lunes, 31 de diciembre de 2012

San Silvestre

El último día del año tiene un sabor diferente, de contraste de promesas y recuerdos. Igual que los viernes por la tarde tienen el cansancio de la semana y los augurios del fin de semana y los domingos por la mañana tienen el lujo de la pereza y la sensación de que queda poco tiempo.

El sol se pone sobre el horizonte - que por cursi que quede, se ve un poquito desde nuestro jardín - mientras escribo. Una naranja entre un mar de nubes. A él no le importa que sea el último día del año y que mañana comience todo otra vez, está a sus cosas de estrella y le damos igual, pequeñas hormigas sobre el tercer planeta a la izquiera - o a la derecha, siempre me ha gustado más la astrología que la astronomía. Tiene razón en el fondo, hace diez días fue el solsticio, y entonces, según los mayas, sí que empezó todo.

Este año no tengo ganas de hacer examen de conciencia. Será que este clima atemporal me ha quitado la sensación de ajuste de cuentas y tabula rasa que siempre me trae el 31 de diciembre. No ha sido un año ni bueno ni malo. Diría que ha sido un año marcado por la incertidumbre, tal vez. Sé que no he escrito demasiado -  veo en el escritorio del blog la triste cifra de siete entradas... ni una al mes! - pero es que la incertidumbre me quita las ganas de todo. Me deja con un extraño síndrome de la página en blanco llena de ysis impertinentes. Será porque odio desdecirme. También he estado muy ocupada, la verdad. Este año hemos montado dos casas, dejado atrás una gata y dos familias, e intentado en repetidas ocasiones formar una nueva. Hemos cogido nuestros bártulos - muchísimos bártulos - dos veces, una p'arriba y una p'abajo. Hemos cambiado de hemisferio - y no, ya expliqué que los desagües no giran al revés, para mi gran decepción - y de clima. Donde antes teníamos una antena que se descolocaba a la mínima tormenta de arena, ahora tenemos goteras en el techo de la cocina - el Simpa dice que ya está controlado el asunto - cada vez que cae una de esas duchas de agua subtropicales de por aquí. Hemos pasado del limbo al paraíso, y hemos comprobado que la felicidad la lleva uno dentro, no depende del lugar.

Creo que sin darme cuenta, estoy haciendo propósitos de Año Nuevo, porque son el tercero en compaña, junto con las uvas - como he cambiado de oficina, me ha tocado explicarles la cosa de las uvas a un danés y una zambiana - y el champagne. Y las cosas siempre vienen de tres en tres, es más bonito, quién sabe por qué retorcida razón antropológica.

En fin, 2013 será mejor que 2012. No me digais que no puede ser peor, las cosas siempre pueden ir peor; siempre puede uno añadir mal aliento. Así que 2013 será mejor. Al fin y al cabo, el mundo parece que no se ha acabado.




sábado, 3 de noviembre de 2012

Discurso

S, te conozco desde antes de que tuviéramos uso de razón. No sé cuando fue que adquirimos la razón exactamente, pero seguro que lo vivimos juntas. R, a tí te conocí cuando entraste en la vida de S, y desde el principio se vió que pegabais muy bien juntos. Por eso, cuando S me llamó y me dijo que os casabais, te contesté "¡por fin!", pero en realidad pensé "claro". 
Porque lo que vosotros teneis es amor del bueno, del de verdad. De ese que dura una vida entera. Del amor de verse la cara recién levantado por la mañana y aún así decirse cosas bonitas Del amor de los detalles prácticos de la vida, como saber de memoria la pasta de dientes que le gusta al otro, y también al amor de los grandes gestos, del de dar siempre lo mejor de uno mismo sabiendo que uno más uno son más de dos. 
Eso es lo que teneis vosotros; el cariño, el respeto, la complicidad, la camaradería... el amor. 
Por eso es tan bonito veros siempre, y hoy, más que nunca. Me siento muy feliz de estar hoy aquí con vosotros - y sé que no soy la única, porque había mucha gente arregladita entrando en la iglesia hace un rato. Sobre todo, me siento feliz de veros emprender un camino nuevo, de la mano, y ahora ya sin tantos kilómetros y tantas horas de tren por medio. Un camino de alegrías que vendrán, de misterios, de emociones... un camino de vida, del que hoy habeis dado el primer paso. 
Tenía pensado contar un par de anécdotas vergonzosas, pero creo que será mejor dejarlas para el banquete. Ahora es mejor desearos que os brillen los ojos de alegría siempre como os están brillando ahora mismo, y deciros que sereis felices, porque teneis todo lo que necesitais para construiros una vida maravillosa, y sobre todo, os teneis el uno al otro.

No lo pude leer entero sin llorar, pero aquí está. En la boda más bonita del mundo. 

Buscando palabras

Y aquí estoy, meses después de mi última entrada, intentando encontrar palabras esquivas para un texto, que esta vez no estará aquí.
Un texto importante, que refleje muchas cosas sin ser confuso y que lo diga todo sin ser críptico. Qué fácil y qué difícil al mismo tiempo. Para decir cosas que ya se han dicho, y cosas que no se han dicho nunca, o para decir cosas que hemos dicho todos de manera que pensemos que no se han dicho. Palabras que no se puedan tergiversar - creo que eso no se puede evitar, el ingenio humano no tiene límite - prístinas y transparentes....
Ah, mañana - hoy, mirando el reloj - es un día importante. De aquí a finales del año, van a cambiar muchas cosas, incluso aunque no llegue el fin del mundo - cada vez estoy más convencida de que los mayas tenían razón, y este ciclo se acaba. Empieza uno nuevecito.


lunes, 22 de octubre de 2012

Historias

Yo siempre he querido tener el don de contar historias. Historias que hagan reír, que hagan llorar, que iluminen o siembren de dudas; historias de las que los lectores - sí, lectores - se acuerden porque les hayan dicho algo, aunque no sea lo que quieren oír. O porque sea lo que quieren oír. Contar historias que cuenten algo, que se hagan las dueñas de la narración y en las que los personajes sean casi como personas de carne y hueso. O sin el casi. Historias, con un principio, un nudo y un desenlace, o al menos con alguno de ellos. Porque hay historias que empiezan pero no acaban nunca, y hay historias que se acaban antes de empezar. En otras historias, nadie, ni el protagonista ni el autor, saben lo que está pasando, y el nudo se pierde en la distancia antes de que nadie se entere.
Pero a veces tengo la sensación de que las historias se me escapan, aparecen y salen volando por la ventana antes de que me de tiempo a prestarles suficiente atención. Y la inspiración me mira, aburrida, desde la esquina. Como diciendo: te ha vuelto a pasar lo mismo, si es que no estás a lo que estás, hombre. Y entonces vuelvo a escribir lo mismo que ya había escrito antes. Porque aunque no haya historias, tengo que contarlas.

viernes, 15 de junio de 2012

Se vende anillo de hombre

Desde que estamos en Lilongwe - todavía no hemos encontrado un mote adecuado para esta ciudad - el Simpa y yo estamos abonados a un grupo de google que se llama Lilongwe chat, y que básicamente pretende ofrecer un espacio para asuntos comerciales, compras y ventas de cosas usadas, recomendaciones de empleo, en fin, un poco de todo.
El problema es que le gente es muy pero que muy cutre...

Hemos establecido varias categorías dentro de la cutredad; la más frecuente es la cutredad avariciosa (y su variante extremadamente avariciosa). Es el tipo de persona que llegó a Lilongwe hace tres o cuatro años, se compró los electrodomésticos nuevos (o el coche!) y ahora, después de haberlos usado, pretende venderlos al mismo precio que los compró (o más caros!). Y claro, encima no os podeis imaginar en qué estado venden las cosas. Hemos visto neveras de todos los colores - y creo que todas eran blancas en origen.

El segundo tipo es la cutredad cicatera, así como Mr. Bean. Del tipo de: vendo un sofá, pero los cojines los vendo aparte. O vendo una nevera pero las bandejitas del hielo - si, esas que nadie usa porque se rompen enseguida - son por separado. O - esta es la mejor - vendo la mitad de los saquitos de te de una caja de veinte; ¡nunca han sido usados! Todavía tengo pesadillas con una cafetera que vimos... creo que hablaba latín.

Otro tipo muy frecuente es la cutredad empecinada, que se suele presentar con la avariciosa. Yo, expatriado cutre, pongo un anuncio con un montón de precios exorbitantes, y digo que quien quiera puede venir este sábado a verlos a mi casa. Nadie viene, o los que vienen no compran, y a la semana siguiente, pongo un anuncio (y lo llamo "update") y pongo la misma lista de cosas con los mismos precios. Y así durante un mes o dos. En mi empecinamiento, por supuesto, no se me ocurre pensar que a lo mejor estoy pidiendo demasiado - o vendiendo cosas que no se comería no una cabra. Esta variedad también se presenta con el rasgo apocalíptico: "última semana", que se prolonga hasta el infinito - como si en Lilongwe, además de tener menos de doce horas de sol al día, además tuviéramos semanas de treinta días.

Finalmente están los cutres naives, que ponen mensajes adorables en plan: tengo un perro que he criado tres años, es supersimpático, superlimpio, superlisto, superbonito y supertodo, pero no lo quiero suficiente para llevármelo, así que busco a quien endosárselo. Además se lleva muy bien con mi chófer, que también busca quien lo adopte. O - uno de mis favoritos - quiero cambiar dólares por kwacha - los cositos locales, como diría la madre de una compañera - ¿a cuánto está el mercado negro?

También hay mucho anuncio con visos de spam; a juzgar por la cantidad de ordenadores, ipads, telefónos con el IQ disparado y demás artillería electrónica, se creería uno en el sudeste asiático. Me pregunto si uno sólo de todos esos superteléfonos funcionará.

Y dependiendo de la semana, hay montones de mensajes de compra venta de productos agrícolas que tienen toda la pinta de ser mensajes en clave para el mundillo homosexual - altamente perseguido en Malawi - porque, ¿cuántos mensajes de "compro soja" y "vendo soja" se pueden cruzar en un grupo así sin que el vendedor y el comprador se pongan nunca de acuerdo???

Pero el mejor de los que he visto hasta ahora dice así:

"Anillo de hombre, en titanio, no se oxida y no se empaña. Para hombre con las manos grandes. 11,000 kwacha (como 30 euros)"

Espero que no sea de boda...

sábado, 2 de junio de 2012

Testigos pagados

Yo en mi vida de clase media normal, no había tenido nunca servicio en casa. He tenido asistentas en casa, diversas, de varios colores y tamaños, y con muchas o pocas manías – seguramente las que más han sufrido mis manías de gato han sido ellas, pero nunca se han quejado – las he tenido con espíritu de decoradoras y de bulldozer, pero en el fondo nunca han sido servicio en mi cabeza, porque nunca se han quedado a dormir en casa. Ahora tenemos gente en casa las 24 horas del día y me acuerdo de lo que decía mi bisabuela – dice Filomenita, porque la buena señora y yo nos cruzamos en este mundo, que el servicio son testigos pagados.
Los guardas dan un saltito – unos saltan más que otros, no sé si tendrá una especie de ranking entre ellos, pero me puedo imaginar que sí, porque se esmeran mucho – cuando entro por la verja con el coche. Saltan y saludan a lo militar mientras yo les dijo "hello" con mi mejor sonrisa, porque no puedo saltar estando sentada al volante y además no tengo muy claro el protocolo para devolver un saludo semejante. Abren la mirilla – un agujero en la puerta, mas bien – muy serios y vienen corriendo a decirnos quién está esperando, aunque la mitad de las veces es el fontanero, el electricista o el albañil – ese es un caso aparte, como albañil de pura cepa que es-, que los conocen
de sobra porque llevan quince días por aquí dando martillazos y arrancando árboles parásitos – nos dijo la paisajista, y la verdad, ahora que los hemos arrancado, creo que debía haberlo comprobado en
google al menos. Creo que estos guardas serían muy eficaces contra el cobrador del frac. En todo caso, no hemos tenido ninguna alarma – ni falta que nos hace -, pero me han dicho que son bastante
espectaculares; entran como si fueran comando y se esconden tras los árboles con la cara pintada – debo decir que lo de la cara pintada lo he añadido yo, pero me los imagino. Luego cuando les dices que no es el botón de alarma, que lo que pasa es que se ha ido la luz – que pasa bastante a menudo – se van a su cuartelillo desilusionados.
El gato desconfía mucho de ellos. Creo que no tolera que nadie salte más que él en casa.
Además de los guardas, tenemos un jardinero/conductor y una – cómo decirlo – doncella, mujer de la limpieza? En la entrevista nos dejó muy claro que ella no cocina más que para su marido porque no le gusta y lo hace muy mal. De resultas, su marido está delgado como un clavo. Menos mal que a nosotros nos gusta cocinar. La pobre nos confesó que nunca había tocado una lavadora y que esperaba aprender a usarla. Creo que de momento, la pondrá el Simpa – que parece mentira, pero le
encanta poner lavadoras – y que ella planche, que es lo que nos hace falta. Esta mañana se ha dedicado con mucho énfasis a dejar como los chorros del oro la cocina y el baño. Al jardinero/chofer tenemos que encontrarle ropa, porque el Simpa ya ha dicho que no le va a dejar que le lleve por ahí con una camiseta de quién sabe qué equipo de futbol inglés – que es, creo, el atuendo más popular para trabajar en este país – si todavía fuera del Madrid… - pero la verdad es que yo no me lo imagino al pobre con una camisa blanca. Ahora ya no se les oye; es por la noche y en este país la gente se acuesta con las gallinas.
No es que seamos de los que pasean desnudos por casa, pero en cualquier caso, si nos diera por ahí, no es el momento de hacerlo. Clyde recela de ellos todavía – claro que es parte de su trauma
continuo de cambiar de casa una vez al mes. Pero sobre todo, me pregunto, qué secretos nuestros van a dejar de ser nuestros para poder tener un jardín cuidado y alguien que lava los platos en nuestro lugar.

domingo, 20 de mayo de 2012

Conversaciones místicas

No debe haber mucha afluencia por aquí, porque nadie me ha comentado esta semana el cambio del blog... bueno, ya se andará, alguien volverá, pondrá un comentario en facebook (cada día me gusta menos, pero es un mal necesario. Volviendo a mi atavismo español y envidioso, le he estado deseando al petardo del creador que le vaya mal en la bolsa. Al fin y al cabo, no ha hecho nada por el mundo... Bueno, como Steve Jobs... los héroes son cada vez más baratos y más cutres), y volverán los lectores. Espero. Aunque hace ya mucho tiempo que dejé de escribir en el blog para informar de mis andanzas - aunque eso también lo haga.

No estamos perdiendo el tiempo; llevo ya un par de semanas acumulando escenarios surrealistas con los que llenar las páginas - figuradamente - del blog, pero el que se lleva la palma es el Simpa. Será porque yo estoy trabajando de sol a sol (esto literalmente, anochece como a las 17, justo cuando salgo del trabajo), mientras que él, el pobre anda de un lado para otro batallando con un ejército de albañiles - si ya son malos en casa propia, imaginaos en la ajena -, pintores, electricistas, jardineros y un largo etc de gente que se pasea por la casa y el jardín que nos han tocado en suerte y que estamos dejando decentes. Todo esto, con un inglés que se está desarrollando a una velocidad a la vez desconcertante y escalofriante.

Estoy pensando en hacer una recopilación de los mejores momentos, esos en los que al Simpa le sale el Simpa que lleva dentro y da igual lo que les diga a los obreretes estos, sólo con el tono se acojonan todos. Creo que el pintor tiene pesadillas con él. Claro, que igual si no estuviera acojonado, las pesadillas las tendríamos nosotros, porque el otro día - creí discernir de la conversación entre el Simpa y el susodicho pintor de brocha gorda - el pintor pretendría dejar sin arrgelar el trozo que le faltaba al techo - con la consiguente gotera - porque falta mucho para la estación de lluvias.
Lo bueno es que el Simpa no se enfada cuando yo le escucho y me río hasta que se me saltan las lágrimas. Dicho sea de paso, que procuro no hacerlo delante de los acojonados, porque claro, el potencial acojonador del discurso se perdería. Pero hay veces que tengo que hacer verdaderos esfuerzos y salir corriendo para que no se oigan las risas como fondo del teléfono. Como el otro día, cuando me le llamaron, y después de tres minutos de conversación, y una larga explicación del otro interlocutor, el Simpa le soltó, tan ancho:

- I don't understand you, BUT...
Y la de veces que yo he querido decir eso mismo...
Lo mejor es que se pusieron de acuerdo.

O ayer sábado, cuando yendo en el coche, después de haber visitado la obra y haber quedado con los trabajadores en que volvían ya el lunes, el Simpa se acordó de que no le había dicho al pintor que se trajera las llaves - vive cerca de donde estamos ahora - para que nosotros pudieramos volver hoy a la casa. Asi que ni corto ni perezoso, le llamó. Yo, que ya estoy acostumbrándome a estas conversaciones extrañas que se trae, no hice demasiado casao, pero de repente, noté que repetía las mismas palabras, cada vez más alto:

- Take the keys with you today, I call you tomorrow and you give me the keys and I go to the house.
No, this is other thing. You take the keys today, I call you tomorrow.
Pausa para el interlocutor.
-I KNOW, YOU NOT WORK TOMORROW, JUST TAKE THE KEYS. Y todo esto, rociado de palabras malsonantes en francés. PASS ME FRANK (que es otro)
- You not take the keys, today the keys with - el pintor, que no sé escribir su nombre- I KNOW YOU NOT WORK TOMORROW - y otra retahíla de tacos en francés - Y yo que ya no puedo más de risa y tengo que parar el coche en el lado de la calle porque veo que nos vamos a estrellar, y el Simpa que se vuelve a mi y me dice:
- Son idiotas. Los dos.

Después de cuatro o cinco llamadas más, se entendieron, y hemos podido ir a la casa hoy. Creo que al Simpa le va a salir una úlcera como esto siga así, pero su inglés mejora día a día, esta claro.

En próximos capítulos os contaré cómo es esto de conducir por la izquierda (y por si lo estabais esperando; no, esta vez no hay un water en mi plaza de aparcamiento como aquella otra vez) y más aventuras por el África austral.

sábado, 12 de mayo de 2012

Winter is coming

Y de verdad, porque esto es el otro hemisferio y los días se acortan y las noches refrescan cada vez más. Nada que ver con el hecho de que esté enganchada a Canción de Hielo y Fuego.
Ya era hora de que pusiera al día el blog; han pasado, como siempre últimamente, muchas cosas desde la última vez que escribí. También hay algunas que no han pasado, pero pasarán. Hasta me han cambiado los entresijos, las entretelas y las bambalinas del blog, aunque vosotros no lo veáis, sino que os quedéis con la nueva imagen, que es sólo el decorado.
Esta vez, además de la razón normal de que he estado más liada que la pata de un romano, hay una razón concreta para no haber escrito; y es que la última vez que me puse a escribir, me dí cuenta de que estaba repitiendo una entrada casi palabra por palabra. Ante tamaña sequedad de espíritu y de inspiración, decidí esperar un poco antes de seguir escribiendo. Y luego, la vida prosaica me distrajo con varias mudanzas (sí, varias, y largas), muchos metros cuadrados de pared por pintar y empapelar, muchos metros cúbicos que llenar, muchas maletas que hacer, deshacer y hacer, y ese tipo de sucesiones de los que mi vida esta llena.

Pero aquí os vuelvo, renovada, a tres mil km de distancia a vuelo de pájaro desde las arenas desérticas desde las que escribí la última vez, y a siete mil y pico de casa y bajo una mosquitera. Y no sólo cambia la distancia, os lo aseguro. Aquí hay árboles, humedad, insectos de todos los colores, tamaños y formas (aunque de momento, no ha habido avistamientos de bichos potencialmente afectados por la radiación nuclear), y lo que es más importante, hay muchas cosas que comprobar, como en que sentido gira el agua en el desagüe y si es verdad que las brújulas apuntan al sur... en este lado de la tierra está todo tan al revés, que hasta conducen por la izquierda. Lo que si esta claro es que no andamos cabeza abajo.
Sobre todo, espero que la laguna de la inspiración vuelva a estar llena de agua y de renacuajos, porque cuando hay algo que decir, se encuentra el tiempo para decirlo de cualquier manera.

Se acabó la Dimensión Paralela, bienvenidos al África austral.