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Colección de palabras

Me pasa desde que tengo uso de razón, me encantan las palabras. Creo que no tengo un patrón particular ( seguro que algún psicoanalista diría lo contrario, pero no les daré el gusto de meterse en esta cabeza mía, que ya tengo muchas cosas dentro ). Igual me gustan nombres, que adjetivos, que adverbios, concretos o abstractos, con significado positivo, negativo o neutro y en varios idiomas ( de los que hablo, de los que chapurreo y de los que ni entiendo ). No he hecho nunca una colección, porque eso significaría apuntar las palabras en alguna parte y mantener la lista añadiendo palabras que voy encontrando por ahí ( porque esa es precisamente la belleza del arte de la colección de palabras, como de la colección de calendarios, a diferencia de los cromos, siempre hay palabras nuevas! ), y soy un poco perezosa. Se me ocurre según escribo que tal vez podría tenerla en una página de internet (e so igual evitaría la tala de un árbol de Brasil, que no es poco ), ya veremos si me animo. Estoy...

Historias para no dormir

Esta historia la oyó Filomenita en la radio... Se trata de un programa sobre animales, donde llama la gente a preguntar cosas, a contar monerías de sus animales caseros, y a presumir de lo ricos que son. En cada emisión hay un veterinario que responde dudas y hace comentarios, y en general el ambiente del programa es distendido y afable; se hacen bromas, se ríe, etc... Hace poco, entre las numerosas llamadas, pasaron la de una señora que explicó que se había traído una serpiente de Brasil y la tenía en casa. La había comprado en uno de esos sitios que les quitan el veneno, y le habían dado un certificado y todo. A la descripción ( con muchos colores, como de esta medida, pero creciendo relativamente rápido ), el veterinario dio el nombre ( del cual Filomenita no se acuerda exactamente y las búsquedas en google han sido infructuosas ), una boa nosequé. La señora explicó que ella, todos los días, volvía a casa del trabajo sobre las tres y media o las cuatro, ya habiendo comido, y se echa...

Ventanas al pasado...

Bueno, esta etapa de mi vida no la tenía demasiado planeada. Es uno de esos grandes hitos de la vida de cualquiera que yo no tenía registrado para que me pasara o pasase a mi, y por lo tanto nunca me había parado a imaginar cómo iba a ser. No es que las demás las haya planificado demasiado, pero eso es harina de otro costal. El caso es que después de haberme hecho con una solución habitacional ( con la sanísima intención de reunir mis siempre crecientes biblioteca y guardarropa y para que los Filomenitos puedan ver a los también siempre crecientes nietos con una frecuencia adecuada a sus aspiraciones abueriles ), pues ahora toca llenarla de cosas ( aunque la cosa está en suspenso mientras solucionamos los problemas de la banca; los míos, no los del país, que esos van para largo y se ven de color de hormiga ); y qué mejor manera de llenarla de cosas que sacarlas de casa de los Filomenitos ( que ahora ya no se podrán quejar de que el trastero está lleno de cajas con objetos no identifica...

Un plan perfecto

El plan era perfecto, no podía fallar. Habíamos calculado todas las eventualidades y estimado las posibilidades de una u otra variante; habíamos previsto soluciones de contingencia y coordinado todos los elementos. No quedaba ni un cabo suelto, habíamos preparado todo hasta el último milímetro y la última gota. Como el Coyote y el Correcaminos, vaya. Tenemos un intruso en casa: una gata ninja que entró cuando era un minimo monísssmo y pensábamos que eventualmente un día podríamos convencerlos de dejarse tocar y convertirse en esa forma de vida casi divina de los gatos domésticos ( porque seamos sinceros, un animal doméstico que te adopta a tí, es algo casi divino! ). Pero no, creció igual de desconfiada que de micho, con el agravante de que aprendió a esconderse mejor y correr rápido como la madre que la trajo ( que cualquiera sabe por qué nos la dejó en el jardín ). Os aseguro que el término ninja no es gratuito, estoy segura de que más de una vez se ha quedado en equilibrio en ...

Cinco minutos después del Fin del Mundo

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Así es como están las calles de la Dimensión Paralela estos días. Y encima tiene uno la sensación de que, efectivamente, el Fin del Mundo (el de verdad, con todo el cortejo angélico que viene y anuncia el asunto, los muertos que se dicen ya está y salen de las tumbas y esas cosas ), ha tenido lugar en otra parte y nadie nos ha avisado en este lugar perdido. O que no han avisado pero han llamado al de Algerie Telecom, que se ha quedado la información para sí ( porque esas cosas pasan ). Y nos lo hemos perdido completamente, así que nos quedaremos flotando en la nada hasta quién sabe cuanto, porque a mi después del Fin del Mundo ya no me queda nada en las predicciones. Igual viene otra especie a liarla parda. Espero que no se coman a los que quedan de la anterior, aunque no tengo muchas esperanzas ( demasiadas pelis de ficción ). Las cuatro de la tarde. Un sol de justicia de verdad, al que nada se le oculta. Aparco el coche en el hotel, agarro mis chunches, como dirían mis amigos chapine...

Cosas que hacer en la dimensión paralela...

... cuando se va la luz por tiempo indeterminado. Obviamente, no hoy, porque lo que desde luego no se puede hacer cuando no hay luz, es conectarse a internet, pero, no digamos que la dimensión paralela no estimula la imaginación. Utilizar hasta el final la carga del ordenador escuchando música mientras se lavan los platos (con el agua que gotea, porque no hay bomba y por tanto presión) Utilizar el calor ambiente para descongelar el congelador; las placas de hielo que Filomenita disuelve con la máquina de vapor, aquí se desprenden ellas solitas a los cinco minutos de desconectar la nevera. Organizar la nevera, insistiendo en el punto anterior, porque es el único lugar de la casa donde hace menos de 45º. Usar de la depiladora láser ( ante las bromas del Simpa, que la llama espada láser, aunque hace poco nos informamos mejor y la cosa en realidad no tiene casi nada que ver con el láser, pero es mucho más glamouroso hablar de láser ), pero no hasta el final de la carga, porque da calor. Da...

De vuelta, con todo lo que implica

Cuando era joven ( iba a decir pequeña, pero no es exacto ), y me escribía pppfísicamente con S ( y dios sabe lo que lo echo de menos !), recuerdo que un concepto recurrente en nuestras cartas es que escribíamos más cuando estábamos tristes. No es estrictamente cierto, porque también es verdad que cuando pasaba algo divertido, o emocionante, o simplemente alegre, también luego corríamos a contarlo. Con el blog me pasa un poco lo mismo; hay eventos que me dan más ganas de escribir que otros, pero la inspiración como que viene más fácilmente cuando ando tristona o de mal humor. Que es lo que me pasa estos días. Le dije a mi jefe que se me había gastado toda la poca paciencia que tengo en Túnez, y no me creyó, así que no es culpa mía. Después de haber estado casi tres meses batallando cada día ( literalmente ) por montar un programa, moviendo la oficina, explicando todo a un personal nuevo pero con unas ganas enormes de trabajar, vuelvo a casa y me encuentro la misma oficina de siempre. E...