lunes, 18 de noviembre de 2013

Pequeño ataque de nostalgia

Había pensado esperar el año completo. Total, falta poco. Y, con mi siempre-oculto-a-veces-aparente yp supersticioso, pensaba que a lo mejor si esperaba un poco más, llegarían más buenas noticias. Pero es una simpleza, porque cualquier no supersticioso sabe que las buenas y las malas noticias llegan siempre de tres en tres (la cuestión es buscarlas).

Hoy había dos primeras noticias de tres: se ha estrellado un avión y se ha muerto Doris Lessing...

La cosa es que al principio estaba ocupadísima, después no tenía ganas de escribir (estamos inundados de información por internet, facebook, twitter, la madre que los trajo a todos), después tenía ganas esporádicas y no tenía tiempo; después tenía ganas y nada que decir; últimamente, tenía ganas y cosas que contar, pero hoy, me ha podido la nostalgia. Hacía mucho que no me daba un ataque de nostalgia de los buenos - normalmente logro dominarlos viendo tropecientosmil capítulos seguidos de alguna serie (Dexter, genial) - pero el internet anda muy tonto últimamente por estas latitudes, así que no hay serie que remedie.

Me he puesto a investigar blogs y he comprobado los que han desaparecido y los que no - casi todos si. He buscado (gracias, Google) y he descubierto que la famosa Pilimindrina volvió a escribir una temporada mientras yo estaba en el desierto (a estas alturas debe estar en segundo de Partería - si, suena fatal, ella lo reconoce) pero lo volvió a dejar, posiblemente por falta de tiempo. Aunque vaya usté a saber, esto de los blogs a veces es como una fiebre. Te da un ataque creativo, escribes una obra maestra de quinientas palabras (que hace veinte años al menos yo habría escrito, metido en un sobre y franqueado con destino a Bobadilla) y ya. Si el ataque de inspiración te da en el metro, nada, porque con los teléfonos listos, mucho avance, pero no son cómodos más allá de twitter (si vierais los mails que recibo, con el subtítulo "enviado de mi BB" o de mi Samsung... ponen los pelos como escarpias hasta en la lengua de Shakespeare). En cualquier caso, escribes, después la inspiración no vuelve, y el blog se queda en el eterno infinito porque aquí no se borra nada (ya no creo ni que los americanos puedan borrar nada).

De verdad tenía pensado esperar y empezar con algo como - han pasado muchas cosas desde el 31 de diciembre de la última entrada. Pero la verdad, ya no están los cuerpos para gestos dramáticos (todavía me gustan, no me malinterpreteis; antes muerta que sencilla) - igual el 1 de enero me pilla con una resaca descomunal, o sin internet porque se me ha olvidado pagar la factura, y se va el montaje al garete, o resulta que después de haberme contenido tantos meses, tengo un día tonto y no me sale la entrada ni a la de tres. Me direis: pero bueno, puedes manipular la fecha... si, pero es lo mismo. Para hacer eso, pues escribo ahora. Porque el dios@ regente de las cosas que pasan de tres en tres lo sabría de todas maneras.

Qué pasó? Nos casamos, tenemos papeles y un contrato. Parece mentira cómo puede cambiar la vida con tan pocas palabras. Da vértigo esto de poder hacer planes.

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