
Es el algo que ocultas y querría saber, es siempre la misma gran incógnita que se refleja tras unos ojos que me miran fijamente como retándome. Es siempre la misma gran pregunta, tras una cara tal vez diferente.
Es un gesto prestado, un movimiento imitado, una risa sincera, echando la cabeza para atrás, de persona confiada en el destino, pero que en realidad no confía ni en su propia sombra.
Es querer y no hacer, no querer y hacer, querer y no poder, o poder y quedarse mirando en unos ojos como espejos. Espejos que reflejan algo que no soy yo, pero que me atrae irremediablemente.
No sé si quiero que acabe o no. Siento que hay algo perfecto en todo esto. Y a la vez, algo indefinidamente triste y algo más, que no puedo describir con palabras, porque las palabras se secan cuando intento expresarlas a las cosas bellas pero efímeras.
Regálame un sólo instante más, sabes que no me quedaré enganchada de tu mirada como una mariposa en una tela de araña, porque sabes que no puede ser, es más fácil quedarse esperando a que la tormenta pase... sabes que algún día se me olvidará la expresión de tu mirada fija y sólo recordaré estos instantes entre nubes indefinidas e informes... Pero ahora, ahora, ahora antes del futuro indefinido, que podría no llegar nunca, regalamelo, para que lo fije en mi memoria y pueda acariciarlo mientras yo también pongo sonrisa lobuna y le sostengo la mirada a la vida.

lunes, 5 de mayo de 2008

Salvada


Hay algunos viajes que se pueden resumir con sensaciones, otros, que se resumen con imágenes, y otros, que se definen con palabras. Así que aquí estoy, sentada frente al Pacífico (que siempre añade un toque idílico, aunque hoy la mar esté muy salada y más que una playa pardisíaca lo que hay delante de mi parece una extensión de arena negra golpeada ferozmente por las olas), intentando encontrar las palabras exactas que describan todas esas otras palabras de las que se ha compuesto el viaje. O debería decir se está componiendo, porque aún no ha terminado, aún tiene espacio para otro par de historias surrealistas, como la del alacrán que nos encontramos en el suelo de la cabaña (y ésta sí era de película de terror, me río yo del hotel de París). Pero no pasa nada, dice el catalán emigrante dueño del lugar; los alacranes de aquí no son tan malos como los del Mediterráneo, a mi me han picado un par de veces y nada más que duele mucho... Afortunadamente, su buen sentido comercial le hizo ahorrarse ese comentario en la escena del crimen, a las tres de la mañana, delante de cuatro turistas histéricos.
El mar está todo lleno de espuma, y su ruido me parece particularmente inquietante esta mañana. Hace pensar en tormentas perfectas, luchas imposibles de ganar y hermosos ahogados. Hace pensar en historias de amor y aventuras perdidas en galeones hundidos y en la terrible espera sin noticias. O en la espera de las noticias que no queremos recibir, pero que llegan igualmente.
Eso es lo que significa sentirse juzgado por un standard al que llega un momento que no se tienen ganas de ajustarse. Cuando se renuncia a ajustarse a unas expectativas que no son mi mejores ni peores, sino cuadradas, en las que no puede encajar una vida que quiere ser redonda. Cuando uno por fin deja de sentirse raro entre los demás y simplemente se siente uno mismo. En el fondo, se tiene el mismo miedo que en todas las demás opciones, imagino, porque todas las opciones son pavorosas; es inmenso, el miedo a equivocarse y darse cuenta del tremendo error cinco minutos antes de pasar a una eternidad de nada.
Pero con tantas variables en juego, y siendo la persona tan limitada como es, lo único que puede hacer es decidir siguiendo sus propios medios: el instinto, la razón o el impulso. Eso sí, como el juego es tremendamente injusto, después le toca asumir las consecuencias.
Sé que en algún lugar me espera una casita con vistas, en la que poderme sentar tranquilamente a mirar por la ventana, a barajar recuerdos y ponerlos en negro sobre blanco, cuando años después de sucedidos los eventos, las palabras vengan a mí, siempre mucho más lentas que las acciones. El ínterin, es lo de todos los días.

Después de este fin de semana de palabras, unas más reveladoras que otras, unas más afiladas que otras, unas más cargadas de significado que otras, no ha cambiado nada, pero todo me parece diferente.


P.S. A los lectores empedernidos: mirad más abajo, que he alterado el orden de las entradas, que el miércoles pasado no podía del sueño. Y la crónica del viaje al torneo, proóximamente, carga de trabajo mediante.

jueves, 1 de mayo de 2008

Cajón de sastre


Este es el enésimo post que empiezo con la idea "hace mucho que no escribo"... y la verdad es que con esa frase lo que quiero decir es que pierdo cohesión, porque se me escapan los momentos de inspiración, aunque debo decir que son pocos, porque el trabajo lso absorbe todos.
Cuando hace tiempo me proponía enamorarme de mi trabajo, nunca imaginé que iba a ser una relación tan absorbente. Claro, que es lo que tienen las obsesiones.
Me parece que es una buena solución la que ya adopté en una ocasión de los varios post en uno... lo siento por lo que esperabais la frecuencia de antes.
Por cierto, que echando cuentas rápidas, me he dado cuenta de que la frecuencia de mi blog es, en media, de dos post por semana...
Vamos al grano:
- Terapias varias y varipintos, sorprendentes y peregrinos resultados.
- De cómo probarse a sí mismo hasta el extremo.

Si aún no he logrado echaros de esa mi humilde página, seguid leyendo.
Por cierto, que estoy llegando al punto al qeu yo jamás pensé que llegaría, que es el de no responder mails (los leo ávidamente, però).

Terapias varias, y variopintos, sorprendentes y peregrinos resultados


Después de años de no creer firmemente en algo, de repente encuentras a alguien que te lo explica y mágicamente, recuperas la fe. Da igual en qué, en las personas, en los sueños, en los ángeles, en la composición de los alimentos light... el caso, es que te cambias de bando. Entonces, te vuelves un converso, que es mucho peor; pero de eso hablaremos otro día...
Yo no creía en la terapia. Lo decía por decir, para referirme a las situaciones en las que las chicas nos contamos nuestras penas (porque mientras que las penas sí se merecen una terapia, las alegrías solo se merecen una llamada alegre!) y nos desahogamos poniendo verdes a varias personalidades.
Pero, después de un fin de semana hablando, me he convencido. Es más, tengo la prueba sacrosanta de que la terapia que estoy practicando, funciona. No os puedo contar los detalles, porque soy supersticiosa (en algo hay que creer) y si lo cuento, va a dejar de funcionar. Pero está funcionando.
Por ejemplo: me he dado cuenta de que hay muchas cosas que pensaba que eran culpa mía, que en realidad no lo eran. Y, sobre todo, estoy empezando a sumar la cantidad de veces que no he hecho cosas porque pensaba que a alguien no le iban a gustar, y esa persona nunca lo ha sabido ni apreciado. Empezando por aquí mismo. Todas esas costumbres que en realidad nunca fueron mías, toda esa falsa complicidad porque lo que en realidad pasa no es que compartiéramos nada más que lo que el resto del mundo, sino que yo soy adaptable. Me siento enfadada conmigo misma por la cantidad de veces que no me he permitido decir o hacer algo. Me alegro de que las cosas hayan salido de manera que yo pueda darme cuenta de esto ahora. No puedo pedir mi tiempo de vuelta, pero desde luego, puedo no hacerlo nunca más.
No eres un espejo en el que mirarme.
¡No te echo de menos porque esa no era yo! Y tampoco merece la pena que tú me eches de menos a mi...

What's the matter Mary Jane, you had a hard day
As you place the don't disturb sign on the door
You lost your place in line again, what a pity
You never seem to want to dance anymore

It's a long way down
On this roller coaster
The last chance streetcar
Went off the track
And you're on it

I hear you're counting sheep again Mary Jane
What's the point of trying to dream anymore
I hear you're losing weight again Mary Jane
Do you ever wonder who you're losing it for

Well it's full speed baby
In the wrong direction
There's a few more bruises
If that's the way
You insist on heading

Please be honest Mary Jane
Are you happy
Please don't censor your tears

You're the sweet crusader
And you're on your way
You're the last great innocent
And that's why I love you

So take this moment Mary Jane and be selfish
Worry not about the cars that go by
All that matters Mary Jane is your freedom
Keep warm my dear, keep dry

Tell me
Tell me
What's the matter Mary Jane...

Mary Jane, Alanis Morrissette.

Y si, estoy enfadada; contigo, conmigo y con el mundo, porque entre los tres dejamos que la cosa llegara donde llegó. Pero a pesar de estar enfadada, me quiero mucho más ahora que antes. Así que no te molestes en volver.

De cómo probarse a sí mismo hasta el extremo


El otro día me preguntaron, cual es la razón que tiene una persona para dejar una vida cómoda y largarse a un lugar de África a trabajar.
En el momento, di una respuesta standard, pero horas más tarde, después de haber subido y bajado un volcán, que siempre ayuda a redimensionar las cosas, encontré mi verdadera respuesta. Al menos por ahora.
Probablemente hay muchas razones, y ninguna de ellas está fuera de la dsifuncionalidad, porque la mayor parte de la gente de este planeta prefiere pasar la vida cerca del lugar donde nació, o al menos en un contexto parecido. Hay gente que muere por eso, y que mata, todos los días, en muchos lugares del mundo. Luego estamos los demás, un porcentaje reducido que prefiere abandonar el lugar seguro donde ha tenido la suerte de nacer... lo cual no quiere decir que allá no les pueda pasar nada, porque los camiones atropellan indiscriminadamente (si bien la falta de frenos en condiciones asociada a los países en desarrollo suele estar directamente relacionada con la mayor probabilidad de que te atropelle un caminón en, pongamos como ejemplo, Guatemala).
Pero, todo esto, no os confundais, va muchos pasos más allá de la generosidad, etc... de hecho, encuentro que es una razón muy egoísta, que puede que sea el miedo a desaparecer sin haber visto nada real. O peor, sin haber tenido nunca la sensación de estar viendo algo real, porque puede haberse visto y no haberse uno dado cuenta.
Seamos sinceros, yo siempre quise ser Indiana Jones, no Bridget, y es por eso exclusivamente que estoy aquí, porque sé que me seguiré probando a mí misma hasta ver si estoy de verdad hecha de esa madera. Me seguiré probando hasta que el miedo frío y pesado en el estómago sea más fuerte que la satisfacción de haberlo vencido. Porque la vida no sólo es corta pero ancha, y complicada, además, da miedo porque está llena de lagunas de información y riesgos ocultos... Hasta que aguantar cinco minutos más sea no valentía, sino sólo una locura.