lunes, 18 de noviembre de 2013

H

Y tocándole el trigémino al blog, me encuentro con varias entradas antiguas, que por alguna razón, están suspendidas en el limbo de los borradores. Para mí que en una de estas, se han despublicado... si es el caso, aquí están de nuevo. Si no, allá van, inéditas.

Esta debe ser de semana santa 2007... o cualquiera sabe!

Hace un año estaba en Budapest, en el primero de unos cuantos viajes iniciáticos que hice el año pasado... lo que han cambiado las cosas. Las perspectivas, la vida, todo... Hoy, enseñando fotos de mi querida Ciudad Eterna (que lejana me resulta ahora la vieja Europa, y que ajenos algunos conceptos que trato de explicar) me ha entrado un poco de morriña.
Bueno, seamos sinceros, ha sido una conjunción; tortilla de patatas, una cena improvisada, preguntas acerca del Viejo Mundo... Después de que la visita se haya marchado, me quedo aquí, mirando unas maravillosas gerberas que me he comprado esta tarde y escuchando a Debussy (¿se puede ser más cursi?) pensando que no se puede tener todo.
O mejor dicho, no se puede tener todo a la vez.
Tal vez sería demasiada felicidad al mismo tiempo.
Llamémosle hache, será mejor archivar las fotos del año pasado hasta nuevo aviso... so pena de ataque de melancolía grave.

Y las gerberas me dicen al oído que no procede, si estoy contenta aquí, y con mi trabajo, y con la gente... hagámosles caso, disfrutemos el presente, no sea que el año próximo esté echando de menos esto también.
Ah, la ignorancia da la felicidad...

Pido excusas, pero todo esto procede de una semana llena de emociones y actividad, en contraste con las vacaciones. Lo cual me recuerda que no he tenido ni un minuto para resumir el viaje a la costa caribe guatemalteca...
La consigna es relax, cinco días de relax.
No empezó bien, porque el miércoles logramos salir mucho más tarde de lo esperado y nos encontramos con un tremendo atasco... hasta las mil de la noche no llegamos hasta Río Dulce, donde una guiri mal informada pero con un chiringuito (dios mío, espero no acabar así cuando abra el mío) nos indicó un mal hotel para dormir. No malo en sí, sino por la tremenda discoteca que nos atronó con reggaeton y gritos inconexos de DJ toda la noche... a pesar de esa noche de terror y espanto, reunimos valor para seguir la aventura con la etapa final Belice, y nos embarcamos destino Livingstone, para hacer una noche allí y luego largarnos a los cayos de Belice, en la paz y soledad más absoluta

Así que mejor me giro, le hago caso al ruidito insistente que oigo detrás de mi y echo a la terraza ese bicho de un color verde imposible y de tamaño insolente que se está dando cabezazos contra la pared, bostezo por última vez, y con una punzada de nostalgia, me voy a dormir... espero soñar con las cosas bellas que echo de menos.
Aunque por la mañana me esperen otras distintas.
Es una condena a la infelicidad no estar nunca satisfecho con lo que se tiene.

Siempre que la nostalgia te empuja a mis sueños, apareces en esa forma imposible en la que nunca estuviste presente. Hoy hablando con una persona distinta, he recordado ese abrazo mágico que me diste una vez, aunque mi piel haya cambiado y aquel reloj de mi memoria ya no esté parado como entonces estaba, suspendido entre la realidad y la imaginación, aquel gesto sigue ardiendo en mi memoria. Lo hará siempre, una persona es los recuerdos que atesora, y los que olvida, aunque no lo sepa.
¿Me has olvidado?
Y pensar que jamás te lo preguntaré...

Pequeño ataque de nostalgia

Había pensado esperar el año completo. Total, falta poco. Y, con mi siempre-oculto-a-veces-aparente yp supersticioso, pensaba que a lo mejor si esperaba un poco más, llegarían más buenas noticias. Pero es una simpleza, porque cualquier no supersticioso sabe que las buenas y las malas noticias llegan siempre de tres en tres (la cuestión es buscarlas).

Hoy había dos primeras noticias de tres: se ha estrellado un avión y se ha muerto Doris Lessing...

La cosa es que al principio estaba ocupadísima, después no tenía ganas de escribir (estamos inundados de información por internet, facebook, twitter, la madre que los trajo a todos), después tenía ganas esporádicas y no tenía tiempo; después tenía ganas y nada que decir; últimamente, tenía ganas y cosas que contar, pero hoy, me ha podido la nostalgia. Hacía mucho que no me daba un ataque de nostalgia de los buenos - normalmente logro dominarlos viendo tropecientosmil capítulos seguidos de alguna serie (Dexter, genial) - pero el internet anda muy tonto últimamente por estas latitudes, así que no hay serie que remedie.

Me he puesto a investigar blogs y he comprobado los que han desaparecido y los que no - casi todos si. He buscado (gracias, Google) y he descubierto que la famosa Pilimindrina volvió a escribir una temporada mientras yo estaba en el desierto (a estas alturas debe estar en segundo de Partería - si, suena fatal, ella lo reconoce) pero lo volvió a dejar, posiblemente por falta de tiempo. Aunque vaya usté a saber, esto de los blogs a veces es como una fiebre. Te da un ataque creativo, escribes una obra maestra de quinientas palabras (que hace veinte años al menos yo habría escrito, metido en un sobre y franqueado con destino a Bobadilla) y ya. Si el ataque de inspiración te da en el metro, nada, porque con los teléfonos listos, mucho avance, pero no son cómodos más allá de twitter (si vierais los mails que recibo, con el subtítulo "enviado de mi BB" o de mi Samsung... ponen los pelos como escarpias hasta en la lengua de Shakespeare). En cualquier caso, escribes, después la inspiración no vuelve, y el blog se queda en el eterno infinito porque aquí no se borra nada (ya no creo ni que los americanos puedan borrar nada).

De verdad tenía pensado esperar y empezar con algo como - han pasado muchas cosas desde el 31 de diciembre de la última entrada. Pero la verdad, ya no están los cuerpos para gestos dramáticos (todavía me gustan, no me malinterpreteis; antes muerta que sencilla) - igual el 1 de enero me pilla con una resaca descomunal, o sin internet porque se me ha olvidado pagar la factura, y se va el montaje al garete, o resulta que después de haberme contenido tantos meses, tengo un día tonto y no me sale la entrada ni a la de tres. Me direis: pero bueno, puedes manipular la fecha... si, pero es lo mismo. Para hacer eso, pues escribo ahora. Porque el dios@ regente de las cosas que pasan de tres en tres lo sabría de todas maneras.

Qué pasó? Nos casamos, tenemos papeles y un contrato. Parece mentira cómo puede cambiar la vida con tan pocas palabras. Da vértigo esto de poder hacer planes.

domingo, 21 de julio de 2013

Entrada dormida

Porque eres bueno, pero tienes ese toque de malvado;
porque sabes sonreir sin usar la boca;
porque eres realista, pero te dejas llevar por tu imaginación;
porque cuando duermes, estás en paz;
porque cantas mientras haces cosas;
porque me miras a los ojos cuando bailamos y el mundo a nuestro alrededor desaparece;
porque oír tu risa, en cualquier lugar, en cualquier circunstancia, me hace sentirme en casa;
porque tienes miedo, pero aún más miedo de decirlo;
porque por más palabras que tenga, nunca podré describirte con ellas.

lunes, 1 de abril de 2013

450 kms

Lo admito. Me ponen muy nerviosa las tonterías que oigo en la tele. No se trata sólo de las faltas de gramática y sintaxis que se oyen continuamente (que también), o el insoportable tono de gps de los locutores, sino de los lugares comunes que se inventan los redactores y las estadísticas sin sentido con las que nos bombardean continuamente. También me ponen muy nerviosa las tonterías que leo en los periódicos. Estoy segura de que cada vez más noticias las escribe un ordenador, aunque ya más de uno me ha dicho que si digo eso, es porque soy muy optimista y todavía creo en las personas (sí, tengo días, como todo hijo de vecino). La siguiente alternativa más plausible es que se las lea un becario sin que nadie las revise.

Ayer tuvo lugar la primera fase de la operación retorno de Semana Santa. Según las noticias de esta tarde, hubo hasta 450 km de atasco (yo lo he oído en antena 3, pero en google lo encuentro en muchos más medios).
¿Qué clase de información nos da esta cifra? Pues si, ninguna. Puede querer decir que había atasco desde Madrid a Irún, por ejemplo. Creo que va, más bien, por que todos los atascos sumaban más de 450 km de atascos. Pero si nadie ha estado en los 450 km a la vez - porque sería una vuelta de vacaciones muy rara volver al mismo tiempo por la carretera de Valencia, la de la Coruña, etc, - , ¿de qué demonios sirve sumarlos? Y, ¿tiene sentido sumar un atasco que se forma por un golpe, con el atasco de entrada normal y uno que se forma por las obras? ¿Y las entradas en las que no hubo atasco? Todavía peor, 450 km de atascos sobre cuántos km de "entradas" a todas las grandes ciudades de España? Más o menos km de atasco que el año pasado? ¿No os parece que esta cifra sólo nos quiere dar la trivialísima noticia de que ayer, último día de Semana Santa para la mayor parte de la gente, había atascos de entrada, como tooooooodos los años?
Hay días en que me canso mucho de la gente. 

martes, 12 de febrero de 2013

Momentos eternos

Pensando en esos momentos eternos - quizá en esos que no han pasado todavía.
Esos instantes en los que el giro de la tierra se detiene, y la luz y el ruido tienen un peso específico; en los que todas las posibilidades se abren como un abanico delante de ti, esos instantes en los que todo es posible pero nada ocurre, porque todo está a punto de ocurrir. Esos segundos preciosos, infinitos, magníficos. Fotografías que se trasladan directamente a la memoria. Material de sueños. Perfectos, porque quedan al viento, sin principio ni fin, sin razón ni fin, sin continuidad, como piezas sueltas...
Como estar en un café, viendo como la luz se desliza por una calle.
Como estar en la entrada de una estación, mientras la gente camina a tu alrededor.
Como estar recostada en un sofá mientras el sol se desliza sobre ti.
Como mirarte a los ojos esta mañana.

miércoles, 2 de enero de 2013

Un día de los inocentes del pasado

Y otra entrada recuperada del limbo borradoril del blog - y con bucle espacio temporal incluído... menudo lujo! Creo que la fecha original era el 2 de enero de 2013.



Creo que cosas como estas pasan en todas las familias, pero en la mía son más frecuentes... o a lo mejor nos fijamos más... o a lo mejor es que de verdad somos personajes de una novela escrita (a veces muy mal!)  por alguien que no vemos. La verdad, no me preocupa. Pero me encanta coleccionar historias de estas, así que las voy a bautizar historias filomenitas.

De esta historia hace un año. No sé por qué no la conté aquí - probablemente la whasapee o la feisbuqueé o algo - pero ahí va.
Era el día de los inocentes, y nada parecía indicar el caos que acechaba tras la esquina. Una servidora estaba en casa de los Filomenitos, habíamos pasado la Nochebuena juntos y nos disponíamos a estrenar la solución habitacional madrileña en Nochevieja, con el resto de la familia, y para eso habíamos preparado todo - y con esto quiero decir diez o doce bultos en total, algunos de ellos con olorcillos sabrosos y misteriosos - para viajar en tren. Con las experiencias anteriores de carreras, estreses y disgustos, ya estamos curtidos, así que nos preparamos pronto. El tren salía a las 13:45. Filomenita se había ocupado de enterarse del número del taxista local (si, el taxista local, uno) y quedar con él a las 13:15 en el portal. Nos ocupamos toda la mañana de arreglar bultos, cerrar maletas, cosas de última hora y demás, y nos sentamos en el salón a esperar a las 12:15. Los tres nos miramos y pensamos: uff, una hora. Pues anda que no queda... podíamos echar una partida de cartas o algo. Y entonces Filomenita tuvo una iluminación divina. Se levantó y se fue a mirar los billetes.
Cuando entró en el salón, creí que le había dado un algo; la cara blanca y descompuesta; sin hacer ni un gesto - ya estábamos Filomenito y yo bastante asustados - me dió los billetes y me dijo: Mira nena, porque yo creo que hay algo que está mal.
Y tan mal. El tren no salía a las 13:45, sino a las 12:45. Los tres miramos el reloj - las 12:20 - y entonces empezó el caos y el rechinar de dientes.
Aaaah, Filomenito sale corriendo a ponerse el abrigo, y Filomenita atina a llamar al taxista para que venga antes (no sin antes darle la antigua dirección de Madrid, con los nervios, ya se sabe!). El taxista viene en tres minutos (el maldito) y en dos minutos mas, Filomenito y yo nos apañamos para meter todo a presión en el maletero, en el asiento y por todas partes. Y entonces el taxista arranca y entonces todo se convierte en una pesadilla de esas en las que te persigue un tío con un cuchillo y no puedes correr.

En circunstancias normales, de Chez Filomenitos a la estación de tren se tardan ocho minutos. El taxista tardó dieciseis, pillando (yo creo que aposta) todos los semáforos. Y Filomenita intentando explicarle que teníamos prisa porque nos habíamos confundido al leer la fecha en el billete, y el tío que repetía; "pues me podían haber ustedes llamado antes, habría venido, porque total, estaba esperando..." (se veía que el pobre, dos cosas a la vez, no). Yo sabía que aquello iba  a acabar en drama; o perdíamos el tren, o mi madre mataba al taxista, o las dos cosas.

Cuando el taxi por fin se acercaba a la estación, vimos llegar un alta velocidad. Los tres retuvimos la respiración: ah! igual lo logramos! Según frenaba el taxi, nos tiramos fuera. Filomenita agarró dos bolsas y salió corriendo mientras Filomenito y yo sacábamos el resto de cosas del maletero y pagábamos al taxista - por supuesto, justo! Mientras Filomenito cerraba la cartera, me dió tiempo a ver de reojo a mi madre correr por la estación; una imagen que jamás olvidaré. Corria con las botas esquimales (y lo hubiera hecho igualito con tacones), el visón al viento, el bolso cruzado sobre el pecho y una bolsa en cada mano - abiertas a los lados en la urgencia de la carrera - sin mirar más que al tren que se nos escapaba. Pasó por los controles de seguridad sin pararse, alterando a la chica de Renfe, al segurata y a un par de limpiadores que había por ahí, y siguió corriendo al andén. La chica de la Renfe consideró hacerle un placaje durante un instante, pero creo que sus buenas maneras se lo impidieron. Si yo, que la iba siguiendo con mis bultos, no la hubiera alcanzado en el andén, creo que se hubiera metido en el primer tren disponible, fuera donde fuera.
Nos informaron de que el tren había salido puntualmente - para variar! - a las 12:45, y que el alta velocidad que habíamos visto - y que también se había ido - iba en dirección contraria.

Dejamos a Filomenito apostado con los doce mil bultos - yo pensaba para mí: pordiosquenonoshayamosdejadolasalbondigaseneltaxi - y nos dirigimos al mostrador, a ver qué podíamos hacer con nuestros billetes y nuestras personas. Cuando llegamos, la adrenalina le jugó una mala pasada a Filomenita, que se derrengó por encima del mostrador. El señor, funcionario de los de siempre de ventanilla de Renfe, la miró primero con sorpresa y luego con pena, mientras yo le explicaba que a mi madre le estaba dando un síncope porque era la primera vez que perdía un tren en sus setenta años de vida. Y debió resultar, porque el señor se sonrió detrás de su bigote y nos cambió los billetes - en regional, porque no había alta velocidad hasta las ocho de la tarde, pero nos los cambió.

Cuando nos metimos en el regional, ya llevábamos un buen rato riéndonos a carcajadas.
No, creo que mejor dicho, estas cosas sólo pasan en mi casa.