sábado, 7 de mayo de 2005

El resto de los mortales

Esta mañana cuando me he despertado, no estabas allí.
Como siempre.
o había nada distinto en el ambiente, no había ningún olor particular que no estuviera ya allí cuando anoche cerré los ojos para soñar contigo. No había ningún pequeño rastro, ninguna marca, nada de tí. Ningún reflejo de la inflexión de tu voz, como si todo hubiera sido un sueño...
Es increíble como desaparecen las personas de la propia vida. Un día están allí absolutamente, llenando cada espacio vital, cada recoveco y cada inspiración; una noche después es como si nunca hubieran existido. ¿Qué piensas cuando despiertas en tu desconocida cama y no me ves? ¿Vuelan siquiera un instante tus recuerdos a aquellos momentos en que yo estaba también absolutamente en tu vida?
Nada de tí, como si todo hubiera sido un sueño... Quizá fue un sueño. Quizá realmente nunca estuviste allí. Es mejor pensar esto, porque duele menos pensar porqué te fuiste y desapareciste, como un rumor que se aleja. Simplemente, una mañana me desperté para descubrir, con infinita tristeza, que nunca exististe absolutamente, y que nunca fuiste el centro de mi vida real; ya no tengo una vida real, y tú no estuviste jamás en ella.
Las dudas que no resolvemos nos matan lentamente. Aún no sé por qué no estás junto a mí al despertar, y por qué no hay ningún olor tuyo flotando en la habitación. Simplemente puedo imaginar que nunca estuviste, pero mañana, en el instante de inconsciencia después de abrir los ojos, estarás allí, junto con las dudas, para recordarme el dolor.Ese instante al despertar, que es como el momento antes de amanecer; el frío se cuela por los huesos y nos devuelve a la realidad que no existe.¿Y si nunca pasamos de aquella mirada en la estación?¿Y si nos perdimos en el abismo de lo mundano el uno para el otro? Sólo somos un dulce dolor justo cuando amanece, el uno para el otro. La incertidumbre del otro, y la gran pérdida de lo que nunca se tuvo.
¿Si no puedo protegerme de tí, por qué no estás ahí cuando te busco?