miércoles, 31 de diciembre de 2008

En la Puerta del Sol, como el año que fue


... otra vez el champagne y las uvas y el alquitrán, 
de alfombra están. 
Los petardos que borran
sonidos de ayer, 
y acaloran el ánimo para aceptar que ya
pasó
uno más...

... Y en el reloj de antaño,
como de año en año, 
cinco minutos más para la cuenta atrás, 
hacemos el balance de lo bueno y malo, 
cinco minutos antes de la cuenta atrás.

El mismo rito, la misma noche, un año que cambia. 
La noche de fin de año siempre me ha parecido mágica. Pero no con una magia de esas espectaculares a lo elfos y gnomos, ni a una magia burda como la de las series de televisión; sino más bien la magia cotidiana de lo misterioso y lo sorprendente, como los túneles que hay en algunas calles, que desembocan en lugares completamente distintos, o la magia sorprendente de un buen mago de cabaret. Es una noche en la que se repiten las mismas acciones, restando así una parte de la inseguridad que rodea a uno (que en el fondo, es para lo que sirven todos los ritos, pero sobre eso, estoy preparando un post nuevo, lo creais o no).
 
Esta tarde estaba pensando en las resoluciones de año nuevo, mientras chateaba con mi muy mejor amiga, me asombraba de lo listisima que es mi sobri y luchaba con el ordenador para activar el micrófono (al final, mi amiga se ha ido a cenar, a mi sobri ha habido que cambiarla el pañal y he logrado arreglar el micro cuando ya era demasiado tarde para hablar con nadie, pero bueno). El caso es que, rodeada de paz, meditaba en lo que ha sido 2008 y lo que debería ser 2009, y llegaba a conclusiones muy parecidas a las de Kika, aunque sospecho que por caminos muy diferentes. 

2006 fue la decepción, 
en 2007 me encontré a mi misma, 
2008 me ha puesto a prueba 
y en este 2009, ya solo queda lanzarse a la pista a toda velocidad... 

El año que se acaba de marchar a paso firme por la puerta de la casa, ha sido, como predije en su momento, un año bueno. Claro, después de los dos anteriores, sólo podía ser mejor... aunque fuera un poquito. En 2009 la cosa está más complicada, pero tengo esa sensación. 
Se me aparecen nuevas aventuras en el horizonte, ya con un cariz completamente distinto que cuando llegué a Guate con el petate y sin tener ni idea de dónde me estaba metiendo. Me encuentro pensando en cosas en las que nunca (sinceramente nunca) pensé que estaría pensando... considerando cómo pasa el tiempo y en qué dirección van las aguas. 
El año tambien ha tenido cosas malas, claro, porque no hay nada completamente bueno ni completamente malo... 

2008 empezó con un duelo, siguió con una larga y surrealista fase de recuperación, seguida de una sorpresa y la confrontación con lo desconocido. Ha sido un año de superación, de replanteamiento y reconversión, de afianzamiento y en el que, limpios ya los pies del barro, los he plantado firmes en el suelo. He descubierto y comprendido muchos límites que pensaba que no existían, y me he acostumbrado a nuevas incertidumbres que no había siquiera considerado. El año viejo pasará a los archivos lilithianos como el año de las pruebas superadas. 

2009 empieza con el último de los grandes miedos puesto en el tablero, y creo que nos dejará sorpresas. 

Mis propósitos de año nuevo son:

- Seguir enamorada de mi trabajo como el primer día. Ahora ya sé que eso también significa aguantar muchas cosas que generan frustración, pero dormir con la conciencia tranquila tiene un precio. 
- Escribir de verdad las ideas que se me ocurren. Direis: si escribes un montón!! Sí, pero no parece ser suficiente. Para empezar con ese propósito, he comprado un cuaderno de pensardeverdad, como esos en los que los arqueólogos de las películas anotan la historia del santo grial o lo que toque. Todo esto, porque he leído un par de libros que me han gustado mucho, pero que podrían mejorarse....
- Limpiar bien mi mente de límites exógenos; o sea, dejar de no hacer cosas solo porque no las he hecho antes. 
- Practicar lo de decir lo que pienso, sólo he tenido buenos resultados hasta ahora!
Sospecho que 2009 va a venir con muchos cambios.

Dicho todo lo cual, feliz año nuevo a todos... 

lunes, 29 de diciembre de 2008

Noche en blanco


Decir las cosas en voz alta, porque al callarlas demasiado tiempo, se enmohecen esperando que alguien las entienda sin querer. Escuchar con atención, porque debajo de la voz del otro existe el silencio de lo no pronunciado. Mirar en el momento adecuado, porque la falta de una mirada o una sonrisa es el pecado imperdonable, como lo es una palabra de más. Siempre, miedo de tí, miedo del otro, y miedo de mí misma.

Pienso mientras miro la pared vacía.

 A veces siento que arrastro cadenas...
... todo lo que nunca dije, las palabras que se quedaron amargas, hechas un nudo en mi garganta...
... todo lo que dije de más, los secretos confiados a personas que no los merecían...
... todo lo que esperé en vano, las lágrimas desesperadas e incomprendidas...
... todo lo que deseé que nunca pasara, el miedo materializado...
... todo lo que quise creer, las mentiras que me conté a mí misma...
... todo lo que he olvidado, que pesa en el alma con el peso de la incomprensión. 

No quiero temerte, pero te temo.
No sé por qué llegan las cosas; no sé por qué se quedan en este lugar...
No puedo confiar en aquello que no comprendo.
No puedo creer en aquello en lo que no confío.
No puedo quedarme quieta, aunque sepa que al hacer ruido, este sueño se irá volando, como un pájaro asustado. 
No puedo esperar, porque he esperado demasiadas cosas de demasiadas personas.
No puedo dar oportunidades que yo misma no me concedo... 
Dime una palabra, dime que todo estará bien, porque un punto fijo en una vida no es suficiente.

Realidad vs. deseos


Una ya debería estar acostumbrada a la incompatibilidad de la realidad con los deseos, porque con la trayectoria vital que estoy eligiendo (porque decir que la he terminado de elegir, o suponer que no me ha elegido ella a mi, es mucho suponer), lidiar con la frustración, como explicaba hace poco, es una cosa que se aprende sobre la marcha. O eso, o se mete uno a cartero, que es menos frustrante (no digo que nada, porque sé de primera mano que hay quien se frustra con todo). 
A pesar de eso, es una costumbre teórica, que está sólo en nuestra mente; igual que uno está acostumbrado a la gravedad, y aún, así, cuando su taza preferida se cae del armario y se hace cisco, todavía se sorprende y dice: "pero si estaba ahí..."

Hay varias formas de responder a eso, entre ellas la comprensión y la ironía. La comprensión implica una respuesta más emotiva al problema, del tipo: "lo siento.... ¿quieres salir a comprar otra?". La ironía está mucho peor valorada, porque degenera en cinismo: sería algo así como: "es lo que tiene la gravedad"... Cual de las dos es más efectiva, no lo sé, dependerá del momento, imagino, pero es harina de otro costal. 

El caso es que hay veces en que los planes y los deseos se vuelven incompatibles; a pesar de que uno sabe que el mundo es el que es, igualmente quiere cosas que no van a suceder. No vale con negarlo, porque dentro, quiere que suceda. Me da rabia mirar el techo mientras me contradigo constantemente dentro de la cabeza y me peleo conmigo misma. Niego que sé que niego la realidad y deseo cosas que no van a pasar. 

Y es navidad, tiempo de paz, amor y alegría, y el enésimo golpe de estado en Guinea, y Oriente Próximo está en guerra de nuevo, y siguen las matanzas del narco en México... sólo por citar los titulares... hay días que no son tan buenos como parecen, ni siquiera el día de los inocentes.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Pieles de serpiente


Una vez leí en una revista, o vi en un reportaje (divino don de la memoria, que me permite casi siempre recordar el contenido, pero no el continente), que las serpientes, cada cierto tiempo, cambian la piel entera del cuerpo. A diferencia de los humanos, que la vamos cambiando celulita a celulita (aunque hay quien se opone francamente a ello, y se lija constantemente con cremas exfoliantes, que debe ser fatal para la teoría que expondré a continuación), las serpientes un día se salen de su piel, como quien se quita una camisa (es difícil imaginarse a una serpiente quitándose una camisa sin patas, pero yo me las imagino), y debajo tienen otra. A veces, incluso con dibujos diferentes. 
Es un poco asqueroso (sobre todo, imaginad la piel abandonada, como una gigantesca peladura del sol), pero significa que la naturaleza utiliza formas de renovación bastante radicales. Tal vez mis dis funcionalidades son más reptilianas que humanas, pero al menos, son naturales. 

Yo creo que ya he dejado muchas vidas atrás. Tengo la suerte de tener un almacén de secretos viviente en S, que lleva récord de esas vidas que voy dejando atrás, pero a veces, se me olvida que las he dejado, porque están muy atrás, como las pieles-camisa de años anteriores. Con dibujos que casi no reconozco, porque los ha borrado la lluvia. Aquellos dibujos y patrones que eran tan claros, que nunca pensé que se me fueran a olvidar: algunos eran como tatuajes... y sin embargo, allá quedaron, en aquellas vidas-pieles tiradas por el camino.

Cada una de esas vidas-pieles, va (iba) con sus correspondientes costumbres, con su círculo de amigos, con sus chistes privados; cada una de ellas con sus correspondientes cosas agradables que recordar y sus cosas desagradables que borrar de la memoria. Todas esas pieles surgieron una detrás de otra sobre mi humilde personita (que ni es humilde, ni hace mucho que puede ser calificada de personita, pero permitidme la licencia artística), a veces, una a causa de la otra, pero nunca en contacto. Sin embargo, a veces, se me rebela el orden natural de las cosas, y se me aparecen en la piel las cosas que ya debían haberse borrado. 

Y creedme, que es desasosegante mirarse al espejo y verse dibujos geométricos que una pensaba haber dejado atrás hace vidas y vidas. Durante el momento de sorpresa inicial, los compartimentos que deberían ser estancos, se abren, y me encuentro con que todo tipo de recuerdos fluyen libremente. Cuando el momento de shock pasa, me quedo inevitablemente con la sensación de que esa vida pasada, esa camisa de serpiente en realidad nunca la tuve puesta yo (que soy yo, ineqívoca, la de ahora, que escribe estas líneas), sino otra persona muy distinta. Y creo que no ando muy desencaminada, aunque siempre me queda la duda , como la sensación que se tiene al despertar de un sueño demasiado real.

Después de eso, no me queda sino admitir que todas mis pieles son producto de pieles anteriores, con sus cicatrices, y que después de esos momentos de zozobra, en mi recuerdo solo quedan las marcas de antiguas heridas, pero que esas heridas, ya no tienen ninguna importancia; lo que no mata, hace más fuerte. 

Yo no soy la estúpida que hizo el agradecimiento más absurdo de la historia, ni soy la chica vestida de verde que esperaba que llegaras con flores, ni soy la que supo y calló, ni soy la viajera que nunca recibió ni respuesta a una carta ni explicación por no haberla recibido, ni soy la que apostó su futuro a una carta y después no miró el resultado, ni soy la chica que vivía de sueños y conversaciones a medias, ni la que se hubiera conformado con que la noche no se terminase nunca. 

Yo, soy la misma a quien le brillaban los ojos con la voluntad de hacer lo que quisiera, aunque yo nunca haya visto el brillo. Yo soy quien escribe estas letras esta noche, y todo lo demás, son camisas-vidas-pieles pasadas que muy bien me habría podido contar una desconocida en el autobús. 

Da lo mismo cuantos fantasmas del pasado se aparezcan oliendo a huevos podridos... y si por la noche me quedo mirando al techo y pensando en ellos, será la voluntad la que me haga cerrar los ojos y dormirme con la conciencia tranquila, porque a pesar de todo, sólo son fantasmas apestosos, y pertenencen a una vida pasada y ajena. 

Lo importante, es que nadie se intente hacer unos zapatos con la piel de serpiente que gasto ahora...

Mi filosofía es que nadie intente hacerse unos zapatos con la piel que llevo ahora. Y si lo intentan, que se atengan a las consecuencias. 

martes, 16 de diciembre de 2008

Preexamen de conciencia o examen de preconciencia


Hay muchas cosas que puedo decir del 2008… la primera, que me parece mentira que 2008 en algún momento me pareciera “nuevo”… ahora ya se le ve gastado (¿cómo os imaginais al año viejo? Porque yo me lo imagino como un señor con anteojo (no gafas, anteojos) que mira por encima de los cristales y lleva coderas gastadas en el jersey)… como todos los años, pero acaso un poquito más, porque este ha sido un año cuanto menos, intenso. Y eso, que se me ha pasado volando, porque me lo he pasado trabajando como una burra.

2007 fue un año mediano (la tiranía de los promedios, como está de moda decir ahora), con cosas excepcionalmente buenas, como enamorarme de mi trabajo, y cosas excepcionalmente malas, como sacar cosas de su sitio porque ya no tenían nada que hacer ahí.

2008, aquí a punto de acabar ha sido un año bueno, en el que se han mantenido las cosas excepcionalmente buenas y se han multiplicado. Me alegra ver que yo tenía razón con mis pronósticos de año nuevo el año pasado… espero que los de este año se cumplan también, porque tengo aún mejores pálpitos.
Ha habido cosas merecidas, que yo sé que me merezco y que las he ganado con esfuerzo: me gusta, siempre me ha gustado la satisfacción del deber cumplido y acostarme cada noche con la conciencia tranquila (yo no valgo para criminal, creo; lo cual probablemente quiere decir que una educación perniciosa me ha librado de hacerme rica a costa de los demás). He aprendido y he crecido como persona, incluso en aspectos de mi misma que hasta yo daba por perdidos (no digamos los demás).
El otro día, escribiendo un texto, rodeada de amigos, me daba cuenta de la cosa… y es cierto, si pones tu mejor esfuerzo, generalmente obtienes una recompensa.
También ha habido cosas inesperadas, que no por menos merecidas han de ser menos apreciadas. Lo bonito de las cosas inesperadas es la sensación que te dejan en el estómago, como de alegría contenida, de maravilla y sorpresa, como de la primera vez que se toca el hielo. Las cosas inesperadas es que no se esperan (por definición, que es otra forma de decir, como su nombre indica, pero sin que suene tan obvio), y por tanto no se tienen expectativas, que por tanto, siempre son superadas. Las cosas inesperadas son hermosas en sí mismas, no importa lo que duren ni cómo desaparezcan… son hermosas hasta cuando duelen, así que como no van a serlo cuando salen bien.
Ojo, cuando digo inesperada no digo completamente inmerecida. Aquellos que sabéis, también sois conscientes de que fue el final de un proceso. Si yo fuera tan ingenua como era hace exactamente hace dos años, diría que fue una serie de pasos que me llevaron a un punto final. Pero ya no soy la misma que hace dos años, ahora ya no contesto con vaguedades las preguntas que no sé contestar. Un proceso que pasó por la tristeza, el dolor, la rabia, la indiferencia, la maravilla y por fin, la curiosidad.
Empecé el año pensando que iba a perdonar, pero lo acabo sabiendo que no lo voy a hacer por la misma razón que no veo películas de Almodóvar: si ya sé que no me va a gustar, para qué voy a perder el tiempo con ello? Acabo el año con unas perspectivas profundamente distintas de aquellas con que lo empecé. Tengo el mismo miedo a la oscuridad que antes, pero lo he dominado. Me sorprendo a mi misma sin echar de menos cosas que pensaba que echaría de menos… y me digo: ¿por qué me empeñaba en ser lo que yo no soy? Y la respuesta es 2008…
Con este precedente, 2009 sólo puede ser aún mejor

viernes, 12 de diciembre de 2008

El principio del fin


Direis que estoy muy callada, y es verdad... es difícil explicar todo esto, y además, tengo la sensación de que ya lo he explicado muchas veces. Claro, es la enésima vez que hago las maletas, es la enésima vez que digo que mi vida cabe en seis cajas (de hecho, esta vez, probablemente en menos), es la enésima vez que me marcho a lo desconocido (que, pian piano, me empieza a parece cada vez menos desconocido, a la vez que lo pasado me resulta menos conocido). Y qué? Pues lo de siempre, que esto es mi casa pero ya me voy, en parte porque me he cansado, en parte porque ya toca y yo trato de no discutir mucho con mi destino, porque de momento, se porta muy bien conmigo. 
Ha empezado la cuenta atrás, pero ya tengo experiencia: listas de cosas, miles de detalles que tener en cuenta... cerrar las maletas, y hacia delante.
Dos maletas enviadas ya a casa... el principio del fin.
Esta vez hay diferencias, sin embargo (será la experiencia); las maletas van más organizadas, la cosa está más pensada, no tengo que meter toda mi vida en una maleta y he roto la maldición de las seis cajas con un biombo que no cabe en ninguna caja. 
El caso es que, una vez más, me parecía mentira, y una vez más, estoy empaquetando... paciencia. Este año si que va a haber un buen examen el día 31 de diciembre. Han cambiado tantas cosas, que casi no me reconozco... pero me gusta!

Un cazapa, por favor

Pues la última visita no ha terminado tan bien como parecía, pero eso son cosas que pasan por repetir muchas veces en el aeropuerto que había la visita que mejor había salido. Como el soldado que en una película enseña la foto de su rubia novia y dice que ella lo está esperando allá en Kentucky. Claro, se lo cepillan, es demasiada la tentación. Pero ya llegaremos a eso...
El caso es que todo fue bien, los monumentos se dejaron ver, hizo un tiempo magnífico, los chapines colaboraron con entusiasmo y lo pasamos estupendamente... ha sido el principio del final, eso sí. El tour completo del lago, chichi, tikal, monterrico... enseñando este país creo que por última vez, dando el briefing de seguridad por última vez y viendo los paisajes y a la gente a través de ojos ajenos.
Ha sido divertido, sip. Ya no diré que ha sido lo mejor, porque igual la cosa empeora... y el pobre R con dengue en el hospital.
Sólo diré: un cazapa, por favor. Tencenario, si tienen.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Y tú hablando por el skype...


Un día haré un libro decálogo con mi filosofía para la vida.
Este es el enésimo post sobre la prosaicidad de las cosas...

Al final, lo que de verdad cuenta, son las cosas de todos los días, las reales. Uno puede hacerse, como dicen aquí, un montón de chaquetas mentales, filosofar sobre el sentido de la vida, pero al final, las cosas que quedan, son las pequeñas.
Qué recuerda uno de quién se ha ido? Pues que le gustaba tomar café por la mañana, o cómo se reía, o que siempre decía tal cosa... y las cosas prácticas.
Hoy me doy cuenta, por una serie de estúpidas circunstancias que no vienen al caso, que lo que más pesa, es solucionar las cosas. Bueno, en realidad yo ya lo sabía, pero es un refuerzo de mi conocimiento previo (y según la teoría post modernista, cualquier evidencia que recabe sobre este tema, me llevará a reforzar mi conclusión). Pero os pondré un ejemplo práctico:
Digamos que una atolondrada jovencita,después de levantarse a las cinco de la mañana y salir del trabajo casi a las once de la noche, se olvida de meter el caragdor móvil (y ya que estamos, el cacharro de las lentillas) en la maleta para el día siguiente, para Antigua.
Por supuesto, de esto se da cuenta cuando va en el coche por el camino, cantando Amor de Hombre por la carretera, y llegando horriblemente tarde (por otra serie de circunstancias que no son relevantes para el caso que nos ocupa). O sea, que ya no tiene remedio.
Cuando, después de medio perderse, llega al hotel donde es el evento al que acude, oye el primer pitido de su teléfono. Ops.
Después, se da cuenta de que tampoco les ha dicho a sus amigos, que llegan de Tikal, cuál es el hotel en el que van a estar...
Doble ops.
Antes de que muera el teléfono, realiza una serie de llamadas desesperadas, que no son atendidas, porque la ley de Murphy así lo especifica.
Cuando se quiere dar cuenta,el teléfono ha dejado de luchar contra los elementos, y ella ya no puede llamar...

Y es cuando las cosas prácticas de la vida cobran valor, porque aparece alguien que da, en menos de cinco minutos, cuatro soluciones prácticas al asunto, y al final, acaba llamando a los viajeros, dejando a nuestra heroína con la tranquilidad mental de que la visita no se va a perder en el éter de Guatemala (lo que podría pasar perfectamente, ni pensarlo quiero...).

Así que al final, y a prescindir de consideraciones filosóficas (básicamente la pregunta del millón de dólares, el que diga que no la ha pensado miente como un perro), lo que pesa son estos detalles. O un esfuerzo hecho justo a tiempo, pero sin el cual las cosas habrian sido completamente distintas...
Amplifica eso diez mil veces, multiplicalo por veinticinco. Súmalo a tus conocimientos previos y reconoce una gran verdad; las verdaderas pruebas de amor se reflejan en las cosas de todos los días. Si no, lo que son es novelas.