viernes, 25 de julio de 2008

Vacaciones


Y a lo mejor ahora me quedo con un palmo de narices, pero la verdad es que me da igual. Tres semanas de vacaciones (merecidas, creo que lo dijo hasta mi jefe), y mi vida con posibilidades de estar mucho más ordenada a comenzar no desde el primero de enero, sino desde el primero de agosto (o desde finales de julio). Si es que es verdad que la vida es lo que te pasa mientras tu intentas hacer otra cosa. De cuan fehacientemente lo intentas, depende que las cosas que te pasen sean más o menos surrealistas (aunque esto es una regla general con notables excepciones).
Que me lío, no era esto lo que yo pretendía decir.

De hecho, las cosas que decir se me agolpan en la cabeza, porque después del viaje de las vacaciones (que tal vez no será el mejor viaje, ni el más esperado, ni el mejor organizado, pero ha sido bastante bueno, la verdad, como esos días en que uno sale a tomarse una y vuelve con el sol, considerando si comprar o no churros para toda la familia, que aunque contenta de verlo volver, igual se cisca en todo por ser despertada a las ocho de la mañana en sábado, aún con tan agradable manjar), encima he estado leyendo, y ando con la inspiración amarrada a la cabeza. (Cada vez hago paréntesis más largos y con menos relación, me sé de una que debería leerse un buen manual de estilo, las recomendaciones serán bien recibidas).

La verdad, creo que este año, que tenía yo la espina de que iba a ser bueno, pasará a los archivos lilithianos como el año de quitarse pesos de encima (lo cual, viene a añadir una interesante parte literal al asunto quiere decir que me tengo que poner a dieta YA). No sé si me queda alguna remota y pasada historia que cerrar, pero después de solucionar problemas de relación humana, atar cabos y poner las cosas en su sitio, me siento como quien se sienta en el suelo del salón después de haber sacado todos los muebles y pintado las paredes. Cansada, pero satisfecha del resultado (y eso que creo que he dejado cada pared de un color).

Y las vacaciones, las sagradas vacaciones que hasta este año no había yo nunca entendido por qué son una cosa tan necesaria. No desconexión, porque seamos sinceros, que hay un par (o más) de cosas que me han seguido dando vueltas por la cabeza todos estos días, sino para al menos, recuperar el sentido del orden y la dimensión de las cosas, y para admitir que soy adicta al trabajo. Al menos, para coger aire, vamos. Que ya ni respiraba y no me había dado ni cuenta.
Otra cosa que he entendido (que en puridad, entendí casi en carne propia en El Salvador en mayo) es cómo la gente se ahoga en la playa... pero eso, es harina de otro costal, y a falta de foto espectacular de S en el momento exacto, creo que se quedará sin explicar. Moraleja: el mar es traicionero hasta con bandera verde, no digamos con la amarilla (y yo digo estas cosas, tranquilamente, tierra adentro).

Qué contar de las vacaciones... es difícil... y últimamente he contado tan pocas cosas... este viaje a Portugal, como decía, ha sido divertido, ha habido momentos estelares de todos los integrantes de la panda, y me atrevo a decir que no se han cortado tantos trajes como en anteriores ocasiones. Deja un buen recuerdo porque además, cierra un par de ciclos, que como las ruedas del calendario maya, giraban a distinto ritmo para ir a coincidir en el momento de cierre.

Las cosas que se quedan de recuerdo:
- El misterio del pez espada: qué es un peixe espada y por qué llaman espadarte al pez espada de toda la vida?
- Los indios que venden cosas por la calle, harían mejor en vender bocadillos, porque los españoles no compramos cosas de ésas (a pesar de los dos patos que se han venido en la maleta).
- Si tienes tabaco en la mesa, no puedes negar un cigarrillo sin que te echen una maldición gitana.
- No hay que fiarse de los ciegos que no son ciegos, incluso aunque no lo parezcan.
- El doble dedo es internacionalmente conocido, a pesar de que aún no sabemos si la rubia aquella era teutona, italianini o sólo paleta.
- Easyjet no es de fiar, creo que a la azafata aquella le dedicaré una entrada en exclusiva, porque marcó un antes y un después. Eso, y la faceta broncas de la Dispensadora de Drogas Legales. Tres horas de espera sin información en un aeropuerto le hinchan las narices al más pintado.

Dicho todo lo cual, obrigadA para con mis lectores, me despido para hacer tranquilamente la cuenta atrás de las verdaderas vacaciones, comprar los últimos aperos necesarios para la vida en el Nuevo Mundo (no me voy a ir sin pertrechar de jamón, como ustedes comprenderán) y terminar de lucir mi fantástico moreno por esta noche madrileña que no tiene parangón en el mundo entero. Se ponga NYC como se ponga.
PS: Por cierto, feliz día de Santiago a todos los afortunados.

viernes, 11 de julio de 2008

El espía que sabía sonreír


No fui yo, señor agente, es que me hice la pregunta mágica cuando debía hacérmela, y aquí me tiene usted, por haberla respondido...
Eso dicen todas, respondió él con sonrisa de medio lado, y al final, añaden que no recuerdan qué pasó después.
Sólo quería resaltar un par de cosas, que me parece esencial resaltar a estas alturas del proceso:
Me gusta tu sonrisa, porque es difícil sonreír sin perder el aire de seriedad (de hecho, si esto no fuera un blog público que puede leer cualquier internauta avispado, diría que me gusta mucho tu sonrisa, pero los espías sois una especie en extinción, y por ende, tímidos). Hacía mucho que nadie entendía todos mis chistes sin pedir nada a cambio. Y me gusta, que, como los buenos espías, pongas cara de no estar escuchando, pero en realidad no pierdas ripio de lo que se dice.

Llegaste en el momento perfecto, puntual y preciso como un reloj suizo, discreto y sencillo como una brisita fresca. Y con semejante precisión, no puedo dejar de preguntarme qué piensas cuando pones esa cara al mirarme. Si ya sabes dónde oculté los documentos secretos, o cómo poner las microfilms de forma que se vea la silueta del pato donald (si lo pongo en minúsculas vulnero los derechos de autor?).
Algún día, cuando sepa que no te vas a reír de mí a mandíbula batiente, te contaré todo este proceso mental. Te prometo que con esta duda no te vas a reencarnar, pero debes tener paciencia, porque la confianza, como los perfumes caros, se pone gota a gota. Al final, acabaré confesando todos los agentes dobles al este del Rin; sólo prométeme que no te irás corriendo, que al menos esperarás a la mañana, ya sabes que preparo un café expreso riquísimo.
Después de tanto tiempo perdido, de tanto miedo del otro, de tantas tonterías y de tanto desencanto. Ni siquiera estaba mirando al vacío, estaba dándome de cabezazos contra el cristal con los ojos cerrados. Una mano que se ha interpuesto entre mi cabezota y el cristal. Por fin, logré distinguir mi instinto entre tanta contaminación racional y lo seguí. Qué bien sienta, porque es como dormir cuando se tiene sueño, comer cuando se tiene hambre y reírse cuando se tienen ganas.
Sin preocupaciones, sin cálculos, sin más consideraciones de las necesarias. Tengo unas ganas absurdas de comprobar un montón de cosas. Y de pillarte distraído en una foto.


Han pasado muchas cosas. Sé que lo he dicho varias veces últimamente, y encima, no he añadido muchas explicaciones. Bueno, no he añadido ninguna, de hecho. Y muchos me habeis tildado de críptica. A todos vosotros, siento deciros que éste tampoco será el post definitivo que aclarará todos los misterios y dará todas las soluciones. Nope. En parte, porque me gusta dejar que el misterio flote alrededor (aunque al final me salga la maldita vena a lo Bridget Jones y la fastidie) y en otra importante parte, porque soy supersticiosa, como ya dije. No se habla demasiado de las cosas que uno quiere que salgan bien. Es un proceso de autodefensa; cuanto menos se hable, menos explicaciones habrá que dar si salen mal... por qué iban a salir mal? Porque a la vida le gusta mucho llevar la contraria algunas veces. Sólo por molestar. Como cuando King kong le daba golpecitos a la rubia, sólo por molestar.

Huelga de despertadores


Llevo de vacaciones tres días, y aún no han sido vacaciones de verdad de verdad de verdad... sólo un poco. Porque los viajes transoceánicos cansan al más pintado, más si van salpimentados de paradas y estreses varios. Y porque las cosas, cuando pasan así, tan rápido, tan precipitado, tan mezcladas entre capítulos, no parecen de verdad. La pereza de venir (sabiendo que después me dará pereza irme, aunque tal vez no tanta), el lío de calcular una maleta para múltiples propósitos, sabiendo igual que la maleta va a estar mal preparada en algún momento (se me olvidó meter el pantalón negro, lo sabía, aunque no saqué los vaqueros en el último momento, seamos serios).
Hoy he hechos los trámites más gordos, incluyendo pelearme con cierto banco que odio desde lo más profundo de mi ser, y averiguar dónde están los puntos de mi carnet de conducir (en mi carnel¡t, pero menos de los que esperaba, leñe), decidir no deshacer mi maleta y declarar una huelga de despertadores. Porque la felicidad reside en despertarse uno solito, sin que ninguna máquina infernal lo saque a uno de los brazos de Morfeo. Aunque al final, uno se despierte dos minutos después del despertador.
La vida es tan sencilla y nos dedicamos a hacerla tan complicada...
Así que me declaro en huelga de despertadores hasta el 29 de julio. Ni servicios mínimos va a haber.

PS:
Debo entradas, muchas entradas, todo se debe a mi vano intento de dejar todo preparado antes de irme de vacaciones... pero he descubierto una cosa en blogger que me va a ayudar a solucionar eso...

miércoles, 2 de julio de 2008

Ritos, manías, supersticiones y tonterías


Yo soy una persona supersticiosa. No me importa admitirlo, la verdad, porque no es de esa clase de supersticiones que te complican la vida. Yo no tengo problemas en subirme a un avión en un martes 13 (u 11 de septiembre, que para el caso), ni nada de eso. Claro, lo pienso. Como todo hijo de vecino, imagino.
Mi superstición se debe a que no me gusta que cambien las cosas pequeñas de la vida (que dice la gente que son las importantes...), que las grandes cambian mucho. No, no es paradójico que alguien que cambia de vida haciendo las maletas y yéndose al otro lado del mundo quiera que las cosas pequeñas, y cómo es la gente, no cambie. Porque si cambia todo, absolutamente todo, uno se vuelve loco. Aunque uno, en el fondo, sepa (y al pensarlo se le haga un nudo en el estómago) que en la vida no hay nada, nada seguro, y todo tiene un principio y un fin.
Así que en un mundo de incertidumbre constante, los ritos, las manías, las supersticiones y demás tonterías lo mantienen a uno aferrado a la realidad. Y cambiar un sólo rito o una manía cuesta mucho, cuesta todo, cuesta un potosí, un imperio, infinitamente más que meter la vida en cuatro cajas y largarse con la música (o con el silbido) a otra parte.
De hecho, ya ha pasado mucho tiempo en Guatemala, suenan aires de cambio. A finales de año, se irá mucha gente de la que ahora constituye mis ritos diarios. Me quedaré sóla con mis manías de escribir cada tema con un boli diferente y ordenar mis camisetas por colores. Eso es lo que queda, al final. Qué le vamos a hacer si soplan aires de cambio, si no esperar que sean cambios para bien.

Me dice el horóscopo:

Tómate el tiempo para entrar en contacto con tu yo interior. Con todo el jaleo de tu vida diaria (clarividente, este horóscopo!), es muy fácil perder el contacto con la fuerza que te guía (La Fuerza?), o con la razón por la que haces las cosas que haces. Ahora es el momento ideal para la introspección y la reafirmación de todo lo que eres y en lo que quieres convertirte. Para hacerlo, revitaliza tus esfuerzos para mover tu vida en la dirección que quieres.

Y efectivamente, nunca unas vacaciones fueron tan merecidas ni tan necesitadas para observar hacia donde está apuntando la brújula. Sé nominalmente por qué estoy aquí, pero necesito volver a saberlo de verdad, en contacto con la piel. Y últimamente, lo habreis notado porque no escribo, no contesto mails, no contesto en el msn, no nada...