domingo, 23 de mayo de 2010

Temprano

Siempre en el mismo orden, aunque yo no me doy cuenta, porque estoy siempre medio dormida: Hnm.... tengo sueño....
Venga, pero ya es la hora de levantarse.
Cinco minutos más...
Eso ya me lo has dicho catorce veces y vas a llegar tarde...
Pero es que hoy no quiero ir a trabajar...
Bueno, pues no vayas...
¿los refugiados no se han ido durante la noche?
No, no se han ido. Hay que ir a trabajar, no queda más remedio.

Que pereza por la mañana, da igual si he dormido ocho y ochenta, lo que no me gusta es que me despierten, aunque depende de quién sea quien te despierta: no es lo mismo un despertador que unas manos amables.
Recuerdo que cuando era pequeña mi madre siempre me decía: ¡venga, que se pasan los minutos! Desde entonces se me ha quedado esa sensación de que los minutos son como gotas de agua que se cuelan entre los dedos. Y aquí, se pasan como más deprisa, será que además, el calor los hace evaporarse.
Ahora mi pobre sinpapeles se resigna a responder mis preguntas una detrás de otra en el mismo orden todas las mañanas. En los intervalos de cinco minutos, prepara el café, le da de comer a Aquiles y a los gatos y riega las plantas. Eso es amor verdadero, y no las películas.

viernes, 21 de mayo de 2010

Ganas, ganas, ganas de escribir!

Creo que he explicado este proceso muchas veces: es raro cuando ganas de escribir, inspiración y tiempo se juntan. Sólo entonces, tiene lugar la magia de plasmar las ideas como quieres sobre el papel, o dentro de la pantalla, o donde sea. Si no, pues salen pifias.
Tener ganas de escribir e inspiración pero no tener tiempo, es frustrante, como tener hambre y pasar por delante de un buen restaurante pero no tener un chavo. Tener ganas de escribir y tiempo es como pasar delante del buen restaurante pero con una diarrea galopante que te impedirá pedir cualquier cosa de las que hay en el menú. Tener inspiración y tiempo y no tener ganas de escribir es como un largo domingo apático en ese momento en que te das cuenta de que ya son las nueve y media de la noche y mañana trabajas.
Bueno, en mi caso yo normalmente ya he trabajado todo el día.
La última vez que vine de la piel de toro, me vine con un cargamento de libros en la maleta, muchos de ellos seleccionados casi que al azar por su título más o menos evocador. Evidentemente, me he traído muchas mierdas. Me molesta profundamente la gente que escribe libros malos, porque no hay ninguna necesidad. Abultan, cogen polvo y se utilizan árboles del Brasil para imprimirlos. Y luego, lectores inocentes como yo, los compran porque tienen un título interesante y quedan decepcionadísimos.
Claro, también es culpa mía, porque además de escogerlos por el título y leer la sinopsis, a veces me dejo llevar por el comentario del Times de South Hampton ha dicho: "Lo mejor que ha parido madre desde la sangrienta serie para adolescentes de Fulanita Menganez!" Y no es que me crea el comentario: más bien me compro el libro para poder tener razón al llevarle la contraria: pues menudo bodrio y menudo criticucho debe tener ese periódico. Claro, nunca lo sabrán, porque no tengo tiempo de escribir a los periódicos a llamartes idiotas a todos muy educadamente. Y desde luego razones no me faltarían, porque se publica cada noticia...
Pero no me quería meter con los periódicos, sino con los libros, y en particular con las editoriales.
Hace poco leí una entrevista donde un falsario de un editor decía que los libros en red no acabarán con los libros en papel (en eso estoy de acuerdo, porque al que de verdad le gusta leer, le gusta oler el libro y tocar el papel), y que (aquí comenzamos a disentir) el problema de la publicación por internet es que la editorial pierde su rol, y que el papel de filtro de las editoriales no lo suple nadie y es importantísimo.
Vistas las mierdas que se publican, no sé a qué papel de filtro se refería este señor. A no ser que filtro sea publicar los libros que están de moda este año: ahora están de moda los libros sobre vampiros (otra vez), seguimos con las improbables conspiraciones de tipo histórico con títulos que ya rozan la estupidez más absoluta (estoy esperando El secreto Inca de los Rolling Stones), y todo tipo de disgresiones más o menos obsesivas (o conspiranoides) sobre la crisis mundial y su relación con el fin del mundo. Más los sempiternos libros de jardinería y cocina que tanto nos ayudan en la decoración de un hogar.
Las editoriales filtran igual que filtran las casas de discos, pero para mal. Hay, que haberlas haylas, editoriales serias que todavía son fieles al lector inteligente, pero las pobres irán desapareciendo, porque su público es cada vez más reducido (gracias a la ESO). Así, tenemos el Código da Vinci, que es a la literatura como Bisbal (o cualquiera de sus mucho menos célebres colegas de concurseo) a la música.
Todo ello, por no ponerme, en el colmo de la redichez, a citar innumerables ejemplos de libros que nadie quería publicar en su día.
Eliminamos el papel de filtro de las editoriales, y que nos queda: que va uno a la librería de turno y no encuentra más que bazofia a la moda seleccionada por algún señor en un despacho oscuro. El entrevistado en cuestión decía que el problema de la democracia de la publicación es que ahora también puede publicar Pili la del pueblo, que no tienen por qué ser buena. Claro, igual que Dan Brown no es bueno y aún así le publican. Ante el dilema, prefieron que me den a elegir entre Pili la del pueblo y Dan Brown, porque a lo mejor me gusta más lo malo conocido que lo malo extranjero.
Lo que no ven las editoriales, igual que no lo ven las casas de discos, pero que sí lo han visto las marcas de ropa (quizá porque la cosa fue más lenta) es que no se puede parar la descarga por internet y la publicación por internet, pero se pueden buscar nichos de mercado y ofrecer servicios de calidad. Porque yo, que soy una buena lectora, podré leer sin compromiso a Pili la del pueblo por internet, pero me compraré en libro lo que salga de uno de mis buenos autores preferidos, sin leer ninguna cita extraña del Times de South Hampton, porque sé que es bueno y será probablemente interesante (aunque a veces me equivoque). Es más, si la encuadernación es buena, a lo mejor hasta me lo compro en tapa dura. Y mientras tanto, en lo que va de aó me he comprado varios libros al tuntún, por comprobar, cosa que seguramente no repetiré; pero me he bajado muchísimos más de internet!

En conclusión: ojalá se escribieran los libros sólo los libros que alguien tiene necesidad de escribir y si la democracia literiaria lleva a que se publiquen bazofias, por lo menos que me las dejen elegir a mí!

domingo, 16 de mayo de 2010

Se busca señora de la limpieza que no sea una decoradora frustrada

O sea. Porque después de varios meses de sufrimiento, he llegado a la conclusión de que ése es el asunto.

Llegas a casa, cansado, decides hacerte una tortilla francesa y meterte en la cama, y primero, no encuentras los huevos, después, no encuentras la sartén, cuando has logrado descubrir que los huevos están donde antes estaba la leche y la sartén donde antes estaban los trapos de cocina, descubres que no hay aceite, sino que donde debía estar el aceite, solo hay una botella de Coca Cola que debe llevar ahi más de catorce meses porque ya habla sola. Cansado de buscar, decides que mejor te vas a la cama. Cuando entras al cuarto, descubres que la cama no está, en su lugar alguien ha colocado la mesa de la habitación pequeña. Te sientas en la mesa, que afortunadamente es bajita, y reflexionas.

¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Hay quien me ha llamado maniática algunas veces, y lo reconozco sin vergüenza ninguna, soy una maniática. Hay formas más agradables de decirlo, claro, como por ejemplo, que en mi casa mando yo y pongo las cosas donde me da la real gana, que para eso pago el alquiler. Incluso, que me molesta que me las cambien de sitio, porque luego no las encuentro. Diga lo que diga mi madre (que la conozco, y algo dirá) en general no soy una persona desordenada (todos los adolescentes crecen con esa creencia/complejo, porque en realidad nunca son tan ordenados como querría su madre! En algunos casos, no obstante he cierto, y si sé que no soy desordenada, es porque los he conocido!), aunque sí soy en general, descuidada: o sea, saco una cosa y luego me da una pereza tremenda guardarla, pero en el fondo en el fondo, sé que tiene su sitio y eventualmente la guardo (cuando ya su visión me molesta). De hecho, generalmente mi casa no está desordenada, a pesar de estar ab so lu ta men te llena de cosas (y de eso puede dar fe cualquiera que haya venido a cualquiera de mis casas).

De hecho, he comprobado que si bien antes era mucho más ordenada para los estudios que para mis cosas, ahora es más bien al revés, y tengo más en orden mi casa que el trabajo. Eso sí, soy metódica y siempre lo he sido.

En lo que estaremos de acuerdo es en que no hay nada peor que llegar reventado del trabajo, de haber estado luchando contra los elementos (porque esa es la sensación que tengo mucho días al llegar al hogar, a veces los elementos naturales y a veces sólo elementos y elementas) y encontrarte con que tienes que pasar media hora buscando una puñetera sartén. Y encima, encontrarla detrás de todos esos platos que tienes en la cocina pero que nunca usas, y que por eso y no por ninguna otra obscura razón, tú los guardas al fondo.

Piensas: sólo pasará una vez. Cada uno tiene sus cosas y esta buena señora no sabe qué platos utilizo. Hasta que se acostumbre. Pero no, la señora de la limpieza en particular, tiene mucha iniciativa, y ha decidido que no le gusta cómo colocas los libros, sino que es mejor colocarlos todos de canto pero por el lado de las hojas. Así, si en vez de hacerte una tortilla decides echarte en la cama a leer un libro, pues te tiras media hora buscando el libro.

El caso es que busques las cosas. Así las aprecias más.

Y direis: además de una maniática, es una exagerada! No, ahi os equivocais, porque os doy ejemplos reales de cosas que me han pasado:

- Dónde está el disco duro externo del ordenador? Dentro de una maleta. Tiempo perdido: dos días, y lo encontramos ya sin muchas esperanzas.

- Dónde demonios están los platos de los spaghetti? Detrás de la caja de las cosas de limpiar. Escondidos, pero brillantes, eso sí. Espero que no nos intoxiquemos con la pasta, porque creo que el insecticida se sale.

- Dónde está la alfombra del salón? Encima de la cama, porque alguien ha echado a lavar las sábanas que cambiamos antes de ayer y ha puesto la alfrombra en su lugar. Tiempo perdido, sobre todo en estupor, considerando qué le ha pasado por la cabeza para hacer tamaña tontería.

- Dónde está la tortuga: uy, no sé, yo ya he dejado de buscar, porque no quiero ni saberlo si ha acabado detrás del horno.

Después de la fase de: pero esta mujer, en qué piensa cuando la dejamos sola en casa? Pasas a la fase de: "es culpa mía porque no le dejo instrucciones!!" Pero te das con el segundo escollo de las relaciones con señoras de la limpieza que, además, no hablan el mismo idioma que tú: son inmunes a los adoctrinamientos.

"No me mojes las alfombras del pasillo cada vez que vienes, que son de madera y te las vas a terminar de cargar". ¿Dónde estás las alfombras cuando llegas? En el patio, secándose al sol.

"No cambies todas las cosas de la cocina de sitio cada vez que limpias, por favor". Dónde está el aceite: donde antes estaban los vasos. Y los vasos? Donde antes estaba el periquito. Y el periquito????

Hoy cuando he vuelto a comer, sólo me he encontrado redecorada la habitación: las mesillas cambiadas, la lámpara de la mesilla en la mesa del pasillo, y la cama pegada a la ventana. A lo mejor esta mujer es maestra Feng Shui y sólo nos quiere lo mejor...

PS: Lo cierto es que ya, creo que nos haga lo que haga esta señora y después de experiencias anteriores (léase mujeres que nos robaban los cuchillos de cocina y que se dejaban los grifos abiertos con sconsiguientes inundaciones), nos aguantaremos sus arranques decorativos...

Ningún animal fue maltratado durante la escritura de este post.