lunes, 18 de agosto de 2008

Obtener un si


Si las relaciones humanas fueran más complicadas, estaríamos mejor
solos. Si fueran más fáciles, sería demasiado aburrido. Eso, lleva, en el punto medio entre dos extremos, a un equilibrio de mayor o menor estabilidad cuyo centro magnético cambia constantemente.

Nunca conocemos a las personas, da igual cuánto lo intentemos. Pero el hecho, es que es divertido intentarlo. Porque, aunque me acuseis de cursi como me acusaron la otra noche al decir esto mismo, lo importante no es el destino, sino el viaje. Lo importante es intentarlo, sobre todo, porque en esta competición, no se gana nada; no es que por el hecho de conocer más o menos a otra persona, no va a hacer algo que se sale de lo que siempre has esperado: por eso las personas son interesantes, porque en el fondo, son imprevisibles. Y el que diga lo contrario, no conoce personas suficientes.

Pese a no llegar a conocer nunca a nadie, siempre se pasa por los mismos lugares: después, las relaciones cambian, se transforman, a veces incluso desaparecen, o se decoloran: es curioso cómo podemos olvidar los detalles de cosas que antes nos parecían esenciales. ¿A qué le tenía alergia fulanito? ¿O menganito, con quién se peleó terriblemente? Preguntas que en otro momento hubiéramos contestado sin dudar, se nos hacen borrosas e inoportunas. Siempre los mismos sentimientos con respecto a otras personas, expresadas cada vez de una manera diferente: el interés, el miedo del otro, la confianza, la comprensión y la complicidad... y su expresión más brillante, la última, la que recordaremos siempre. Un siempre que puede durar un fin de semana, dos años o una eternidad.

Por eso, es mejor no mentir, es mejor no decir nada que no sea estrictamente cierto, no acelerar ningún ritmo natural, no alzar la voz más de lo razonable, porque ya ha sucedido demasiadas veces, ya el norte se ha movido en tantas ocasiones... es mejor no dar vueltas a aquello que debería poder leerse en un sólo sentido. Eing, error. A aquello que se lee en un sólo sentido.
Disculpas, es parte de mi nuevo yo, que en realidad es mi antiguo yo... es difícil de explicar...
Señor agente, es que estaba perdida, y me he encontrado, y a veces se me olvida que las cosas son siempre mucho más sencillas de lo que parece, pero es sólo una enajenación mental transitoria.
Lo curioso es que a veces, uno vuelve en sí con sólo un par de preguntas.
Sí, lo sé, no estais entendiendo nada... no os preocupeis. No es grave. Desvelaré el secreto a su debido tiempo...
Dos comentarios de esta semana que se termina me han hecho volver en sí del todo, dándole el toque final a la transición: no vale la pena que los incluya aquí, porque fuera de contexto no se entienden, y no estoy segura de poder explicar el contexto. A veces, no es la frase, sino el gesto con el que te la dicen. La mirada que acompaña las palabras. Y es esa cualidad exactamente la que constituye el momento a recordar. Para siempre.

Veo delante de mi caminos que se separan. Hace tiempo que dejé de pensar en las baldosas amarillas, creo que fue al mismo tiempo que dejé de pensar en la vida enlatada. A veces, aún me causa un cierto malestar pensar en ellos, pero es más una antigua costumbre que otra cosa; como dejar de morderse las uñas, o fumar. Todavía me gustaría tener una bola de cristal que me dijera cuál es la mejor opción, pero la verdad es que es hora de empezar a tener en cuenta toda la información disponible a la hora de tomar decisiones. Pero qué apetecibles son todos los caminos cuando la carga es ligera y el día es soleado.

Y ahora, os dejo con una canción de Shakira, a la que todavía no le había encontrado sentido, aunque sabía que en elgún momento lo haría...


Ay, ay, como muero por ti
Como poder olvidarme
Basta que mandes flores
Para que me enamores
Para obtener un si

Ya tengo ojera de tanto mirarte
Y lo peor es que aun me quedan tantas ganas de...
Esperarte
Hasta que entiendas que

Te quiero porque eres claro
Como la planta de mis pies
Como el amor después de hecho
Como tu voz y tu piel

Ay, ay, como muero por ti
Como poder olvidarme
Basta que mandes flores
Para que me enamores
Para obtener un si

Te quiero porque eres claro
Como la planta de mis pies
Como el amor después de hecho
Como tu voz y tu piel

Ay, ay, como muero por ti
Como poder olvidarme
Basta que mandes flores
Para que me enamores
Para obtener un si


Obtener un si.
Shakira

jueves, 14 de agosto de 2008

De la información


Ayer venía oyendo en la radio que han publicado un libro en el que se dice que la prensa es el cuarto poder... menudo hallazgo. No quiero ser escéptica, pero espero que el autor no vaya de innovador (por estos lares hay una increíble tendencia a inventar el agua tibia, como dicen; o el agua azucarada. En Europa, mucho más expeditivos, decimos la rueda), porque la idea no tiene nada de nueva. La prensa libre (que no la Prensa Libre, que es el periódico de mayor circulación de este mi país de acogida), puede ejercer como control de los otros tres poderes del Estado (y viceversa, imagino), así que es el cuarto poder.
Lo que nadie dice, son las condiciones necesarias para que esto se de. Es decir, ¿qué es una prensa libre? Y me perdonareis que ejerza de socióloga de pacotilla, pero es que conozco muy pocos medios de comunicación libres... y no es sólo por mi lugar de proveniencia, donde tienes que leer cuatro periódicos en papel, tres más en internet (o al revés), oír tres cadenas de radio y ver algún medio internacional para poder hacer siquiera una somera idea de lo que ha pasado. Eso, además con la sempiterna declaración como testigo cualificado de la vecina del quinto (porque entre todos, sabemos más que Dios).

Partamos desde lo ideal: lo ideal es un medio de comunicación en el que peridistas informados transmiten las noticias a su público de una manera lo más imparcial y detallada posible. La realidad es que los periodistas la mitad de las veces no saben de lo que están hablando, se limitan a repetir tópicos oídos hasta la saciedad (como por ejemplo que la inflación aumenta, lo cual es de todo punto imposible, señores periodistas, lo que aumenta, en todo caso, son los precios), y lo único que hacen es desinformar al público en cuestión. Y eso sin pensar en cuando desinforman a posta, que sucede más de lo que creemos.

La segunda condición (y esto lo explicaba también el insigne profesor de la radio ayer) consiste en la legitimidad: el periodista es legitimado para transmitir información por su público (que parece ser, sólo la obtiene a través de él (o ella, tengamos enfoque de género)), y a su vez, por eso la transmite... es como la pescadilla que se muerde la cola. Perdón, pero yo no legitimo a la gente que sale en las noticias diciendo que la inflación ha subido un 12%, porque es mentira. Y si me mienten con eso, que es tan fácil de comprobar con sólo mirar la RAE, qué no me dirán de astrofísica, campo en el cual me imagino que la RAE no ha metido tanto las narices todavía. De cuarto poder, nada. Más bien, cuarto estorbo.
Nos pasamos la vida echando la culpa al empredrado: que si la gente no lee, no ve más que el Gran Hermano en la tele, etc... pero vamos, que la oferta no se queda manca: noticias tergiversadas, dadas con un afán demagógico milnovecientosochentaycuatroero que da miedo, la más veces irrelevantes... y lo peor es que ya no lo hacen ni sutilmente, porque la gente es tan proterba (utilizando ese bonito insulto que D tuvo a bien enseñarme cuando nos conocimos), que ya le da lo mismo. Ve o lee el medio de comunicación que toque, de acuerdo con sus packs de creencias: por favor, yo soy rojo-ecologista-progresista-anarquista-feminista y activista... o yo soy fachoso-pijo-ultraconservador y antitodo. Claro, sin una opinión crítica, nunca tendremos buenos medios de comunicación; y sin medios de comunicación, tampoco podemos pretender que la masa de la gente tenga una opinión crítica.
Nos estamos convirtiendo en 1984, pero con menos gracia, porque no hay nadie que nos lo imponga: lo estamos pidiendo a gritos. Cuanto más veo la de derechos que no existen en este país, más rabia me da que la gente los tenga y no los ejerza. Borregos, nada más que borregos que nos merecemos lo que pase.

Y encima, lo único que me gusta de las noticias, que son las de agosto, no salen este año. Este año, nada de noticias marginales, escritas por amorosos becarios; sólo hay Olimpiadas, medalleros, invasiones rusas... y la noticia del año que son las brutales palizas (que no palizas brutales, al poner el adjetivo delante, somos más sensacionalistas, lo deben enseñar en tercero de periodismo) propinadas a inmigrantes de segunda generación. Y de la sustancia, mejor hablamos otro día, porque hoy estoy ya de suficiente mal humor con los medios de comunicación como para ponerme a hablar de tanto hijoputa que anda suelto.

miércoles, 13 de agosto de 2008

El final de la transición...


... es una hoja en blanco, un ordenador recién formateado, el suelo mojado después de la lluvia, la calle de una gran ciudad en la que apenas está amaneciendo. Un espacio vacío hacia el que mi energía fluye inexorablemente.
Todas las dudas, las preguntas sin respuesta se quedaron tras la puerta que cerré tras un arduo esfuerzo. Y después del ruido atronador, llegó el silencio, y estoy segura de que puse cara de sorprendida cuando oí mis propios pensamientos. Es mi vida, me decían: sola, exclusiva y totalmente mía.
Llegó el momento en que las tres ruedas coincidieron en el mismo punto al girar. Sólo que yo esperaba que las cosas siguieran girando, diciendome en susurros lo que tengo que hacer... y en vez de eso, se han quedado paradas, cerrando la combinación de esa puerta que ahora tengo detrás. Pensaba que iba a tener miedo, porque de tanto tenerlo, me había acostumbrado. Y resulta que ya no lo tengo: lo que tenía era miedo a cruzar la puerta, no a lo que había detrás de ella. Nunca hubo monstruos más allá del umbral; era antes, donde estaban: la decepción, las manías, la frustración, la rutina, el miedo al ridículo, el desprecio la tensión... probablemente volverán, porque el ser humano es mezquino (y algunas veces, ciertamente idiota), pero aún no.

Hizo falta un largo y extraño camino para llegar hasta aquí. Dejé atrás una gran cobradía, un gran sueño que al romperse, me enseñó que la vida está reñida con los cuentos de hadas, una ironía de proporciones casi casi bíblicas y el desencanto y la amargura que llega con él, y el vacío que provoca descubrir la realidad desagradable debajo de las cosas que parecían tan bellas.
Aprendí dos cosas, que los momentos mágicos se reinventan a sí mismo, y que es mucho más difícil reírse de uno mismo que llorar por uno mismo.

Muchas cartas para un tarot que me ha desordenado y reordenado la vida:

Primero fue la rutina: cuando pasó, todo parecía muerto, como la tierra quebrada después de cien, de mil años de sequía. El desierto más absoluto, bajo el sol sin nubes de la última duda despejada. Mucho más tarde, la rabia de haber dejado que pasara...
Después llegó la desconfianza, simbolizada en mi tarot particular por el hombre perfecto. Los seres humanos nacemos tan confiados como simples; una vez que nos han dejado caer de espaldas, aprendemos a mirar por encima del hombro a quien nos debería sujetar... sobre todo, porque no siempre surgen de la nada esos famosos brazos.
En tercer lugar, llegó la vuelta a la realidad, y ése es el quid de la cuestión, porque resulta que mi realidad no es a la que vuelvo, sino de la que salgo para volver a la de alguien más. Y curiosamente, de lo irreal salió lo real.
Desde el frío llegó una duda existencial a resolver las mías. Así, por ósmosis, sin transición, en una sucesión de escenas inconexas pero que al final parecían tener sentido... como un vendaval, que me sacudió y me hizo ver mi vida desde fuera, con la mirada desinteresada del observador casual, con el desapasionamiento del viajero del metro que lee el periódico por encima de tu hombro. Y descubrí que no solo me gustaba, sino que además es objetivamente interesante.
Regalándome un momento de ironía incomparable, el hombre de mi vida llegó dispuesto a desmostrarme que no lo es, sin, por supuesto, conseguirlo, no sólo por el hecho de que yo siempre tengo razón, sino porque hay que cosas que, afortunadamente, no son relativas. Y el hombre de mi vida salió de ella una vez más, dejando tras de si una canción triste, pero ninguna duda.
Y ahora, las ruedas se han parado, sopla una ligera brisilla y todo parece en calma. Quedan decisiones que tomar, muchas decisiones, pero ya no parece que se acerquen a mi a toda velocidad. Quedan viajes por hacer, con objetivos sin determinar; quedan noches sin dormir y días de vino y rosas, quedan muchas dudas por tener y resolver; quedan muchos caminos cruzados que resolver. Y quedan conspiraciones varias que tramar con espías de bando indeterminado. Que son los que siempre me gustaron, porque si desde el principio sabes quién es el malo, ¿qué gracia tiene?

sábado, 2 de agosto de 2008

Consolidación

Este año que ha empezado tan bien (parece que fue ayer), con tantos cabos atados, igual me lleva a un momento en el que haya escasez de cabos. Momento en el cual será preciso empezar a anudar o desanudar los nudos más gordos (como aquel que contaba Filomenito de su extraña pero aleccionadora mili en el Aaiún). Como yo siempre me he caracterizado por hacer las cosas bruscamente, creo que es hora de que empiece a trabajar sobre una cualidad de mí y de mi vida que resulta muy frustrante, aunque no suele ser peligrosa, y que viene a ser la continua división de las cosas (tengo que buscarle un nombre mejor, pero me perdonareis, me encuentro perdida en un hotel de Retalhuleu (si no lo he escrito mal) donde hay internet, pero no cobertura de celular)
O sea, que si no estudiaba dos idiomas a la vez, o dos carreras, o tenía dos grupos de amigos, o dos planes para cada fin de semana, no era feliz. Ahora, he logrado encontrar una salida productiva a esta afición mía por lo múltiple y simultáneo, que es el hecho de ser multitask en mi trabajo. Dicho sea de paso, y aprovechando que estoy en una misión de género, es una cualidad muy femenina. Para todos los que alguna vez habeis dicho que yo no era femenina.
Decía que ahora que he encontrado una salida para toda la energía paralela que tengo.
En realidad me daba vergüenza escribir el mensaje de "fuera por vacaciones", ese mensaje automático que te da tanta rabia recibir de vuelta cuando mandas algo importante, porque la referencia había cinco personas de referencia. Las cuales, no estaban demasiado enteradas de mi trabajo, creo... pero eso es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión. 
Afortunadamente, el santo mensaje creo que nunca llegó a funcionar. Misterios de la informática. 

El caso es que aquí estoy, haciendo cosas que nunca pensé que haría (y disfrutando haciendolas),  pensando cosas que nunca pensé que pensaría, y escribiendo cosas que nunca pensé que escribiría... así es la vida. 
Un nuevo propósito no de año nuevo. A partir de ahora me voy a unificar en cuerpo y alma: se acabó dos cosas, la vida es una sola... o es que en realidad éramos gemelas y absorbí a mi hermana cuando eramos embrión? Eso explicaría muchas cosas.... pero ya estoy desvariando.