lunes, 20 de enero de 2014

Excusa

Siempre me ha costado enormemente hacer cosas que no me interesan o que no quiero hacer.
No es una cuestión de fuerza de voluntad; desde pequeñita me han dicho que tengo un montón (yo pienso que es más bien cabezonería pura y dura, pero puede que la diferencia sea tan semántica como la de especial y raro), y debo tenerla, porque soy la única persona que conozco que logra no vomitar en el coche a pura fuerza de no querer. Además de esta extraño logro, no se puede inferir de esto que sólo hago cosas que quiero; entre otras cosas porque tuve suerte al nacer, pero no tanta que me hiciera heredera de una colosal fortuna que me hiciera pasar el resto de mi vida tocándome las narices. En fin, que la casa hay que limpiarla, o se te comen las pelusas.
No son esas cosas las que no logro hacer, sino las más grandes. Las que crean impacto, las que cambian las cosas, las que tienen consecuencias. Entonces no hay fuerza de voluntad, ni razón ninguna, ni chantaje que me obligue a hacerlo.
Ah; quien quiere hacer algo, encuentra una manera; quien no quiere hacerlo, encuentra una excusa.

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