sábado, 29 de enero de 2011

Circulando por la Dimensión Paralela

Hay cosas que no echaré de menos de la Dimensión Paralela, el día que me pelee definitivamente con Air Courcous para salir de aquí. Está por definir si es que hay algo que vaya a echar de menos. A lo mejor, nuestra casita, que al final hemos logrado que sea un sitio acogedor y agradable (y además mientras escribo estas líneas, el Simpa lava los cacharros, dándole ese toque de limpieza imprescindible en la cocina).
Pero a lo que iba, lo que definitivamente no echaré de menos es conducir por la dimensión paralela. He conducido por sitios peores (y lo que me queda, sospecho), pero como todo en la Dimensión Paralela, la realidad aquí supera la ficción.
Antes de entrar en ninguna descripción más elaborada, tal vez debería explicar que cualquier trayecto dentro del pueblo no puede superar los tres o cuatro kilómetros (bueno, uno se puede a dar vueltas como loco a la rotonda del mercado, pero esas trampas no cuentan y además la cosa puede salir muy mal) porque entonces se sale uno del pueblo y acaba o en los campamentos de refugiados, o en la base militar. Desde luego la primera opción es muchísimo más recomendable.
Con ese tipo de trayectos, es increíble la cantidad de cosas que pueden llegar a pasar; es por eso que no echaré de menos conducir por aquí. Os pondré un ejemplo; se trata de una escena dramatizada en la que el Simpa y yo vamos a hacer la compra semanal. El trayecto original implica: sacar el coche del hotel, circular hasta el mercado, aparcar, bajar y hacer las compras, cargarlas en el coche, ir hasta la tienda azul (si, tiene nombre, pero nadie lo sabe, está tapado por el toldo azul), aparcar, bajar, comprar, cargar las cosas en el coche, dirigirse hacia el hogar, aparcar, descargar y aparcar el coche en el hotel. Tiempo estimado: 1 horita. Sucesos esperados: ninguno.
Demasiado optimismo, nada en la Dimensión Paralela sucede como debería...

Al salir del cruce del hotel (donde debería haber un stop, un ceda o algo, pero no lo hay, porque A. Nunca lo pusieron, B. Lo pusieron pero un tío se lo llevo a casa para tapar una ventana o C. Lo pusieron pero una cabra se lo comió), de repente la Dimensión Paralela se transforma en el @#!¬& Nueva York. No se puede cruzar de ninguna manera, pasan taxis, pasa la policía, pasa un señor en burro, pasan hasta los bomberos, todos con tal ritmo que te toca esperar cinco minutos. Y por supuesto, cuando logras cruzar e incorporarte dándole luces al taxi de turno para que reduzca, que no estamos en un circuito de formula uno, te encuentras un peatón despistado cruzando por medio de la carretera sin mirar. Para qué.
Regla número 1: los coches esperan detrás de las esquinas de los cruces para pasar antes de que pases tú. Objetivo: que pienses que la Dimensión Paralela tiene cinco o seis veces más habitantes de los que tiene

Regla número 2: Siempre hay un peatón. Siempre. Detrás de cada esquina, en el sitio donde te vas a aparcar, justo cuando se hace un hueco en el cruce hay un peatón que pasa por delante de tu coche, caminando por medio de la calle, por la noche, cuando das marcha atrás (incluso cuando ya estás dando marcha atrás), cuando arrancas, salen de debajo del motor... Siempre hay un peatón. Además hay peatones de todos los tamaños, niños, señores con burro, señoras con velo y cesta de la compra... Objetivo, que los atropelles y les pague un pastón tu organización. Si no, no se explica que siempre haya alguien que pasa justo por delante de mi puerta cuando intento aparcar.

Regla número 3: las rotondas son fuentes, pero no de agua, de confusión. Las rotondas están pensadas para regular el tráfico en lugares donde unas vías tienen más circulación que otras. Bueno, aquí, no, aquí las ponen para decorar y porque no hay semáforos. Además, la gente no tienen muy claro el tema de las preferencias, con lo cual la preferencia no siempre es del dentro de la glorieta. A veces, según ellos, la tiene el de fuera. Y lo mismo se paran dentro de la glorieta (generando el caos) como se te tiran encima pitando (y entonces tú vas a pitas y se lía parda). Para llegar al mercado, hay que pasar al menos dos rotondas, una de ellas en cuesta...

Regla número 4: Arreglar las luces del vehículo NO es una prioridad, y si no tengo luces de posición, puedo poner las largas, total, no molestan. Con lo cual, por la noche, igual va un coche sin luces, que uno con las largas, todo ello añadido a las acumulaciones en los cruces y los peatones imprudentes... una feria.

De esa manera, salir a comprar se transforma en: sacar el coche del hotel y esquivar a los peatones que cruzan por la puerta del hotel sin mirar, esperar cinco minutos en el cruce y casi atropellar a cinco mujeres veladas que no se sabe de dónde han salido, circular hasta el mercado pasando dos glorietas rezando para que no se te tire nadie encima, y haciéndole gestos simpáticos al gilipollas de detrás que no sabe que hay que esperar para entrar en la glorieta, aparcar (esquivando al tío que cobra el parking, que ante todo es un peatón), bajar y hacer las compras, cargarlas en el coche, sacar el coche del aparcamiento esquivando otra vez al tío que cobra (esta vez marcha atrás), ir hasta la tienda azul (pasando otra vez las rotondas malditas), aparcar (esquivando a la gente que sale de los otros coches sin mirar), bajar, comprar, cargar las cosas en el coche, sacar el coche (previa pitada, porque algún imbécil siempre te bloquea), dirigirse hacia el hogar (con los habituales problemas en los cruces), aparcar (esquivando a la señora que justo en ese momento pasa por delante de la puerta, pero por la calzada, no por la acera), descargar y aparcar el coche en el hotel (esquivando los consabidos peatones e ignorando los coches tremendamente mal aparcados). Tiempo estimado: 2 horitas. Sucesos ocurridos: Menos mal, ninguno.

Lo que más me preocupa es que el Simpa se va a sacar aquí el carnet...